Henry Mancini: Combo! + The Blues And The Beat (American Jazz Classics. Reed. 2014)

Mancini - Combo - The Blues And The BeatPongo la tele, y una musiquilla pegadiza, misteriosa, casi cómica, llega a mis oídos antes que la imagen aparezca en la pantalla. Automáticamente la identifico. Es el tema principal de la película La Pantera Rosa.

– ¡¡Mmmm!! Mancini ¡Cómo me gustaría poder escuchar más a Mancini! – Pienso.

 Comienzo a hacer zapping, buscando algo más serio. Lo encuentro: Sed de Mal, del gran Orson Welles, autor más vinculado al jazz de lo que creemos.

-¡Vaya! La banda sonora también es de Mancini. – Murmuro

Tras unos minutos de atención, en concreto tres, que es lo que dura el plano-secuencia de la bomba en el coche, uno de mis favoritos de toda la historia del cine, decido volver a cambiar el canal. : Sed de Mal es una película que he visto por lo menos quince veces. Como digo, vuelvo a usar el mando a distancia y aterrizo en el programa de José Mota. Algo de humor no vendría mal. Mota está haciendo una parodia del film Desayuno con Diamantes”, en la que interpreta a Audrey Hepburn. En concreto, el humorista se ríe de la famosa escena del alfeizar de la ventana, donde Hepburn interpreta “Moon River”.

-¡Cáspita! De nuevo Mancini. Demasiadas coincidencias.- Grito.

En ese momento… ¡Ding-Dong! Llaman al timbre de casa. Es la cartera que me trae un paquete. -¿Te gusta el jazz?- Me increpa la chica.

-Por supuesto- Le contesto, un tanto orgulloso.

En realidad, la joven no lo dijo en tono admirativo, sino todo lo contrario. Finalmente se despide y yo abro el paquete. ¡No puede ser! En el pack que el jefe de esta santa casa (Tomajazz) me ha enviado, se encuentra una reedición de American Jazz Classics de dos discos de… ¡Henry Mancini!, a saber, Combo! + The Blues And The Beat.

Y es que, la discografía de este gran artista se puede dividir entre: su producción discográfica y su trabajo para el cine. Centrémonos en la primera porque de la segunda, poco hay que decir. Tan sólo hay que echar un vistazo a la vitrina del gran genio de Cleveland: 17 nominaciones al Oscar, de las cuales obtuvo 4. Ahí es nada. Como digo, dos ejemplos de esta producción discográfica son los álbumes que nos traen hoy aquí, enfocados hacia una vertiente más jazz. Combo!, es un disco orientado a la masa, en el que, Mancini, mezcla jazz con el toque creativo usado en las diversas películas en las que trabajó. Todo ello ejecutado por un grupo de músicos más que cualificados, verbigracia Pete Candoli o Art Pepper, entre otros. El desarrollo de los cortes tiene bastantes altos y bajos, quizá por el empeño de Mancini en experimentar con nuevos instrumentos y armonías, destacando pistas como la famosa “Moanin´”, de Bobby Timmons, que abre el disco,

Sin dilación, analizamos el álbum contiguo: The Blues And The Beat, un intento del compositor por abordar la esencia del jazz. El mismo Mancini dice en las notas preliminares del LP, que si pudiéramos diseccionar en un laboratorio a nuestra amada música jazz, encontraríamos blues y beat. El blues nos recuerda el origen opresor de esta música, y el beat es lo que le da forma a todo. Con esta intención nuestro músico conforma el disco, un compendio de ritmos bluesy y enérgicos, con cortes como “The Blues”, “Mood Indigo” o “Sing Sing Sing”.

Como viene siendo habitual, American Jazz Classics, nos facilita mucha información en el libreto: Caratulas y notas originales, fotos y créditos, para hacer aún más completa la experiencia.

