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Por Julián Ruesga Bono.

La escena jazz andaluza ha experimentado una importante transformación en la última década. La música de jazz ha pasado de ser percibida como una expresión cultural norteamericana, con alguna que otra exótica y rara manifestación local, a proyectarse públicamente como el resultado creativo de un espacio cultural construido y protagonizado por un importante número de músicos andaluces, que aportan entendimiento y voz propios a la práctica del jazz. El jazz hecho por músicos andaluces se ha ido abriendo camino, paso a paso, avanzando a golpe de talento y trabajo, a medida que una generación de músicos ha madurado musicalmente y ha ido logrando la valoración de su trabajo entre las audiencias.

Asociaciones

Uno de los mecanismos más útiles y efectivos que los músicos han creado en la construcción de este renovado mundo andaluz del jazz son las diferentes asociaciones culturales que, gestionadas por músicos y aficionados, están repartidas por las ocho provincias andaluzas. Cada una de estas asociaciones, en su área de acción local, organiza festivales, talleres, conciertos, presentaciones, mantienen big bands, etc.; en suma, dinamizan el mundo cultural creado en torno a la música de jazz y amplían la audiencia facilitando y difundiendo el trabajo de los músicos locales.

Además se coordinan y cooperan entre ellas a través de ANDAJAZZ, la Federación Andaluza de Asociaciones de Jazz. Su objetivo es desarrollar proyectos y nuevos formatos para la circulación publica y presentación del jazz, que favorezcan su difusión y crecimiento en Andalucía –a la vez que apoya e impulsa el trabajo de los músicos. Funciona gracias al trabajo coordinado de las diferentes asociaciones que la conforman: Rizoma Jazz (Algeciras, Cádiz), Clasijazz (Almería), El Musicario (Cádiz), Ool Ya Koo (Granada), Jazzolontia (Huelva), JaénJazzy (Jaén), Asociación de Jazz de Málaga, Assejazz (Sevilla) y Jazz PC (Priego de Córdoba). Desde su nacimiento en julio de 2015, Andajazz, ha organizado tres encuentros de Big Bands andaluzas en Almería –coordinados por Clasijazz (la asociación más antigua y referente de funcionamiento para el resto). Al mismo tiempo, está el proyecto más importante y ambicioso acometido por Andajazz, el “Circuito Andaluz de Jazz”, un circuito de conciertos que ha facilitado que formaciones de músicos andaluces puedan tocar en las diferentes ciudades de la comunidad y que los aficionados conozcan su música en directo.

Fotografía Antonio Torres Olivera.

Clubes y espacios abiertos al jazz

Otro pilar importante sobre el que se ha levantado la actual escena jazz andaluza es la existencia de los clubes de jazz. Éstos han favorecido la presencia y escucha del jazz en directo, a la vez que han facilitado la práctica y desarrollo creativo de los músicos en escenarios locales. Ha sido aquí, y sigue siéndolo, en el ámbito de estos espacios dedicados o abiertos al jazz, donde esta música ha construido su día a día, suena y se ha hecho cultura a lo largo de más de cuatro décadas. Los clubes, cafés y bares dedicados o abiertos al jazz en directo han hecho posible que la música de jazz haya estado presente en nuestras ciudades y hayamos podido escuchar jazz en vivo. En Andalucía existen clubes de jazz desde la década de 1970, repartidos por toda la geografía andaluza. Han ido apareciendo y desapareciendo. No es fácil mantener un local de música en directo y menos uno dedicado al jazz. Se necesita voluntad y mucho amor por lo que se hace. Soberao Jazz, en el pueblo de Dos Hermanas, muy próximo a Sevilla, viene funcionando con alguna interrupción desde 1979 hasta hoy, y en Torremolinos, Málaga, está ubicado el Clarence Jazz Club, el club de jazz más grande de España, ochocientos metros cuadrados divididos en dos plantas y una programación sobresaliente.

Algunos de estos clubes son ya históricos, verdaderas instituciones y referentes culturales en nuestras ciudades, como el Café Jazz Naima, con programación diaria de conciertos, y el Jazz Corner, ambos en Sevilla y con más de veinte años abiertos al público; Clasijazz en Almería, es otro clásico con una programación sorprendente funcionando desde 1998, el Eshavira Club en Granada abierto desde 1989 o el Cambalache Jazz Club en el centro histórico de Cádiz, que tiene ya 35 años de rodaje.

