Battle Trance: Palace of Wind (NNA Tapes-New Amsterdam Records, 2014)

Battle Trance

La escena post-rock de Chicago en la primera mitad de los 90 unía noise, rock avanzado, free jazz, música electrónica paisajístico-concreta y música de cámara en tiempos lentos y aleatorios inducida por John Cage y Morton Feldman.  Los exponentes más conocidos y celebrados, a nuestro entender, fueron Gastr del Sol (con Jim O`Rourke a la cabeza) y Tortoise. En una mirada al detalle, luego nacieron grupos que se identificaron o desarrollaron más unas corrientes que otras de las citadas. Así por ejemplo, y ya entrando en nombres asociados al jazz, Boxhead Ensemble, donde participó Vandermark, se decantó por líneas largas y contemplativas en un enfoque de cámara; Jeff Parker se dedicó al jazz vintage o retro con un uso muy matizado del sonido eléctrico de su guitarra; y Fred Lonberg- Holm sorprendió a todos con su hermosa y distendida, nada crispada, trilogía Valentine.

Las influencias post desde Chicago, lejos de desvanecerse en el éter que acompaña las múltiples etiquetas del pop, siguió nutriendo a grupos más allá de su área de influencia física y también retroalimentándose de todo ese compendio de estilos antes descrito. El jazz de vanguardia ha tomado buena nota de todo ello y no pocos autores han presentado algunos de los mejores trabajos en ese terreno -sin dueño experimental- que conecta el rock progresivo, el free jazz y la música contemporánea.

Battle Trance es un joven cuarteto de saxofones que toma el relevo del histórico de la Costa Oeste Rova Saxophone en un planteamiento en planos suspendidos que ya otros han indagado. Recordar el primer trabajo, en estas páginas comentado, de Matt Bauder Weary Already on the way (482 music, 2003) y este mismo concepto aislado y ampliado a trío en Memorize The Sky. O, no por excepcional y desconocido menos afín, está el interesantísimo lienzo aéreo de Who Cares how Long you Sink (Lucky Kitchen 025, donde la lista de participantes incluye al propio Bauder, Kyle Bruckmann, Aram Shelton, Jeff Parker o Tim Daisy). Y para terminar, un trabajo que si cabe está más cerca de este Palace of Wind que los anteriores, el del saxofonista y DJ alemán residente en Chicago Boris Hauf, que con su sexteto (incluía a Jason Stein, Keefe Jackson o Frank Rossaly) entregó en Clean Feed Next Delusion.

Palace of Wind, registrado en un sello representante de la disolución de barreras como NNA Tapes -engloba a artistas pop electrónicos, experimentales en plan Oval o en la línea de Jon Hassell, noise-rock fronterizo y paisajes sonoros- es un producto de este argumento que hemos trazado pero sobre todo es una fruto de la últimas piezas numéricas de John Cage como “Four” o “Fifty-Eight”.

En suma, estamos ante un tratamiento del sonido en notas extendidas y superpuestas en los límites de la tonalidad, de movimientos y dinámicas lentas. Una construcción en planos que perfila también un sonido granular que desvirtúa la esencia acústica para invitar a una exposición aérea y perturbadora. Consecuencia todo ello es perseguir un flujo de sonido cruzado que combina experiencias de la música de cámara contemporánea, el paisajismo y la música concreta. El jazz aquí es un apunte biográfico que se hace difuso en sonidos. Escucha con cascos recomendada.

© Jesús Gonzalo, 2014

Battle Trance: Palace of Wind

Travis Laplante, Matthew Nelson, Jeremy Viner, Patrick Breiner (saxofones)

“Palace of Wind I, II, III”

NNA Tapes-New Amsterdam Records, 2014

 

 

 

 




Vandermark 5. Abriendo el siglo XXI. Por Jesús Gonzalo

Se cumplen 18 años de la fundación de un grupo fundamental en el jazz que se despedía del pasado siglo y comenzaba éste con paso firme. Fue la punta de lanza de una escena como la de Chicago que se revitalizó con con él. Dos formaciones en quinteto y sin piano han marcado decisivamente los últimos veinte años, ambas nacieron en torno a 1997. El quinteto de Dave Holland y éste de Ken Vandermark.

