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Presentación del 15è Festival de Jazz de Vic

  •  Lugar: Jazz Cava de Vic
  • Fecha: Jueves, 7 de marzo de 2013
  • Componentes:
    Chris Speed: saxo tenor
    Óscar Noriega: saxo alto y clarinete bajo
    Mark Helias: contrabajo
    Jim Black: batería y percusión
  • Comentario:
    El festival de Jazz de Vic, tiene la buena costumbre de presentar su programación con un excelente concierto. En la edición anterior pudimos disfrutar del trío Free Fall (Wiik-Vandermark-Flaten) con su notable propuesta de música de cámara impura y contemporánea, con un amplio muestrario de piezas de corta duración. Para esta edición los escogidos han sido el  cuarteto de Nueva York, Endangered Blood, que han dejado el listón, nuevamente, muy alto.
    01_130308_ENDANGERED BLOOD (Joan Cortès)_Vic
    La promotora Arco y Flecha –de frescos y renovadores aires libertarios, a contracorriente de líneas dominantes y totalmente imprescindible en el panorama musical actual-  a lo largo de cinco semanas, ya fuese por cuenta propia o en la programación de distintos eventos musicales, ha armado, en Barcelona y su provincia,  un “no” festival de los más interesantes del estado español, cito por orden de agenda, Donny McCaslin Group (Granollers), los tríos, Kurzmann-Vandermark-Brandlmayr, Ballister y  Digital Primitives (Barcelona), Endangered Blood (Vic) y Uri Caine Ensemble (nuevamente en Barcelona). Sólo hubiera faltado la guinda de otro gran trío, Romano-Sclavis-Texier, que según parece, fue desconsiderado por otro festival, con la peregrina idea de haber actuado, cuatro meses antes, dos de sus miembros, en el descomunal quinteto de  l’Oleil de l’Éléphant, en el festival de jazz de la capital catalana.
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    El vídeo promocional del 15º festival de jazz de la capital de Osona podrá gustar o no; podrá ser considerado idóneo o no; pero seguro que no va dejar indiferente a nadie, especialmente a aquellos, que opinan que no se debe mezclar la música con la política. ¿No se puede?, ¿no se debe?, con la que ha caído, cae y todavía está por caer, realmente no lo creo. No hay acto social que esté desligado de la política, y la música, especialmente la música en directo, es un acto social. Los que peinamos décadas, aún recordamos cuando el binomio se establecía con el fútbol en particular y el  deporte en general, pero sólo falta ver las manifestaciones y exaltaciones patrióticas en los distintos mundiales o bien en las diferentes olimpiadas, para desmontar tan quimérica, como falsa, pretensión. El vídeo en cuestión recoge varias imágenes de las manifestaciones de la denominada “primavera árabe”, así como de las del 15-M, para continuar con el lema “El jazz es revolución”, antes de presentar a los participantes del festival.
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    ¿Es el jazz revolución?, evidentemente el jazz es un amplio paraguas en el que se cobijan distintas concepciones  musicales, cuando no existenciales, desde las más conservadoras a las más radicales, así como las radicales que se han vuelto con el paso del tiempo en conservadoras, por cambiar o por mantenerse férreamente en sus creencias.
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    El jazz que interesa al que suscribe, así como a un buen grupo de seguidores y aficionados, es aquel que tiene la capacidad de saber hacer revolucionar los colores y las texturas de las materias primas con las que trabaja, con las que urde su proyecto, que es capaz de atraparte con su narración, ya sea de forma lineal, fragmentaria, de collage, aleatoria, preparada o intuitiva, escrita y/o improvisada. Que tenga la capacidad de generar estados de ánimos, de infusionar ideas, de cruzar distintas estéticas, o no,  que respire credibilidad, coherencia y honestidad, bonitas palabras, especialmente en los tiempos que corren, de estafa, de coge el dinero y corre, donde la imposición del mando y ordeno, se impone, descaradamente, a  los procesos de negociación, básicos en toda democracia. “Se acabado una época, la de la vieja política, más o menos socialdemócrata, en las que las cosas se negociaban”, como bien dice el catedrático emérito de historia Josep Fontana.