Con menos tiempo de funcionamiento, pero igual de importantes en su labor cotidiana de difusión y mantenimiento de las escenas jazz locales, existen otros muchos clubes, bares, cafés y espacios donde la música de jazz suena y los músicos interactúan en sus escenarios. Algunos con programación periódica, otros funcionando de un modo más informal pero igualmente efectivo. En Cádiz, la asociación El Musicario organiza conciertos durante el año en diferentes espacios de la ciudad, también está la Sala Milwokee en El Puerto de Santa María y en Algeciras la asociación Rizoma organiza Jazz en el Embarcadero, una serie de conciertos de jazz a lo largo del año en el Auditorio de Algeciras. En Sevilla, La Trompeta Verde, en la calle Castellar, ofrece todos los martes jam sessioms, Observatorio de Música, en la calle Goles, lo hace todos los miércoles, Assejazz organiza conciertos de jazz en el Espacio Turina los jueves y los fines de semana conciertos en su sede además de jam sessions los domingos al mediodía. En Málaga capital está el CAMM Jazz Club, del Centro de Artes y Música Moderna de Málaga, el Birdland Jazz Club-The Hall y La Nave; el Speakeasy Jazz Club en Fuengirola y el Nerja Jazz Club en la provincia de Málaga. En Córdoba, el Café Málaga, con jazz todos los jueves y el Jazz Café con jam sessioms de blues y jazz todos los martes y jueves. En Jaén, la asociación JaenJazzy organiza conciertos en su sede y en la provincia, en Bailen, está la sala Cambalache, que ofrece música en vivo y jazz. En Granada, la Asociación Ool Ya Koo, organiza todos los miércoles en la Fundación Caja Granada conciertos de jazz y La Casa Encendida Teatro ofrece conciertos sin periodicidad fija, igual que la Chistera, en Monachil, muy cerca de la ciudad.

Jam en La Trompeta Verde.

Enseñanza

Las asociaciones culturales y los clubes de jazz también han jugado un rol didáctico y pedagógico importante. A lo largo de cuatro décadas han organizado talleres y clases maestras cubriendo el espacio de la enseñanza y el aprendizaje inicial del jazz, tanto para músicos profesionales como para aficionados. Destacar las dieciséis ediciones de los Seminarios de Jazz y Música Moderna de Alhaurín de la Torre, Málaga, los talleres y clases maestras que organiza el Cicus, el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla desde 1995, o los talleres organizados por la Escuela de Música Moderna y Jazz de la Universidad de Cádiz desde hace veinte años, los cursos organizados por Clasijazz en Almería o los del Centro de Artes y Música Moderna de Málaga, por poner sólo unos ejemplos. En este área hay que señalar que la labor realizada por asociaciones y clubes ha sido también fundamental para la creación y mantenimiento de la escena andaluza. Los músicos han podido iniciarse en el jazz en sus localidades de origen y salir fuera a ampliar estudios. Prácticamente todos los jazzistas profesionales han debido desplazarse fuera de la región para formarse y a la vuelta han instruido a otros músicos a través de los cursos y talleres impartidos en los clubes y asociaciones. Musikene en San Sebastián, el Taller de Músics de la Escola Superior d’Estudis Musicals de Barcelona y el Berklee College of Music en USA han sido los principales destinos formativos de los músicos. Desde el curso académico 2017-18, el Conservatorio Superior de Música “Manuel Castillo” de Sevilla ofrece el Grado Superior de Música en la especialidad de Jazz y el Conservatorio Superior de Música de Málaga ofrece el itinerario de jazz desde 2018, mientras varios Conservatorios en otras ciudades ofrecen diferentes asignaturas optativas relacionadas con el jazz.

Oscar Pantalone, Jaime Serradilla, Sergio Díaz, Bernardo Parrilla y Gustavo Díaz. Fotografía: Antonio Torres Olivera.

