Tony Bennett: Llegó la hora [Artículo de jazz] Por Juan F. Trillo

Que levante la mano quien no tenga la sensación de que estamos entrando en una era completamente distinta a la que dejamos atrás. Donde quiera que miremos, percibiremos las evidencias de la transformación que la sociedad está experimentando en todos sus ámbitos. Y la cultura, por supuesto, no es una excepción; las actividades periodística, literaria o musical, por ejemplo, han evolucionado hasta volverse casi irreconocibles. Para muestra, esta publicación que leen en estos mismos instantes y que llega a ustedes a través de vías insospechadas hace solo unos pocos años. Y otro tanto podemos decir de los músicos; se han convertido en seres distintos, casi como si perteneciesen a otra especie completamente diferente.

Tony Bennett
Tony Bennett en 2018. Fotografía por Bob Elyea. Dominio público. Wikipedia

El pasado domingo, los medios de comunicación (algunos de ellos al menos) incluían una pequeña nota informativa que daba cuenta de la retirada de los escenarios de un símbolo de esa era que dejamos atrás y que no tardaremos mucho en recordar con nostalgia. Hablo por supuesto de Tony Bennett, el último de los grandes crooners, que junto con Dean Martin, Bing Crosby, Rudy Vallée, Tom Jones (este todavía sigue dando guerra), Andy Williams, Paul Anka y, por supuesto, La Voz, Frank Sinatra, marcaron una era musical muy concreta, casi podríamos decir una forma de ver la vida.

Tony Bennet —Anthony Dominick Benedetto; Nueva York, 1926— ha conseguido mantenerse en activo hasta hace nada, hasta ayer mismo, como quien dice, gracias a esa nostalgia de la que les hablábamos antes y a una asombrosa capacidad de trabajo. Claro que la experiencia acumulada también hubo de ayudarle, sin duda; Bennett probablemente ha olvidado más cosas del negocio musical del que muchas estrellas actuales llegarán a saber nunca. Y no me refiero al Alzheimer que en los últimos tiempos ha ralentizado notablemente su actividad.

Empezó muy joven, a los diez años, imitando a Bing Crosby, a Eddie Cantor, a Al Jolson y a cualquiera de los que triunfaban hacia finales de la década de los treinta del pasado siglo. Por aquel entonces, era apenas un jovenzuelo que actuaba en los restaurantes italianos de  Queens, el barrio donde creció, y que enseguida se dio cuenta —como todo el que lo escuchaba— de que su futuro estaba en la canción. Sin embargo, tan pronto cumplió los dieciocho, el Tío Sam lo llamó a filas, para que tomase parte en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial. Tuvo la suerte de que lo reclutasen en noviembre de 1944, lo que significa que lo peor quedaba atrás, aunque le tocó vivir lo suficiente como para hacer de él un pacifista convencido durante el resto de su vida.

Al volver a su país, retomó su incipiente carrera artística y quiso el azar que Bob Hope se fijase en él y se lo llevase de gira, como acompañante. También le hizo cambiarse el nombre por otro con más pegada comercial: “Muchacho, desde ahora te llamarás Tony Bennett”. Una buena elección, no cabe duda.

No tardó en fichar con Columbia Records y en 1951 se anotó su primer éxito con “Because of You”; tenía veinticinco años y cualquiera que vea una foto suya de aquella época pensará que acaba de salir de una de las películas de mafiosos que han hecho famoso a Martin Scorsese. Bennett estaba bien respaldado, musicalmente hablando, pues tenía detrás a Mitch Miller y a Percy Faith que le escribían y arreglaban los temas, y le daban buenos consejos, como el de buscar su propio estilo y no caer en la trampa de intentar imitar a Sinatra. En esa búsqueda de su identidad musical llegó incluso a acercarse al country —“Cold, Cold Heart”— y a los ritmos latinos —“Rags to Riches”.

Los cincuenta fueron una buena década para Bennett y su popularidad entre el público más joven llegó a rivalizar con la de Elvis o la del propio Sinatra. Claro que lo suyo le costaba, pues durante algún tiempo, y por aprovechar el tirón de la fama, llegó a dar hasta siete conciertos diarios en el Paramount Theatre, de Nueva York.

Tony Bennett en 2013. Fotografía por Peter Chiapperino. CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0 via Wikimedia Commons Wikimedia

A partir de ahí y durante los sesenta y setenta, sin embargo, comenzó su declive artístico. Nada de qué sorprenderse; cuando uno llega arriba, lo normal es volver a bajar. Separaciones matrimoniales, problemas para cuadrar los ingresos y los gastos, y la adicción a la cocaína, que tampoco ayudaba. Pero lo dicho, no hay que escandalizarse, porque en ese ambiente nada de todo esto era inusual.

El truco está en no hundirse definitivamente y en aguantar hasta que pase el temporal, para que cuando llegue el inevitable come back te pille con los pantalones subidos. Y Bennett supo aprovecharlo; los ochenta y los noventa se enamoraron de este crooner madurito y en 1990 se llevó un Grammy con Perfectly Frank, un álbum homenaje a ya-se-figuran-quién. Repitió tres años más tarde con Steppin’ Out, mientras seguía sacando discos y atendiendo a las invitaciones a series y programas televisivos. Su truco estaba en hacer recopilaciones del songbook estándar, porque, la verdad, teniendo tantas composiciones buenas donde elegir, ¿quién necesitaba arriesgarse con temas nuevos?

Stevie Wonder y Tony Bennett, 2009. Fotografía por Peter Souza. Dominio público.
Wikipedia

Claro que esto funciona solo si sabes cantar y tu voz está donde tiene que estar, pero para Bennett eso nunca ha supuesto ningún problema. Cuando llegó el nuevo milenio, su estatus como una de las figuras más destacadas de la música norteamericana era incuestionable y dado que su fraseo había adquirido con los años un tono aterciopelado, todos querían grabar con él. Su álbum Duets: An American (2006) Classic incluye la participación de estrellas como Stevie Wonder, George Michael, Barbra Streissand o Elton John. No es de sorprender que se llevase tres premios Emmy. Funcionó tan bien que en 2011 sacó Duets II, esta vez con Aretha Franklin, Michael Buble, Diana Krall, Lady Gaga, Amy Winehouse, o el español Alejandro Sanz.

Lo hemos dicho ya, pero es necesario repetirlo: cuando alguien que sabe cantar, ha cuidado su voz y ha acumulado tanta experiencia, no es extraño que llegue a edades avanzadas manteniéndose en activo y complaciendo a la audiencia, como ha sido el caso de Tony Bennett.

Pero todo tiene un final y es de sabios darse cuenta de cuándo ha llegado el momento de retirarse de los escenarios. Bennett, que llevaba ya algún tiempo acusando los efectos del maldito Alzheimer, está en una edad —noventa y cinco— en la que lo que toca es disfrutar de los años que le queden y del bien ganado cariño y admiración de todo aquel que en algún momento de su vida haya dejado volar sus sueños gracias a una de sus canciones. ¡Bien hecho, Tony Bennett!

 © Juan F. Trillo, 2021 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

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