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    Músicos, que a su vez están dispuestos a combatir por lo que creen, con los condicionantes que conllevan, “todo está vinculado básicamente a la capacidad de lucha que hay en cada momento determinado para exigir unos derechos sociales” (del mismo autor).
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    Evidentemente, este tipo de jazz no se encuentra cada día y se ha de buscar. Este tipo de jazz está muy alejado de las producciones más mediáticas, al funcionar por  parámetros totalmente distintos y distanciados.
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    Se puede encontrar en los festivales de pequeño formato, con identidad propia, donde el concepto de calidad prima sobre el de negocio (que tampoco se trata de perder dinero, no nos confundamos). Festivales donde no se vende una cosa por otra, festivales donde uno puede encontrar auténticas perlas, aires nuevos, propuestas originales y, donde además, se considera y respeta al público. También, es cierto, que se pueden encontrar en las programaciones B o C de los festivales de mayor envergadura y grandilocuencia.
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    El cuarteto Endangered Blood se formó a consecuencia de un concierto benéfico para ayudar a pagar las facturas de los gastos médicos de, un compañero y músico, Andrew d’Angelo, con quien Jim Black y Chris Speed, además de Kurt Rosenwinkel, forman el grupo Human Feel.
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    La propuesta de Endangered Blood se enmarca precisamente en lo enunciado en párrafos anteriores. Cuatro músicos en pleno estado de gracia, de brutal entendimiento y compenetración. Músicos que en su mayoría hemos tenido la suerte de haberlos podido disfrutar en proyectos bien distintos y diferenciados. Jim Black con Trío azul de Carlos Bica, Dave Douglas’ Tiny Bell Trio, o con Marc Ducret y Hank Roberts. Chris Speed con Pachora, Claudia Quintet o Dave Douglas Witness.  Mark Helias con Lucian Ban Enesco Re-imagine y Uri Caine Ensemble en substitución de Trevor Dunn.
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    Al finalizar la actuación, alguien se preguntaba positivamente, ¿esto es jazz? Una posible y plausible respuesta sería  que asistimos a una personal, resumida y viva historia del jazz, con ópticas de principios del siglo XXI, donde desgranaron, bien hilvanados, blues, ritmos afrocubanos, bebop, hard bop, fragancias klezmer, jazz libre y trazas afines al rock. Melodías sinuosas, bien trenzadas y elaboradas. Fragmentos sentidamente cantábiles enlazados con el desenfreno galopante del más cortante free jazz. Collage musical con mucha contemporaneidad. Tripa, músculo y cerebro, un constante ir y regresar por distintos senderos. Ellington, Monk, Ornette, Coltrane, Caetano… del New Orleans de principios del siglo XX al Nueva York actual. Una historia del jazz bien mamada, digerida y plasmada. Música para escuchar, para sentir y bailar, neuronas y vísceras todo en uno. En los atriles, las partituras de “Plunge”, “Iris” –un joya que podría resumir perfectamente lo acontecido a lo largo de la velada-, “Tacos at Oscar”-danzante y marchoso con claro marchamo popular y estilete free-, “Epistrophy”- una muestra de ser respetuosos y sonar diferentes-, “Elvin Lisbon”, “Rare” –con suaves y hipnóticas líneas circulares-, temas correspondientes al disco homónimo del grupo, editado hace un par de años, además de “Nice Try”, “LA”, “Faces and Places” y “Blues in C flat minor”, que uno desconoce si pertenecen a su último y reciente trabajo.
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    Noriega nos comentó que salieron de Brooklyn con doscientos CD, pero que al llegar a Vic sólo les quedaban cinco, los cuales volaron en décimas de segundo, entre las felicitaciones del público, totalmente entusiasmado y ebrio por los efluvios musicales, recién emanados del minúsculo escenario de la pequeña jazz cava de Vic.

Texto y fotografías: © Joan Cortés, 2013