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XXXII Eivissa Jazz

  • Fecha: 3 de septiembre de 2020, 21:30
  • Lugar: Baluard de Sta. Llúcia (Eivissa / Ibiza)
  • Grupo:
    Ernesto Aurignac Ensemble – Plutón
    Ernesto Aurignac (saxo alto y dirección musical)
    Pablo Valero (flauta, flauta alto y flautín)
    José Andrés Fernández Camacho (clarinete y clarinete bajo)
    Alejandro Revidiego (violín)
    Dani Anarte (trombón)
    Gon Navarro (guitarras y efectos)
    Néstor Pamblanco (vibráfono, marimba y percusión)
    Moisés P. Sánchez (piano)
    Joan Masana (contrabajo)
    Juanma Nieto (batería)

Es posible que exista algún aficionado o músico de jazz llamado H. G. Wells, en cuyo caso rogaría guardara silencio para no estropear esta introducción. Gracias. Ahora, la introducción:

Si nombro a H. G. Wells seguramente nadie encontrará relación con esa música que llamamos jazz. Mucha gente habrá reconocido al autor de la novela “La guerra de los mundos”, publicada en 1898. La novela comienza explicando cómo la humanidad permanece ignorante del peligro que acecha, una invasión marciana: “Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus preocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia”. Como a estas alturas quien no haya leído la novela habrá visto alguna de sus adaptaciones cinematográficas, voy a permitirme contar el final de la historia: las bacterias terminan con la invasión, y en alguna de las películas, también colaboran virus como el de la gripe. Es una cruel ironía que uno de esos bichitos que nos salva de los marcianos se haya convertido ahora en la peor de nuestras pesadillas. Un virus que carga a sus espaldas con innumerables muertos (aprovecho para enviar un abrazo a sus familias), y que ha arrasado con el mundo cultural y artístico; en el caso concreto de los festivales de jazz se ha traducido en cancelaciones, recorte de jornadas, o, utilizando un símil alimentario, consumo de productos de proximidad.

En el caso de Eivissa Jazz 2020 no ha sido necesario adaptar su oferta porque hace ya años apostó por ofrecer jazz nacional o europeo, eso sí, pagando el peaje de reducir su duración de cinco jornadas a tres, y favorecidos por celebrarse en un baluarte al aire libre con fácil control de accesos y donde pueden aplicarse todas las medidas higiénicas que ya sabemos: control de temperatura, distancia social, etc. Ausencia importante la del presentador habitual José Miguel López (Discópolis, Radio 3). Habíamos visto en ocasiones entregas de premios en las que el galardonado no puede asistir y envía un video de agradecimiento y hasta ruedas de prensa en un plasma, pero creemos que este año José Miguel ha sido pionero en presentar a cada grupo del festival a través de videograbaciones emitidas en pantalla gigante. Lo que no ha cambiado es la grabación de los conciertos para ser luego emitidos en su programa unos días antes de la próxima edición.

Es hora de hablar de música. Para abrir el festival, Ernesto Aurignac, una de las mentes más lúcidas que podemos encontrar ahora mismo en el mundo de la música; su disco de debut Uno (Moskito Records, 2014), ya era un órdago a la grande, una orquesta de dieciocho músicos más nueve invitados formando una nómina de impresión, con instrumentos como arpa, oboe o trompa; luego grabó a quinteto y a trío, incluyendo el aclamado MAP junto a Marco Mezquida y Ramón Prats. El malagueño se presentó en esta edición 2020 con nueve músicos para presentarnos Plutón.

Nos explicaba Aurignac en su breve presentación que “Plutón” se basaba “en el Universo, en distancias, en naves, en el infinito, en ir p’arriba y p’abajo, y pensada para una instrumentación concreta”. El saxofonista ha tomado múltiples ideas de un sitio y de otro, y la unión de todas estas partes forman un gran todo; encontramos ecos del circo, de Nino Rota, de Fellini, de músicas del siglo XX, de Mingus, sin perder las hechuras de una orquesta de jazz y todo con mucha improvisación como cuando Moisés P. Sánchez nos ofreció una breve cita al “Rhythm-a-Ning” de Thelonious Monk en un momento del concierto, y lo bueno es que cada espectador encontraba citas diferentes según fuera la experiencia de cada uno; títulos como “Welcome to Plutón”, “Mingus at the circus”, “Cirrosis popular”, “Sócrates veranea en Benagalbón” o “Melonious Tonk”; todos los músicos intervienen constantemente, alternando momentos de paroxismo musical con otros más líricos, a cargo, por ejemplo, de Moisés P. Sánchez al piano junto al violín de Alejandro Revidiego o el clarinete de Jose Andrés Fernández Camacho.

Joan Masana y Juanma Nieto al contrabajo y batería mantienen la velocidad de crucero al fondo del escenario.

En algún pasaje de la suite era Pablo Valero con la flauta el que iniciaba un a modo de ostinato que cuando nos dábamos cuenta su relevo lo había tomado el piano y a continuación el testigo lo tomaba el trombón de Dani Anarte o Néstor Pamblanco a la marimba; gustó mucho el guitarrista Gon Navarro, ya tocara pasajes eléctricos o más acústicos.

Los fragmentos de esta suite se sucedían uno tras otro, con apenas un poco de tiempo para los aplausos, en cuanto a Aurignac, sentado, de pie o recorriendo medio escenario nos ofrecía solos incendiarios, dirigiendo otras veces al grupo con los brazos extendidos. En la pieza final, “Farewell Plutón”, los músicos van desapareciendo silenciosamente uno a uno, hasta que al final quedan sólo Moisés P. Sánchez y José Andrés Fernández Camacho, quedando a la postre este último tocando una larga nota con el clarinete bajo, como la sirena de una nave cuando deja el puerto. No hubo más música esta noche, “Plutón” es una obra cerrada y después de tan potente final no procedía tocar nada más y así lo entendió el público. El listón había quedado muy alto para las dos noches restantes. Lástima que luego no hubiera jam session y por restricciones horarias apenas diera tiempo de tomar una copa en una de las pocas terrazas abiertas mientras comentábamos las mejores jugadas del partido.

Termino con uno de los párrafos finales de “La guerra de los mundos”, si cambiamos marcianos por Covid-19 más o menos sigue teniendo sentido:

“Sea como fuere, esperemos o no una invasión, estos acontecimientos han de cambiar nuestros puntos de vista con respecto al porvenir de los humanos. Ahora sabemos que no podemos considerar a este planeta como completamente seguro para el hombre; jamás podremos prever el mal o el bien invisibles que pueden llegarnos súbitamente desde el espacio. Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia. Los regalos que ha hecho a la ciencia humana son extraordinarios, y otro de sus dones fue una nueva concepción del bien común”.

                                                                                   Texto: © Juan Antonio Serrano Cervantes, 2020
Fotografías: © José Luis Luna Rocafort, 2020