Festivales

Los festivales de jazz han jugado un papel muy importante en la difusión y percepción del jazz en Andalucía y han sido otro pilar importante en los basamentos de la actual escena jazz andaluza. Por los festivales han pasado los músicos más importantes del jazz internacional desde finales de la década de 1970. Esto ha permitido conocer en directo la música de los grandes maestros del jazz como algo vivo y presente más allá de la virtualidad de las grabaciones discográficas. Hay festivales de jazz en todas las poblaciones andaluzas importantes. El Festival Internacional de Jazz de Granada lleva 40 ediciones, se viene celebrando desde 1980; el Festival de Jazz de Almería lleva 27 ediciones y el de la Universidad de Sevilla, se viene celebrando desde 1997 –con el precedente del Festival Internacional de Jazz de Sevilla que tuvo quince ediciones desde 1979. En Sevilla también se celebra el ciclo “Jazz en Noviembre”, en el Teatro Central, el otro evento anual importante. El Festival Internacional de Jazz de Málaga celebró la edición 33 en 2019 y en la localidad malagueña de Alahurín de la Torre, se celebra el festival Portón del Jazz desde 1997. En la ciudad de Cádiz están el Festival de Jazz de Cádiz y el Campus Jazz organizado por la Universidad de Cádiz. En Jaén, el Festival Internacional de Jazz cumplió veinticinco años con su edición de 2019 y la Universidad organiza un ciclo de jazz todos los años junto a la asociación JaénJazzy.

También en poblaciones más pequeñas se celebran festivales de jazz en verano. En Huelva hay festivales en Gibraleón, Mazagón, el Ciclo de Jazz en la Rábida -dentro de la UNIA, Universidad Internacional de Andalucía-, el festival “A Orillas del Jazz” en Punta Umbría y en Higuera de la Sierra hay otro festival. En Cádiz, hay festivales de jazz en El Puerto de Santamaría, en Sanlucar de Barrameda, Jerez, el Festival Internacional de Jazz de Vejer y en más localidades de la provincia. En Granada están el Festival de Jazz de Monachil, Jazz en la Costa en Almuñecar y Jazz en el Lago en Atarfe. En Almería, además del Festival de Jazz de Almería, está el Festival JazzBegote en Carboneras; en la ciudad de Córdoba se suele programar jazz dentro del Festival de la Guitarra y en la provincia destaca Jazzándaluz, el Festival Nacional de Jazz, de Priego de Córdoba. En la provincia de Sevilla se celebra el Festival Soberao Jazz en Dos Hermanas y la Diputación organiza el Festival Jazz en la Provincia, con conciertos itinerantes por los pueblos de la provincia de Sevilla todos los años en el mes de Noviembre, lleva veintisiete ediciones.

Andalucía Big Band en Jazzahara.

Hay que destacar una nueva iniciativa, Jazzahara, la Feria-Festival que, en su primera edición, en octubre de 2019, en Zahara de los Atunes, Cádiz, reunió durante tres días, a un amplio grupo de músicos andaluces con programadores de jazz de varios países europeos. Como feria, Jazzahara, ha supuesto la creación de un espacio de encuentro, comercial y profesional, del jazz en Andalucía –músicos, compositores, programadores de festivales y clubes, sellos discográficos, agencias de contratación y medios de comunicación-, un lugar donde abordar y promover la proyección internacional de los músicos andaluces de jazz. Como festival, Jazzahara, se centra en el jazz hecho en Andalucía y en presentar públicamente proyectos creativos de músicos andaluces. En su primera edición y a lo largo de tres intensos días hubo 10 conciertos en recintos cerrados, seis en las calles del municipio, tres mesas redondas, una exposición de fotografías de jazz, de Antonio Torres Olivera y Gracia Gata, y el contacto directo de los artistas con los programadores de festivales y salas internacionales. Están por verse los resultados a medio plazo, pero la iniciativa es importante en su valor de conjunto, como herramienta dinamizadora del mundo profesional del jazz en Andalucía. Además, propone una acción cultural que va más allá del simple concierto espectáculo y enfoca el jazz no sólo como actividad de ocio y entretenimiento sino como un campo profesional y cultural a construir y desarrollar. Junto a la creación de las diferentes asociaciones de músicos y aficionados en este momento es la iniciativa más ambiciosa que se ha realizado desde el mundo del jazz en Andalucía.