En esencia, dos de los tres discos (el tercero es The Mancini Touch) con los que Henry Mancini se quiso desvincular, un poco, de las bandas sonoras originales de las películas. Más que discos buenos propiamente dichos, son curiosidades que los aficionados al jazz no podrán dejar pasar.

© Juanma Castro Medina, 2014

Henry Mancini: Combo! + The Blues And The Beat.

Músicos (Combo!): Art Pepper (saxo alto, clarinete), Pete Candoli (trompeta), Dick Nash (trombón), Ted Nash (flauta, saxo alto), Ronnie Lang (saxos alto y barítono, flauta), Larry Dunker (vibráfono), John Williams (piano, harpsichordio), Bob Bain (guitarra, guitarra baja), Rollie Bundock (contrabajo), Shelly Manne (batería), Ramón “Sonny” Rivera (percusión).

(The Blues And The Beat) Conrad Gozzo, Pete Candoli, Frank Beach, Graham Young (trompeta); Vince DeRosa, Sinclair Loft, John Graas, Richard Perissi, Herman Labow, George Pince (fliscorno); Dick Nash, Jimmy Priddy, John Halliburton, Karl DeKarske (trombón); Ted Nash, Ronnie Lang, Gene Cipriano, Wilbur Schwartz, Harry Klee (maderas, cañas), Victor Feldman (vibráfono, maracas) Larry Bunker (vibráfono), John Williams (piano), Bob Bain (guitarra), Rollie Bundock (contrabajo), Jack Sperling (batería).

Temas: “Moanin´”, “Sidewalks Of Cuba”, “Dream Of You”, “Swing Lightly”, “Castle Rock”, “A Powered Wig”, “Playboy´s Theme”, “Tequila”, “Far East Blues”, “Charleston Alley”, “Scandinavian Shuffle”, “Everybody Blow!”, “The Blues”, “Smoke Rings”, “Misty”, “Blue Flame”, “After Hours” “Mood Indigo”, “The Beat”, “Big Noise Fron Winnetka”, “Alright, Okay, You Win”, “Tippin´ in”, “How Could You Do A Thing Like That To Me”, “Sing Sing Sing”.

Publicado por American Jazz Classics.




Duke Ellington: Will Big Bands Ever Come Back? + Recollections Of The Big Band Era (American Jazz Classics. Reed.2013)

Duke_Ellington_will big bands ever come back-recollectionsLos caminos del jazz son inescrutables… Pero aún más inescrutables son las motivaciones de los directivos de las editoriales de discos. En esta ocasión, el sello American Jazz Classics, nos aborda con una reedición doble del más grande entre los grandes: Edward Kennedy Ellington, o lo que es lo mismo, “Duke” Ellington.

Tan insondables son los caminos de los intereses discográficos, que cabría hacernos un par de preguntas. La primera: ¿por qué elegir estos dos álbumes para editarlos de forma conjunta? Una pregunta inicial tan buena como fácil de contestar, dejando de lado el interés comercial que posee todo articulo al que se le plasma la cara de Ellington. Sin contar con lo mencionado, ambos discos son el resultado de nueve sesiones de grabación, sufragadas por Reprise Records publicados en dos editoriales distintas (recordad que he dicho que los caminos de los directivos de los sellos discográficos son inescrutables). El primero, Will Big Bands Ever Come Back? con la mencionada Reprise Records. Y el segundo, Recolections of the Big Bands”con Atlantic. La otra cuestión que nos hemos prometido hacer, sería: ¿qué aportan ambas grabaciones a la amplísima discografía del Duque? Obviando la cuestión técnica, que es bastante buena, una remasterización en 24 bit que nos hace disfrutar como nunca del sonido de una gran Big Band, como digo, obviando esto, encontraremos un compendio de composiciones, que el gran Ellington nunca había grabado antes y que tampoco volverá a grabar posteriormente, centrándose en temas tradicionales de la era del Swing.

