1

‘Discordian Community Riot’ (Centre Artesà Tradicionarius, Barcelona, 21-XII-2012)

  • Fecha: 21 de diciembre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona).
  • Componentes:
  • Agustí Martínez/Quicu Samsó
    Agustí Martínez: saxo alto
    Quicu Samsó: batería
  • Sin Anestesia (10 saxos)
    Liba Villavecchia: saxo soprano
    Tom Chant: saxo soprano
    Agustí Martínez: saxo alto
    Don Malfon: saxo alto
    Albert Cirera: saxo tenor
    Pep Pascual: saxo tenor
    Miguel “Pintxo” Villar: saxo tenor
    Paulina Owczarek: saxo barítono
    Xavier Díaz Herrera: saxo barítono
    Lluís Vallés: saxo barítono
    Ferran Besalduch: saxo bajo
    El Pricto: dirección
  • Outerzone
    Pablo Selnik: flauta
    Don Malfon: saxo barítono
    Miguel Serna: bajo eléctrico
    Vasco Trilla: batería
  • Bruitage
    Tom Chant: saxos tenor y soprano
    Pablo Rega: guitarra eléctrica
    Javier Carmona: batería y percusión
  • bLOW
    Ferran Besalduch: saxo bajo
    Joan Palacio: trombón contrabajo
    David Parras: tuba
    Marçal Font: rapsoda
  • Reptilian Mambo
    El Pricto: sintetizador y saxo alto
    Don Malfon: saxo barítono
    Pablo Rega: guitarra eléctrica
    Vasco Trilla: batería
    Joni Garlic: batería
  • Discordian Community Orchestra
    Todos los músicos
  • Comentario:

    01_DISCORDIAN..._21des12_Bcn
    Fragmento de un tambor de Vasco Trilla y partituras de El Pricto

    El pasado 21 de diciembre era un día que tenía unas connotaciones especiales. Los mayas lo habían señalado como el momento en que tendría lugar un cambio de ciclo. Pero, no obstante decir esto claramente, la tergiversación, el folklorismo o el simple pasotismo lo pretendían convertir en algo distinto: el fin del mundo, con variadas consecuciones posibles, o bien una simple excusa para hacer algo de cachondeo, pasarlo bien y tomar unas copas (tal y como están las cosas, nada criticable). El Pricto, alma máter y principal ideólogo del sello Discordian Records, había decidido sumarse a esta celebración de la confusión montando el festival de su escudería ese mismo día: “el mundo se nos echa encima, así pues no pierdan la irrepetible oportunidad de conocernos”, poco más o menos era la idea. Discordian Records es una netlabel que funciona desde principios de 2011 (sus primeras referencias fueron subidas a la página del sello en marzo de ese año). Promovido por El Pricto (compositor, saxofonista y arreglista que empezó a darse a conocer en el grupo de homenaje a Zappa Filthy Habits Ensemble), y con la colaboración de Jim Colominas y Ralph Lopinski, tiene como base el pequeño estudio de grabación que ellos tres comparten. A partir de aquí, se ha constituido como una especie de aglutinador de algunas experiencias y estilos marginales que se están dando en la actual escena musical de Barcelona. Dentro de este gran receptáculo podemos encontrar rock y jazz progresivos, música contemporánea o electroacústica y, en general, cualquier tipo de música de corte experimental o arriesgado, poniendo mucha atención también en tendencias de la música improvisada, como la conducción o la improvisación libre. Algunas formaciones tienen vida al margen de Discordian y usan la marca como plataforma para dar a conocer su trabajo y por la buena sintonía que hay con los chiefs del sello. Otras, en cambio, han sido alentadas y promovidas por El Pricto, contando con algunos músicos que podríamos considerar como ‘de la casa’. Y, también, en otros casos, una formación sólo existe para llevar a cabo una determinada grabación. Así pues, dentro de Discordian no es raro encontrar en un mismo line up músicos que provienen de sitios bien distintos y que tienen trayectorias también muy diferentes. Esto formaría parte de la gracia y del compromiso del sello con un tipo de música y con una escena determinada. Aunque algunas de las formaciones “discordianas” han actuado en diferentes sitios durante todo este tiempo, lo que no había tenido lugar y se necesitaba era un acto de presentación del sello y sus bandas (o al menos algunas de ellas), de su ‘comunidad’ por decirlo de alguna forma. Así pues, ese día en que estaban previstos diversos cataclismos, tsunamis, impactos de asteroides, volcanes y, en definitiva, caos, podía ser idóneo para presentar Discordian Records al público de la ciudad, y hacerlo con el humor y el absurdo que también distinguen a la casa.

