Una inmersión en el nuevo, y no sólo joven, jazz cubano. Por Julián Ruesga Bono

Encabezado

El imaginario público forjado en torno al jazz cubano está muy determinado por el pasado del propio jazz, sobre todo por el peso histórico del llamado Latin Jazz. La particular y potente mitología que se ha ido construyendo a lo largo de los años, en torno a sus grandes músicos, condiciona su recepción y percepción pública. Chano Pozo, Mario Bauzá, Mongo Santamaría, Bebo Valdés, Cachao, Irakere, …, parecen formar un todo orgánico en el imaginario del aficionado. Sin embargo, existe un presente del jazz cubano que, más allá de su historia, es tan rico y poliédrico como su glorioso pasado –y tan potente como el. Un presente formado por un elevado número de excelentes músicos que hacen una música de gran calidad.

El primer álbum que escuché de uno de estos músicos fue Made in animas del contrabajista Felipe Cabrera (1961). Una notable grabación editada en 1999, donde el músico trabaja con elementos de la cultura musical popular cubana, la música contemporánea y el jazz, resultando un álbum de registros muy variados que no se correspondía con el estereotipo de jazz cubano que yo manejaba, pero que a la vez no dejaba de sonar a jazz cubano. Como contrabajista, Cabrera, ha tocado con músicos como Dizzy Gillespie, Gonzalo Rubalcaba, Eddie Palmieri, Chano Domínguez y Mama Keita. Pero además de un virtuoso instFelipe cabrera made in animasrumentista en el álbum demuestra ser un refinado compositor, de los 14 temas del álbum, 12 son de su autoría. Temas sobresalientes como “694”, “Abajo limpio”, “Angel” o “Bajeando el Güiro”, por citar algunos, dan idea del nivel de Cabrera como compositor. Made in animas me pareció un álbum sorprendente, como mucho del jazz cubano que he tenido ocasión de escuchar más tarde, a medida que he ido localizando grabaciones.  Made in animas es uno de mis álbumes preferidos, uno de esos discos a los que se vuelve de vez en cuando, de los que te llevan a muchos lugares sin salir de casa. Cabrera va a editar este año un nuevo álbum, Night Poems, con el pianista brasileño Leonardo Montana.

Buscando más música de Felipe Cabrera recorrí una gran cantidad de sitios por Internet: tiendas, e-zines, blogs, foros, …, Aunque no encontré más grabaciones de Cabrera, paulatinamente, fui descubriendo una gran cantidad de nueva y desconocida música –al menos para mi- iniciando un recorrido a saltos donde una grabación me llevó a otra, un músico a otros músicos y en medio algún vídeo en YouTube. Inicialmente aparecieron dos nombres claves. Uno, el periodista musical cubano Joaquín Borges Triana que había escrito un artículo sobre el álbum de Felipe Cabrera, así como algunos otros sobre los jóvenes músicos de jazz cubanos. Sus artículos en la revista “La Jiribilla” fueron una magnífica orientación inicial. El otro, el pianista cubano Harold López Nussa (1983) con el que Felipe Cabrera había colaborado como músico de estudio en, los que creo son, sus dos mejores álbumes: Herencia (2009) y El país de las maravillas (2011). De los seis álbumes que tiene editados, Herencia, es el álbum que recomiendo. Una grabación en formación de trío, completado por su hermano el baterista y percusionista Ruy Adrián López Nussa, y con temas del propio Harold como “Herencia”, “Saudade” y “Timbeando”. También hay una versión de “Tears in heaven” de Eric Clapton, magistral, y “En el ISA”, otro de los temas destacados del álbum, compuesto por Felipe Cabrera.

