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Por Julián Ruesga Bono (texto) y Antonio Torres Olivera (fotografías).

Vengo de una tradición de yoguis salvajes. Soy un hombre de blues en un viaje espiritual. El blues surge de una búsqueda de libertad. Mi camino espiritual es la búsqueda de la liberación del alma.

Todavía estoy buscando el sonido. Es mi camino. Me llamo un “buscador de sonido” … cuanto más profundo me sumerjo en el océano del sonido, descubro que aún hay más y más por recorrer.

Charles Lloyd

El trabajo de Charles Lloyd supone otra aproximación a la música y a la espiritualidad de la India desde el jazz, aunque su música a lo largo del tiempo se haya impregnado de músicas y sonidos de muchas culturas. El saxofonista es continuador del viaje iniciado por John Coltrane y Yusef Lateef, compartiendo la mirada y el interés de éstos por las músicas de India y Medio Oriente. Nacido en Memphis, en 1938, entonces una ciudad con una cultura musical negra conformada por blues, gospel y jazz, su familia tenía ascendentes africanos, cherokees, mongoles e irlandeses y todo su trabajo musical parecería estar impregnado de esa conjunción cultural, impulsándolo a la búsqueda e integración de sonoridades complementarias a la música de jazz. En 1956 se trasladó a Los Ángeles para estudiar música en la Universidad del Sur de California donde fue alumno de Halsey Stevens, una de las principales autoridades en Bela Bartók. Las noches de su periodo universitario las pasó educándose en los clubes de jazz de Los Ángeles, tocando con Ornette Coleman, Billy Higgins, Scott La Faro, Don Cherry, Charlie Haden, Eric Dolphy, Bobby Hutcherson y otros músicos de jazz instalados en la Costa Oeste en ese momento. Tras su graduación, pasó a formar parte de la banda de Chico Hamilton, entre 1960 y 1964, y de ahí a tocar con Cannonball Adderley –a la vez que participaba del movimiento contracultural californiano. Durante ese período inicial, publicó dos álbumes como líder de banda para Columbia, Discovery (1964) y Of Course, Of Course (1965), este último con Gabor Szabo (guitarra), Ron Carter (contrabajo) y Tony Williams (batería), donde ya aparecen evocaciones sonoras hindúes.

The Charles Lloyd Quartet

Cuando firma con la discográfica Atlantic forma un nuevo cuarteto, esta vez integrado por Keith Jarrett al piano, Cecil McBee en el contrabajo (sustituido más adelante por Ron McClure) y Jack DeJonette en la batería. Una banda de jóvenes virtuosos que combinaban el impulso vanguardista del free jazz y la psicodelia californiana con cadencias y ritmos de músicas no occidentales. Entre 1966 y 1968, grabaron ocho álbumes para Atlantic Records: Dream Weaver (1966), Forest Flower (1966), In Europe (1966), The Flowering (1966), Love-In (1967), Journey Within (1967), In the Soviet Union (1967) y Soundtrack (1968). De ellos sólo el primero, Dream Weaver, fue grabado en estudio, todos los demás son grabaciones en conciertos, y el segundo de los discos, Forest Flower: Live at Monterey (Atlantic, 1966), hizo historia al ser uno de los primeros LPs de jazz en vender más de un millón de copias. El álbum se convirtió en un sorprendente éxito popular que atrajo al público del mercado masivo de la música rock al jazz, ganando audiencia a través de su emisión por las radios FMs vinculadas con la contracultura. Forest Flower, conectó directamente con la audiencia y se convirtió en la banda sonora de jazz del movimiento contracultural de la Costa Oeste norteamericana. En el disco, Lloyd, toca el saxo tenor con una fuerte dosis de Coltrane, aunque es con la flauta donde realmente brilla en el álbum. La banda hace una música compleja y avanzada, que hoy suena asequible y elegante. Sin proponérselo facilitó el camino para el éxito comercial del jazz-rock que vendría poco después.

