‘L’œil De L’Eléphant’: Michel Portal – Louis Sclavis – Henri Texier – Christopher Marguet – Guy Le Querrec (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, Institut Français, Barcelona, 29-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 29 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Institut Français (Barcelona) .
  • Componentes:
    Michel Porta: clarinete, bandoneón
    Louis Sclavis: clarinete, clarinete bajo, saxo soprano
    Henri Texier: contrabajo
    Christophe Marguet: batería y percusión
    Guy Le Querrec: fotografía
  • Comentario:

    Unos días antes del concierto, comentábamos con Joan Cortès (autor de las imágenes que pueden ver en esta página) lo que suponía el evento de “L’œil de l’éléphant”. Y él lo expresó de una manera clara: si hay un concierto que ha de verse es este. En efecto, la cita era insoslayable, y los que tuvimos a bien asistir nunca nos arrepentiremos.

    El espectáculo ideado por el fotógrafo Guy Le Querrec, que consiste en la proyección de fotografías suyas sobre las que este excelso cuarteto hace un acompañamiento musical como si se tratara de la época del cine mudo, es denso y de los que le dejan a uno con muchas cosas dando vueltas por la cabeza, tanto por las imágenes en sí como por la música y la relación que se establece entre ambas. Todo parte de una idea sencilla, la del “ojo del elefante” aquel que todo lo ve por primera vez, que a cada nueva mirada descubre un mundo nuevo.

    Las imágenes de Le Querrec están perfectamente inscritas en la rica tradición visual francesa, una tradición de amplio espectro que cuenta con la incomparable magia de los momentos robados de un Robert Doisneau, la electricidad y agitación de un William Klein, las dotes de observación de un Raymond Depardon, y también con el rigor de un documentalista como Jean Rouch, que también se sintió inevitablemente atraído por el África negra.

    Las fotografías se presentan en varios apartados temáticos: besos cazados; el mundo en movimiento (un surtido de imágenes que incluía momentos de placer, desplazamientos y también algunas de trabajos varios, incluyendo el de músico); sombras; pies y manos; zapatos; ilusiones ópticas (en el que se concitaba a Man Ray y la fotografía de vanguardia); bellezas durmientes; ráfagas de viento (con algunas imágenes de una poesía extraordinaria); un viaje al país Lobi de Burkina Faso (que me hacía pensar en Rouch); un recuerdo para la matanza de Wounded Knee y el pueblo Lakota Sioux en la actualidad (esta última parte la encontré especialmente emotiva: un lejano redoble de tambor acompañando los interminables horizontes de las planicies del norte y los rasgos duros de los descendientes de una tribu que una vez fueron guerreros).

    Sobre ello, la música en directo funciona como un estilete que nos permite penetrar en las imágenes. Pero también podríamos decirlo a la inversa, las imágenes proyectadas iluminan la música.

    Por otra parte, escuchando la música y la manera de tocar de estos cuatro excelentes músicos, pensaba en que el cineasta Jacques Rivette llamaba a Jean Renoir, “le patron”Le patron, con ese componente de respeto y sabiduría, oficio y arte que engloba la palabra. Probablemente, los cuatro músicos que la otra noche se habían reunido en el escenario del Instituto Francés sean de lo mejor que uno pueda ver hoy. Portal, Sclavis y Texier llevan a cuestas las últimas cinco o seis décadas del jazz francés con todos sus estadios: el bop que llega y se establece en París, la irrupción del free y la aparición de las raíces africanas, el examen y revisión de las propias tradiciones galas y europeas. Y todo ello, de un modo u otro, fue apareciendo la otra noche. Melodías encontradas en África, la aceleración del be bop, la coloración triste del blues, la exaltación del free, la música francesa (irradiada desde ese bandoneón que con tanto gusto tocó Portal), algún aire de tango, la sencilla emoción de una balada, y hasta una versión de “Fables of Faubus” de Mingus (de lo más pertinente y con disonante y rabioso breakcentral). Y lo bueno del caso es que todo sonó desde un mismo lugar, no había la más mínima dispersión pues todo había pasado y se había configurado en la mente de los músicos. Y todo ello, a su vez, en armonía con lo que estábamos viendo en pantalla.