    02_DISCORDIAN_21des12_Bcn
    El dúo de Quicu Samsó y Agustí Martínez

    03_DISCORDIAN_21des12_Bcn
    La formación de saxos Sin Anestesia

    El cartel que confeccionó El Pricto para la ocasión lo integraban 6 formaciones y un grand finale con todos los músicos en el escenario, una orquesta titulada ad hoc como Discordian Community Orchestra. Las actuaciones de cada una de las bandas tenían que ser breves, de alrededor de media hora. Vamos a contar algunas de las cosas que ocurrieron e impresiones que tuvimos, aunque no necesariamente por orden. El dúo que abrió la noche, y del que se han editado recientemente en Discordian dos viejas sesiones de 2009 y 2010, es el formado por los veteranos Agustí Martínez y Quicu Samsó. Dos tipos que desde los años 80 han estado en los márgenes del jazz y de la música que se ha hecho en Barcelona, formando parte de proyectos tan estimulantes como Quodlibet o Koniec, respectivamente. Su actuación se armó en el último momento para sustituir al trío Spiral Barred que era el que estaba previsto en un inicio. A pesar de que llevaban mucho tiempo sin tocar juntos y de algunos problemas con la batería, Martínez y Samsó ofrecieron una buena sesión marcada, creo yo, por su veteranía y buen control de los recursos. Siempre es interesante –cuando se da el caso, claro– ver como la experiencia es una de las mejores consejeras con las que puede contar un músico. La inteligencia, la rapidez mental, el control de la situación dependen en buena medida de ella. El trío Bruitage, con un par de sesiones publicadas en Discordian, actuó en la segunda manga de la noche. Rega, Carmona, y el inglés Chant se mueven en este proyecto dentro del ámbito de la improvisación pura y dura, sin preceptos genéricos ni preconcepción alguna (siempre que esto sea posible). Como puede apreciarse en los discos mencionados, a Bruitage le gusta moverse entre dinámicas muy cambiantes y extremas, jugando sus bazas instrumentales entre la contención y el desparrame más caótico. Son un grupo difícil, que suele trabajar también a partir de texturas y otros elementos que comenzaron a ser tenidos en cuenta en la música en las últimas décadas del siglo pasado y que aún están lejos de agradar a buena parte del público, pero que pienso que el futuro de la música pasa inevitablemente por ellos. El otro trío de la noche, bLOW, que también parte de la improvisación absoluta, tiene un planteamiento completamente distinto. Como todos los proyectos que arma el saxofonista bajo Besalduch, en bLOW hay un fuerte componente escénico. Cada una de sus actuaciones es un evento único, que plantean en función del espacio y de unas escaletas previas que Besalduch facilita al resto del grupo poco antes de iniciarse la actuación. Esta forma de trabajar les ha llevado con frecuencia a ser llamados en veladas poéticas o de danza, y la otra noche lo que hizo bLOW fue invitar al poeta Marçal Font a que recitará junto a ellos un par de largos (e imparables) soliloquios. Aparte de esto, hay que mencionar la peculiar suma de tesituras graves del trío, que no es para nada aburrida, bien al contrario, resulta muy sugerente para el espectador. Aunque hace unos meses Discordian también editó un trabajo suyo grabado en el estudio, hay que decir que bLOW es principalmente una formación para ver y seguir en directo (pues como hicieron la otra noche, siempre se desplazan por la sala, el escenario, entre el público), como ocurre con el resto de proyectos que baraja Besalduch (Freenètics, Sax.org). El único cuarteto de la noche era el demoledor Outerzone. Trabajando a partir de composiciones y esquemas de El Pricto, estos cuatro músicos han desarrollado un impactante estilo propio que está a caballo entre el metal progresivo, el jazz rock, el ruido y pequeños espacios dejados a la improvisación. Selnik, Malfon, Serna y Trilla son un cuarteto muy joven pero con una capacidad técnica deslumbrante. Es tanta la personalidad que tienen y que imprimen a los temas, que casi puede decirse que Outerzone reformula totalmente esos temas de base que les suministra El Pricto para hacerlos suyos una vez han sido debidamente regurgitados. Además del empaque y la fuerza con las que llega su sonido, apoyándose sobre todo en la contundencia de la sección de ritmo, los solistas hacen algunos breaks abruptos e intempestivos echando mano de técnicas extendidas que manejan a la perfección o de comentarios improvisados que pueden comportar giros estilísticos inesperados. Curiosamente, la única sesión publicada de ellos lo está en otra netlabel, Audition Records, que comanda Julián Bonequi. Pero, no obstante esto, si hay una formación “discordiana” por antonomasia esa es Outerzone, sin duda. El quinteto Reptilian Mambo es uno de esos pandemónium estilísticos a los que nos empieza a tener acostumbrados El Pricto. De todo lo visto esa noche, tal vez fuera el grupo en el que el rock estaba más presente, era más medular, más nuclear. Eso sí, con una visión del rock absolutamente espasmódica, en la que se integraban zarpazos de ruido puro (Rega), ritmos cortantes, ritmos que chocaban entre ellos (las dos baterías), alaridos (Malfon) y las maneras de vendedor de elixires y ungüentos de Pricto, más apocalíptico que nunca. También tienen un par de referencias en el sello, una recién aparecida, por si quieren arriesgarse con ellos. Por su parte, Sin Anestesia se presentaba la otra noche con una formación king size: 11 saxos más Pricto a la dirección. En el año y pico largo que llevan funcionando, la verdad es que han hecho más actuaciones de las que cabía imaginar cuando se formaron un poco por azar y con más ganas de pasarlo bien que no proyectos de futuro. Y, sin embargo, ellos mismos han ido encontrando su lugar en el mundo, su emplazamiento ideal que les permite de momento seguir vivos. Tal vez porque son una unidad que no requiere que siempre estén los mismos, que es muy elástica y que permite acoger si es necesario a otros músicos (eso sí, han de ser saxofonistas). Otra razón puede ser el hecho de que Pricto asumiera las funciones de ‘director’ o de ‘preparador del terreno’, desarrollando unas ideas y/o partituras muy sencillas pero que tienen la virtud de extraer el máximo rendimiento de tal concentración ‘saxofónica’ y, lo que es más importante, sin eliminar el necesario espacio para la improvisación. En este caso también podemos decir que cada actuación suya es distinta (hay tres discos suyos en el sello para comprobarlo), atendiendo siempre a factores como la sala o el material que Pricto traiga para la ocasión. En la actuación del otro día, que comenzó con los saxofonistas tocando sobre la cabeza del público para ir tomando en grupos el escenario, pudo apreciarse un especial cuidado en el aspecto tímbrico, obteniendo unos momentos sonoros muy, muy compensados y muy, muy sugestivos.