Capitulo aparte merecen los músicos, que por lo general están más que correctos. Entre todos ellos, brilla como un diamante más que pulido, el gran sonido del saxo alto de “El Hombre”: Johnny Hodges. Rabbit emana luz propia en todos los solos que acomete, con una gran profundidad y un lirismo extremo. Toda una gozada.

Completan la edición 16 páginas en las que podemos encontrar: las portadas originales, comentarios de Bernard Lee, Charles Champlin (que no os ocurra como a mí, es Cha”M”plin con na M intercalada y no Chaplin. Se refieren, como no, al gran crítico de cine y escritor) y Stanley Dance, fotografías varias y los créditos originales. Como viene haciendo American Jazz Classics en todas su reediciones, una más que profusa información que se agradece sobremanera.

Como vengo diciendo con estas reediciones dobles: buen precio + buen sonido + buena información + grabación con trasfondo en la que puedes agrupar en un CD todos los cortes de las sesiones de Reprise = compra sobre seguro.

© Juanma Castro Medina, 2014

Duke Ellington: Will Big Bands Ever Come Back? + Recollections Of The Big Band Era.

Músicos: Cat Anderson, Roy Burrowes, Eddie Preston, Cootie Williams, Bill Berry (trompetas); Ray Nance (trompeta, violín, voz); Lawrence Brown, Chuck Connors, Buster Cooper (trombones); Paul Gonsalves (saxo tenor); Jimmy Hamilton (clarinete, saxo tenor); Russell Procope (saxo alto, clarinete); Johnny Hodges (saxo alto); Harry Carney (saxo barítono, clarinete y clarinete bajo); Duke Ellington, Billy Strayhorn (piano); Ernie Shepard (contrabajo); Sam Woodyard (batería), Milt Grayson (voz).

Temas: “Tuxedo Junction”, “Smoke Rings”, “Artistry In Rhythm”, “The Waltz You Saved For Me”, “Woodchopper’s Ball”, “Sentimental Journey”, “When It’s Sleepy Time Down South”, “One O’clock Jump”, “Goodbye”, “Sleep”, “Sleep”, “Sleep”, “Rhapsody In Blue”, “Don’t Get Around Much Anymore”, “Minnie The Moocher”, “For Dancers Only”, “It’s A Lonesome Old Town When You’re Not Around”, “Cherokee”, “The Midnight Sun Will Never Set”, “Let’s Get Together”, “I’m Gettin’ Sentimental Over You”, “Chant Of The Weed”, “Ciribiribin”, “Contrasts”, “Christopher Columbus”, “Auld Lang Syne”

Reedición por American Jazz Classics.




Tomajazz recomienda… un CD: Change of the Century. The Complete Session (Ornette Coleman, 1959)

Ornette_Coleman_Change_Of_The_Century_The_Complete_SessionsChange of the Century es el segundo disco grabado por el cuarteto de Ornette Coleman. Don Cherry, Charlie Haden y Billy Higgins acompañaban a Ornette Coleman (autor de todas las composiciones), en el desarrollo de su concepción musical. No habría mucho que añadir a la importancia de esta grabación. Su música, si bien se desarrollaba de un modo libre, lo hacía sin llegar al nivel de ruptura del seminal Free Jazz. Por otra parte, allí aparecían algunos de los temas que están entre lo más celebrado de su autor: “Una muy bonita”, “Ramblin'” o “Bird Food”.

A los temas incluidos en el LP original se añaden en esta reedición dos más grabados en las mismas sesiones en las que se registró dicha obra (el 8 y 9 de octubre de 1959). Aunque “Music Always” y “Crossroads” no entraron en Change of the Century, se publicaron posteriormente en The Art Of The Improvisers y To Whom Who Keeps A Record. Los tres temas restantes son lo más interesante entre el material añadido a la reedición del LP original. Grabados en directo en octubre de 1958 en el Hillcrest Club de Los Angeles, el cuarteto se convierte en quinteto con el añadido del pianista Paul Bley. En primer lugar, no son muchos los pianistas que han acompañado al saxofonista a lo largo de su carrera. En segundo lugar, está la oportunidad de escuchar las versiones de “Ramblin'” (que se extiende hasta los catorce minutos), “Free” y “Crossroads” un año antes de su grabación en estudio.