    Y como el proverbio chino que tanto le gustaba citar a Murnau dice, “una imagen vale más que mil palabras”, les remito a una de las fotografías que tomó Joan Cortès y que pueden ver aquí debajo. Una fotografía que plasma perfectamente esa especial ósmosis que se dio la otra noche entre las imágenes de Le Querrec y la música del cuarteto: los músicos teñidos de azul grisáceo como si se hubieran convertido en parte de lo proyectado.

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografías: © 2012 Joan Cortès




Christian Scott (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, Luz de Gas, Barcelona, 25-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 25 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Luz de Gas (Barcelona) .
  • Componentes:
    Christian Scott: trompetas y fiscorno
    Braxton Cook: saxo alto
    Lawrence Fields: piano
    Luques Curtis: contrabajo
    Corey Fonville: batería
  • Comentario:

    Como sustenta el contrabajista Daniel Yvinec, que en la actualidad ejerce de regenerador y director de l’Orchestre National de Jazz de Francia, “la música que me atrae es aquella que conlleva imprevisibilidad y salidas inesperadas”. No sé si a Yvinec le gusta o no el quehacer de Christian Scott, pero el trabajo musical de este trompetista de Nueva Orleans, residente en Nueva York y formado en el Berklee College, se mueve por las coordenadas mencionadas por el impulsor galo. Tanto es así, que ninguno los músicos anunciados de la banda de Scott coincidía con los mencionados en el programa. Ni tan siquiera el guitarrista Matthew Stevens, parte substancial del concepto y sonido del quinteto, o mejor dicho, de los quintetos, donde los músicos van cambiando sin perder ni un ápice su esencia. La falta de este guitarrista propició que el sonido de la banda virara hacia una concepción más clásica, que en algunos pasajes nos evocó la mejor etapa de VSOP –puro heavy jazz metalorgánico-.

    Christian Scott  posee un sonido lacerante, punzante y a su vez lírico y emotivo. De agudos que cortan la respiración, especialmente por su calidad, nitidez y capacidad de modulación. En sus temas siempre encontramos esos puntos de tensión que te agarran por la garganta y te hacen contraer las vísceras.

    Su magma musical te traslada hacia los espacios abiertos, panorámicos, soleados pero fríos, más cercanos a los amaneceres y atardeceres que a las horas centrales con luz cenital. Incluso las componentes más urbanas de sus composiciones no resuenan a espacios cerrados. Su música conlleva el encadenado de la luz con las sombras, lo manifiesto con lo latente, lo explícito con lo sugerido, con giros imprevistos, continuidades inesperadas e interesantes requiebros.


    Su paleta es abierta, rica y variada, con amplios referentes, pop, rock, funkrap, jazz y improvisación. Configura un resultado personal impresionante, de gran capacidad de síntesis  y un sonido que lo hace reconocible a los pocos compases.

    Algunos de los temas interpretados fueron, “Isadora” y “Eraser” –de Thom Yorke, cantante de Radiohead- incluídos en su anterior trabajo, Yesterday you said tomorrow (2010). “Jihad Joe” y “Danziger”, este último en recuerdo a los funestos hechos acaecidos en el puente de dicho nombre de Nueva Orleans, donde murieron dos personas y resultaron heridas cinco más, cuatro días después del paso del huracán Katrina, ambos temas incluidos en su último y interesante trabajo discográfico, Christian aJunde Adjuah (2012). Para terminar, en la tanda del bis propuso, acorde con la jornada electoral catalana, una elección entre Thelonious Monk -tótem del jazz y figura iconoclasta- y Kanye West –cantante y rapero-. Al final, como antesala de los resultados electorales, interpretaron un tema de cada uno, “The church in the wild “ y “Blue Monk”.

    Christian Scott consigue impregnar en su banda un sonido de grupo, donde los componentes no hacen el  papel de simple acompañantes, sino que juegan un protagonismo considerable. Los cuatro acompañantes estuvieron a un nivel notable. Braxton Cook al saxo alto, Corey Fonville a la batería, Luques Curtis al contrabajo (que este verano dejó boquiabiertos a propios y extraños como miembro de la banda, de alto postín y octanaje musical, de Eddie Palmieri) y Lawrence Fiels al piano (aparte de ser el pianista del último trabajo de Scott, lo es a su vez de Dave Douglas & Joe Lovano Sound Prints quintet con Joey Baron y Linda Oh).