Embebido en la música de López Nussa llegué a un álbum donde participa como músico de estudio: Ninety Miles (Concord/Universal, 2010). Noventa Millas es la distancia que separa a los Cayos de la península de Florida de la costa de Cuba. Más o menos la distancia entre Miami y La Habana. El álbum está firmado por el vibrafonista Stefon Harris, el saxofonista David Sánchez y el trompetista Christian Scott. Fue grabado íntegramente en La Habana a lo largo de una semana en paralelo a los ensayos de un único concierto que los músicos ofrecieron en el marco de Cubadisco, en Mayo de 2010. El álbum se compone de nueve piezas, tres compuestas por Stefon Harris, dos por David Sánchez, otras dos de Harold López Nussa y dos del pianista, también cubano, Rember Duharte (1976). Los dos pianistas cubanos aportan a la grabación, además, sus respectivas bandas y su participación va más allá de ser sólo “soporte” de los músicos norteamericanos. Los temas firmados por los dos músicos son realmente sobresalientes, especialmente “Congo”, de Rember Duarte. El CD cuenta con una edición de lujo que incluye un DVD con un documental, dos temas grabados en directo en el teatro Amadeo Roldán de La Habana y un cuadernillo interior de fotografías. En 2012 se editó Ninety Miles Live At Cubadisco, que recoge una hora de la grRember Duharte Cimarronabación en directo del concierto en La Habana. De Rember Duharte decir que tiene editados dos álbumes, En vivo (2007) y Cimarrón (2009). Además del piano toca la trompeta, su música es pura energía y, aunque no pierde la conexión afrocubana, su sonoridad y referencias son mucho más expansivas y abiertas. Todos los temas del álbum Cimarrón son de su autoría. El álbum es magnífico y destacaría los temas: “Palenque”, “Cimarrón”, “Gladiador”, “Otoño” o “Poseidón”.

Otro de los primeros músicos a los que llegué fue el pianista Rolando Luna (1978). Tiene dos álbumes firmados por él: En la luna (2001) y Alucinaciones (2010). Luna se graduó en el conservatorio Amadeo Roldán de La Habana y ganó el primer premio en el Concurso JoJazz de 1998. Desde entonces ha trabajado como músico de estudio y en actuaciones en directo con músicos de la trova, de la música de baile y el bolero, lo que se nota en su música. Empezó con el grupo de Omara Portuondo, donde hizo sus primeros arreglos musicales y en este momento toca con Buena Vista Social Club. Su segundo álbum, Alucinaciones, es esplendido, con una digitación cristalina, donde mezcla jazz, música popular cubana y música académica con sensibilidad, inteligencia y pocos prejuicios. Temas como “Alucinaciones”, “Con toda la luz”, “Deep Love” o “Samba con clave” le otorgan un lugar destacado en el movimiento de jóvenes jazzistas cubanos. En 2009, grabó un hermoso y calido álbum a dúo con el trikitilari vasco Kepa Junkera, Fandango-Habana Sessions.

Otro músico sorprendente con el que me encontré es el saxofonista Tony Martínez. Graduado de la Escuela de Artes de Camagüey, toca el saxo alto y el tenor, además del piano y las percusiones; también coTony Martinez The Cuban Powermpone y realiza los arreglos de su grupo, The Cuban Power. Como los anteriores, es un músico renovador y creativo, a la vez que consciente de sus raíces. Martínez no es ajeno al jazz moderno de saxofonistas como Parker, Coltrane, Dolphy o Sonny Stitt, tampoco a la timba, la rumba y otras músicas de baile cubanas, su música es un jazz fuerte, casi bailable, enérgico y agresivo. Tiene tres álbumes en el mercado. El último es Tony Martínez & The Cuban Power (2010), donde recopila material de los otros dos álbumes anteriores: La Habana vive (1998) y Maferefun (1999).

En Xalapa, México, durante el 4º Festival Internacional JazzUV, en 2011, pude escuchar en directo en dos ocasiones a otro pianista cubano, Iván “Melón” Lewis. Una como músico acompañante de Giovanny Hidalgo en un increíble concierto en el Teatro del Estado, la otra el día siguiente en un concierto en solitario en el Café-Teatro “Tierra Luna” –su directo me pareció impresionante. Este músico vive en España desde 1998 y acompaña a otros artistas, entre ellos a Concha Buika. En 2009, tuvo una participación destacada en el álbum Colina Serrano Project de Javier Colina y Antonio Serrano. Tiene publicado un álbum, Travesía (2010), un CD-DVD donde colaboran otros músicos cubanos que residen en España: Ariel Bringuez al saxo tenor, Román Filiu en el saxo alto, Reinier “El Negrón” Elizarde al contrabajo, y Lukmil Pérez en la batería. En estos días prepara su segundo álbum, Ayer y Hoy.

En este mismoFrancisco Mela - Cuban Safari Tree Of Life festival también tuve la oportunidad de conocer y escuchar al baterista Francisco Mela (1968). Mela vive en Nueva York y ha trabajado como acompañante de músicos como Emiliano Salvador, Joe Lovano, Kenny Barron o McCoy Tyner, entre muchos. Tiene tres álbumes propios: Melao (2006), Cirio (2008) y el último, el muy recomendable: Tree Of Life (2011). En los dos últimos años ha trabajado con la saxofonista chilena Melissa Aldana, a cuyo repertorio también aporta temas compuestos por él.

