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Dave Warren Brubeck nació en la ciudad de Concord, California (U.S.A.), el 6 de diciembre de 1920, abriendo una década que en la que también llegaron a este mundo muchos de quienes encabezan las listas de los jazzmen más destacados del siglo XX —Charlie Paker, Chet Baker, John Coltrane, Miles Davis, Paul Desmond, Stan Getz—, lo que equivale a decir de La Historia del Jazz.

Su madre, que daba clases de piano, fue su primera profesora, aunque al principio el joven Dave pareció inclinarse por seguir la profesión paterna de ganadero. Así, a los diecisiete años comenzó a estudiar veterinaria, en la que más tarde sería la Universidad del Pacífico, sin embargo y como suele decirse, tenía la cabeza en otra parte, hasta tal punto que uno de sus profesores le sugirió que se replantease su orientación profesional. Años después, el propio Brubeck recordaría la conversación de esta manera: “El Departamento de Música estaba frente al de Ciencias, al otro lado del jardín y mi profesor de zoología me dijo un buen día: ‘Dave, el año que viene, vete al otro lado del jardín; tu mente no está aquí y no vale la pena que andemos perdiendo el tiempo ni tú, ni yo’”.

La cuestión era que no sabía leer música, a pesar de lo cual, le fue más que bien, hasta que llegó al último año, cuando el profesor por fin se dio cuenta e informó a las autoridades académicas. Brubeck: “El decano me llamó y me dijo que no podían permitir que me graduase sin saber leer música y yo respondí: ‘Okey’, y él: ‘¿No te importa?’. Y yo le dije que no, que lo único que quería era tocar jazz y que eso podía hacerlo sin problemas”. Sin embargo, los profesores de composición, armonía e improvisación argumentaron a su favor, insistiendo en que el chico tenía auténtico talento. Brubeck era uno de sus mejores alumnos, así que al final el decano cedió: “Está bien; dejaré que te gradúes, siempre y cuando nos prometas que nunca te dedicarás a la enseñanza musical y no hagas quedar mal a la escuela”. Brubeck cumplió su palabra y el prestigio de la escuela nunca estuvo en entredicho por su culpa, más bien todo lo contrario, como se vería con el tiempo.

Algunos años más tarde, en 1942, entró en el ejército, cuando la Segunda Guerra Mundial atravesaba sus momentos más duros. Por suerte para él, no tardó en llamar la atención de sus superiores por su habilidad al piano y le pidieron que formase un grupo musical para entretener a las tropas, y justo a tiempo, porque poco después destinaron a su unidad al desembarco de Normandía, así que la música bien pudo haberle salvado la vida.

Fue entonces también cuando conoció a Paul Desmond, quien sería uno de sus más asiduos compañeros musicales y miembro destacado del cuarteto que estaba a punto de crear, el Dave Brubeck Quartet. Tras licenciarse, terminó sus estudios musicales y se lanzó de lleno a la escena jazzística de la época, dando conciertos en los campus universitarios. Poco después, hacia 1949, graba sus primeros discos con Fantasy Records, discográfica en la que ayudaría a introducirse a músicos de renombre como Gerry Mulligan o Chet Baker.

Su música empieza, entonces, a hacerse popular y él pasa a ser considerado como uno de los mejores exponentes de la corriente cool, que estaba tomando forma a principios de la década de los cincuenta, impulsada por gente como Miles Davis, Gerry Mulligan, Stan Getz o Chet Baker. Los temas que Brubeck y su cuarteto interpretan son mucho más suaves y con arreglos más estudiados de lo que era habitual en el bebop y hardbop de la década anterior y se asociarán a menudo al jazz de la Costa Oeste de los Estados Unidos.

A partir de ese momento, su prestigio como uno de los mejores pianistas de jazz del momento no deja de crecer y en 1954 la revista Time pone su retrato en la portada, algo que le resulta un poco embarazoso, pues considera que debería haber sido Duke Ellington quien recibiese este honor. En cualquier caso, son años de una gran actividad y en los que el nombre del Dave Brubeck Quartet se convierte en una seña de identidad de la música culta norteamericana, lo que lleva a que en 1958 el Departamento de Estado los envíe de gira por Europa y Asia, en calidad de embajadores culturales de los Estados Unidos.

Ese viaje se convierte en un punto crucial en su evolución musical. Brubeck no ha ido solo a lucirse; también aprenderá y absorberá nuevas perspectivas musicales, muy distintas de aquellas a las que estaba acostumbrado. Tan pronto como regresa, empieza a componer y a experimentar con secuencias polirrítmicas poco empleadas por los músicos de jazz hasta entonces. Al año siguiente, publica el disco que marcará una época: Time Out (1959), que incluye temas como “Blue Rondo à la Turk” (3/4) y, sobre todo, “Take Five” (5/4), compuesto en su mayor parte por Paul Desmond, pero que desde ese momento en adelante se asociará al Dave Brubeck Quartet, hasta tal punto que el 4 de mayo es considerado, de manera extraoficial, el Día de Brubeck, dado que en inglés esa fecha se escribe 5/4.

“Take Five” no tarda en convertirse en el primer disco de jazz que sobrepasa el millón de ejemplares vendidos y llegar a Disco de Platino. El álbum Time Out fue histórico también en otros aspectos; por ejemplo, fue el primero en utilizar una pintura de arte abstracto como portada, algo que se repetiría a menudo en ediciones de álbumes posteriores.

El prestigio de su cuarteto no deja de crecer, pero a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, en lo que se refiere cuestiones sociales Estados Unidos no avanza tan deprisa como su música. Dave Brubeck Quartet es uno de los primeros grupos de jazz integrados y tienen que suspender más de un concierto debido a que no en todas las salas y clubs aceptan una banda interracial.

Con el paso de los años, muchos de los temas compuestos por Brubeck se han convertido en estándares, y temas como “In Your Own Sweet Way”, “The Duke”, “Unsquare Dance” o “Blue Rondo à la Turk” forman parte ya del libro de temas clásicos del jazz. Los honores y reconocimientos a su labor musical en las últimas décadas han sido incontables, por ejemplo, en 2008 fue incluido en el California Hall of Fame, con el entonces gobernador Schwarzenegger haciendo de anfitrión. En 2010, se estrenó el documental Dave Brubeck: In His Own Sweet Way, producido por Clint Eastwood y dirigido por Bruce Ricker, conmemorando su nonagésimo aniversario.

Brubeck se mantuvo activo hasta el final y a diferencia de muchas de las figuras del jazz que nacieron en la misma década de los años veinte, nunca tuvo problemas ni con las drogas, ni con el alcohol. En marzo de 2010 grabó el que sería su último álbum, Lullabies —reseñado anteriormente en Tomajazz—, una recopilación de canciones de cuna, estándares del jazz y clásicos interpretados en solitario al piano. Fallecería poco después, el 5 de diciembre de 2012, justo el día antes de cumplir noventa y dos años de edad.

The Economist, en su necrológica diría de él que, “el más exitoso jazzman fue también un hombre de familia, humilde, amable y abierto a explorar nuevos caminos musicales hasta el fin de sus días”. En sus últimos años, había sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Eastman School of Music, de Rochester, Nueva York; por la Universidad George Washington, y por la Berklee College of Music. No está nada mal, para un chico que, más de setenta años antes, se graduó a duras penas porque no sabía leer una partitura.

Texto: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut
Fotografías: Dave Brubeck en 1964 por Jac. de Nijs / Anefo. Usado con licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported
Dave Brubeck Quartet en 1967. Autor Dontworry. Usado con licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported
Dave Brubeck en 2009. Fotografía de dominio público.