 

Ken Vandermark © Rob Miller

Ken Vandermark
© Rob Miller

 

Aunque nació cerca de la jazzística Newport y heredó de su padre Stu, procedente de Boston, un apellido de clara filiación nórdica, Ken Vandermark  (Warwick, Rhode Island, 1964) llega a Chicago en 1989, ciudad de fuerte tradición para el blues y escaparate de la vanguardia del jazz y el rock independiente. Para Vandermark, el talento y la independencia creativa, señas propias de identidad, no se pueden obtener dentro de un sistema académico. Sin formación musical, sólo estudios cinematográficos en Montreal pero músico antes de dejar el instituto, se incorporó a principios de los 90 al NRG Ensemble de un personaje con ciertos rasgos excéntricos, un músico de culto como Hal Russell, de cuyo imaginativo pastiche sonoro  formó parte y en donde conoció al contrabajista Kent Kessler. Poco después se le pudo ver con Joe Morris, otra gran figura de la improvisación libre que proviene de Boston y que como él es imposible de asociar como producto de su más famosa escuela Berklee.

Pese a que Vandermark es un músico con un conocimiento y un respeto profundo de la tradición del jazz (aunque reconoce que no se puede seguir tocando a Charlie Parker porque, entre otras razones, ya lo dijo él todo), su visión creativa parte del free (dedicó dos volúmenes Free Jazz Classics para temas históricos de este género) y asume influencias de saxofonistas, tres pilares en su estilo, como Albert Ayler, Julius Hemphill o Peter Brötzmann, y autores del avantgarde como Don Cherry. Su firme compromiso con la creación de vanguardia lo sitúa en la independencia sobre cualquier movimiento, como de la AACM de su ciudad.

En la última década se pudo encontrar en proyectos locales tan virulentos/punk como Spaceways Inc & Zu y en otros más etéreos y cinemáticos como el Boxhead Ensemble. Siguió colaborando, entre infinidad de encuentros por todo el mundo, con músicos veteranos como Peter Brötzmann y Joe McPhee y también a dúos con otros de una generación más joven como Nate Wooley o Paal Nilseen-Love. También grabó el año pasado un directo con Agustí Fernández y ahora, en este mes de mayo, se unirá al pianista Jason Moran en un estimulante proyecto. En sus tiempos muertos entre aeropuerto y aeropuerto, en una personal e inagotable cruzada nutrida de motivación y  compromiso por la vanguardia y por ampliar la audiencias (ha conseguido formar un círculo creativo en países  exsoviéticos), Vandermark, siempre infatigable, ha ido entregando una valiosa y profusa serie de crónicas y testimonios de sus experiencias en lo que ha venido en llamar “Notes from the field”, que se pueden leer en su web y ahora en su muro de Facebook.

 

Ken Vandermark. Fotografía © Janite Lafuente, 2013

Ken Vandermark. Fotografía © Janite Lafuente, 2013

Siguiendo en el presente inmediato del músico, tras Vandermark 5, acaso su proyecto de mayor proyección, el que ha generado más escritura y el más consolidado en el tiempo de la infinidad en los que ha estado involucrado, destacan sus proyectos Atomic School Days(Atomic al completo más Jeb Bishop, Kjell Nordeson y él), Free Fall (sobre el trío de Jimmy Giuffre con dos miembros de Atomic, Håvard Wiik e Ingebrigt Håker Flaten, con él a los clarinetes), Platform 1 (otro grupo excepcional formado por Joe Williamson, Magnus Broo, Michael Vatcher, Steve Swell) y activa está la propuesta electroacústica Made to break  (Devin Hoff, Tim Daisy, Christof Kurzmann y él).

 

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The Vandermark 5 con Fred Lonberg-Holm

Maquina acústica

Vandermark 5 Burn The InclineAntes cuarteto que quinteto, con cuatro distintas formaciones que más abajo detallamos y un núcleo instrumental básico, entre 1997 y 2010 The Vandermark 5 ha editado un puñado de trabajos imprescindibles, producciones todas ellas realizadas en un sello como Atavistic ajeno a la exclusividad jazzística (grabaciones de Glenn Branca y Lydia Lunch) con un enfoque más marcado en el rock underground (señalar que a la tradición de ciudad del blues, en los 90 en Chicago a despuntó un nueva escena de rock sin límites expresivos entre los que estaban Tortoise o los por entonces escindidos Gastr del Sol de Jim O`Rourke).

