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Por Christian Steulet  – Viva La Música.

Charles Lloyd dio en febrero (de 1999) dos conciertos en el Chorus de Lausana, en compañía de Billy Higgins, John Abercrombie y Marc Johnson. Unos conciertos en forma de aventuras, cargados con una calidad de escucha inhabitual y un sentido agudo de la experimentación. En esta entrevista evoca su evolución interior y su arte “natural” para la composición.

Entrevista realizada por Christian Steulet. Publicada originalmente en “Viva La Música” y reproducida con permiso de su autor, Christian Steulet.

Viva La Música: ¿Cuándo empezó a escribir y componer?

Charles Lloyd: No me acuerdo muy bien ni dónde ni cuándo, pero ya muy joven sentí profundamente que no podría expresarme con palabras. Esta necesidad de expresarme se manifestaba siempre bajo la forma de canciones. No recuerdo cuando compuse música por primera vez, pero sé que ya anoté algunos temas antes de cumplir los ocho años. Surgían en mi mente, literalmente. Empezaba por escucharlos porque aún no había estudiado música en el plano formal. Luego, a los nueve años, me regalaron mi primer instrumento. Pero en realidad, quise ser músico y compositor desde los tres años.

Viva La Música: Así que todo surgió de una profunda necesidad.

Charles Lloyd: Sí. Recuerdo que siendo niño escuché conciertos de músicos magníficos, como los de la orquesta de Duke Ellington. Me gustaba tanto esa música tan moderna en esa época, que mi madre me llevó a los camerinos de los artistas. Uno de los músicos le dijo: “Este niño tiene que estudiar para médico o abogado, ¡no deje que sea músico!”. Entonces no comprendí la advertencia pero hoy sé que no hay que lanzarse a la vida de músico si uno no está predestinado o apasionado. Cada uno tendría que tener una educación musical básica porque este arte cultiva el alma y ayuda a vivir. Pero para ser músico profesional se necesita una gran dedicación. Pasé mi infancia en Memphis, una ciudad que tenía una profunda historia musical –hecha de gospel y blues– y también un abanico de músicos más sofisticados que tocaban jazz. El hecho de entrar en contacto con todas esas místicas musicales representó una experiencia capital. Estaba bajo la influencia de auténticos maestros y me abrí camino en compañía de grandes músicos. El saxofón estaba entonces dominado por la tradición de Charlie Parker y también asimilé muy joven las influencias de Lester Young, Billie Holiday, Coleman Hawkins y muchos otros artistas.

En la escuela estudié la música clásica europea y al entrar en el instituto conocí a los músicos de la gran orquesta de la institución: mi mejor amigo era Booker Little, el gran trompetista, fallecido trágicamente a los 23 años a principios de los sesenta. En la Universidad de Southern California estudié lenguaje musical. Quería conseguir una licenciatura de composición pero también me atraían irresistiblemente los temas folk que eran populares en esa época. Tenía ganas de integrarlos en mis composiciones. Luego, en la universidad, estudié las tradiciones clásicas europeas más a fondo pero sin perder en ningún momento el interés por el jazz. Me gustaba ese aspecto trascendente propio del jazz, que se puede percibir desde la primera nota. Muchas de mis amistades se remontan a esta época: es el caso de Ornette Coleman o de Billy Higgins con quien estoy ahora de gira. Toco con Billy Higgins desde hace más de cuarenta años y nuestra relación sigue muy viva: es un batería que me inspira muchísimo. Cuando llegué a California en 1956 estaban Eric Dolphy, Scott Lafaro, Bobby Hutcherson y muchos otros. Era otro ambiente musical pero tan apasionante como el de Memphis. Todos esos artistas buscaban su propio camino a partir de la tradición de Charlie Parker y de Duke Ellington. Tuve mucha suerte al establecerme allí.

Viva La Música: ¿Cómo concibe hoy su trabajo como compositor? ¿Es ante todo un trabajo de composición donde los elementos extramusicales, los encuentros, tienen un protagonismo importante?

Charles Lloyd: Siempre me he considerado músico por naturaleza más que por oficio, ya que me sentí desde muy temprano cercano a la música. Claro, la estudié como lenguaje y aprendí técnicas de composición y escritura. Sin embargo, el entorno es un elemento preponderante. Hay algo que es imposible de expresar en cada uno de nosotros. Básicamente, todos somos seres espirituales a quienes se dio una existencia material. Pero nuestra vida se resume a lo que somos capaces de ofrecerle. No me preocupa modificar el curso de la vida y la muerte; ante todo tengo ganas de llegar a la esencia de las cosas. Como compositor intento llegar a un lugar donde la música, aunque sea una afirmación muy personal, sea lo suficientemente abierta para dejar filtrar una dimensión universal. El músico puede conseguir expresar las experiencias y la sabiduría anterior a través de su instrumento pero con la condición de vivirlo realmente. Me siguen interesando mucho las posibilidades de expresar lo imposible. Contemplo mi música como un niño que he llevado conmigo durante mucho tiempo. Puedo quedarme sentado y meditar, sentarme al piano, caminar por la montaña o nadar en el océano y dejar que la composición venga muy lentamente como si tuviera que dar la luz a algo. Una vez nacidos estos niños es interesante comprobar que tienen vida propia. Para mí, componer música es dejar una huella, entrar en un proceso que siempre tiene que ver con la inspiración y el consuelo. Es algo que siempre me ha entusiasmado y sorprendido, sobre todo cuando veo el mundo y la sociedad que vivimos. La cercanía del arte es cada vez más difícil en la sociedad y el mundo mordernos.

