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Por Joan Cortès.

El pasado lunes tres de agosto, en Palau de la Música de Barcelona, asistimos al último, exquisito y substancioso piano solo de Marco Mezquida, justo el día antes de la celebración del quinto aniversario de su primera actuación en solitario con un Steinway en el mismo escenario y con las mismas musas (aquella actuación está recogida en el CD “live at Palau”).

En esta ocasión, la propuesta constó de dos partes, ambas de unos cuarenta y cinco minutos de duración. La primera con una improvisación made in Mezquida, que nos trasladó por diferentes parajes, desde la clásica hasta pequeños contrapuntos free, pasando por sugerencias tradicionales de regusto sudamericano con puntualizaciones orientales. Desde un cierto minimalismo pausado hasta masivos oleajes sonoros, desde la máxima placidez hasta el desbordamiento contundente, pero todo bien atenazado y fluido con la elegancia y gusto que lo caracteriza. Jugando con su instrumento en toda su extensión, con el teclado, con las cuerdas del arpa interior, o simultaneándolos, sin olvidar los pedales y su pequeño y característico quinteto de campanitas.

La segunda parte, constó de cinco bises, cinco piezas que formaron un collage bien ecléctico, de algunos de sus diversos mundos musicales (https://www.tomajazz.com/web/?p=51205),  que con tanta buena sintonía y capacidad sabe urdir, a modo de música sin fronteras o plenamente libre para traspasar diferentes límites supuestos/impuestos.

Comenzó con una pieza nueva, compuesta durante el reciente confinamiento, de título bien explícito “El far dels plaers” (El faro de los placeres), para continuar con una segunda improvisación, ésta más corta, que fue la parte más free y compulsiva de la noche, más aplausos, nueva salida y regreso, para encarar el alegre y vital “Baiao Malandro” de Egberto Gismonti, para pasar posteriormente a uno de sus temas de referencia conceptual “Libre” (recomendable conocer la historia del texto del tema), que hace unos años popularizó el cantante Nino Bravo y que Mezquida nos la sirvió de forma muy sui generis. Finalizó con el quinto bis, “Joia” (Joya) dedicado a su abuela y que había estrenado justo hacia un lustro.

El público, enmascarado y con las distancias de seguridad pautadas, siguió la actuación en total silencio y comunión, terminando aplaudiendo de pie.

Una iluminación central, sencilla y constante, sin colorines ni figuritas, de las que agradablemente pasan desapercibidas pero que ayuda a centrarse en el trabajo musical, que fue amplio, extenso y variado.

La actuación fue en acústico total, totalmente de agradecer, que permitió apreciar la variedad y dinámica de volúmenes y la amplia paleta tímbrica. El par de micrófonos visibles sobre el escenario correspondían a la grabación de Catalunya Música.

Tomajazz:  texto y fotografías © Joan Cortès, 2020

PD: en breve publicaremos el Instantzz correspondiente