© Adolphus van Tenzing, 2014

Ornette Coleman: Change of the Century. The Complete Session (American Jazz Classics. Reedición 2014)




Charlie Rouse: Bossa Nova Bachannal + Yeah! (American Jazz Classics. Reed. 2014)

Charlie Rouse - Bossa Nova Bacchanal - Yeah¡Hay vida después de Monk!  Este, podría ser un excelente título para una biografía del genial saxofonista tenor llamado Charlie Rouse.  Con ello, aprovecho la ocasión para reivindicar una semblanza de este gran músico, de una gran solidez y muy competente.  Y es que la mayoría de los aficionados al jazz conocen a Rouse gracias a su participación en el cuarteto del inclasificable pianista Thelonious Monk, y en muchos ocasiones lo comparan, desfavorablemente, con otros tenores que “El Monje” tuvo, a saber: John Coltrane, Sonny Rollins… ahí es nada. Desconozco los motivos por los que Rouse no tiene una monografía seria, quizá sea porque no tiene una mala vida reconocida, o tal vez porque tampoco fue muy longevo, 64 años nos duró.  No lo sé.  Lo que sí sé es que fue un gran saxofonista (y flautista también), a la altura de otros muchos que sí que ocupan grandes portadas y prolijos volúmenes.  Nuestro músico es uno de los solistas más distintivos de la historia del jazz, con un sonido muy cromático y lleno de inventiva e intensidad.  Su estilo es vergonsozo, en el buen sentido, algo tímido también, ya que intenta mostrar las melodías de la menor forma posible, jugando a una especie de Cluedo con ellas, pero a la vez muy declamatorio.  No aparcar el swing, el virtuosismo, ni, evidentmente, la increible fantasía de la que dispone.  Todo esto hace de Rouse un inprovisador nato y un maestro del jazz, por encima de cualquier etiqueta que podamos ponerle.

Encontramos tres etapas en la carrera de nuestro saxofonista.  La primera la podemos calificar como de formación, engrosando orquestas como la de Billy Eckstine, en la que militaban nombres como Dizzy Gillespie, Sarah Vaughan o Lucky Thompson.  En ella, Rouse comenzó a despuntar por su sonido meloso y hermoso.  Depués vendrían las formaciones de Dizzy, grabaciones con Fats Navarro y Tadd Dameron y la sustitución del mismísimo Ben Webster en la Duke Ellington Orquestra, donde se encontraba muy a gusto, pero que a la postre tuvo que abandonar por problemas de pasaporte, que le impedían embarcarse en las giras internacionales.  Un grupo pequeño liderado por Count Basie fue su siguiente destino.  En los 50, grabaría con Oscar Pettiford, Benny Green y Clifford Brown.  En el 55, Rouse dio un paso adelante, creando una banda llamada Les Jazz Modes, cuya innovación fue la incorporación de una trompa o corno francés, a los labios del co-lider de la formación Julius Watkins, más la incorporación, al frente de la agrupación, de una vocalista.

En 1959 Charlie Rouse se une a Monk, iniciando así la segunda etapa de su carrera, caracterizada por amoldarse al sonido del Genio de la Música Moderna. Un sonido novedoso, sin ninguna referencia, a primera vista, en la música jazz anterior.  Rouse encajó a la perfección con la personalidad y con la música del Monje Loco, cosa no fácil, con una premisa sobre todas las cosas: el respeto que sentía por su jefe y que éste le devolvía.  El saxo tenor de Charlie, empasta perfectamente con el sonido Monk, convirtiéndose así en una especie de excelso traductor de lo monkiano, cosa que los anteriores saxos no estaban dispuestos a hacer.  Esta relación a la manera Spiderman-Simbionte, durará 11 años, desde 1959 hasta 1970, durante la cual, el tenor de Washington hará alguna que otra escapadita en solitario.  Fruto de estas escapadas son los dos álbumes que os traemos hoy:  Bossa Nova Bachannal + Yeah! Grabados en 1962 y 1960 respectivamente.