    Texto y fotografías: © 2012 Joan Cortès




Francesco Bearzatti Tinissima Quartet – ‘Monk & Roll’ (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, L’Auditori – Sala 3 Tete Montoliu, Barcelona, 24-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

    • Fecha: 24 de noviembre de 2012.
    • Lugar: L’Auditori – Sala 3 Tete Montoliu (Barcelona).
    • Componentes:
      Francesco Bearzatti, saxo tenor y clarinete, efectos
      Giovanni Falzone, trompeta, efectos
      Danilo Gallo, bajo eléctrico
      Zeno de Rossi, bateríaComentario:

      Un concierto divertido, con algunos grandes momentos, pero algo resultón también. Me explico. El proyecto del saxofonista Bearzatti ‘Monk & Roll’, que aparecerá el año que viene en disco (buena cosa esto de ‘girar’ antes de grabar, seguro que el disco tendrá su aplomo), consiste en un dispositivo de sencilla visualización: se trata de combinar patrones melódicos y rítmicos de,  por un lado, Thelonious Monk, y por el otro, de archiconocidos riffs del rock de los 70 y los 80, desfilando por ahí cosas de Pink Floyd (“Money”), Lou Reed (“Walk on The Wild Side”), AC/DC (“Back in Black”), David Bowie & Queen (“Under Pressure”), Michael Jackson (“Billie Jean”), The Knack (“My Sharonna”), o Police (“Walking on the Moon”), entre otros. De Monk escuchamos algunos de sus highlights, como “’Round Midnight”, “Blue Monk”, “Off Minor”, “In Walked Bud”, “Bemsha Swing”, “Brilliant Corners”, etc. Los patrones elegidos son mínimos y sin desarrollos: sólo estribillos, melodías principales,riffs… El ocurrente ejercicio consiste no tanto en fundir o sumar un tema de cada, sino en el de inscribir uno de los patrones en el interior del otro, haciendo una especie de bypass que según el caso estaba más o menos logrado. Por ejemplo, usando una melodía de Monk con una base rítmica de uno de los temas de rock. O bien haciendo confluir un fragmento melódico con un estribillo distinto. O también integrando, en un trabajo casi de bisutería, un grupo reconocible de notas en medio de otro más amplio y asimismo reconocible. Algunas veces la imbricación entre unos modelos y otros se daba con sorprendente naturalidad, mientras que en otras se requería de algo de quirúrgica. Habida cuenta de que próximamente saldrá a la calle un disco con este trabajo, dejaremos que las combinaciones que se dieron las imagine el lector, y sólo le diremos, ¿cómo vería un “Walking on the Moon” con “’Round Midnight”?

       

      Respecto a los modelos rockeros seleccionados se le podría objetar a Bearzatti que haya elegido ejemplos tan reconocibles, pero creo que en eso precisamente consiste parte de la gracia del juego propuesto. Es decir, un poco a la manera de uno de los informales proyectos paralelos de Pascal Comelade, “Riffifí. L’asuntu del rock’n’roll”, en el sentido de que la repetición fragmentaria de un determinado patrón llegaría a disolver la noción de autoría, y no es importante tanto por este hecho en sí como porque permite constatar que algunas músicas –o si se prefiere partes de ellas– serían patrimonio afectivo de todo el mundo, serían como “universales”. Al menos esta es una de las lecturas que yo hago, lo cual no quiere decir que dicha idea forme parte de los objetivos del italiano. En lo que respecta a ‘Monk & Roll’, esto es importante pues al situar en un mismo nivel todas las piezas, otorga al pianista una categoría “popular” que lo aleja de las habituales lecturas que frecuentemente pretenden convertirlo en “clásico”.