Podría seguir presentando músicos. Son muchos, sería largo. Propongo al lector que revise la discografía recomendada al final del artículo y, con Google como herramienta, dé contenido informativo al listado de músicos y grabaciones recomendados. Teniendo en cuenta, naturalmente, que los límites de cualquier selección discográfica son el criterio, gusto e información del que la hace.

De los músicos nombrados hasta ahora, sólo Roberto Luna y Harold López Nussa viven en Cuba. Felipe Cabrera y Rember Duharte viven en París, Tony Martínez en Suiza, Melón Lewis en España y Francisco Mela en Nueva York. El sistema educativo cubano forma músicos con una alta cualificación profesional, muchos de ellos salen de la isla buscando mejores condiciones de vida, laborales y económicas, y encuentran acomodo en muchos países dado su alto grado de calidad instrumental y formación profesional. La diáspora internacional de los músicos cubanos está muy bien documentada por Joaquín Borges Triana en su libro Músicos de Cuba y del Mundo. Nadie se va del todo (Cuba, 2012) y el caso particular de los músicos de jazz ha sido estudiado por Camila Cortina Bello. Su estudio ha sido publicado como un capítulo del libro Jamsession, La Nueva Generación (Cuba, 2012), este libro es una compilación de textos sobre el jazz actual cubano coordinada por la musicóloga Carmen Souto. Los cinco capítulos que completan el libro son otras piezas importantes para conocer el nuevo jazz cubano. Su lectura es muy recomendable para quién quiera conocer que está pasando con el jazz en la isla, revisa cómo se construye y articula el espacio del jazz en Cuba, dónde y cómo se hacen tanto los músicos como las audiencias y cuáles son las condiciones de existencia del jazz en el país: cómo se materializa y fluye socialmente.

Camila Cortina BellHarris Sanchez Scott - Ninety Mileso ofrece muchas claves para contextualizar el actual jazz cubano. En el capítulo que escribe, “Trayecto de una cubanidad en movimiento: Migración de jóvenes jazzistas hacia España”, la autora plantea como, desde la década de los ´60, el jazz se ha ido construyendo como un espacio musical alternativo fuera de la academia, pero paralelo a ella y que a partir de la década de los ´80 se ha legitimado como parte de la cultura musical popular cubana. En cierto modo, la comprensión de la música y la cultura es un producto directo de nuestra exposición a la música y a la cultura. Así, en la década de los sesenta, los programas académicos de enseñanza cubanos reproducían el modelo europeo que llegaba desde la antigua URSS, a través de los profesores soviéticos que trabajaban en los conservatorios y centros de educación musical de la isla. Unos profesionales altamente cualificados a nivel didáctico y técnico-interpretativo que enfocaban la docencia como formación de futuros interpretes concertistas y profesores. La música popular quedaba fuera de la academia. Sin embargo, la música popular siempre ha sido un componente cultural importante en las señas de identidad del cubano y muchos músicos buscaron acercarse a ella simultáneamente a su formación en los centros de arte cubanos, de modo que al terminar los estudios pasaron a trabajar profesionalmente en el ámbito de la música popular.  Por otro lado, dentro de la música popular, la música de baile siempre ha sido una posibilidad de trabajo y mejora económica para los músicos, en especial en los ´90, cuando apareció y se puso de moda “la timba”, una música de baile híbrido de muchos estilos precedentes. En el caso del jazz en la década de los ´80 comienza a gestarse una escena jazzística en La Habana que ha venido desarrollándose hasta hoy, con músicos con un alto nivel de interpretación y de composición.

En gran medida, la formación jazzística de los músicos ha sido producto de la colaboración entre músicos noveles y consagrados. Se puede decir que la iniciación y aprendizaje del jazz en Cuba se realiza tocando con los compañeros, en los conciertos, pero también con los maestros, músicos de jazz como Joaquín Betancourt, Bobby Carcassés o Chucho Valdés, que han propiciado el interés y aprendizaje de los más jóvenes por el jazz. Por ejemplo, la Big Band de Joaquín Betancourt se ha convertido en una de las cátedras no oficiales de jazz en la isla, un espacio disputado entre los jóvenes que quieren iniciarse en el jazz. También lo han sido las casas particulares de muchos otros músicos, como la del propio Bobby Carcassés.