Viva La Música: ¿Cambió algo su retiro a Big Sur en su relación con la música y la composición?

Charles Lloyd: Sí, creo de verdad que lo cambió todo en el sentido de que profundicé mi búsqueda y trabajé mi sonido. Tocaba en los bosques cercanos. Había dos cañones, a través de los cuales podía hacer resonar mi saxofón, con esos árboles gigantes que me devolvían la música. Y el enorme océano Pacífico más abajo. Había mucha profundidad y silencio para que la música perdurase, para sentirla desde el interior. Antes, durante más de diez años viajé todos los días de mi vida. Necesitaba recargar las pilas, regenerarme. Lo hice cuando aún era joven, no como un artista que tiene el deseo de retirarse, una vez su carrera está en declive. Era más bien una manera de profundizar en mis estudios, de reflexionar sobre el sentido de mi vida y de mi presencia aquí. Me concentré en la interacción entre la música y el sonido. Y una de las cosas positivas que me ocurrieron durante este retiro fue la aptitud para desarrollar un sonido personal. Provengo de esa tradición musical según la cual primero hay que tener un sonido personal antes que tocar cosas interesantes y desarrollar tus propias composiciones.

Viva La Música: ¿Cuál es el origen de su nuevo cuarteto?

Charles Lloyd: uno de mis últimos discos, Canto, está dedicado a Billy Higgins. Conociendo nuestra vieja amistad, Manfred Eicher de ECM me preguntó si quería desarrollar un proyecto con él. En cuanto a John Abercrombie, siempre le ha interesado tocar conmigo. Hace años, a principio de los sesenta, toqué con un guitarrista húngaro, Gabor Szabo, en el grupo de Chico Hamilton. Era un húngaro refugiado político en los Estados Unidos. En esos momentos me gustaban la música india y Ravi Shankar; Szabo empezó anotando algunos pasajes para intentar tocarla a su manera. Estábamos muy cercanos y grabamos juntos con Tony Williams y Ron Carter en Columbia (Discovery y Off Course, of Course). Estos discos son un puente hacia mi nuevo proyecto ya que le gustaron mucho a John Abercrombie. Tocamos juntos en Nueva York y aprecié mucho que aceptase participar en este nuevo cuarteto. Lo mismo ocurrió con Dave Holland. Lo grabamos todo en un día y medio: enseguida conseguimos tocar de manera muy simple y orgánica. Creo que este disco demuestra muy bien mi preocupación actual: la sencillez. Me gusta por encima de todo el toque y el sonido de la guitarra en este disco. El piano está afinado de la misma manera durante todo el disco. Aunque no renuncio a mi cuarteto con Bobo Stenson, un viejo compañero y excelente músico, quiero seguir abierto a otras formaciones y otros enfoques. Por ejemplo, también grabé con Gilberto Gil, el maravilloso cantante y compositor brasileño.

Viva La Música: ¿Compuso temas nuevos para este disco?

Charles Lloyd: Sí, pero también llevé antiguas composiciones. Tenía ganas de volver un poco a los dos discos que grabé con Gabor Szabo a principios de los sesenta. También tocamos “Requiem” para mi amigo Petrucciani, un tema que tocamos varias veces juntos en concierto, cargado de emociones. También elegí un tema de Billy Strayhorn “A Flower Is a Lonesome Thing”. Es un estándar, si se quiere, pero que se ha interpretado muy poco. La primera vez que lo escuché fue en un concierto de la gran orquesta de Duke Ellington en el festival de Antibes en 1966. También hay una magnífica canción, que escuché en la radio hace un año, interpretada por Elvis Costello “God Give Me Strengtht”. Costello es un artista que me interesa mucho, lo oí cantar con un cuarteto de cuerdas y hacer muchas cosas eclécticas. Ese tipo de talento me conmueve muchísimo, como el de Van Morrison, por ejemplo. Me gustan muchas músicas y músicos diferentes. Sabe, durante los sesenta toqué blues con gigantes como Howlin’ Wolf, Junior Parker, Rufus Thomas, Rosewell Sykes, B.B. King y muchos otros. Toqué en el Fillmore Auditorium de San Francisco en 1966 con Muddy Waters y Paul Butterfield. Mi música gustaba a los Grateful Dead y di algunos conciertos con ellos y otros grupos: Janis Joplin, Jefferson Airplane, Jimi Hendrix. Por tanto, el blues está muy presente en mi música, todavía hoy.