Algunos recordarán un proyecto anterior del saxofonista, el trío Sax Pistols (junto a Stomu Takeishi y Dan Weiss), que dejó grabado un potente disco en el sello Auand. Pues bien, aunque la forma en que allí se materializa esa yuxtaposición entre rock y jazz era distinta, podemos decir que este ‘Monk & Roll’ surge en parte de aquello. O al menos por lo que respecta al frecuente uso que Bearzatti hace del saxo tenor con pedales bien característicos del rock (flangerfuzzdelay), lo que convierte su sonido en una guitarra eléctrica, pero tal cual. Esa sonoridad, que sólo la aplica al saxo pues con el clarinete prefiere preservar su tesitura redondeada y algo melancólica, junto a la sección rítmica netamente rockera que forman Gallo y De Rossi, y el sorprendente quehacer de Falzone, tanto a la trompeta como, sobre todo, en los divertidos sonidos que emitía con la boca o con partes de su trompeta, son el sello claro de este efectivo cuarteto que plantea en ‘Monk & Roll’ una propuesta que si bien no es nada del otro mundo sí resulta refrescante y, lo que es más importante desde su perspectiva de músicos profesionales, les puede suponer un buen reclamo a la hora de ser contratados.

 

No obstante, lo que más me gustó de todo es el desparpajo y la manera en que, especialmente sus frontman, Bearzatti y sobre todo el genial y disparatado Falzone, se metieron al público en el bolsillo, de una forma típicamente “rockera” (en el sentido de como en los espectáculos de rock). Con sentido del humor y energía, Falzone consiguió que todo el público de la sala se pusiera a tararear el estribillo de “Walk on the Wild Side”, lo cual no deja de tener su gracia si pensamos que estábamos en el contexto de un festival de jazz: iconoclasia y descaro. Un detalle que denotaba, además, que ya llevaban hechos un puñado de conciertos hechos antes del de esa noche.

Aparte de todo, tenía ganas de ver este espectáculo especialmente por De Rossi y Gallo, miembros importantes del colectivo italiano El Gallo Rojo, que se caracteriza por ser una especie de contrapartida mediterránea de esos núcleos vanguardistas que hay en Nueva York o San Francisco y que hacen su música partiendo de una equidistancia entre el jazz y el rock, e incluyendo también otros muchos géneros. Hay una constante en el trabajo de la música que facturan estos italianos, y es su imaginación proyectiva. Una música moderna formulada en propuestas de gran riqueza. Y en este sentido he de decir que me hubiera gustado más verlos en otros proyectos suyos de mucho más empaque, como Mickey Finn, Orange Room, Einfalt, o ese fabuloso trío que es Guano Padano. Que tome nota quien le corresponda.

Texto: © 2012 Jack Torrance
Fotografía:© Joan Cortès

 




Albert Sanz Trio (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, Luz de Gas, Barcelona, 18-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 18 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Luz de Gas (Barcelona).
  • Componentes:
    Albert Sanz: piano
    Javier Colina: contrabajo
    Al Foster: bateríaComentario:

    Que el baterista de We Want MilesAgharta o Amandla toque en la gira de un pianista patrio ya es de por sí un hito antes de que suene la primera nota. Y aunque no sea la primera vez que Al Foster trabaja con un músico español —conocidas son sus colaboraciones con el contrabajista Miguel Ángel Chastang— siempre es a priori motivo de alegría observarle en el papel desideman de un músico nacional. Foster ha accedido a colaborar en la grabación del último disco de Sanz, O que será(Contrabaix / Karonte), un trabajo a trío con música de Chico Buarque y Tom Jobim, entre otros, y en el que participa también el aclamado contrabajista Javier Colina. Foster y Colina —o Colina y Foster—. Mejor apoyo logístico para acometer cualquier repertorio, imposible.

     

    Lejos de caer en la escuela del llamado Brasil Jazz, Sanz optó por tratar el material sonoro de los egregios compositores cariocas prescindiendo de la rítmica tropical, o al menos no mostrándola de forma evidente. En ese contexto, el discurso de Sanz, sobrio y de trazos claros, sugiere un toque austero, en las antípodas de cierta pianística latina, más dada a la pirotecnia que al gusto estético. Albert Sanz no actúa de esa manera y lo demuestra con el tono equilibrado con el que dialoga con su base rítmica. Pero una sana interacción con el resto de la formación no tendría quizá mayor importancia si no fuera porque, además, al éxito de la actuación de Albert Sanz contribuyó de forma decisiva el aplomo melodioso del contrabajista Colina —notable en los solos— y, sobre todo, el estilo cadencioso del baterista Foster. Juguetón, visceral y a la vez mesurado, Al Foster estableció un tête-à-tête prodigioso con sus compañeros de escena. El suyo es un swing vetusto, de los que ya no se oyen en los escenarios jazzísticos, firme incluso en los dos solos que ofreció al respetable. Sin duda alguna, Foster fue uno de los grandes triunfadores de la noche.