Otro de los Fotoelementos dinamizadores de la escena jazzística cubana ha sido el Festival Internacional Jazz Plaza, iniciativa precisamente de Bobby Carcassés, que desde Febrero de 1978 viene celebrándose en la ciudad de La Habana. En este Festival han participado jazzistas de todo el mundo junto a jazzistas cubanos, siendo decisivo no sólo en la presentación y difusión del jazz internacional entre la audiencia cubana, también como espacio de encuentro, comunicación e intercambio entre los músicos de la isla y jazzistas de otros países. Por sus escenarios han pasado los jazzistas más importantes del jazz mundial y hoy es un referente internacional. Otro festival cubano es el concurso JoJazz; un evento anual que se realiza en La Habana desde el año 1998 gracias a la iniciativa de varias instituciones cubanas. El Festival-concurso JoJazz se celebra la última semana del mes de Noviembre y en paralelo a los conciertos del concurso, igual que ocurre en el Jazz Plaza, se llevan a cabo clases magistrales, conferencias y otras actividades culturales vinculadas con el jazz. Los músicos participantes provienen en su mayoría de las escuelas nacionales de arte, conservatorios e institutos superiores de todo el país. JoJazz sirve como carta de presentación de estos jóvenes músicos al darles visibilidad pública. Desde 2004, los ganadores del concurso tienen la posibilidad de grabar un álbum para la discográfica Colobrí, integrada en el Instituto Cubano de la Música. Estas grabaciones conforman la colección “El joven espíritu del jazz cubano” con un catálogo que, en este momento, contiene lo mejor de la creación jazzística de las nuevas generaciones de músicos cubanos. La conjunción de la colección discográfica y el Festival JoJazz ha fortalecido la escena jazzística cubana facilitando la integración y visibilidad de los músicos más jóvenes. Por un lado el concurso ha servido de escalón para que los músicos jóvenes puedan participar con sus propios proyectos en el Festival Jazz Plaza y otros eventos, por otro lado la casa discográfica, en colaboración con el Centro Nacional de la Música Popular y el Instituto Cubano de Música, organiza conciertos dentro y fuera del país, distribuye comercialmente las grabaciones en el mercado y facilita la difusión y promoción de lo músicos en los medios.

Los talleres y clases magistrales que se realizan durante los dos festivales, tanto en el JoJazz como en el Jazz Plaza, son otros espacios de formación no formales que facilitan a los jóvenes músicos cubanos entrar en comunicación directa con profesionales del jazz –no sólo músicos cubanos sino también prestigiosas figuras internacionales. Por otro lado, existen programas de intercambios académicos con universidades y conservatorios de Canadá y de otros países que permiten a los jóvenes cubanos asistir a cursos de jazz y ampliar sus conocimientos. Por ejemplo están los cursos de verano en Canadá donde participan jóvenes estudiantes cubanos interesados en el jazz y a la vez permite que jóvenes músicos canadienses vayan a Cuba. Otros de los intercambios más importantes que se han producido han sido los liderados por el Lincon Center en Cuba, en varias ocasiones ha habido intercambios entre estudiantes norteamericanos y cubanos en diferentes formatos instrumentales. También el sistema de enseñanza La zorra y el cuervofacilita becas en diferentes lugares del mundo con el objetivo de favorecer la formación jazzística de los nuevos egresados.

En Cuba los músicos pueden tocar jazz en muchos y en pocos sitios, según las circunstancias y la coyuntura del momento. Algunos hoteles suelen contratar bandas de jazz y en La Habana de forma continuada se ofrece jazz en directo en el club “La Zorra y el Cuervo” y en el “Café Miramar”. También, con frecuencia no contrastada, en la “Fábrica de Arte Cubano” (F.A.C).

En lo relativo a los medios de comunicación, al aparataje informativo-mediático –también fundamental en la formación informal de los músicos y de las audiencias- la revista digital D´CubaJazz, tiene su importancia: es una completa e-zine con toda la información necesaria para conocer el acontecer del jazz cubano y sus músicos. Muy bien organizada, es de fácil manejo y conexiona el jazz cubano con el jazz internacional. También está el programa de radio, La Esquina del Jazz, que se emite de lunes a sábado en CMBF, Radio Musical Nacional. Ofrece información acerca del jazz cubano y extranjero, además de promover el trabajo de los jazzistas nacionales. Este programa está en antena desde 1969. El periodista José Do Santos dirige la revista digital y escribe y produce La Esquina del Jazz. En televisión está el programa A todo Jazz, que se emite los viernes a las 10 de la noche, por el canal Educativo 2, con entrevista a jazzistas, conciertos, presentación de discos, etc. Durante 2010-11 se podía veD Cuba Jazzr en España en la cadena M.I.SOL, en la TDT (yo lo seguí durante varios meses hasta que se dejó de emitir). También destacar la ya citada revista cultural La Jiribilla, donde el jazz es uno de los temas frecuentemente reseñados en sus informaciones y la revista cubana de música, Clave, que tiene varios números monográficos dedicados al jazz cubano.