En ese momento, los grupos de rock californianos desbordaron los límites de la música popular urbana con una nueva actitud creativa que se vino a denominar psicodelia, enmarcada por un amplio abanico de fenómenos muy relacionados entre si a nivel cultural, social y político. Con la psicodelia apareció una música nueva, derivada por un lado del folk norteamericano y Bob Dylan, por otro del rhythm&blues y en su mayor parte del rock de The Beatles y los grupos de la llamada Invasión Británica –una música construida en torno a los instrumentos eléctricos, la amplificación y la posibilidad de tocar libremente para amplios números de personas al aire libre y en grandes recintos. El rock psicodélico fue la expresión más popular de la contracultura y a la vez el movimiento contracultural jugó un papel muy importante en la transformación del rock, estimulando actitudes vitales y creativas fundadas en el desarrollo de la expresión personal y la búsqueda de nuevas experiencias sensoriales. El rock era apreciado por su libertad creativa, su potencia innovadora, su relación con los combates culturales de la época y sobre todo como una música que articulaba los valores de una nueva comunidad: tolerancia, hedonismo, autorrealización, espiritualidad, reivindicación del derecho a la diferencia, atención a la naturaleza y la práctica de formas de vida alternativas.

 

El decenio comprendido entre la segunda mitad de la década de los sesenta y la primera de los setenta fue una época de experimentación cultural y mutación de valores. Entre 1965 y 1966 surgieron en California algunas bandas con identidad musical propia y capacidad para atraer de manera habitual a sus conciertos a un público afín que se identificaba con la música y la poesía de sus canciones. Todos los grupos tenían en común la experimentación, la búsqueda y expansión sensorial e intelectual y una actitud de crítica y cuestionamiento de lo establecido. Un aspecto importante de la nueva música fue su estrecha asociación con las drogas psicodélicas, en especial con el LSD. Jefferson Airplane son quizá su ejemplo más representativo, compusieron temas dedicados al LSD como «Whíte Rabbit» o «Running around the World». Otros rasgos destacables en la música de la contracultura fueron la exaltación de la vida en la naturaleza, la vida campestre y lo rural, y la importancia dada a las filosofías y espiritualidad orientales. Un gran número de bandas hicieron una música diferente y creativa: Grateful Dead, Quicksilver Messenger Service, Moby Grape, Love, Frank Zappa & Mothers of Invention, Steve Miller Band, Big Brother and the Holding Company, Iron Butterfly, The Lovin´ Spoonful, Country Joe and the Fish, The Doors, It’s a Beautiful Day, Santana, Fugs, Steppenwolf, Great Society, Electric Prunes, The Byrds, …,

Obviamente hay una diferencia entre la experiencia de blancos y negros, entonces y ahora. La América blanca podría haber estado tratando de abandonar una existencia mundana de clase media y tratar de encontrar un mayor significado en la vida, pero como afroamericanos, no teníamos nada qué abandonar. No éramos parte de esa vida. No puedes saltar por la ventana del sótano. Lo que estábamos tratando de encontrar era igualdad y libertad.

(Charles Lloyd, recogido por Cormac Larkin)

En muchos aspectos, la psicodelia fue al rock lo que el free al jazz, lo abrió a nuevas experiencias, sonoridades e influencias musicales, diferentes de las que hasta ese momento participaban los músicos. El rock psicodélico y el free jazz estaban muy próximos y hubo una generación de músicos que convivió con ambos, compartiendo sus influencias. Los efectos sonoros característicos de la psicodelia se sustentaban en la exploración de nuevas texturas de los instrumentos y la distorsión del sonido, en ocasiones flotante, difuminando los límites de las notas, creando nebulosas sonoras que envolvían y elevaban al oyente simulando y estimulando distorsiones perceptuales. Una musicalidad abierta tendente a la expansión de la sensibilidad y los procesos perceptivos. Los temas rompían y ampliaban el formato característico de canción alargándose en extensos desarrollos instrumentales e improvisaciones a la vez que las bandas ampliaban el número de músicos más allá de la formación común del rock -guitarra, bajo, batería- añadiendo otros instrumentos –orientales, africanos, europeos clásicos, electrónicos, etc.- que los abrían a nuevas sonoridades.