Pero dejemos ambos discos para más tarde y finalicemos el análisis que estábamos haciendo de la carrera de nuestro músico.  Nos quedaba la tercera y última etapa, iniciada en 1970, cuando Monk se retira del circuito jazzístico.  Entonces, Rouse pasará a engrosar las filas de sidemen norteamericanos, picando aquí y allá y revoloteando por acullá, hasta llegar a 1979, año en el que crea el grupo Sphere, dedicado a su amigo y ex jefe, Thelonious Monk (su nombre completo era Thelonious Sphere Monk).  En sus filas recalan hombres como el pianista Kenny Barron, el contrabajista Buster Williams y el baterista Ben Riley.  El cuarteto, aunque empezó como una banda tributo, también llevó a cabo proyectos originales, como una magnífica revisión de algunos temas de Charlie Parker.  El “grupeto” perduró hasta poco antes de la muerte de Charlie en 1988, disolviéndose hasta 1998, año en el que reaparecieron con Gary Bartz al saxo tenor, grabando un álbum titulado homónimamente Sphere.

Una vez resuelto el entramado de adentrarnos en la carrera de Rouse, debemos dirigir nuestra mirada hacia el disco a reseñar, o mejor dicho, discos.  Nos encontramos ante uno de esos packs que American Jazz Classics ha reeditado.  Esas reediciones donde se incluyen dentro de un mismo CD dos álbumes.  Una muy buena opción para bolsillos escuálidos con complejo de Carpanta como el mío, ya que por un precio módico, te puedes hacer con un par de discos de tu músico favorito.

Comenzamos con Bossa Nova Bachannal, una placa editada originalmente por el sello Blue Note y grabada por uno de los mejores prestidigitadores del sonido, Rudy Van Gelder, en 1962.  En él, como bien dice su título, Charlie Rouse se adentra en las selvas amazónicas de la bossa, algo difícil de hacer, si se quiere hacer bien, de las que sale con solvencia y estilo.  Es una fusión perfecta entre jazz y bossa, de un músico que sabe lo que se está haciendo y que entiende la música que intenta fusionar.  En palabras de Tom Jurek: “El abrazo que Rouse da a la bossa nova […] está firmemente enraizado en el jazz.  Y no jazz americano tratando de ser brasileño rítmicamente.  Rouse, un bopper duro, toma los conceptos rítmicos y armónicos de la samba casados con estilos folklóricos afro-caribeños, y lo fusiona todo a través del jazz.“.  En definitiva, calipsos, sambas y un tema popular haitiano titulado “Merci Bon Dieu” componen el álbum, caracterizado, por encima de todo, por la felicidad que emana de él.  A destacar el gran trabajo de los guitarristas, Kenny Burrell y Chauncy “Lord” Westbrook y la inserción de Carlos “Patato” Valdés a las congas y Garvin Masseaux al chekere (instrumento de percusión africano construido con una calabaza seca con cuentas tejidas en una red que la recubre).

Es curioso observar que el segundo disco a reseñar, Yeah!, está tratado, en el pack de American Jazz Classics, como bonus tracks del primero.  Digo que es curioso, aunque no tiene ninguna importancia a la hora de disfrutar de ambos, porque desde mi criterio, considero al último más importante que al primero, imagino que será cuestión de gustos.  Yeah! fue grabado en 1960 por Epic Records originalmente, siendo un producto más orientado hacia el jazz. Más purista podríamos decir.  En él, encontramos blues como “Billy´s Blues” o superclásicos como “Stella By Starlight”, además de temas originales como “Lil´ Rousin´” en su versión original y alternativa.  Un disco de tono medio-bajo, bastante recomendable, donde escuchamos a un Rouse liberado del corsé monkiano y donde obtenemos jazz puro, sin cortapisas.