    04_DISCORDIAN_21des12_BcnDe izquierda a derecha: El Pricto (Reptilian Mambo), el trío bLOW y Don Malfon (Outerzone)05_DISCORDIAN_21des12_Bcn
    El Pricto conduciendo (izquierda) y Jony Garlic (Reptilian Mambo)06_DISCORDIAN_21des12_BcnDe izquierda a derecha: Miguel Serna (Outerzone), Tom Chant (Bruitage) y Pablo Selnik (Outerzone)

    Una noche basada en un cuento mediático como el del fin del mundo no podía concluir más que con un operístico grand finale. En este caso, todos los músicos participantes (exceptuando a Quicu Samsó que no pudo quedarse) subidos al escenario para atender al recetario que había elaborado Pricto para ellos y respondiendo al nombre de Discordian Community Orchestra. Algunas de las cosas que ya hemos dicho al comentar Sin Anestesia serían válidas aquí. Lo particular de esas ‘bases compuestas’ que suministra Pricto para este tipo de formaciones grandes es que tienen la virtud también de estar trabadas entre lenguajes e idiomas distintos, tomando cosas de aquí y de allí, de sus variados gustos y escuchas (desde contemporánea a jazz o rock de cualquier tipo), y lanzando con todo ello unas propuestas que le salen milagrosamente orgánicas y lógicas –además de muy ingeniosas. Pero, al margen de esto, que a fin de cuentas lo mejor es haberlo podido disfrutar in situ, este último tramo de la noche proporcionaba una imagen muy interesante al tiempo que favorecía una reflexión. Como espectador y aficionado, más que como periodista o crítico, pues esto sería una consecuencia de lo primero, me conmovía ver reunidos sobre un mismo escenario a músicos de tan diverso pelaje y de tanta valía. Músicos a los que sigo más o menos en otros proyectos suyos, y que representan y definen distintas formas de dar vida a una escena musical que con ellos parece estar reactivándose, y me refiero a una escena musical vanguardista e iconoclasta. Indiscutiblemente vanguardista e iconoclasta, subrayaría. Obviamente, el fin del mundo no llegó – eso ya lo sabía–, pero lo que sí era cierto era lo que vaticinaban los mayas, ese “cambio de ciclo”, al menos por lo que respecta a la música en Barcelona.

    Web de Discordian Recordshttp://discordianrecords.bandcamp.com/

    07_DISCORDIAN_21des12_Bcn

    El trío Bruitage

    08_DISCORDIAN_21des12_Bcn
    Discordian Community Orchestra

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografías: © 2012 Joan Cortés




Secret Chiefs 3 + a.p. A.t.T. (Centre Artesà Tradicionàrius, Barcelona, 21-XI-2012)

Temporada Arco y Flecha

  • Fecha: 21 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionàrius (Barcelona).
  • Componentes:
    Secret Chiefs 3
    Trey Spruance: guitarra eléctrica, saz eléctrico y teclado
    Timb Harris: violín, guitarra eléctrica y trompeta
    Toby Driver: bajo y teclado
    Matt Lebofsky: teclados
    Peijman Kouret Chian: batería.
  • Comentario:

    Acudí al concierto de los Chiefs con sombrero a sabiendas, por otras dos veces en que los había visto, que llegaría algún momento en el que me vería impelido a hacer eso de ‘quitarse el sombrero’ ante una de las bandas que mantienen incólume esa esencia abrasivamente adolescente del rock: energía a destajo, liberación de hormonas a porrillo, una puesta en escena entre chulesca y burlona, esos disfraces como forma de ocultar cierta timidez pre-púber o tal vez un acné que se resiste a desaparecer del rostro de un Trey Spruance que ya debe rondar el ecuador de la cuarentena… y ante todo mucha caña. Bueno, pues fueran tantas las veces en que tuve que alzarme el sombrero de la testa que al final opté por lanzarlo al aire entonando un ‘¡gaudeamus igitur!’ y olvidarme de todo entregándome al espectáculo.
    A lo largo de sus diecisiete años -que se dice rápido- de actividad, los Secret Chiefs 3 nos han acostumbrado a un batiburrillo musical que a simple vista parecería absurdo e irreconciliable, y que sin embargo y por gracia de su artífice, el señor Trey Spruance, se nos presenta en la forma compacta y brabucona de un fascio romano. Y es que de hecho, se han dedicado a desenvolver hasta límites insospechados las ideas que yacían en los dos temas (¿!) de su primer registro en plástico; me refiero a ese lejano single, The Legendary Paper Project by the Secret Chiefs Trio, que se publicó con el alucinante y aún hoy increíble disco de su banda madre, el Disco Volante de Mr. Bungle (1995). Allí está toda la obra de los Chiefs en potencia: la electrónica y su manipulación al servicio de lo ruidoso y del cartoon, el arranque death metal, el fraseo surf y esa fantástica melodía que apenas dura cuarenta segundos en la que suena un delicioso organillo a lo Nino Rota, y donde se adivinan las aventuras melódicas hacia lo pseudo-arábigo y la banda sonora de la época dorada del cine. En el mismo Disco Volante, los temas firmados por Spruance confirman y ensanchan esos comienzos: el techno arábigo de “Desert Search for Techno Allah”, el surf pérsico de “Ma Meeshka Mow Skwoz”, o las melodías de “Chemical Marriage” y ese rock-surf hallowiniano de “Secret Song”. Pues todo ese mejunje a simple vista indigerible, esas mil caras del policéfalo monstruo que es Secret Chiefs 3 (Traditionalists, Ur, Electromagnetic Azoth, Ishraqiyun, FORMS y Holy Vehm) fue el que perpetraron la noche del miércoles ante el respetable. Mas bien casi todo, porque ese aspecto mástechno-dance-aloloco, se les quedó en el zurrón, tal vez porque la formación en quinteto, que no incluía a Jai Young Kim en los teclados / sampler, tenía una más natural inclinación hacia la vena rockera con acento progresivo. Y sin embargo desfilaron brutalmente y con maestría por todas sus facetas, en especial por esas recreaciones de músicas orientales que les han hecho famosos -aunque a decir verdad a mí siempre me han parecido más músicas y filosofías mistéricas inventadas sobre los mundos de Robert E. Howard, y sus capuchas y túnicas las del sacerdocio de la maléfica serpiente Set del reino de Stygia-, culminando con la extended version de “Vajra”. Fantástico Matt Lebofsky a los teclados, como en general toda la banda, y muy especialmente Timb Harris al violín, guitarra y trompeta, con la que interpretó la brillante “Book T: Exodus”, versión en clave westernde un tema de Ernest Gold. Casi dos horas de un despampanante concierto que todavía biseó con un tema del disco Xaphan y una desternillante marcha militar de la “US Navy” como despedida.

    En cuanto a a.p.A.t.T., me quedaron claras sus influencias y gustos, pero no me convencieron ni sus canciones ni su actitud en el escenario, que achaco tal vez al cansancio de esta larga gira con los Chiefs en la que tocan casi cada día desde el 30 de octubre y hasta el 2 de diciembre, aunque estos últimos no lo muestran en absoluto. Por cierto, he podido ver en su lista de conciertos que el de Barcelona es, maldita sea la gracia, el más caro de toda la gira.