Arraigados en el jazz modal y la improvisación libre, el cuarteto de Lloyd se adentró y exploró las complejidades psicodélicas sin ningún esfuerzo adicional o aditamento. Fue esta conexión la que hizo que la música de la banda, en conciertos y grabaciones, fuera mucho más que sólo presentaciones de jazz. El cuarteto fue la primera banda de jazz en aparecer en el famoso Fillmore West de San Francisco, y en otros espacios del rock como el Avalon Ballroom, compartiendo cartel con Jimi Hendrix, Janis Joplin, Cream, Grateful Dead y Jefferson Airplane. Lloyd, también, fue invitado a participar en grabaciones con The Doors, The Birds, The Grateful Dead, Canned Heat y Beach Boys.

De todos los álbumes de este periodo destacar dos grabados en Europa. Uno es In Europe (Atlantic, 1966), grabado en el Aulaen Hall de Oslo en 1966 durante la gira del grupo por los festivales de verano europeos. El primer tema del disco, «Tagore», es sorprendente, con Lloyd en primer plano a la flauta dibujando líneas melódicas susurrantes sobre las percusiones de DeJohnette y texturas y acordes de Keith Jarrett, obtenidos rasgando y percutiendo las cuerdas en el interior del piano, a modo de un sitar, mientras el bajo de McBee circula repetitivamente en espiral entre el sonido de sus compañeros. Los cuatro músicos destacan en distintos momentos del concierto consiguiendo un resultado de conjunto deslumbrante. En 1971, la discográfica Atlantic publicó otro álbum con más material de este concierto, The Flowering, completado con grabaciones realizadas en julio del mismo año en el Festival de Jazz de Juan-les-Pins, Antibes, Francia. Según relata Wolfgang Sandner en la biografía de Keith Jarrett, el éxito popular del cuarteto de Lloyd fue tal que en tres años realizó seis giras por Europa recorriendo cuarenta países.

El otro album es In The Soviet Union (Atlantic, 1970), grabado en vivo en Estonia, en el Tallin Jazz Festival, en plena la Guerra Fría, en 1967, y con Ron McClure sustituyendo a Cecil McBee en el contrabajo. La banda de Lloyd fue el primer grupo de jazz de los Estados Unidos en tocar en la URSS por cuenta propia y no a través del patrocinio del gobierno norteamericano. Su primer concierto fue en Tallin y posteriormente tocaron en Leningrado y Moscú. El álbum contiene cuatro largos temas, «Days and Nights Waiting», firmada por Jarrett; una versión de «Sweet Georgia Bright» que ronda los dieciocho minutos, una composición de Lloyd incluida en Discovery!; una canción de cuna escrita por Lloyd para flauta, «Love Song to a Baby»; y la exótica y desenfrenada «Tribal Dance».

La banda se separaría en 1968 por disputas económicas entre los músicos. Jarret y DeJonette pasaron a formar parte de la banda de Miles Davis y sus aventuras eléctricas y Lloyd pasó a una situación de semi-retiro. No fue un retiro dramático, como se ha escrito, sólo se alejó de la escena pública apartándose a Big Sur, una región muy poco poblada al sur de la península de Monterey, en California. Fue un período de apartamiento y búsqueda espiritual en el que viajó y tocó en público con menos frecuencia prestando más atención al trabajo de estudio. Se le puede escuchar acompañando en grabaciones a The Doors, Roger McGuinn, Canned Heat o con los Beach Boys. Trabajó en el circuito de la contracultura californiana grabando discos de folk-rock psicodélicos –Moon Man (Kapp, 1970) es uno de ellos- y fue adentrándose más en profundidad en las músicas orientales, grabando álbumes como Geeta (A&M Records, 1973) y Pathless-path (Unity Records, 1979). Este último es sorprendente y de una gran audacia instrumental. Atmósferas tranquilas y relajadas, utilización de sintetizadores, koto japonés, y Lloyd tocando flauta, saxofón tenor, piano, clarinete y también cantando. Un álbum muy espiritual y poco conocido que aporta una idea de como fue esta época de retiro para el músico. Al inicio de la década de 1980 tocó y grabó con el pianista Michael Petrucciani durante dos años; A Night in Copenhagen (Blue Note, 1985), documenta la experiencia, un cuarteto en vivo, grabado con el pianista francés en el Festival de Jazz de Copenhague de 1983. A finales de la misma década, al recuperarse de una experiencia cercana a la muerte que sufrió en 1986, decidió volver a la escena pública del jazz. Comenzó a tocar en vivo nuevamente y a grabar para ECM Records.

