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Por Rudy de Juana.

Cuenta Juan F. Trillo en la crónica que hace sobre Data Lords de Maria Schneider, que “el arte debe producir placer estético” y que por lo tanto, no debería ser necesario leerse antes un “manual de instrucciones” para poder disfrutarlo. Es una forma de verlo. Quienes defienden esta proposición, suelen opinar que el arte arte debe revelar su naturaleza ante el espectador sin exigir nada a cambio, sin pedirle cuentas. El arte conceptual en cambio se encontraría en el extremo opuesto: obliga al espectador a hacer un ejercicio intelectual para poder comprenderlo.

La buena noticia para los fans de Maria Schneider es que su Data Lords juega en ambos bandos. Estéticamente, los dos CDs que forman parte de su último trabajo, nos ponen en planos completamente diferentes. Hagamos un simple ejercicio: tumbémonos en la cama, cerremos los ojos y escuchemos los cinco temas que componen el primero: A Digital World. ¿Hecho? Tiempo para beber un vaso de agua, reponer fuerzas y comenzar de nuevo, esta vez con los seis que forman parte de “Natural World”. No necesitamos saber nada más.

En la primera parte de nuestra sesión de escucha, resulta inevitable: una ligera pero creciente sensación de angustia se instala en cada uno de los temas y nuestras pulsaciones se aceleran; en la segunda parte en cambio, encontramos la alegría que solo se experimenta al sentarnos y observar pasar las nubes, o admirar un jardín zen en un templo japonés. Si en la primera parte, la orquesta de Schneider se entrega a la disonancia y a la cacofonía “ordenada”, la segunda es un ejercicio de paisajes sonoros limpios, en los que los músicos respiran alegremente y disfrutan.

En el fondo, la propuesta estética de Schneider bebe de esa dualidad presente en casi cualquier religión o filosofía oriental, desde el budismo al Tao: para que haya luz tiene que haber oscuridad; hay caos en el orden y viceversa. En esos campos magnéticos, de pianos que se golpean con fuerza pero que también se acarician con delicadeza, de percusión histriónica y a la vez, de una tremenda clase, nace este “Señores de los datos”. Y por supuesto, podemos “limitarnos” a disfrutarlo en este plano.

¿Pero por qué no ir un paso más allá? Todo lo que tenemos que hacer es leer el libreto que acompaña el álbum. Y así entendemos lo que ya sospechábamos: que Schneider nos está contando la historia de dos mundos. “El uno, embarulla la mente, el otro la aclara. El uno seduce y explota, el otro conecta de veras. Uno clama por nuestra atención, el otro espera. Uno manipula nuestros pensamientos, el otro garantiza la libertad de pensamiento”.

Para muestra, dos ejemplos. Ninguno de los temas resulta más descorazonador que “Dont’ Be Evil”, una nada disimulada alusión directa a los chicos de Google. “no sé qué me alarma más, que se pongan el listón tan bajo o que no sean capaces de cumplir con su propio objetivo” afirma irónica Schneider.

El otro “Sanzenin” y que inaugura el segundo CD, hace referencia a un templo budista a las afueras de la ciudad de Kyoto, con más de 1.000 años de antigüedad y que según sus propias palabras, “es magnífico y mágico; capaz de conectar al hombre con la naturaleza”

Con esta información o cuando sabemos que Schneider es una de las artistas que más lucha por los derechos de autor, nuestro “nivel de comprensión” de lo que escuchamos se enriquece; cuando nos enteramos que este mismo verano ha denunciado a Youtube o ha acudido al Congreso para pedir que las Big Tech compensen a los artistas de forma justa, tal vez en una segunda escucha del álbum cambie nuestra percepción… tal vez es más sutil, tal vez más intensa.

¿Lo mejor? Que independientemente de lo que sepamos, resulta fácil poder conectar con el álbum: nos invita a visitar “acompañados” cada uno de sus “planos” pero también, sus obsesiones personales.

Texto: © Rudy de Juana, 2020. http://www.caravanjazz.es/

Maria Schneider: Data Lords (2CD; ArtistShare, 2020) está disponible en https://www.artistshare.com/Projects/Experience/1/510/1/Maria-Schneider-Data-Lords