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 Banc Sabadell Vijazz Penedès 2013

  • Día: 6 de julio.
  • Lugar: Plaça de Jaume I (Vilafranca del Penedès, Barcelona).
  • Componentes:
    Medeski, Martin & Wood:
    John Medeski: teclados y piano.
    Chris Wood: bajo y contrabajo.
    Billy Martin: batería y percusión.

    John Pizzarelli Quartet:
    John Pizzarelli: guitarra y voz.
    Larry Fuller: piano.
    Martin Pizzarelli: contrabajo.
    Anthony Tedesco: batería.

Comentario:

En la variedad está el gusto, dicen, y en contraste también. El Vijazz Penedès, que se celebra desde hace 7 años en Vilafranca del Penedès, no solo combina una feria de vinos con actuaciones de primeras figuras del jazz, sino que también propone singulares maridajes jazzísticos. Ocurrió el pasado 6 de julio con las actuaciones de Medeski, Martin & Wood y, acto seguido, de John Pizzarelli Quartet. En estas, quien quería podía darse un garbeo por la Rambla de Vilafranca, tomarse unas copas de vino o cava y, por el mismo precio —10 €— tomar asiento en la plaza Jaume I y gozar de un programa, permítanme el tópico, ecléctico. Quien no estuviera por la labor de dejarse unos duros en la feria vinícola, la organización le permitía seguir el concierto de pie o sentado en las escaleras de la basílica de Santa María. Gratis, como lo oyen, porque en el Vijazz Penedès es posible ver a primeras espadas del género sin necesidad de pagar cantidades obscenas. Charlie Haden, Brandford Marsalis, Dave Holland, Kenny Barron o Roy Hargrove han actuado a coste cero para el sufrido aficionado. ¿Generosidad interesada por parte del sector vitivinícola del Penedès y del banco que patrocinaban el acto? Seguramente sí, pero lo cierto es que el Vijazz demuestra que, cuando se quiere, se puede acercar la música al mayor número posible de aficionados.

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Saltó a escena MMW y, sin preámbulos de ningún tipo, habituales por otra parte en los shows del trío, Billy Martin arrancó tocando un patrón sincopado con el que el resto de la banda entró al trapo. Casi en forma de suite, Medeski Martin & Wood hilvanaron una serie de piezas-motivo en las que destacó el engranaje de los diferentes fragmentos y la habilidad acrobática —que no circense— de John Medeski a los teclados. La fórmula magnética, casi mántrica, de MMW gana con la longitud de un conjunto de temas que uno desearía que no acabaran nunca. El suyo es un groove tan desnudo como salvaje, tan visceral y a la vez seductor, como para no asustar a posibles refractarios desinformados, a la policía del rock, la cofradía del blues y la secta del free.

 

Al margen de la imaginación tímbrica del teclista Medeski y el bajista Wood, cabe destacar la habilidad del baterista Martin para crear sonidos a partir de instrumentos de origen, digamos, étnico. En Vilafranca exhibió su habilidad como tocador de pandero, con el objetivo perentorio de apaciguar la intensidad de la sesión. Otro contraste significativo de la noche fue el del propio ritmo de la sesión. De una primera parte trepidante se pasó a una fase calmosa, de formato casi acústico, en la cual Medeski abandonó el parapeto eléctrico para centrar su actividad en el piano acústico. El recital tomó entonces otro cariz, quizás más dulce, más cercano a la sensualidad que a la impedancia decibélica. Fue el broche de oro a una sesión en la que apenas escuchamos la versión más experimental del medeskimartinwoodianismo. El trío brookliniano  ofreció una de las mejores sesiones que este humilde cronista haya escuchado jamás en la historia del certamen vilafranqués.

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Del concierto vibrante y casi barroco de Medeski Martin & Wood se pasó a la exquisitez vintage del crooner y guitarrista John Pizzarelli. A años del luz del desparpajo a lo MMW, el vocalista italoamericano ofreció una sesión impecable, desde el punto de vista estético, pero tal vez algo concesiva, a nivel de repertorio. No en vano, al margen de estándares de ayer, de hoy y de siempre —“All Of Me” y “Sattin Doll”, entre otros—, Pizzarelli recurrió a adaptaciones jazzy de los Beatles —“Here Comes The Sun” y “Can’t Buy Me Love”, por ejemplo—. Una interpretación con soltura del “Route 66” de Bobby Troup marcó el punto de inflexión de un concierto que había arrancado con un cierto grado de timidez. Y si en el papel de vocalista Pizzarelli demostró ser un cantante meloso y con aires de seductor, practicando el scat y, sobre todo, tocando la guitarra, destacó por su savoir faire chispeante, de virtuosismo moderado. En este sentido, Pizzarelli evidenció ante el respetable que es tan guitarrista como cantante. Otro que se llevó la palma fue el pianista Larry Fuller, autor de las improvisaciones más brillantes de la noche. El contrabajista Martin Pizzarelli y el baterista Anthony Tedesco jugaron un papel más bien de correctos sesionistas, sin destacar prácticamente en ningún momento. Era el papel asignado en un concierto de elegante mainstream.

John Pizzarelli y Medeski, Martin & Wood fueron los dos reversos de una jornada en la que un servidor habría invertido el orden de la sesión, abriendo con la finezza swing del crooner Pizzarelli y concluyendo con la energía tremebunda del trio neoyorquino. En todo caso, que nos quiten lo bailao a todos aquellos que en el jazz disfrutamos de la diversidad de gustos, como con los vinos, con sus correspondientes brindis, por supuesto.

 

Texto: © Martí Farré, 2013
Fotografías: © Fina Montfort, 2013