Reencarnación ECM

Desde 1989 la producción discográfica de Lloyd se vuelve más regular, igual que sus conciertos, y su nivel de calidad sigue siendo sobresaliente con un sonido más robusto, si cabe, y una extraordinaria sensibilidad melódica. El sonido y la forma de tocar de Charles Lloyd aúna influencias de John Coltrane y Stan Getz en una musicalidad muy personal, abriendo espacios sonoros al jazz con el empleo de músicas de culturas no occidentales como componentes melódicos y armónicos. Su música es suave y profunda, melodiosa y espiritual, y ha ido creciendo paulatinamente hasta el día de hoy, desarrollándose en un recorrido musical apreciable a través de su extensa y magnífica discografía.

En la primera grabación con ECM, Fish Out of Water, en 1990, es acompañado por tres músicos escandinavos, Bobo Stenson al piano, Palle Danielsson, contrabajo y Jon Christensen, batería. Inmediatamente después, en 1991, Anders Jormin se ocupa del contrabajo y en 1993 Billy Hart pasa a la batería. Fish Out of Water (1990), Notes From Big Sur (1992), The Call (1993), All My Relations (1995) y Canto (1997) forman un conjunto de grabaciones históricas que dan cuenta de la reincorporación de Lloyd al jazz contemporáneo. El tono general de estos álbumes es la tranquilad y la introspección, una música sutil y cambiante de una gran belleza. Canto, fue el quinto álbum y el último que grabó con este grupo de músicos. En cierto modo sintetiza la experiencia musical vivida y desarrollada por la banda a lo largo de los cuatro años anteriores, llenos de giras y la grabación de tres álbumes. La música de Canto mantiene la misma atmosfera de las grabaciones precedentes y, a pesar de su carácter introspectivo y espiritual, no es una álbum complaciente. Es una música de búsqueda, que dibuja diferentes paisajes sonoros, de estructuras asimétricas y fraseos enérgicos, que mantienen al oyente atento, aunque nunca suena frenética o descuidada. La banda se escucha siempre bien ensamblada y coherente, más interesada en crear una dinámica grupal que en mostrar habilidades individuales, la autoexpresión está subordinada a la conjunción final.

Lloyd siempre ha proyectado su mundo espiritual en la música. El álbum, All My Relations, estaba dedicado al maestro hindú Swami Ritajananda, y se cierra con un tema dedicado al sabio tibetano Milarepa –solo con flauta china. En casi todos los álbumes hay temas con títulos que aluden al mundo espiritual y la mística oriental. Canto vuelve a abordar esas referencias espirituales, por ejemplo, «Nichiketa’s Lament», nos lleva a los libros sagrados hinduistas, los Upanishads, y «Tales Of Rumi», está inspirado en los escritos del poeta y filósofo sufí afgano del siglo XIII Jalaluddin Rumi. Este tema es una increíble pieza de jazz que parece grabada una noche en el desierto, bajo las estrellas, con los músicos sentados a la lumbre, tocando hipnotizados por sombras chisporroteantes que bailan en la oscuridad. Sólo este tema justificaría el álbum. Este primer corte marca la pauta de todo el disco, muchas de las piezas que contiene exploran ideas musicales de extraordinaria belleza a medida que cada instrumento -incluido el oboe tibetano- se va turnando, indagando y tanteando posibilidades sonoras. La media hora larga de escucha que pasa por «Canto», «Nichiketa’s Lament» y «M», es otro recorrido extraordinario del álbum donde los músicos dan muestra de la libertad creativa y maestría con la que se mueven. Hay mucha riqueza emocional y calidez. En el tema que da título al álbum, el tono de Lloyd es suave y delicado, sin aristas, a veces suena frágil y quebradizo, vulnerable, sumergido en un halo de misterio y emoción; saxo y piano llevan alternativamente las melodías, mientras la batería toca muy abierto y el contrabajo lo mantiene todo anclado. «Nichiketa’s Lament» es un canto fúnebre, a través de un toque triste y lastimero de Lloyd en el oboe tibetano con un delicado piano final sobre un insistente toque de platillo y contrabajo. «M» se abre con un solo de bajo de Jormin, melancólico y profundo, y cuando el piano de Stenson aparece infunde calidez al ambiente antes que el saxo de Lloyd entre sonando como un intenso gemido. El piano se abre paso a través de las aberturas que deja el saxo, emitiendo notas que rozan la melodía principal sin unirse a ella, simultáneamente, contrabajo y batería lo siguen y cubren, desembocando en un memorable solo de batería de Hart. El resto del álbum está a la altura desde un registro menos llamativo, pero igualmente situado en la excelencia. Un álbum único y extraordinario dentro de un conjunto de cinco álbumes únicos y extraordinarios.