Finalmente, el libreto que acompaña al disco es bastante aceptable, con 14 páginas de información y fotografías. De entre todas las fotografías destacaría una sobre las demás.  En ella, Rouse aparece con su saxo colgado del cuello y un cigarrillo en los labios colocado de medio lado.  Desconozco si la cosa fue intencionada o no, pero es una copia casi exacta de una de las tres fotos que Robert Johnson tiene en su haber.  Por último, también encontramos los covers originales de los álbumes.

En definitiva, una compra muy buena atendiendo al binomio calidad-precio.  Gran música, buena información, precio económico y todos contentos.  Además,  con esta adquisición, puedes hacerte con un porcentaje bastante elevado de la discografía en solitario de Charlie Rouse, teniendo en cuenta la reducida producción del saxofonista.  Yeah!

© Juanma Castro Medina, 2014

Charlie Rouse:  Bossa Nova Bacchanal + Yeah!  

Bossa Nova Bacchanal: “Back To The Tropics”, “Aconteceu”, “Velhos Tempos”, “Samba De Orfeu”, “Un Día”, “Merci Bon Dieu”, “In Martinique”.

Charlie Rouse (Saxo Tenor), Kenny Burrell (Guitarra), Chauncey Westbrook (Guitarra), Larry Gales (Contrabajo), Willie Bobo (Batería), Carlos “Patato” Valdés (Conga), Garvin Masseaux (Chekere).

Yeah!: “You Don´t Know What Love Is”, “Lil´ Rousin”, “Stella By Starlight”, “Billy´s Blues”, “Rouse´s Point”, “There Is No Greater Love”, “Lil´ Rousin (Alternate Take)”.

Charlie Rouse (Saxo Tenor), Billy Gardner (Piano), Peck Morrison (Contrabajo), Dave Bailey (Batería).

Reeditados en 2014 por American Jazz Classics




Benny Goodman: The Complete Benny Goodman In Moscow (American Jazz Classics. Reed. 2014)