Vandermark Five Acoustic MachineQuizá por ello en sus tres primeros trabajos se evidencia un gusto por el sonido “sucio” y rudo, con un planteamiento compositivo menos menos elaborado. Algo que también se refleja en portadas como Target or Flag hasta llegar a Simpatico, volviendo luego al diseño y motivos underground en Burn the incline y que se ajusta luego a la potencia “desenchufada” del mensaje en Acoustic machine, alcanzando el clímax de refinación figurativa -también desde el título- en Airports for light. La bisagra de esa frontera difusa entre el desgarro y la sofisticación podría estar en el ya citado Acoustic machine. Es ahí donde el discurso del grupo alcanza unpropósito narrativo y una estructura más compleja.

Vandermark 5 Airports For LightLa inspiración en cada tema puede venir de multitud de fuentes y a ellas va dirigida una dedicatoria. Principalmente son autores que provienen de la música (jazz, soul, contemporánea) y el arte (pintores), siendo posible intentar establecer alguna conexión entre el resultado y la obra del homenajeado… John Cassavetes, György Ligeti, Curtis Mayfield, Jackson Pollock, Gerarhd Richter, William Klein, Ab Baars, Sonny Rollins, Glenn Spearman, John Carter son algunas de ellas, que en el caso de Acoustic Machine van en su mayoría dirigidas a saxofonistas: de Lester Young a Stan Getz pasando por Archie Shepp o Julius Hemphill.

 

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The Vandermark 5 con Fred Lonberg-Holm

Volumen y energía: combustible

V5 Beat readerSin instrumentos que aporten alturas como el piano y fuertemente instalados en la potencia y expresividad febril de metales y afilada de guitarras/chelo, con el contrapeso de una todopoderosa base rítmica, este enfoque no sólo empuja sino que levita rozando los timbres electrónicos cuando se sumergen en ambientes etéreos y expresionistas. Energía que golpea o hecha fragmentos que se expanden; cohesión granítica, desbordamiento; acometida de grupo, juego subterráneo, aislamientos; paroxismo abandonado… Intensidad, potencia, precisión, diálogo, explosión de motivos…

Sus discos trasmiten fielmente la tensión del directo, pues se trata de un lenguaje que adopta la presencia y el calor renovado del free jazz, que explota en mil direcciones usando al mismo tiempo patrones de bop, blues y funk, sonido rock garage o distorsión, que se amplía con emparejamientos polifónicos y traslaciones armónicas o colapsa desplegando clima atonal. Su personalidad y trayectoria consideramos queda comprendida en los trabajos  Simpatico, Acoustic Machine, Airports for Light y Beat Reader, añadiendo quizá la espléndida suite de 20 minutos “Six of one” que cierra Elements of Style.

The Horse Jumps and the Ship Is Gone (Not Two Records) es el disco doble en directo, grabado en junio de 2009 en Chicago, que pone fin a la carrera de este organismo irrepetible. V5 nos ofreció una nueva expresividad, una nueva narrativa frente al vacío de no pertenecer a ninguna escuela. Un eco turbulento cuyo aliento de futuro llega hasta hoy.

V5 con Jeb Bishop

The Vandermark Five con Jeb Bishop Fotografía por © Sergio Merino, 2003

© Jesús Gonzalo, 2014

The Vandermark 5

Formaciones:

Ken Vandermark: saxo barítono, clarinete bajo, clarinete; Dave Rempis: saxo / Mars Williams saxo alto y tenor; Jeb Bishop: trombón, guitarra/ Fred Lonberg-Holm: chelo y electrónica ; Kent Kessler: contrabajo; Tim Daisy / Tim Mulvenna: batería.

The Vandermark 5 en Atavistic

  • Single Piece Flow (1997)
  • Target Or Flag (1998)
  • Simpatico (1999)
  • Burn The Incline (2000)
  • Acoustic Machine (2001)
  • Airports For Light (2002)
  • Elements Of Style (2004)
  • The Colour Of Memory (2005)
  • A Discontinous Line (2006)
  • Beat Reader (2008)
  • Free Jazz Classics Vols. 1 – 4 

The Vandermark 5 en Not Two

  • Alchemia (2005) 12CD
  • Four Sides Of The Story (2006)
  • The Horse Jumps and the Ship Is Gone (2010)