El papel del pianista sueco Bobo Stenson en la música del cuarteto de Lloyd fue fundamental durante más de un decenio. Junto a Lloyd, es el único músico presente en los cinco álbumes. El recorrido musical de Stenson es muy parecido al de Lloyd, con un profundo conocimiento de la tradición del jazz moderno conseguido a través de su participación en las bandas de Dexter Gordon, Stan Getz y Sonny Rollins en giras por los países nórdicos. Además, había participado en trabajos vanguardistas en el jazz sueco con el saxofonista Bernt Rosengren, también en trabajos de Don Cherry y George Russel y co-liderado el popular Jan Garbarek-Bobo Stenson Quartet –con dos discos históricos Witchi-Tai-To (ECM, 1974) y Dansere (ECM, 1976). Sus trabajos en torno a la música india en la banda sueca Rena Rama y del Medio Oriente con el percusionista turco Okay Temiz en el grupo Oriental Wind le habían otorgado una particular autoridad y reputación en su interpretación del jazz modal. Con Lloyd, Stenson, continuó elaborando y refinando una paleta de recursos, amplia y rica, llena de matices y versatilidad. Escúchese «Song» en el álbum The Call. Su compañero, el contrabajista sueco Anders Jormin se incorporó a la banda de Lloyd en 1991 y fue ganando relevancia a cada grabación. Fue Stenson, quien lo recomendó a Lloyd para la banda, habían tocado juntos en varias formaciones y colaborado en trabajos individuales de uno y otro. En Canto, el contrabajo es quien apuntala y ancla la sonoridad del cuarteto. Jormin posee una musicalidad particularmente lírica, además de una gran destreza con el arco y una habilidosa digitación, que lo hacían encajar perfectamente en el cuarteto. Las dos partes de «Pilgrimage to the Mountain» (Peregrinación a la Montaña) en el álbum Notes From Big Sur, comienzan con sendos solos de Jormin que destaca con un brillante toque de arco. Otros dos momentos a destacar del contrabajista son «Cape to Cairo suite (Hommage to Mandela)» y «Hymne to the mother» en All My Relations.

Después de estos primeros cinco álbumes con ECM, Lloyd pasa a trabajar con músicos norteamericanos y graba, Hyperion With Higgins (1999), Voice In The Night (1999) y The Water Is Wide (2000) con Brad Mehldau al piano, John Abercrombie a la guitarra, Larry Grenadier en el contrabajo y Billy Higgins a la batería. La pianista Geri Allen reemplazó en el piano a Mehldau en Lift Every Voice (2002) y en Jumping the Creek (2005). Los álbumes posteriores a Canto, tienen un sonido diferente y una musicalidad menos evanescente, más dinámica y melodiosa. La sustitución de Stenson y Jormin se notó de forma considerable en su música, que continuó creciendo y acercándose más al blues y a muchos temas clásicos del jazz moderno.