Grabaciones

Otro elemento que refuerza y dinamiza la actual escena jazz andaluza son los dos sellos discográficos centrados en esta música: Blue Asteroid Records, en Sevilla, y Rizoma Records, en Algeciras –ambos con un catálogo sorprendente de músicos y música. Otras discográficas también publican grabaciones de jazz de músicos andaluces y circulan muchos cedes autoeditados y distribuidos por los propios músicos –también alguna asociación ha publicado discos en estos años. El espacio del jazz se ha convertido en un campo creativo donde convergen influencias musicales provenientes de muchos ámbitos diferentes; los músicos trabajan en un entorno abierto de escucha, reflexión, debate y creación, alimentado por aportaciones y referentes que derivan de muchas fuentes. La música de Parker, Davis, Coltrane y demás patriarcas modernos del jazz comparte influencia y autoridad con otras músicas y mundos sonoros. Cuando el músico hace música, lo hace desde una fluida red de referentes e interacciones culturales. En su recorrido formativo, tanto académico como informal, los músicos de jazz han transitado y asimilado muchos espacios musicales, y día a día están expuestos a múltiples estímulos e influencias sonoras.

Teniendo en cuenta el gran número de grabaciones existentes en la escena jazz andaluza, cabe señalar algunas que destacan especialmente, tanto por su calidad como por su singularidad. Se puede hacer una mínima y reducida propuesta de grabaciones que muestran la diversidad y la brillante energía creativa que vive y genera el mundo andaluz del jazz. Lo sobresaliente de estos músicos es que no se limitan a reproducir modelos foráneos, hacen sus lecturas del jazz reinterpretándolo desde su propia vivencia cultural, llevándolo a su terreno personal, y transformándolo en una gran multiplicidad de experiencias sonoras. El jazz no es un género musical concluido, de contornos definidos y cerrados, muy al contrario, se muestra como un paisaje musical abierto a navegantes inquietos en busca de horizontes y espacios por explorar. Quizás en esto resida su mayor atractivo, en su capacidad de ser muchas cosas, muchas músicas, muchos cruces y momentos diferentes.

Discos de SurCode, Miscelínea, Delgado/Serra, Corleone, Andalucía Big Band y Marco Serrato.

Sin pretender crear escalafones de méritos, se propone la escucha de material grabado que puede aportar al lector interesado una idea de un vasto y variado espacio musical. Comenzamos por Juego de Astros (Rock-CD Records, 2018), de Sur Code. Un grupo liderado por dos músicos que también trabajan en la música académica en Córdoba, el violinista cubano Igmar Alderete y el pianista cordobés Ángel Andrés Muñoz. Hacen un jazz vigoroso y potente que transita el rock y la música contemporánea en una hábil y conseguida mezcla de sonoridades. Otro álbum a señalar es, Miscelínea (Omix Records, 2019), de Rafa Redondo, piano, y Antonio del Caño, contrabajo –dos músicos de jazz en Priego de Córdoba. En su primer y estimulante álbum elaboran una música vivificante y sensible, un jazz inmerso en la musicalidad mediterránea con ecos andaluces y latinos. Un álbum lleno de momentos emocionantes de gran belleza. Igual ocurre con Verdeo (NewSteps, 2014), del guitarrista Luís Balaguer. Un brillante encuentro entre el jazz y la guitarra flamenca fuera de estereotipos formulistas que se agradece. A Balaguer lo acompañan un selecto grupo de músicos andaluces de jazz: Arturo Serra (vibráfono), Pedro Cortejosa (saxos), José López (contrabajo) y David León (percusiones). Otra aproximación sobresaliente entre flamenco y jazz es el álbum, Es hora de caminar (Rizoma Records, 2016), del baterista uruguayo Guillermo McGill, que lleva varios años residiendo en Sevilla. Un disco espléndido, con momentos magistrales, que combina la sonoridad más urbana del jazz con el flamenco de sabor latino. Además, McGill, se acompaña de un grupo de músicos que añaden aún más expectativas a la escucha del álbum: Perico Sambeat (saxo alto y soprano), Javier Colina (contrabajo), el pianista Marco Mezquida y el guitarrista flamenco Juan Diego Mateos.