El rostro del jazz cubano actual, o del jazz hecho por cubanos ahora, es el pianista Chucho Valdés, que junto a otros músicos de su generación como Arturo Sandoval y Paquito de Rivera, tal vez sean los jazzista cubanos más conocido en España. Suelen venir de gira, participar en festivales y sus grabaciones circulan por el país desde hace tiempo. Pero el jazz cubano contemporáneo es bastante heterogéneo y diverso. Músicos de generaciones más jóvenes, como los pianistas Gonzalo Rubalcaba (1963), Ramón Valle (1964), Omar Sosa (1965), que comenzaron a trabajar en la década de los ´80, o músicos aun más jóvenes como Roberto Fonseca (1975), están cambiando la imagen del jazz cubano en España. Además, naturalmente, de la nutrida colonia de músicos cubanos que tenemos la suerte de disfrutar en el país los aficionados al jazz: Reiner “el Negrón” Elizarde, contrabajista; Alain Pérez, bajo; Ariel Bringuez, saxo; Román Feliú, saxofón; Vistel Brothers, saxo y trombón; Julio Montalvo, trombón; Michel Oliver, batería; Javier Massó “Caramelo”, piano; Iván “Melón” Lewis, piano; Arturo Mena, piano; Jorge Reyes, contrabajo; Georvis Pico, batería; Pepe Rivero, piano; Carlos Sarduy, trompeta; Lukmil Pérez, batería; …; que han sabido integrarse en la escena española. El jazz cubano actual suena de otro modo y se escucha de otro modo. El espacio conceptual en el que se mueven los músicos es un espacio que se nutre de muchas fuentes provenientes de diferentes focos de información y formación. El jazz otorga identidad musical y un campo de referencias desde el cual trabajar, crear y pensar la música. La música fluye cargada de nuevas y diferentes connotaciones.

El trabajo de documentación y escritura de este artículo se ha realizado a través de los medios de comunicación disponibles y el amable diálogo e intercambio de información con músicos, críticos y otros profesionales cubanos vinculados al jazz. El nuevo jazz cubano va a dar mucho que hablar en un futuro próximo. Cada año salen de las escuelas decenas de jóvenes con gran talento que quieren dedicarse al jazz y están revolucionando el panorama musical, no sólo en su país. Unos músicos que básicamente lo tiene casi todo: una formación sólida y de calidad, capacidad, empuje y lucidez al enfrentarse al trabajo creativo, una infraestructura de apoyo mínima pero efectiva, una cultura musical en torno al jazz importante, y capaz de activar reacciones críticas y creativas entre los jóvenes músicos, y una tradición musical que es parte importante de las señas de identidad del cubano. Sólo les falta espacio para hacer su música, espacios donde su música se escuche y ellos puedan hacer sus proyectos realidad.

 © Julián Ruesga Bono, 2014

 

Sucinta discografía, 25 muestras

  • Alfredo Rodríguez Salicio – Sounds of Space (2012)
  • Ariel Bringuez – Raíces en Colores (1999)
  • Aruan Ortiz Quartet – Orbiting (2012)
  • Carlos Sarduy – Charly en la habana (2006)
  • Dafnis Prieto – Taking The Soul For A Walk (2008)
  • David Virelles – Continuum (2012)
  • Elio Villafranca – Incantation, Encantaciones (2003)
  • Ernán López-Nussa – From Havana To Rio (2001)
  • Ernesto Vega – Venir al mundo (2009)
  • Felipe Cabrera – Night Poems (2014)
  • Francisco Mela – Tree Of Life (2011).
  • Germán Velasco & Jorge Reyes – Latin Jazz Live! From Cuba (2005)
  • Harold López-Nussa – Herencia (2009)
  • Horacio El Negro – Italuba II (2007)
  • Julio Barreto Latino World – Live & Rhythm (2009)
  • Manuel Valera – Expectativas (2013)
  • Marialy Pacheco – Tokyo Call (2013)
  • Omar Sosa – Mulatos (2004)
  • Rafael Zaldivar – Drawing (2014)
  • Ramón Valle Trío – Playground (2011)
  • Ramón Vázquez – On The Move (2004)
  • Rember Duharte – Cimarron (2009)
  • Roberto Fonseca – Zamazu (2003)
  • Rolando Luna – Alucinaciones (2010)
  • Tony Martínez – & The Cuban Power (2010)