En 1998, Billy Higgins que era amigo de Lloyd desde su época universitaria, había reemplazado a Hart en la batería. «No habíamos tocado juntos desde finales de la década de 1950 y, sin embargo, era como si no nos hubiéramos perdido un día juntos. Compartimos la amistad más profunda dentro y fuera del escenario. Lo extraño muchísimo, pero también siento su presencia cada vez que toco». La excelente relación de amistad y entendimiento musical entre los dos músicos dio lugar a un álbum doble a dúo: Which Way Is East, grabado en 2001 y publicado en 2004 por ECM. En términos artísticos es uno de los álbumes más interesantes que ha grabado Lloyd. Ambos músicos se sumergen en la música investigando y buscando recursos sonoros y probando instrumentos con momentos que rozan lo mágico. Contiene fantásticos diálogos de saxo y batería e incursiones en el piano por parte de los dos músicos. Billy Higgins canta en portugués, interpreta una canción tocando el guimbri (instrumento de tres cuerdas utilizado en la música norteafricana), toca un blues acompañándose de una guitarra, y utiliza todo tipo de percusiones. Lloyd canta, toca saxofones alto y tenor, flautas, piano, tarogato –instrumento de viento húngaro de origen turco-, oboe tibetano, percusión y maracas. Reúnen y aúnan, sucesiva o simultáneamente, tantas músicas que termina siendo un collage sonoro y sensorial fascinante.

Como compositor intento llegar a un lugar donde la música, aunque sea una afirmación muy personal, sea lo suficientemente abierta para dejar filtrar una dimensión universal. El músico puede conseguir expresar las experiencias y la sabiduría anteriores a través de su instrumento pero con la condición de vivirlo realmente. Me siguen interesando mucho las posibilidades de expresar lo imposible. Contemplo mi música como un niño que he llevado conmigo durante mucho tiempo. Puedo quedarme sentado y meditar, sentarme al piano, caminar por la montaña o nadar en el océano y dejar que la composición venga muy lentamente como si tuviera que dar la luz a algo. Una vez nacidos estos niños es interesante comprobar que tienen vida propia. Para mí, componer música es dejar una huella, entrar en un proceso que siempre tiene que ver con la inspiración y el consuelo. Es algo que siempre me ha entusiasmado y sorprendido, sobre todo cuando veo el mundo y la sociedad que vivimos. La cercanía del arte es cada vez más difícil en la sociedad y el mundo modernos.

(De una entrevista realizada por Christian Steulet a Charles Lloyd, publicada en TomaJazz)

El baterista Eric Harland se unió al cuarteto de Lloyd en 2002, después del fallecimiento de Billy Higgins, y también formó parte del trío Sangam, organizado por Lloyd en 2004 junto al maestro de tabla india Zakir Hussain. Sangam (ECM, 2006), es un álbum grabado en directo por el trío en un concierto homenaje a Billy Higgins celebrado en Santa Bárbara, California, en 2004, después de la muerte de éste. Sin ensayos previos, los músicos tocan a partir de temas originales de Lloyd ya conocidos en discos anteriores, excepto una pieza firmada por Hussain. Música india, blues, gospel y sugestivas percusiones que sirven de soporte a las líneas melódicas de los saxofones y flautas de Lloyd, circulando por sonoridades indias y jazz. Una música que suena fluida, sutil y meditativa unas veces e hipnótica y repetitiva otras; suscitando diferentes estados de ánimo a través de los cambios de texturas sonoras que saxo o flauta van creando al dialogar con las percusiones o las que crean las diferentes percusiones entre ellas. Toda una experiencia. Otro álbum lleno de momentos memorables a sumar y destacar en la discografía de Lloyd.

Desde 2007, ha configurado un cuarteto, más o menos estable, junto al pianista Jason Moran, Reuben Rogers en el contrabajo y Eric Harland en la batería. Este cuarteto ha grabado los álbumes Rabo de Nube (ECM, 2008), Mirror (ECM, 2010) y Athens Concert (ECM, 2012), este último con el añadido de la cantante griega Maria Farantouri, y acompañados además por el músico de lira Socratis Sinopoulos y un segundo pianista, Takis Frazio. El álbum fue grabado en un anfiteatro griego en Atenas, en un programa que incluía canciones de Mikis Theoedorakis, música tradicional griega, y piezas originales de Lloyd.