    Texto: © 2012 E. Pacheco




The Ex + Esperit! (Temporada Arco y Flecha 2012-2013, Centre Artesà Tradicionarius, Barcelona, 11-XI-2012)

Temporada Arco y Flecha 2012-2013

  • Fecha: 11 de noviembre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona).
  • Componentes:
    Esperit!
    Mau Boada: voz, guitarras, batería, teclado, flauta, efectos y loops
    The Ex
    Terrie Hessels: guitarra eléctrica
    Arnold de Boer: voz, guitarra eléctrica y sampler
    Andy Moor: guitarra eléctrica
    Katherina Bornefeld: batería y voz

    Comentario:

    Como a uno le gustan Les Aus, el dúo que forman Mau Boada y Arnau Sala, es lógico que también le gusten los proyectos por separado de estos dos jóvenes e inquietos músicos del área de Barcelona. Esperit! es la singular propuesta de ‘hombre orquesta’ de Mau Boada, una propuesta en la que, como no podía ser de otra forma, es posible reconocer algunas cosas de Les Aus. Sin embargo, Esperit!, que surge de un planteamiento parecido, esto es, bases que van creciendo y modificándose a medida que sobre ellas se improvisa o se añaden cosas, toma en un cierto punto otros derroteros. Sobre todo porque en este proyecto Boada parece estar más abierto a géneros o estilos que en Les Aus no son tocados (o al menos no de una forma tan evidente.) Aparte del primer tema, una especie de enrrollada de sonoridades amplias y regusto oriental, que podía recordar a Les Aus y a ese sonido suyo que a su vez recuerda al krautrock más hippioso (y además fue en la única pieza en la que Boada usó una flauta de pico, como suele hacer en el dúo), el resto de piezas recalaban en géneros y formas más inmediatos y populares, sobre todo variaciones de la música pop norteamericana: blues, psicodelia, garage rock, folk montañero… La particularidad de lo que propone Boada, no obstante, está más en el ‘cómo’ que en el ‘qué’. Ese enfoque de hombre-orquesta que es capaz de hacérselo todo él solito con la simple ayuda de un ‘loopeador’ con el que va pregrabando las bases que hace en directo (nada hay preprogramado), y sobre las que después va añadiendo y desarrollando el tema. La idea de Boada no es tanto la de demostrar la destreza que pueda tener con los distintos instrumentos, que además en algunos casos, como pueda ser con la batería, es más bien discreta (recordemos que él es guitarrista); sino que lo que realmente importa son el ingenio y la gracia con los que todo ello se hace. Es cierto que a veces el resultado quedaba un tanto esquemático y plano, pero en otras el efecto conseguido era de lo más acertado. Un momento especialmente divertido –y un punto irónico– fue cuando tocó una guitarra (mano izquierda) y una batería a la vez (mano derecha) para pergeñar una especie de stoner rock desnudo (o pre producido).

    Es difícil lograr lo que han conseguido The Ex después de algo más de 30 años de funcionamiento (lo que se dice pronto). E incluso diría, a pesar de su dilatada carrera. Pues, viendo lo que uno ve, lo más usual en bandas con tan larga trayectoria es que menudeen los cambios de rumbo y volantazos. Pero no es el caso de los holandeses, que además en todo este tiempo han variado su formación (de los inicios sólo queda Terrie, pues Katherina entró unos años después y Andy se sumó a principios de los 90). En todo este tiempo, The Ex no han perdido su identidad, incluso al contrario, la han reafirmado echando mano incluso de cosas que quedaban fuera del planteamiento inicial de la banda, pero que ellos han sabido adaptar a su espíritu combativo y experimental.

    Que The Ex comenzó como un grupo punk lo sabe todo el mundo, así como es bien sabido también que a los pocos años de existencia, cuando ya empezaban a recorrer caminos menos obvios y más inteligentes, un importante contingente de sus seguidores iniciales iría abandonándolos. Y eso, visto en perspectiva, debió ser positivo. ¿Por qué? Pues, de entrada, para quitarse presión, cosas como el deber de agradar (que no es la comercialidad, sino el hecho natural de agradar a los que te siguen), contemporizar, etc. Pero, aparte de un primer y breve período inicial, marcadamente ortodoxo dentro de lo que era el primer punk-rock, The Ex pondría rápidamente distancias inclinándose por una forma del punk mucho más original, elaborada, creativa y sorprendente. Ellos siempre han admitido que sus primeras grandes influencias en su día a día provenían de grupos como The Mekons y Gang of Four. Es decir, los heterodoxos de la heterodoxia (y aún hoy siguen sonando así). Y es curioso comprobar cómo aún hoy, la otra noche por ejemplo, ese deje, esa querencia y ese sonido tan determinado siguen estando muy presentes. Los punteos rítmicos de Terrie lo están anunciando constantemente, incansablemente. Y me parece fenomenal que sea así, pues pone de manifiesto que sus principios, convicciones y actitud no han variado. En todo caso, lo dicho antes, se han reafirmado.