The Complete Benny Goodman In MoscowEl concepto “Guerra Fría” ha vuelto. Aunque pensándolo bien, nunca se fue. Bernard Baruch, ni se imaginó el éxito que su término tendría a lo largo de los años. El conflicto ucraniano lo ha puesto de nuevo en nuestra sobremesa de una forma totalmente descarnada. Europeístas, rusófilos, ultraderecha, ultraizquierda, descontentos, desarrapados, ejércitos, son los nuevos ingredientes que este cóctel molotov, perdón por el simil, contiene en su interior. Pero… viajemos en el tiempo más de medio siglo hacia atrás. El jazz es el mejor vehículo que conozco para ello. Así que, desplazémonos a la raíz primigenia del concepto. Es 1945, la Segunda Guerra Mundial ha terminado, pero por contra se inicia una escalada armamentística, de gestos, actos y bravuconadas entre el bloque comunista y capitalista, a modo de : ¡Ojo que tengo un arsenal nuclear que no se lo salta un galgo! En esta reyerta barriobajera con puñaladas traperas y miradas con cara de perro, a algún yanky se le encendió la bombilla, e incluyó como arma arrojadiza un estilo musical llamado jazz, además de considerarse como un gesto de buena voluntad y de mejora de las relaciones. Por tanto, encontramos a la música jazz como muestra de la vida occidental, la exportación de la buena vida, el escaparate capitalista, el primer intento de globalización, en lo que se llamó oficialmente: La Diplomacia del Jazz. Es curioso comprobar cómo una expresión cultural tan perseguida en un país, es usada como elemento definidor del mismo, pero eso es harina de otro costal. Avanzando un poco más y atendiendo a los parámetros oficialistas, es de recibo que toda diplomacia tenga sus embajadores, y en este caso no se pudieron escoger con mejor tino: Dizzy Gillespie, Duke Ellington, Louis Armstrong y hasta Miles Davis, entre otros, en una horquilla temporal que va desde el año 1956 hasta el 1978. Todos estos genios de la música, se convirtieron en los voceros del life style americano, realizando visitas a lugares “calientes” del planeta, no elegidos al azar, evidentmente, y sufragados por el gobierno norteamericano. Hablamos de destinos como la Yugoslavia de Tito, Egipto, Pakistán, Polonia, Irak, Etiopía, etc… Pero sin ninguna duda, el gran logro fue Moscú. Ver a Goodman con su clarinete en el centro de la Plaza Roja, con la catedral de San Basilio al fondo, no tiene precio. Es un símbolo como lo fue en su día la caída de la estatua de Sadam Husein en Bagdad, la foto de la bandera estadounidense enarbolada por los soldados en Iwo Jima o la famosa instantánea del Miliciano Caído, de Robert Capa. Nada era casualidad y todos los cabos estaban atados y bien atados. Mientras que para el África más profunda “utilizaban” a músicos afroamericanos, en destinos como Varsovia o Moscú, enviaron a artistas de corte más clásico como lo fueron Brubeck y Goodman. En este sentido, Benny Goodman difundió una pequeña anécdota que ilustra lo dicho: “Decidí preguntar la funcionario del Ministerio de Cultura Soviético que me recibió, qué le parecía que invitaran a un músico de jazz a Moscú. El funcionario se quedó mirándome y contesto: “Nuestra gente se toma muy en serio la música… por eso no están interesados en el jazz. También por eso Benny Goodman está en nuestro país”. Y no le faltaba razón al viejo funcionario. Brubeck y Goodman además de ser blancos y tener una formación clásica, realizaban un estilo de música menos agresiva y más del gusto occidental, si eso se puede decir, un estilo que muchos de los jóvenes leones no consideraban ni jazz.

Podríamos seguir hablando de los múltiples acontecimientos y anécdotas que la visita del clarinetista generó. Podíamos hablar del gesto impertérrito, de laboratorio, que Jrushchov mantuvo durante todo el concierto, podíamos referirnos a las películas soviéticas, marcadamente nacionalistas, donde se usaba música popular rusa, cuando salían en pantalla los héroes, y jazz, cuando lo hacían los villanos, o deberíamos criticar el mangoneo económico que Goodman se trajo con algunos de los componentes de su banda, pero entonces nos excederímos del espacio reservado y obviaríamos lo realmente importante, la música. Así que… comencemos con el apartado técnico. El álbum estuvo producido originalmente, en 1962, por la discográfica RCA Records, reeditado por el sello American Jazz Classics y distribuido en España por DistriJazz. El disco está compuesto por 21 tracks más 16 bonus track inéditos hasta ahora, organizados en dos discos. En cuanto a la información adjunta en el libreto del cd, debemos decir que es excelente, a saber: entrevista a Benny Goodman por Les Tolmkins en el año 1962, amplia información del evento de la mano de Anthony Waiser, notas originales del álbum del 62 escritas por la pluma de George Avakian, un amplio apartado técnico con formaciones de los distintos temas, fechas, información de los bonus y finalmente un salteado fotográfico mágnifico. En resumidas cuentas, un diez para la faceta estética e informativa.