Viva La Música: Tiene una manera única de coger al público de la mano y contarle historias. ¿Se debe esta capacidad a lo mucho que duran sus asociaciones musicales?

Charles Lloyd: ¡Gracias por el piropo! Siempre he apreciado un alto nivel de exigencia. Y creo que la sencillez no significa en absoluto caer en lo simple. También me gusta la lealtad y tener una capacidad profunda para compartir. Recuerdo una noche con Ornette Coleman, un músico que estaba de paso le dijo: “Venga, vamos a hacer una jam en algún sitio” Ornette le respondió: “No, primero es mejor que toquemos juntos. Luego ya veremos si vale la pena subir a un escenario”. Me gusta la lealtad de músicos que me emocionan de verdad y quiero desarrollar ese tipo de relaciones. Y también me gustan los grupos a quienes no es necesario explicar mi lenguaje, aunque toque con músicos que tengan idiomas muy diferentes. Actualmente, el mío es muy sencillo, pero esa sencillez es complicada de conseguir. Mis nuevos compañeros comprenden mi lenguaje sin que necesite hablarles demasiado: saben adónde va la música y aportan sus propios elementos en el juego colectivo. Me gusta ese tipo de creación espontánea.

Viva La Música: ¿Realiza sin embargo arreglos precisos para el grupo?

Charles Lloyd: Depende. Prefiero dejar que los grandes talentos se expresen. Traigo ideas de arreglos y lo hablamos juntos. Cuando tocamos, cada individualidad tiene su importancia en este trabajo. Siempre he querido hacer una música que sea lo suficiente abierta para que el músico pueda expresar su individualidad. Aun cuando las composiciones sean muy específicas, como por ejemplo “Requiem”, una composición que todos debemos expresar de una manera muy particular, siempre hay nuevas posibilidades. Los buenos músicos tienen el sentido del milagro: si son sinceros y saben cooperar siempre consiguen aportar algo nuevo, sea cual sea el reparto de los papeles.

Viva La Música: ¿Puede la música, como aventura espiritual, cambiar la vida?

Charles Lloyd: Es una pregunta difícil. No puedo hablar en tan poco tiempo lo que representó verdaderamente mi retiro a Big Sur. Pero como no quiero ser un tipo misterioso voy a intentar expresarlo de manera diferente. Cuando era joven no me gustaba el mundo que me rodeaba. Todo me parecía extraño y poco natural. Y sigo haciéndome muchas preguntas. En el plano individual, primero hay que formar una primera pieza estable antes de pretender formar parte de una nación. Quiero decir con esto que primero tenía ganas de cambiar el mundo con mi música, de dejar un legado. Hacia 1969 me di cuenta de que no había cambiado el mundo. Entonces me pregunté por qué no cambiaba yo mismo ¡Tenía que trabajar mucho en ese aspecto! Me di de cuenta de que podía ser un excelente siervo pero también un terrible tirano. Tienes que llegar a controlar tu espíritu para que no se disperse a los cuatro vientos, como lo había hecho. Desde ese momento, me lancé a la búsqueda de la paz interior y de la concentración del espíritu. Y la mayoría del tiempo es un trabajo del corazón. Este trabajo personal se refleja hoy en mi sonido: he mejorado pero aún no me gusta del todo, sigo sin poder dejar mi saxofón y sentirme satisfecho de lo que he hecho. Cuando uno tiene un don, el proceso de maduración requiere mucho tiempo. Espero que me quede bastante para aportar una contribución verdaderamente profunda, si Dios quiere.

Viva La Música: ¿Cuáles son sus nuevos proyectos?

Charles Lloyd: tengo un proyecto con Dino Saluzzi y otro con un cuarteto de cuerdas. Me gusta mucho también la música de Nusrat Fateh Ali Khan y escuché a sus músicos a principios de los sesenta. Como conozco al hermano de Ali Khan intentaré organizar una reunión con esta familia de músicos. Hay también un gran músico y compositor de Memphis, Al Green, con quien me gustaría grabar algunas canciones. Tuve muchos encuentros interesantes últimamente y tal vez se plasmen en alguna grabación.

 Entrevista: © Christian Steulet, 1999
Traducido por Juan Carlos Hernández y Diego Sánchez Cascado
Publicado con permiso de Viva La Vida
Fotografías: © Guimarães Jazz 2019, CCVF, Júlia Fernandes, 2019

Charles Lloyd Voice in the night
con John Abercrombie, Dave Holland et Billy Higgins
ECM 1674 559 445-2