También reseñar, Pez de Babel (Blue Asteroid Records, 2018), del dúo gaditano Corleone, integrado por el inventivo Pedro Cortejosa (saxos, flautas, sintetizadores, midi y loops) y David León (batería, percusiones y samplers). Otra dimensión del jazz que se hace en Andalucía, música improvisada, herramientas digitales y acción-experimentación-creación en el momento de la ejecución. El CD resume dos sesiones de improvisación libre en el estudio de grabación y aporta muy buenos y brillantes momentos: toda una experiencia sonora. El capitán salió a comer… (Alone Records, 2016), de Marco Serrato, improvisación libre y sólo el contrabajo de Serrato. “Un capricho” en palabras de su autor. Seis canciones cortas que cualquiera puede silbar mientras pasea una mañana de sol. ¡O no!, no obstante, Serrato, es un músico audaz que gusta arriesgarse en terrenos que otros no pisan –y lo hace a su manera. Audacia y creatividad, ahí reside su mayor valor y talento, también el valor del álbum.

Corleone: David León y Pedro Cortejosa. Fotografía: Ana Solinís

Un disco a sumar a esta selección es, Trío Garum (Blue Asteroid Records, 2017), del grupo homónimo formado por tres músicos que se conocen bien a través de años de colaboración en diferentes formaciones. Javier Galiana al piano, Joan Massana en el contrabajo y David León a la batería. Jazz de raíz andaluza, elegancia y sensibilidad. Una música que se aleja de los espacios comunes para sonar diferente a la vez que próxima. También, Vuelta a casa (Habibi Records, 2018), el segundo álbum del sevillano Chemón Cortés (Ud y Cümbüs). Un álbum lleno de sensibilidad, belleza y buenas ideas a partir de la combinación de jazz, música arábigo-andalusí y flamenco. Formación de cuarteto completada por músicos sevillanos: Nacho Botonero (vientos), Javier Delgado (contrabajo) y Antonio Montiel (percusión).

Los músicos andaluces trabajan en comunicación y colaboran entre ellos en los múltiples proyectos que desarrollan. El jazz en Andalucía es producto de diferentes individualidades que interactúan entre sí, suman y cooperan, conformando un escenario vivo y en crecimiento que reúne a varias generaciones de músicos. Es posible encontrar a unos y a otros en los diferentes proyectos que emprenden. Hay nombres recurrentes, como el del saxofonista Pedro Cortejosa, el contrabajista Javier Delgado, el batería Nacho Megina o el pianista Javier Galiana, por citar algunos. Por ejemplo, en otro álbum a sumar a la lista, Enki (Rizoma Records, 2017), del saxofonista onubense Javier Ortí, aparecen Julián Sánchez (trompeta), Álvaro Vieito (guitarra), Javier Galiana (piano), Javier Delgado (contrabajo) y Nacho Megina (batería). Un grupo de amigos músicos bajo la dirección de Javier Ortí, haciendo un álbum dedicado al dios de la música en el antiguo Oriente. Eclecticismo sonoro de gran variedad de registros y texturas. Igual sucede en el disco firmado por Javier Delgado y Arturo Serra, Visions Tales (Rizoma Records, 2017), donde aparecen acompañados de Álvaro Vieito (guitarra), Juan Galiardo (teclados) y Martin Andersen (batería). Nombres ya conocidos en torno a un álbum de sonido reposado y atmosférico, donde sobresalen el tranquilo diálogo entre el vibráfono de Serra y la guitarra de Vieito y los temas firmados por Javier Delgado, que a su calidad como instrumentista añade la de compositor.

Javier Orti Quintet presentando ENKI.

Otro de los ejes en torno al cual se construye la escena jazz andaluza es la Andalucía Big Band, una banda que integra algunos de los más destacados e inquietos músicos de jazz andaluces. Un espacio de encuentro, intercambio de ideas y colaboración musical que facilita el contacto personal y la interacción entre músicos de diferentes ciudades. La banda cuenta con un primer disco publicado, Suite Trafalgar (Rizoma Records, 2017). Una composición de Javier Galiana, colorista, sugerente y evocadora, de gran belleza, donde el mar y la costa gaditana son las constantes temáticas. Manuel de Falla, Stravinsky, jazz y flamenco, conjugados desde la complejidad estructural y sonora de una big band. El directo de la banda es impresionante.