    Pero como no sólo de intenciones –aunque éstas sean buenas– vive el hombre, la música de The Ex ha crecido y evolucionado a partir de un modelo que han ido trabajando lenta y cuidadosamente. Esa demoledora combinación de las guitarras de Andy y Terrie es su principal marchamo. Con ellas consiguen una polirritmia punzante y afilada, de aspecto agresivo pero con mucha más riqueza y variedad de lo que podría parecer. De hecho, podríamos hablar de una lingua franca que ellos han creado y manejan a su antojo. Y lo mejor de todo es que ese esfuerzo y ese trabajo sigue dirigiéndose hacia el mismo sitio: crear una música popular y fuerte, que en parte recupere aquel espíritu contestatario y rebelde que siempre debería tener el rock. Porque ver a The Ex en directo es entender que lo que hacen tiene más que ver con el rock que el 90% de los grupos y formaciones que dicen que lo son (y que en realidad lo que hacen es facturar productos industriales.) Entre lo anfetamínico y lo experimental, los directos de The Ex son acontecimientos que siempre se viven intensamente, eventos nada escapistas que ponen ante el público su perspectiva de la realidad.

    Hace tres años hablamos aquí mismo del concierto que ofrecieron en Barcelona en su gira del 30 aniversario. Entonces hacía poco que su vocalista de siempre, Sok, había dejado el grupo, y en su lugar había entrado el más joven Arnold de Boer. Ya dijimos entonces que Sok era insustituible y que había que tener paciencia con De Boer. Bien, pues respecto a aquello, la buena noticia es que la banda ha ido cuajando esta incorporación. De Boer ha sido listo y en lugar de pretender emular a Sok ha decidido hacer las cosas a su manera, aportando además un tercer sostén rítmico con su guitarra que enriquece todo el conjunto.

    En fin, que ver a The Ex siempre es una garantía (y esto no se puede decir de mucha gente).

    Texto: © 2012 Jack Torrance



Korekyojinn (Centre Artesà Tradicionarius, Barcelona, 14-X-2012)

Temporada Arco y Flecha 2012-2013

  • Fecha: 14 de octubre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona).
  • Componentes:
    Tatsuya Yoshida: batería.
    Nasuno Mitsuru: bajo eléctrico.
    Kido Natsuki: guitarra eléctrica.

    Comentario:

    Como me hicieron notar justo antes de entrar en la sala, la casualidad quiso que el mismo día que Korekyojinn ofrecían su concierto en Barcelona, Felix Baumgartner se lanzara sobre la Tierra desde una altitud de 39.045 metros, con una primera fase en caída libre que duró cuatro minutos y 20 segundos y en la que rebasó la barrera del sonido alcanzando los 1342,8 km/h, esto es 1,24 Mach. Imaginen qué ocurre cuando la aleación nipona de rock progresivo, jazz-rock y metal de Korekyojinn sale despedida y alcanza los 900 mil Mach aprox : “se aceleran el pulso y la circulación periférica, aumentan la tasa de glucosa y la tensión arterial, el ritmo respiratorio se hace más y más rápido, los músculos se contraen con mayor intensidad y la secreción de jugos gástricos se acrecienta”, como describe Mariano Antolín Rato en su novela.

    ¿Cachondeo? ¿Piensan que es cachondeo? No, o mejor aún, gracias al cielo que lo es. Miren, una propuesta como la de Korekyojinn siempre es delicada. El concierto del pasado domingo fue de esos que le dejan a uno sin saber qué cara poner. Uno no sabe si lo que ha visto va en serio o hay un punto de cachondeo que se le escapa al respetable. Al fin, y gracias a tomárselo como decía, el tema toma la perspectiva adecuada. Y es que en este tipo de cosas considero que es indispensable el humor, o como mínimo el poder detectar algún punto de ironía. Que, en efecto, se encuentra en Korekyojinn, como en general en todo aquello que hace Tatsuda Yoshida (ahí están Ruins, Koenjihyakkei o su colaboración con Acid Mothers Temple). Porque lo que plantean Korekyojinn en manos de otros fracasaría estrepitosamente, quedando en la más burda de las parodias (no deseada, encima). Su coctel de géneros (removido, no agitado), la exacerbada intensidad con que se aplican a concretarlo, su despliegue técnico (de los que deja con la boca abierta), no serían en sí suficiente gancho de no estar todo bañado con esa luz irónica, con ese desparpajo y, por qué no, ganas de polemizar (es muy posible que algunos de los estilos que manejan no terminen de gustarles, y se sirvan de ellos con alguna intención inconfesable). Otros muchos entenderán la operación con la única finalidad de levantar un castillo de fuegos artificiales, en cambio Korekyojinn parecen estar más por buscar una determinada mirada hacia unos estilos que han pasado temporadas denostados, y en parte con razón, justamente por esa falta de chispa, por tomárselos con un exceso de seriedad y por la solemnidad (que mal queda ésta en este tipo de historias, o al menos eso me parece). Bien mirado, aunque Korekyojinn gocen de un cierto aura de genialidad entre los adeptos al progresivo (los cuales, por cierto, brillaron por su ausencia la otra noche), en el fondo lo que hacen es demasiado heterodoxo para el parroquiano tipo del género.