(A Jordi “Chumancera”, con afecto y gratitud)

 

 




Chema Sáiz: el trío es la formación donde mejor me encuentro, por Sergio Zeni

Nuevo encuentro entre Saiz y Tomajazz, en esta ocasión a través del correo electrónico. Entre los asuntos que tratamos no podía faltar el disco que el guitarrista madrileño registró este año con Toño Miguel y Borja Barrueta. Pero antes Chema nos permitió conocer un poco el ayer y el hoy de ese aficionado que todo músico profesional lleva dentro. Aquí nos habla de sus gustos, de sus hábitos, de los conciertos que últimamente no ha querido perderse y recomienda algunos discos para todo aquel que quiera tomar nota. Como complemento a la entrevista, encontraréis las palabras de Arturo Mora Rioja incluidas en el cuadernillo de Trio Album.

Chema Sáiz © Sergio Cabanillas, 2006

Chema Sáiz
© Sergio Cabanillas, 2006

La primera escuela.

«Tuve la gran suerte de ir conociendo el jazz paralelamente a su evolución en la historia, más o menos. Lo primero que cayó en mis manos fue un disco del Hot Club de Francia llamado Swing ’35-‘39, y por un lado me parecía increíble lo que oía, y por otro, la música la comprendía perfectamente, como a cualquiera le pasaría, así que disfrutaba observando como encajaban esas maravillas musicales que hacían Django y Grappelli en esas canciones tan sencillas y tan bonitas. Un amigo me habló de Joe Pass y por casualidad encontré en Madrid un disco suyo (hablamos del año 79), el Virtuoso 2, de guitarra sola. No daba crédito a mis oídos, y menos crédito aun a que, de la gente que conocía personalmente, no le gustaba a casi nadie. Y llegó el tercero en discordia: Wes Montgomery, de quien lo primero que oí fue parte de sus grabaciones en Paris en 1965. La reacción a estas escuchas fue casi inmediata: comencé a descifrar nota por nota lo que hacían. Y fue esta mi primera gran escuela de jazz. Esto difícilmente se hubiera dado si antes no me hubiera empapado de los discos que mi padre tenía de los Indios Tabajaras, expertos en embellecer todavía más las melodías más bellas del mundo (que a fecha de hoy para mí casi lo siguen siendo), si no me hubieran comprado el single “Entre dos Aguas” de Paco de Lucía, y después el LP Fuente y Caudal, y si no hubiera integrado con compañeros del instituto formaciones dedicadas a la música folklórica española, y por tanto, si no hubiera buceado en lo que hacían los grupos folk de moda entonces, como Nuevo Mester, Jarcha –que me encantaba–, incluso Mocedades y Nuestro Pequeño Mundo. Me gustaba sacar las melodías armonizadas para luego cantarlas nosotros. Ni hubiera ocurrido si no hubiera estudiado, aunque a mi modo –o sea, mal– la guitarra clásica, ni hubiera ocurrido si no hubiera participado entre los 9 y los 13 años en el coro de la iglesia tocando cada domingo una pieza clásica en la parte de la consagración, y por supuesto no hubiera ocurrido si mi padre, que era músico semiprofesional, y mi hermano mayor no me hubieran enseñado los primeros acordes y las primeras canciones».