    Salvo en los solos de Foster, el tono del concierto fue más bien uniforme, sin aspavientos y con un mismo enfoque climático. Nada que objetar, pues Sanz, Colina y Foster se metieron en el bolsillo a este cronista —y al público en general— con piezas como “Mil perdões”, “Medo de amar” o la archiconocida “O que será”, canciones latinas de aire romántico convertidas al lenguaje del estándar clásico. El resultado puede sugerirnos una fórmula resultona, pero que en ningún momento pareció concesiva, sino más bien al contrario: Sanz se va con la música latina a su particular universo sonoro.

     

    Texto: © 2012 Martí Farré
    Fotografías: © 2012 Dani Álvarez



Lucian Ban ‘Enesco Re-Imagined’ (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, L’Auditori, 13-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 13 de noviembre de 2012.
  • Lugar: L’Auditori – Sala 3 Tete Montoliu (Barcelona).
  • Componentes:
    Ralph Alessi: trompeta
    Tony Malaby: saxos tenor y soprano
    Mat Maneri: viola
    Albrecht Maurer: violín
    Gerald Cleaver: batería
    Badal Roy: tabla y percusión
    Mark Helias: contrabajo
    Lucian Ban: piano y arreglos
  • Comentario:

    Calificados con desacierto de dream team del jazz contemporáneo (¿por qué todos los símiles futbolísticos tienen relación con el Barça?, se preguntarán. Porque esa clase de chungas analogías sólo se hace en Cataluña), el pianista y compositor rumano Lucian Ban presentaba el trabajo que hace un tiempo grabó para Sunnyside Records (Enesco Re-Imagined, 2010) en el que toma como punto de partida la obra del rumano George Enescu (Liveni, Rumania, 1881 – París, 1955). La música de este poco conocido compositor se inscribe dentro de una determinada tradición centroeuropea de la primera mitad del s. XX: es una música oscura, con un punto trágico, que puede llegar a ser lóbrega y arisca. Y, sin embargo, es una música de gran belleza.

    Esta reinterpretación de la obra de Enescu que han hecho Ban y el contrabajista John Hébert (corresponsable del proyecto que no pudo estar la otra noche, siendo sustituido por Helias) ofrece, en contra de lo que pudiera pensarse, una perspectiva de la obra del rumano mucho más cálida y cercana. El elemento –o elementos– sombrío ha sido convertido (que no suavizado) en un juego sutil de timbres, luces y atmósferas que permiten reinscribir la música original en un ámbito actual, en el que el jazz de los 70, la música india, la mixtura de jazz y música contemporánea o la improvisación hacen de idóneos receptores de ese legado. Para ser más precisos, casi podríamos hablar más de una recreación que de una mera adaptación. Más o menos interpretaron todo el disco, la “Sonata nº 3 para violín y piano”, el “Aria & Scherzino”, el “Octeto para cuerdas”, etc., mostrando así desde distintos ángulos instrumentales y temáticos esa “actualidad” que tiene la música de Enescu (una música que, por cierto, también puede recordar a ciertos compositores norteamericanos del XX.)