Capítulo aparte merece la música, con temas arreglados para la ocasión. Este aspecto preocupó mucho a Goodman, que se debatió entre no llevar temas muy antiguos, para no parecer anticuado, pero tampoco llevar temas muy nuevos, por miedo a que el público soviético, demasiado bisoño, no los entendiera. Finalmente encontramos standars clásicos, valga la redundancia, como Body And Soul, junto a composiciones de autores más modernos como Tadd Dameron (“Swift As The Wind”, “Fontainebleau”) o el mismo Joe Newman (“Midgets”), músico que engrosaba la sección de trompetas de Goodman. El álbum se abre con el supertema “Let´s Dance”, 45 segundos que encienden al público. Pero donde realmente, la banda de Goodman hace saltar al respetable por los aires, es en el corte número tres, “Meet The Band”, en el que presenta a la banda de forma progresiva e intensa: Joe Newman, Joe Wilder, Jimmy Knepper, Phil Woods, Zoot Sims, Victor Feldman, Teddy Wilson, Mel Lewis, entre otros. Una formación de auténtico ensueño. A partir de este punto, todo va como la seda, con numerosas composicones como la premonitoria “Mission To Moscow”, “Avalon” o “Bye Bye Blackbird”, entre otras, todas altamente disfrutables.

En otro orden de cosas, podemos afirmar, que el apartado sonoro es inmejorable, con una remasterización de 24 BIT, aunque parece que en la grabación original tuvieron algún que otro problema para recoger el sonido ambiente, en el que los asistentes al concierto pedían y vociferaban más solos de los saxofonístas, gritando: ¡Zoot! o ¡Pheel! Como eso no se pudo captar con toda la nitidez posible, George Avakian, productor y Carl Schindler, ingeniero de sonido, prestaron sus voces para reproducir estas exclamaciones. Un buen ejemplo de ello es el final del corte número seis, titulado “Titter Pipes”.

Acabando, un álbum histórico que por sólo lo que significó históricamente, debería estar en las estanterías de cualquier coleccionista o aficionado al jazz. Si a esto, le añadimos lo cuidado de su producción y la gran música, una lucha entre lo viejo (Goodman) y lo nuevo (Zoot, Woods…), que encontramos en su interior, certificamos sin temor a equivocarnos, que es toda una experiencia y un magnífico disco. Muy recomendable. Vashe Zdorovie!

© Juanma Castro Medina, 2014

Benny Goodman: The Complete Benny Goodman In Moscow

Músicos: Benny Goodman (Clarinete). Joe Newman, Joe Wilder, Jimmy Maxwell, John Frosk (Trompeta). Wayne Andre, Willie Dennis, Jimmy Knepper (Trombón). Phil Woods, Jerry Dodgion (Saxo alto). Zoot Sims, Tommy Newsom (Saxo tenor). Gene Allen (Barítono). John Bunch, Teddy Wilson (Piano). Turk Van Lake (Guitarra). Bill Crow (Contrabajo). Mel Lewis (Batería). Victor Feldman (Vibráfono). Joya Sherrill (Voz).

Composiciones: “Let´s Dance”, “Mission To Moscow”, “Meet The Band”, “I Got It Band (And That Ain´t Good)”, “Why You?”, “Titter Pipes”, “Avalon”, “Body And Soul”, “Rose Room”, “The World Is Waiting For The Sunrise”, “Bei Mir Bist Du Schden”, “Stealin´ Apples”, “Feathers”, “On The Alamo”, “Midgets”, “One O´Clock Jump”, “Bye Bye Blackbird”, “Swift As The Wind #1”, “Fontainebleau”, “Meadowland”, “Goodbye”.

Bonus Tracks: “I´ve Grown Accustomed To Her Face”, “Swift As The Wind #2”, “Announcement Into King Porter Stomp”, “Meet The Band #2”, “Let There Be Love”, “Bugle Call Rag”, “Meet The Band #3”, “Missión To Moscow #2”, “Clarinet A La King”, “King Porter Stomp #2”, “Avalon”, “Body And Soul”, “China Boy”, “Medley: Poor Butterfly / I Can´t Give You Anything But Love”, “The Sheik Of Araby”, “Gershwin Medley: The Man I Love / Embraceable You / Lady Be Good / Somebody Love Me / Liza”.