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Por Juan F. Trillo.

Data Lords (2020) es el trabajo más reciente de Maria Schneider y nos llega en forma de álbum doble, una división que atiende a razones conceptuales, enunciadas con los títulos de cada una de las dos mitades. En la primera de ellos, The Digital World, la compositora desarrolla lo que llama “las oscuras manifestaciones de internet” y transmite la pérdida de control e identidad que todos sufrimos a manos de gigantes tecnológicos como Google o Facebook.

En la segunda mitad, Our Natural World, por el contrario, Schneider ofrece un alivio a la alienación tecnológica en que vivimos y explora la aproximación a la naturaleza y a nuestro yo interior, a través de la espiritualidad oriental. Se trata de una colección de piezas que intentan remitirnos a una concepción de la vida más simple y armónica.

María Schneider: “Así es como yo me siento, rebotando entre un mundo digital y otro real, y esa misma dicotomía es la que muestra mi música. Con el fin de poder representar mi creatividad en estos últimos años, parecía natural hacer un doble álbum que reflejase esos dos extremos”.

Se trata de una edición muy cuidada, con un hermoso diseño (mérito de Aaron Horkey y Cheri Dorr) y un booklet en el que la compositora reflexiona sobre el efecto alienante que la tecnología está teniendo en nuestras vidas, los recuerdos de su infancia, que ella vivió en contacto con la naturaleza, la invasión de la privacidad de gigantes como Google o el advenimiento del dominio global de la inteligencia artificial.

Schneider no es ninguna recién llegada a la escena del jazz más vanguardista, pues a lo largo de los años se ha labrado un sólido prestigio internacional y este trabajo en concreto ha recibido numerosos parabienes de la crítica especializada. Por consiguiente, y hasta dónde yo sé, esta que están ustedes leyendo va a ser la única reseña que se salga de la línea oficial, porque no he sido capaz de encontrar motivos de alabanza en la música de este doble álbum.

Y la culpa es mía lo admito. Pertenezco a la Vieja Escuela, la de quienes creían que el Arte debe producir placer estético, una idea que pasó de moda hace mucho tiempo y que me pone en aprietos cada vez que me piden mi opinión acerca de una muestra de “arte moderno”. Cuando veo una de esas enormes piezas de metal oxidado firmadas por Richard Serra, por ejemplo, me entra un dolor de cabeza acorde con su enorme tamaño. Un buen amigo mío, que está siempre a la última y que tiene mayor sensibilidad que yo, se ríe y me dice: “No lo entiendes”. Y tiene razón; no lo entiendo. Igual que no entiendo la música de Maria Schneider. Pero es que no creo que la música deba ser entendida, no concibo la percepción de una composición como un ejercicio intelectual.

Y esa es la cuestión, que el arte conceptual —y aquí podemos incluir la música de Schneider sin mayores problemas— requiere de una detallada explicación de la propuesta estética, social o filosófica que subyace tras su aspecto formal para poder ser apreciado. En este caso, cada tema llega acompañado de un texto en el que se describen los elementos inspiradores que llevaron a la compositora a crearlo. Por desgracia nada de todo este discurso es perceptible para quien se limite a escuchar la música sin haber leído previamente las disquisiciones de la artista y buena prueba de ello está en el hecho de que, en las reseñas del álbum, los comentaristas se limitan a reformular —a veces casi literalmente— la información proporcionada junto con la grabación.

En otros casos los comentaristas, en un intento de describir, aunque solo sea aproximadamente, lo que están escuchando dicen que la música de la banda de Schneider provoca “una sensación ominosa y apocalíptica” y lo primero que pienso es: “Pues claro, porque ese es precisamente el efecto que los sonidos graves y discordantes provocan en el oyente”. Se tata se una respuesta mecánica, algo así como un reflejo condicionado. Por su parte, los temas del segundo de los álbumes, Our Natural World, que deberían remitirnos a la armonía de la naturaleza están lejos de lograr su objetivo, porque no tienen ninguna relación con el entorno que supuestamente evocan.

Y, sin embargo, ahí están los galardones de Maria Schneider para demostrar el aprecio que el establishment musical otorga a quienes se separan de los estándares estéticos del pasado, siempre y cuando lo hagan acompañándose de un discurso posmoderno y reivindicativo. Dos premios Grammy en 2015 (por “The Thompson Fields” y por los arreglos para la pieza de Bowie “Sue (or in a Season of Crime”) y su National Endowments of Art Jazz Master del año pasado, 2019. Además, el tema que da título al álbum fue encargado expresamente por la Fundación Da Capo, de la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. Dinero bien empleado, si señor.

Ya digo que no entiendo la música de Schneider, en cambio, lo que si entiendo es que la concepción estética del ser humano es muy diversa y estoy seguro de que en algún lugar existe un porcentaje (pequeño, eso sí) de aficionados que disfrutará escuchando sonidos que Schneider y su banda (¡de diecinueve músicos!) producen. Les deseo lo mejor.

Texto: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

Maria Schneider: Data Lords (2CD; ArtistShare, 2020) está disponible en https://www.artistshare.com/Projects/Experience/1/510/1/Maria-Schneider-Data-Lords