Tres compactos completarían esta incompleta selección. Para los que buscan y gustan de la música de jazz sin muchas interferencias, está, Plays Standards (Blue Asteroid Records, 2016) del malagueño Ernesto Aurignac en formación de trío junto al contrabajista Pedro Campos y el batería Santi Colomer. Clásicos del jazz, y como escribe Aurignac, un disco sencillo, fácil de escuchar y dinámico, de temas cortos, solos de breve duración y un sonido directo, humilde y sincero. Todo desde la brillante fluidez con la que Aurignac aborda el saxofón. Otro álbum situado en la tradición moderna del jazz es, Incerteza (Blue Asteroid Records, 2019), del saxofonista Enrique Oliver. Un disco muy bien elaborado y elegante con unas magníficas composiciones de Oliver, destacar “Calypsonny”, “Incerteza”, “Rocío” y “After this”, y un grupo de músicos que suena compacto y certero: Albert Sanz (piano), Deejay Foster (contrabajo), Jorge Rossy (batería), Voro García (trompeta) y Fernando Bronx (flauta y trombón). También, No me vayas a engañar (Visiones Musicales, 2019) de Leandro Perpiñan (saxo tenor) y Javier Galiana (piano), es otro álbum sobresaliente a reseñar. Ambos músicos conjugan sus instrumentos con delicadeza, limpieza y precisión en una colección de temas clásicos. Tres de ellos marcan el carácter del álbum: “Isfahan” de Ellington, donde el saxo de Perpiñan suena esplendido y parece volar, impulsándonos a planear con delicadeza y sensibilidad por diferentes orografías, “Turnaround” de Ornet Coleman, y el tema que da título al álbum “No me vayas a engañar”, un bolero de Osvaldo Ferrer popularizado por Bola de Nieve que parece a medida de la voz y piano de Galiana. Pero hay mucho más. Por ejemplo el tema que canta Tatiana Alves, “A flower is a lovesome things” o “If You Could See Me Now” de Tadd Dameron.

Ernesto Aurignac.

Hay mucha más música grabada por músicos andaluces de jazz, circula en Internet, en plataformas digitales, en las páginas de las discográficas y en las webs de los propios músicos. Se puede adquirir con facilidad, la lista es larga y el nivel de calidad alto. Se podría alargar el listado y añadir muchas más, En el fondo de Jaime Serradilla (Blue Asteroid Records, 2015), De Va Yu de Álvaro Vieito, (Tini Moon Records, 2019), Symphony in the Clouds de Kenny Werner & The Clasijazz Big Band (Clasijazz, 2017), Comienzo de COM Trío (Blue Asteroid Records, 2019), Campo Abierto del guitarra Ian Scionti (Blue Asteroid Records, 2015), La Llamada de Daahoud Salim (Blue Asteroid Records, 2016), Skaylark de Paul Stocker (Rizoma Records, 2015), Simetrías de SBT (New Steps, 2012), Abriendo el Thelonius de Tumbando a Monk (Rizoma Records, 2015), Bestemmia de Marco Serrato y Francesco Covarino (Raw Tonk Records, 2019), …, en fin, que hay muchos más álbumes destacables. Todas estas grabaciones anotadas hasta aquí componen una heterogénea y mínima muestra de cómo suena el jazz que se hace en Andalucía y ofrece una perspectiva de la diversidad de formas y propuestas que conforman un campo que no es nada uniforme y si complejo y variado. El mundo del jazz en Andalucía proyecta una dimensión muy poco visibilizada de la cultura y la música andaluza contemporánea. Un mundo humano y sonoro que conforma una inquieta y pujante escena musical.

Apostilla

Esta panorámica reflejada hasta aquí, ni es idílica ni conforma un paisaje amable y confortable. Los músicos han trabajado con mucho esfuerzo la actual escena andaluza y lejos de estar consolidada continua en proceso inestable de construcción. Frágil, ante la inseguridad que produce la ausencia de una estructura en la que apoyarse y que las instituciones culturales públicas andaluzas parece que no pueden aportar. ¿Que quedará de todo esto después del Covid19? Difícil saberlo, esperemos que todo continúe, que se retome el trabajo con energías renovadas y nuevas ideas para seguir adelante, …,

Arturo Serra / Javier Delgado Quintet. Fotografía: Andrej Skerlavaj

Tomajazz: © Julián Ruesga Bono, 2020

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