Un álbum sobresaliente es Hagar’s Song (ECM, 2013), otro dúo, esta vez grabado con el pianista Jason Moran, un miembro clave en el último cuarteto. Moran se había convertido en uno de los pianistas más audaces de la escena neoyorquina y había destacado trabajando con Greg Osby y artistas visuales como Adrian Pipers. También está interesado en conectar diferentes espacios culturales y estilos en su música. A la sonoridad construida por Lloyd aporta transparencia y unas atmósferas más cristalinas y luminosas. En Hagar’s Song, muestra su versatilidad y capacidad de adaptación sin perder la audacia que lo caracteriza. Material de Dylan, Gershwin, Ellington, Wilson, Hines, y otros autores junto a la pieza central del álbum «Hagar Suite», un conjunto de temas compuestos por Lloyd y dedicados a su tatarabuela. El compositor explica: «Hagar era mi tatarabuela. Cuando supe su historia, me conmovió profundamente. La suite refleja su vida, desde que fue secuestrada de sus padres a la edad de diez años en el sur de Mississippi y llevada hasta Tennessee y vendida a otro dueño de esclavos, que la violó cuando tenía catorce años. Luego fue vendida al esposo de su hija para ser su esclava personal. Es una historia complicada y compleja: la historia de tantos vendidos o intercambiados como esclavos. La esclavitud es lo suficientemente horrible, pero arrebatar a una tierna niña a sus padres, eso me duele hasta la médula. Digo “es” en referencia a la esclavitud porque la trata de esclavos todavía existe en los confines del mundo actual. “Hagar Suite” refleja las etapas de la vida de mi tatarabuela: la pérdida de la familia, la soledad y lo desconocido, sus sueños y penas, y las canciones para sus hijos recién nacidos».

Con Blue Note

En 2015 Lloyd cambió de discográfica y pasó a la prestigiosa e histórica Blue Note Records. El primer álbum publicado es Wild Man Dance Suite (Blue Note, 2015), una suite en seis partes encargada por el Festival Jazztopad de Wroclaw, Polonia y que se grabó en su presentación en el mismo Festival en noviembre de 2013. Para este nuevo proyecto Lloyd cuenta con una nueva formación con la que no había tocado antes, el pianista Gerald Clayton, el bajista Joe Sanders y el baterista Gerald Cleaver, además de Sokratis Sinopoulos, virtuoso de la lira griega, y Miklós Lukács, maestro de cimbalom húngaro, que aportan color y texturas rítmicas a las composiciones de Lloyd.

En I Long To See You (Blue Note, 2016), Lloyd nos presenta a The Marvels, un nuevo grupo de compañeros, esta vez centrado en las guitarras e integrado por los ya conocidos Eric Harland en la batería y Reuben Rogers al bajo, con el añadido de Bill Frisell a la guitarra y Greg Leisz en la guitarra steel; haciendo una mezcla de jazz, blues, country y rock que llega a momentos impresionantes, como la emocionante versión que hacen de «La Llorona» con la guitarra eléctrica de Bill Frisell como solista. En el segundo álbum que graban parece que rozan la excelencia, Vanished Gardens (Blue Note, 2018). Una música amable, de bonitas y entrañables melodías, que nace de la colaboración entre el saxofonista y la cantante country Lucinda Williams. Composiciones de ambos más otras de Thelonious Monk y Jimi Hendrix. Como en I Long To See You, vuelven a entretejer diferentes músicas estadounidenses en un nuevo y emocionante híbrido musical. Sobresale la excelente musicalidad y sonido del grupo en los temas instrumentales, pero cuando Lucinda Williams canta lo hace con la misma magia evocadora que desprende el grupo. El disco se cierra con una increíble versión de «Angel», de Jimi Hendrix. Un álbum para disfrutar; sencillo, simple y esplendido.

Entre los dos discos anteriores con The Marvels, Lloyd publicó el álbum, Passin ‘Thru (Blue Note, 2017), grabado en un concierto celebración del décimo aniversario del nuevo cuarteto con Moran, Rogers y Harland. En el concierto revisaron la carrera de Lloyd, composiciones de toda la vida musical del saxofonista, incluida la canción que da nombre al álbum, grabada en 1963 cuando era miembro del quinteto de Chico Hamilton. También presentaron otra nueva versión de «Dream Weaver», el título del álbum debut de su cuarteto en 1966.

