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Por Juan F. Trillo.

Cuando eres un actor famoso, tan famoso que te reconocen allí donde quiera que vas, no debe ser fácil que te tomen en serio en el ejercicio de cualquier otro arte, como la pintura, las esculturas de hielo, o la música jazz. Claro que, por otro lado, llegados a ese punto, lo normal es que no te importe tanto lo que diga de ti la crítica musical, como pasar un buen rato haciendo algo que te gusta.

Ese es exactamente el caso de Jeff Goldblum, quien, en compañía de su banda, The Mildred Snitzer Orchestra, publicó su segundo álbum, I Shouldn’t Be Telling You This, a finales del año pasado. Y bueno, no es que el anterior, The Capitol Studio Sessions (2018), fuese mal recibido por los aficionados, ni siquiera por la prensa especializada; todo lo contrario. Claro que el actor metido a pianista lleva en el show business el tiempo suficiente como para saber perfectamente cuáles son los ingredientes con los que se elabora un producto de calidad, sea cine o jazz.

Así pues, en esta ocasión, Jeff Goldblum repite la fórmula del primer disco: estándares conocidos y músicos de alto nivel como integrantes de la banda o invitados. Aquí encontramos a Joe Bagg al órgano Hammond B-3, Alex Frank al bajo, John Stone en la guitarra, Kenny Elliott a la batería y a dos excelentes saxofonistas: James King y Scott Gilman. En esta ocasión, sin embargo, es el trompetista de San Diego, Gilbert Castellanos, quien acompaña a la banda y, aunque que hace un buen trabajo, no consigue hacernos olvidar en el anterior disco era Till Brönner quien ocupaba su puesto.

No cabe duda de que hay un montón de músicos competentes ahí fuera, y Goldblum puede permitirse tenerlos en su banda, o llamarlos para que intervengan en temas concretos. Es el caso de las vocalistas Miley Cyrus (“The Thrill Is Gone/Django”), Anna Calvi (“Four On Six/Broken English”), o Sharon Van Etten, en el tema de Irvin Berlin que sirve de presentación al álbum, “Let’s Face the Music and Dance”.  El resultado es un disco muy agradable de escuchar, en el que los aficionados no van a encontrar nada que no hayan oído antes, pero eso sí, todo con una ejecución impecable.

Goldblum empezó a tocar el piano a los diez años y ha seguido haciéndolo desde entonces. Según cuenta, solía tocar en casa para entretener a las visitas de sus padres y es con ese mismo espíritu con el que afronta las actuaciones en directo: que el público pase un buen rato. Al parecer fue Woody Allen quien le animó a formar un grupo estable que tuviese continuidad en sus apariciones: “¿Así que (Peter) Weller y tú tocáis un poco?”, le dijo. “Pues deberíais hacer lo que yo, actuaciones regulares. Mejoraríais mucho y os divertiríais al mismo tiempo”. Y siguió su consejo (aunque Weller acabó dejándolo) y eligió como nombre para la banda el de una buena amiga de su madre, que “le parecía gracioso”.

En cuanto al propio Goldblum, hay que decir que supera la prueba con nota; no es un simple aficionado, sino un excelente pianista que – y esto merece la pena destacarlo – a pesar de que podría reclamar para sí el centro de atención, elige siempre permanecer en segundo plano, dando a sus acompañantes e invitados la oportunidad de que se luzcan, ¡y vaya si lo hacen! Como ejemplo, me quedaría con la pieza “Make Someone Happy”, con el sobresaliente vocalista Gregory Porter (dos Grammys, en 2014 y 2017), tan bueno que volveremos a hablar de él en un futuro cercano. En resumen, un álbum que es una auténtica delicia y muy recomendable para quien no quiera correr riesgos y prefiera apostar sobre seguro.

Texto: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

Jeff Goldblum: I Shouldn’t Be Telling You This
Discográfica: Decca Records.
Fecha de publicación: noviembre de 2019.
Estudios de grabación: Henson Recording Studios, Los Ángeles, California.