    El show del trío japonés es claro. Sus números son tours de force musicales que les sirven para hacer esos comentarios al margen de los estilos que van desgranando, y que pueden ir desde una enrevesada pieza de fusión a lo Mahavishnu hasta un número en recuerdo del primer gran power trio de la historia, Cream (la segunda pieza que hicieron); pasando por descensos vertiginosos por el heavy metal (pseudo speed , pseudo trash ) y hasta por un pequeño homenaje a Michael Jackson en un ABC que hicieron como bis . La forma, siempre la misma: el bajo y la guitarra enfrascados en sacar adelante los endiablados arreglos que se han impuesto, y en medio de ellos la libertad absoluta de la batería, con un Yoshida que estuvo pletórico, que daba gusto sólo de verlo, y que probablemente sea uno de los mejores baterías de rock que haya existido. Tremendo, el tío. Buenos, Korekyojinn.

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografía: © 2012 César Merino



Marc Ribot (Centre Artesà Tradicionarius, Barcelona, 2012-X-09)

Temporada Arco y Flecha 2012-2013

  • Fecha: 9 de octubre de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionarius (Barcelona).
  • Componentes:
    Marc Ribot: guitarra.Comentario: Marc Ribot toca como piensa. O al menos eso puede apreciarse en sus set en solitario, ya sea en concierto, como la otra noche, como en disco ( Saints , 2001; Silent Movies , 2010). La misma visión que tiene de la música popular, una visión universal y equitativa, la misma ecuanimidad con la que acomete ya sea un pasaje desmadrado y arisco o un viejo standard , todo eso hace que su manera de tocar (de expresarse) sea híper concentrada; de ese modo puede llegar, encontrar el punto en común para interpretar una panoplia de referencias que le pueden llevar a cualquier momento de la historia de la música popular norteamericana ( blues del delta, tin pan alley modern jazz free jazz punk rock downtownneoyorquino).

    ¿Por qué –decían algunos acabado el concierto– su set fue tan monocorde? ¿Por qué no hizo gala de un mayor despliegue de recursos expresivos y técnicos, que sin duda los tiene? Pues, suponiendo que esas críticas estuvieran fundadas, se me ocurren dos razones. La primera –y aunque haya algo de presunción en ella–, que justamente esa gran y variada actividad que desarrolla en otros proyectos o como sideman hace que alguien como él, que es un músico que no se conforma con tocar, sino que se pregunta sobre lo que toca y por qué lo toca, necesite de estos períodos de, si me permiten decirlo, introspección. Y la segunda, más importante y no tan imaginativa, estaría en esa especie de búsqueda del mínimo común múltiplo a la que acabo de aludir. Porque su visión de las cosas no podría ser probada de no conseguir establecer un MCM, ese punto el cual no es otra cosa que el propio espíritu o sentimiento del músico. Pues si hemos dicho que Ribot es un músico con una visión de la música, hemos de subrayar que esa visión en su caso emana de su sentimiento hacia todos esos géneros a los que tanto debe, de los que tanto ha aprendido, y con los que tanto disfruta tocándolos. Así, ese MCM debe ser el punto 0 desde el cual puedan surgir en igualdad de condiciones todos esos –y más– derroteros estilísticos que hemos mencionado.

    Pero, lo de Ribot (y aunque hable de él en general, también me estoy refiriendo todo el rato al concierto) tiene más de empírico que de idealista. Y nos estaríamos equivocando mucho de no verlo así. Es su larga y constante práctica, el conocimiento de primera mano que ha adquirido, lo que le ha hecho destilar ese formato tan característico que es su “solo”. Qué más da que hiciera o no hiciera tales o cuales temas de Silent Movies , si a fin de cuentas lo que nos ofreció fue un fluir continuo de su sensibilidad (emociones + sentimientos). A veces, los temas se enlazaban formando un todo indisociable. Otras, algunos temas eran interpretados aisladamente, pero dentro de ellos se filtraban referencias y comentarios ajenos a la pieza (mejor que ajenos, decir que accesorios).

    Así, el jazz en sus distintas manifestaciones históricas (años 20, con Beiderbecke; 40, con standards ; y 50 y 60, con Monk, Coltrane o Ayler), blues enjugados, mohosos latigazos que parecían traídos del folklore de los Apalaches, el espíritu del rock urbano, más f/x ad hoc , y todos esos elementos contemporáneos que tan bien conoce, sonaron en una misma dirección, en un mismo y acompasado latir, sin contradicciones, pegotes o gratuidad. Si no fuera porque Ribot es tan grande como artista, hubiera dicho que asistimos a una brillante exposición sobre algunos rasgos antropológicos y culturales de la música popular de su país y del papel que en ella ha jugado la guitarra (¡hombre, por fin menciona la palabra!).