Charles Lloyd ha publicado este año su último álbum hasta la fecha, 8 Kindred Spirits [Live From The Lobero] (Blue Note, 2020). El 15 de marzo de 2018, celebró su 80º cumpleaños en su lugar de residencia habitual, Santa Bárbara, California, con un concierto junto a músicos amigos en el Lobero Theatre de esta ciudad. El concierto fue grabado y ha sido publicado en varios formatos. El más asequible consiste en la grabación de la primera mitad del concierto en un CD o doble LP. Otra edición consiste en una caja con la grabación completa del concierto en dos CDs o triple LP, más un DVD y un libreto de 96 páginas. Nos centramos en el CD que recoge la primera mitad del concierto, casi una hora, y que en cuatro temas celebra la carrera de Loyd. Comienzan abordando una vez más «Dream Weaver», el tema que dio título a su primer álbum con Atlantic, grabado en 1966 con Jarrett, DeJohnette y McBee, y aquí desarrollado magníficamente por la banda, que está formada por el baterista Eric Harland, el bajista Reuben Rogers, el pianista Gerald Clayton y el guitarrista Julian Lage. Le sigue «Requiem», en versión ampliada, más reflexiva y conmovedora que la original publicada en el álbum Notes From Big Sur, de 1992, y que la posterior versión de Voice in The Night, de 1998. El tercer tema es la canción tradicional mexicana «La Llorona», aquí el piano inicial da a la canción una musicalidad muy camerística, más cercana a la grabación publicada en Mirror que a la bellísima versión publicada en el primer álbum de estudio con The Marvels. El álbum termina con «Parte 5. Ruminations», también más extensa que la original publicada en 2017, en Passin ‘Thru. Otro repaso a la carrera de Lloyd que no aporta ninguna novedad, pero que deja una música esplendida y magistral, un álbum ideal para los seguidores del saxofonista.

El desarrollo de la música de Lloyd a lo largo de su carrera ha ido en crecimiento constante. Su gran logro ha sido acercarse a otras músicas desde el jazz, sin abandonarlo, marcando un campo creativo mucho más rico y amplio, con sonoridades y formas complementarias, –sin direccionamientos ni idearios previos. Escuchar a Lloyd es sumergirse en una experiencia sensible llena de detalles y encuentros sorprendentes, siempre circulando en torno a volubles formas de belleza. Un ir y venir paseando, de lo conocido a lo diferente, de la sencillez a la complejidad, de lo simple a lo audaz. Sensibilidad y carisma son palabras que se podrían añadir al intentar definir su forma de concebir y hacer música.

Tomajazz. Texto: © Julián Ruesga Bono, 2020
Fotografías: © Antonio Torres Olivera, 2019

Referencias:

Chinen, Nate
2019: Playing Changes. Jazz para el nuevo siglo. Alpha Decay, Barcelona.

Lake, Steve; Griffiths, Paul (Edts)
2008: Tocando el horizonte. La música de ECM. Global Rhythm Press, Barcelona.

Larkin, Cormac
2014: «Charles Lloyd’s tradition of jazz, truth and love» en The Irish Times, de 10 de noviembre. Dublín. Consultado 17/4/20.
https://www.irishtimes.com/culture/music/charles-lloyd-s-tradition-of-jazz-truth-and-love-1.1992234

Ordovás, Jesús
1975: El rock Ácido Californiano. Ediciones Júcar, Gijón.

Ruesga Bono, Julián
2008: «Intercambios» en Más allá del rock. Ruesga Bono, Julián; Cambiasso, Norberto (edits). INAEM, Madrid.

Sandner, Wolfgang
2019: Keith Jarrett, una biografía. Libros del Kultrum.

Steulet, Christian
1999: «Palabras sobre la liberación». Entrevista publicada originalmente en francés en «Viva La Música» y en castellano en TomaJazz, traducido por Juan Carlos Hernández y Diego Sánchez Cascado. Consultado 17/4/20. https://www.tomajazz.com/web/?p=50489