    El octeto es ciertamente espectacular, todos y cada uno de los músicos tienen unas trayectorias envidiables y una calidad extraordinaria, así que no es que no crea en su excelencia, como podría pensarse por mi comentario inicial, sino que en lo que no creo es en esa clase de símiles. Para mí, la música de esta formación y todo lo que representan cada uno de los músicos que estaban en el escenario la otra noche va mucho más allá de la mezquindad y cutrerío del fútbol, y es de malgusto relacionar ambas cosas. Pero, vayamos a ellos. Los arreglos y esa nueva perspectiva que arrojan sobre la obra del rumano dan como resultado un trabajo muy bien ponderado en todos los aspectos. El contrabajo está en el centro de todo. Se nota que Hébert está ahí, por más que no lo estuviera el otro día. La combinación del baterismo de Cleaver, que es una de las puertas por las que el jazz entra en este proyecto, y el alucinante trabajo de Badal Roy (siempre son alucinantes los tablistas), crea una malla fluida y maleable que sostiene el conjunto con elegancia. Hacer un inciso aquí para mencionar el interesante diálogo que se establece entre la tradición musical india y el folklore rumano, del que solía servirse Enescu, en la “Sonata nº 3”. Por su parte, el papel de solistas lo hacen Alessi, Malaby y Maurer, cada uno de los cuales tiene un lirismo y un carácter muy diferente entre sí: Alessi es suave, Malaby incisivo y Maurer aporta ese punto de agonía que se precisa. Me quedé con las ganas de ver a un Maneri más activo, pero el papel que cumple en este proyecto es otro. La viola permanece siempre por debajo de los solistas, dando un determinado brillo en cada momento. Ban se reserva el papel de oficiante con discreción, originalidad y proponiendo soluciones nada manidas.

    Hay quesubrayar que a pesar de las diferencias que existen entre estos músicos, pues cada uno de ellos representa distintas vías de esos nuevos caminos del jazz, el conjunto sonó equilibrado y orgánico gracias al esmerado trabajo de orquestación, dando como resultado una música que acaricia más que abraza. Me parece que es un proyecto que de conocerse más gustaría mucho incluso a públicos más conservadores.

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografía:© Joan Cortès



Paolo Fresu & Quartetto Alborada (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, L’Auditori –Sala 3 Oriol Martorell, Barcelona, 11-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 11 de noviembre de 2012.
  • Lugar: L’Auditori –Sala 3 Oriol Martorell (Barcelona).
  • Componentes:
    Paolo Fresu: trompeta, fliscorno y electrónica.
    Anton Berovski: violín.
    Sonia Peana: violín.
    Nicola Ciricugno: viola.
    Piero Salvatori: violoncelo.
  • Comentario:

     

    En menos de un par de semanas, Paolo Fresu, ha actuado en Barcelona y provincia en tres ocasiones con tres formaciones totalmente distintas. El 30 de octubre con Omar Sosa, presentando el trabajo Alma (Tuk Music/2011), con la colaboración de Cristina Pato, en el concierto inaugural del 44 Festival Internacional de Jazz de Barcelona. Once días después, en Manresa, dentro de la 16 “Fira de la Mediterrània”, participó como artista invitado del proyecto de La Cobla Sant Jordi con el guitarrista flamenco Niño Josele y el quinteto jazzístico liderado por el pianista y compositor Joan Díaz. Finalmente, el 12 de noviembre, y de nuevo en el festival de jazz de la ciudad condal, al frente de su proyecto en común con el grupo de cuerda Quartetto Alborada. También quisiera destacar la actuación, disfrutada notablemente por este foto-comentarista, el 25 de julio de este año, en los jardines del “Palau dels Reis de Mallorca” de Perpinyà, dentro del Festival de “Radio France et Montpellier”, de Paolo Fresu con el sexteto vocal A Filetta -voces tradicionales sardas- y el acordeonista Daniele di Bonaventura, interpretando buena parte del notable disco Mistico Mediterraneo (ECM /2011).

     

    Fresu es verdaderamente un músico prolífico y sumamente promiscuo donde los haya. La actuación con el cuarteto Alborada, ofreció una paleta rica, variada y sugerente, de altos vuelos. Empezaron con un tema típico de las cofradías de semana santa de la isla de Cerdeña y cerraron el círculo de su actuación con una Ave María sarda. Entretanto pudimos disfrutar de algunos temas musicales de bandas sonoras compuestas por el propio trompetista (entre ellas una escrita para una obra del director cinematográfico Nani Moretti, de la que curiosamente ninguno de los cinco músicos recordaba su título). Del segundo disco grabado con el pianista Uri Caine, que también cuenta con la participación del cuarteto de cuerda, interpretaron “Think”, que da título al disco del 2009, y “Cowboys and indians”. Antes, en un medley , tocaron un tema poco conocido pero encantador de Mozart, escogido precisamente por sus disonancias.