Chema Sáiz © Sergio Cabanillas, 2006

Chema Sáiz
© Sergio Cabanillas, 2006

«El primer concierto de jazz que me impactó fue en el Café Manuela de Madrid cuando vi al Hot Club de Madrid, cuyo repertorio era casi el mismo que el del de Francia. Me dejó completamente boquiabierto. En el mismo lugar poco más tarde vi –y esto él no lo sabe– a Ángel Rubio, y tampoco di crédito. Éste me contó que su guitarrista preferido era Jim Hall, de quien no hace falta decir que no era fácil encontrar un disco suyo, y por una feliz casualidad di con –yo creo– el mejor: Live. Desde que, por aquella época, conocí el jazz, me embebí de él durante unos diez años más o menos, en los que no me interesaba ningún otro tipo de música. Especialmente me encantaba el be bop y sus evoluciones y ramificaciones. Fue Charlie Mingus quien me llamó especialmente la atención en cuanto a la expresión de la música. Él y quienes trabajaban para él: Danny Richmond, Eric Dolphy (especialmente), Ted Curson, Booker Ervin… Yo lo vivía como una forma muy visceral de tocar, con constante juego y comunicación; más tarde escuché a Abercrombie, Metheny y Scofield, en los 80, y me dejaron boquiabierto, cada uno con su estilo; después conocí a Lennie Tristano y aun hoy sigo sin creer lo que oigo cuando le oigo; Monk también me llamó especialmente la atención, así como Jim Hall. Y a mediados de los 90 retomé la carrera que había poco más que iniciado, de guitarra clásica, cuyo grado superior lo terminé en el 99. Evidentemente eso me hizo tomar mucho interés por la música llamada culta, o clásica».

El aficionado que hoy convive con el profesional.

«Últimamente me atraen mucho Chris Potter, Adam Rogers, Charlie Haden, Steve Swallow, Terence Blanchard… Y voy a citar a Perico Sambeat, cuyo último disco, Ziribuye, me parece una obra de arte: impresionantes composiciones, arreglos, improvisaciones, y todo ello hecho con un magnífico buen gusto. Pero lo cierto es que hay decenas de músicos con los que disfruto especialmente en los últimos tiempos. Ahora me estoy acordando de Brad Melhdau tocando a piano solo. Me suele gustar aquello que teniendo base en la tradición aporta elementos novedosos y que agrada. La novedad por la novedad, si no tiene sentido musical –sentido para mí, claro– no me interesa».

Chema Sáiz © Sergio Cabanillas, 2005

Chema Sáiz
© Sergio Cabanillas, 2005

«Realmente todo lo que escuche va a influir tarde o temprano, directa o indirectamente, y en todo, además de en la condición de guitarrista, en la de compositor: en la de músico en general. Y vaya por delante que no es el jazz lo único de lo que me alimento. Escucho e interpreto otros géneros».

«Por supuesto escucho música clásica, especialmente Bach, Debussy, Stravinsky, Borodin… La verdad que la lista es bien larga. Pero quisiera resaltar que en las últimas semanas estoy enamorándome de la música de Federico Mompou. Es increíble lo que ese hombre ha escrito. Me lo hizo escuchar una entrevista que leí a Ismael Dueñas. Escucho también a Hendrix, a los Screamin’ Headless Torsos, Björk, Tower of Power, música hindú, árabe, turca… La verdad es que me levanto por la mañana y me puedo poner a Wagner, a Nat King Cole en español, a Pedro Guerra o a Coltrane».

«A la hora de elegir discos, a veces lo hago porque he leído alguna recomendación en una entrevista. Otras, porque el líder me ofrece total garantía. Por ejemplo: si me encuentro un disco nuevo de Scofield, va a la saca inmediatamente, porque me da igual lo que haga: siempre son genialidades. Otras veces me arriesgo sin conocer al líder pero conozco a los músicos que lo acompañan. Lo más generalizado es tener en cuenta las recomendaciones hechas por músicos a los que admiro».

«A decir verdad, no estoy a la última de lo que hay en el mercado, y de hecho no es mi prioridad adquirir lo último que ha salido. Creo que lo único que he oído de 2005 y 2006 es lo de Sambeat, lo de Blanchard y lo de Potter, y desde luego los recomiendo los tres».

«En cuanto a conciertos, últimamente he visto a los Torsos, a Javier Vercher, a Rosenwinkel, a Sambeat, a Concha Buika, a Baldo Martínez… Me han gustado todos, pero especialmente Los Torsos y Rosenwinkel. Son espectáculos excepcionales, de verdad».

Álbum en trío.

Chema Sáiz / Antonio Miguel / Borja Barrueta © Sergio Cabanillas, 2006

Chema Sáiz / Antonio Miguel / Borja Barrueta
© Sergio Cabanillas, 2006

«En Trio Album hay once temas originales que están tocados con mucha frescura. Eso quiere decir que los temas los conocíamos poco más que del papel, aunque esta vez sí hubo un par de ensayos, y esto hace que bucees en cada tema sin saber muy bien lo que te vas a encontrar, lo cual para mí es un atractivo; son composiciones muy normales, con armonía corriente y estructuras corrientes, sin ningún ánimo de malabarismo musical, lo cual supone que al no erudito también le llega la música, cosa que me interesa mucho. Hay cuatro baladas, lo cual a mí me sugiere que el disco tiene cierto carácter intimista, y ello se contradice un poco con el directo, donde ocurre más bien lo contrario. Es el primero de no sé cuántos discos que haré a trío. La verdad es que es la formación donde mejor me encuentro».