    Un momento particular. Su versión de “Ghosts”, que me ha permitido ver este tema de otra forma. Una versión que reencuadra el original de Ayler en el pasado, en le bleu des origines , y a la que suministró un escalofriante efecto deglissando : de viento que no puede verse. Marc Ribot solo, cine mudo y la presencia ectoplásmica de aquello que se ha ido pero aún perdura.

     

    Texto: © 2012 Jack Torrance
    Fotografía: © 2012 Rafael Zaragoza



Marc Ribot y los Cubanos Postizos (Barcelona, 18-VII-2012)

  • Fecha: 18 de julio de 2012.
  • Lugar: Centre Artesà Tradicionàrius (Barcelona).
  • Componentes:
    Marc Ribot y los Cubanos Postizos
    Marc Ribot: guitarra
    Anthony Coleman: órgano Farfisa
    Brad Jones: contrabajo eléctrico
    Ej Rodríguez: batería y percusiones
    Horacio ‘el Negro’ Hernández: percusiones
    Crónica: Macarrónicos Trópicos
  • Comentario:
    305_8_PostizosWebPetita

    No sé si a estas alturas tiene mucho sentido preguntarse sobre el valor del mestizaje en la música. En un momento en que las posturas esencialistas han perdido definitivamente pie y cuando se acepta que el génesis, el meollo de los estilos musicales es el resultado de un conglomerado asimétrico de acentos y procedencias, de fusiones sin padre ni madre que remiten a una intrínseca naturaleza permeable del lenguaje musical, parece que la etiqueta del mestizaje se queda corta, o que como mínimo resulta una perogrullada que no aporta nada sustancial al asunto. No así, creo yo, el postizaje . Frente a la búsqueda de esencias y supuestos orígenes remotos de un original acto alquímico de amalgama, el baile de disfraces, el carnaval de las formas, la impostura festiva del que se hace pasar por alguien y consigue, aunque sea sólo en ese momento mágico de la representación, confundirnos en un barrizal de referencias. Pero todo buen disfraz, que no busca la suplantación del original sino su caricaturización, se presenta a sí mismo como artificio -todo buen bigote de mentirijillas alcanza su cénit cuando despegándose de un costado, afirma su esencial artificiosidad pendiendo sobre los labios-. Al lado del original, el disfraz nos parecerá más nuevo, más brillante, más ligero y divertido, despojado de la pesadez de lo verdadero, casi más auténtico (‘hay que darse cuenta que todo es mentira, que nada es verdad’, reza una de las canciones del repertorio de los postizos. Más claro, el ron de caña.). Y así sonaron los temas de Arsenio Rodríguez, padre del son cubano, perpetrados por los postizos Marc Ribot, Anthony Coleman y su banda de latinos venidos desde el bajo Manhattan. La suya no es una reinterpretación en clave rockera de los sonidos cubanos, sino el abordaje de la latinidad desde el humor y el divertimento. No hay pretensión de interpretar o poner al día el legado de Rodríguez sino de disfrazarse de músicos cubanos, mostrando impúdicamente que tras la máscara asoma el siempre abrasivo y peculiar sonido de Marc Ribot. Dicho sea de paso, y lo digo porque comparte con Ribot escena, discográfica y supuestos estéticos, el trabajo de John Zorn respecto a la tradición musical judía con sus Masadas y compañía puede entenderse también desde este postmoderno e irónico postizaje.

    La actuación del pasado miércoles fue una buena muestra de este sentido festivo. Ribot y sus postizos no han grabado material nuevo desde sus trabajos discográficos de finales de los noventa, pero esto no ha impedido que durante esta década larga hayan continuado haciendo conciertos y giras, reagrupándose cuando la demanda así lo exigía. Con un repertorio que se conocen pues, al dedillo, la actuación tomó aires de guateque o de fiesta popular, limitándonos -que no es poco- a gozar -o ‘gosarrr’ como pronuncia Ribot en su macarrónico castellano- del buen hacer y sabor de esta excelente formación. Los ritmos calientes, a veces más perezosos, otras más trepidantes, convivían con el ruidoso y general sonido sucio de la banda, auténtica marca de la casa. Se escuchó poco, los sempiternos problemas de sonido, al Farfisa de Coleman, pero cuando conseguía ir más allá de la nube de distorsiones y de la contundente batería de Rodríguez, era un auténtico placer. Y sobre todo, esos fantásticos arranques de las guitarras de Ribot, que como ese bigote de mentirijillas que se despega, dejaban entrever el auténtico fondo de los postizos, ese latin-punk-funk que reza el fenomenal cartel del 3mendo. Y todo ello provocando al respetable un frenético y sabrosón movimiento de caderas en la tradición de la mejor salsa. Una salsa con grumos, eso sí.

    Texto © 2012 E. Pacheco