     

    Fresu, desde el primer momento, se decantó por las sonoridades orgánicas de sus dos instrumentos, sin abusar de las resonancias, ni de las manipulaciones electrónicas. El encaje con el cuarteto fue sencillamente sublime. Fue un concierto relajante y nutritivo, balsámico y de alto valor reconstituyente, de los que habría de saborear más a menudo.

    Texto y fotografías: © 2012 Joan Cortés




Fred Hersch (44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, Barcelona, 8-XI-2012)

44 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

  • Fecha: 8 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Conservatori del Liceu (Barcelona).
  • Componentes:
    Fred Hersch: piano.
  • Comentario:

    La música a veces es acuática, líquida, viscosa, densa o mecánica; metálica, elegante, sucia o aséptica; cognoscible, ininteligible o críptica; barroca, suave, rectilínea o meándrica; compleja, sencilla o arrolladora; concesiva o exclusiva; buena o mala, en definitiva. La que ejecuta, percute y/o concibe Fred Hersch a piano pelado es un inmenso océano de aguas templadas que se podría explicar con todos los adjetivos calificativos laudatorios posibles, con los superlativos elogiosos habidos y por haber. O al menos eso lo que percibió —o quiso percibir— el que suscribe estas líneas.

    La casualidad —o más bien la meteorología— obligó al cincinnatiense a actuar en solitario. A última hora, la organización del evento lanzó una nota en la que advertía de la imposibilidad del contrabajista John Hébert y el baterista Eric McPherson de llegar a Barcelona, debido al cierre de los aeropuertos de Nueva York por una tempestad de nieve. Se anunciaba la sustitución del programa previsto a formación de trío por una sesión de piano solo. Con el auditorio a rebosar, se avisó entonces de la posibilidad de devolver el precio de la entrada a quien quisiera si abandonaba la sala en ese instante. No hizo falta, pues nadie optó por el rembolso del montante. Un concierto con la presencia del pianista Fred Hersch puede ser sublime en solitario, a dúo, a trío, a septeto o con big band. Da igual.

    Arrancó con la pieza que da nombre al disco Whirl (Palmetto Records, 2010), un tema cimbreante que dio paso a la balada “At the close of the day”, uno de los primeros momentos álgidos de la noche, que precedió a una “Pastorale” de reminiscencias schubertianas. Llegados a este punto, a un servidor le vino a la cabeza la comparación que algunos críticos hacen del estilo de Hersch con el de la pianística romántica —de la música clásica romántica, se entiende—. Al margen de cualquier posible vínculo del estadounidense con la estética del romanticismo europeo, el discurso de Hersch tiene algo de enigmático, anguloso y, permítanme, elegante. Música a veces parsimoniosa, exploradora,como la de los temas “Duet”, de Songs Without Words(Nonesuch, 2001), y “Valentine”, con el que acabó la sesión. O la del estándar de Jimmy Rowles “The Peacocks”. O la de su particular abordaje del universo monkiano. Todo fluía en una música tejida con sutileza, con cadencias caprichosas y giros melodiosos.

    Más allá del sonsonete sobre el magisterio de Hersch a figuras hoy tan relevantes como Brad Mehldau, Jason Moran o Ethan Iverson, lo cierto es que, si algo aprendieron tan emblemáticos pianistas delcinncinatiense, fue seguramente el don de la sorpresa, de la imaginación, de las cadencias y las tensiones sugerentes de un discurso tan placentero como explorador. En la modesta opinión de este humilde cronista se trata de uno de los logros relevantes de la pianística jazzística de las últimas décadas. Tanto como para que a la salida del concierto un conocido instrumentista, coprotagonista de algunos de los hitos jazzísticos de los últimos 15 años, confesara en un corrillo su deseo de finiquitar esa jornada sin escuchar una sola nota más. Vamos, que para él, como para muchos de los allí presentes, el concierto fue grandioso, extraordinario, abracadábrico, excelso… Hártense de poner adjetivos calificativos.

    Texto: © 2012 Martí Farré
    Fotografía:© Joan Cortès