Toño y Borja.

Antonio Miguel © Sergio Cabanillas, 2006

Antonio Miguel
© Sergio Cabanillas, 2006

«La música estaba compuesta antes de juntarnos para el disco, unos temas más recientes y otros menos. No está diseñada especialmente para trío, ni para Toño y Borja, sobre todo porque a este último no le conocía. A Toño sí, tocó una vez en mi grupo con una solvencia bien sobrada y con un diez en profesionalidad. Ni por asomo suponía lo fantásticamente que me iba a llevar con ellos musicalmente, y personalmente debo decir que son encantadores. Para mí les pasa un poco lo que a la música, que son personas normales (lo cual agradezco), sencillas y no te miran por encima del hombro porque uno viva en Nueva York estudiando con Patitucci y otro esté solicitado por toda España para tocar. Me encanta que sea la cordialidad y no la prepotencia la que nos una».

«El haber dado con ellos para el disco fue fruto de una feliz casualidad. Estaban pensadas otras personas, lo que no pudo darse por incompatibilidad de fechas y algún otro contratiempo. Cuando hablé tanto con uno como con otro, la verdad es que lo único que me ofrecían era facilidades: disponibilidad para ensayos, implicación y entrega máxima en el proyecto, acuerdos económicos, la cordialidad de que hablaba. En fin, que estoy encantado. Este trío no es un proyecto puntual. Mi idea es que dure mucho tiempo y que esto no haya sido nada más que el comienzo».

Los arreglos.

Borja Barrueta © Sergio Cabanillas, 2006

Borja Barrueta
© Sergio Cabanillas, 2006

«Con respecto a los arreglos, son míos, aunque Toño y Borja durante el viaje musical toman el timón de vez en cuando y al final hemos ido por otro camino al mismo sitio, o a veces hemos llegado a diferente lugar. Con esto digo que ellos han retocado bastante las ideas originales».

Jazz auténtico en una sola jornada.

Chema Sáiz y Pablo Baselga © Sergio Cabanillas, 2006

Chema Sáiz y Pablo Baselga
© Sergio Cabanillas, 2006

«La verdad que el hecho de haber tenido que registrar todo el material en un día sí que influye, y no positivamente, porque de hecho hay unas cuantas cosas que las hubiera hecho otro día, pues ese día no salían muy bien. Y sí, hay un cierto estrés, que entre otras cosas anula el disfrute de la grabación. Pero bueno, se aprende de la experiencia con el objetivo de hacerlo mejor en la siguiente. Aunque luego uno se siente muy bien después de haber hecho el disco en un día: eso habla de que es un disco de jazz auténtico, con sus riesgos asumidos, con unas cosas más bonitas y otras menos, sin trampas… y eso es lo que hay».

La producción.

«A la hora de producirlo he tenido dos suertes. La primera que Joan Ballesté, director del sello Satchmo, se comprometió a publicar el disco en 2006, sin ni siquiera haberlo oído (era imposible, no existía) y lo cumplió. La otra, que Sergio Cabanillas se ha implicado también en la producción tanto económicamente como en otros hechos, como por ejemplo la fotografía. Además, creo que es quien más ilusionado está con el proyecto, y debo agradecerle a él muchos de los conciertos que hago, así como entrevistas y eventos varios. Se podría decir que es el primero que de verdad ha creído en mi música y que la defiende y ensalza como nadie lo había hecho hasta entonces».

Chema Sáiz © Sergio Cabanillas, 2005

Chema Sáiz
© Sergio Cabanillas, 2005

Nuevos proyectos.

«Ahora estoy grabando para la ONJE (Orquesta Nacional de Jazz de España) unas obras que su director y compositor, Ramón Farrán, denomina “Jazz Sinfónico Español”, en las que no toco la guitarra eléctrica, sino la española, más bien la flamenca. En este disco de próxima publicación hay grandes figuras internacionales del jazz, así como de flamenco. También integro el grupo del baterista Carlos González, Sir Charles + Cinco, en el que se expone un proyecto con la obra de Oliver Nelson».

© Sergio Zeni, Tomajazz, 2006


Chema Sáiz Trío Album

Chema Sáiz
Trío Album

¿Qué es arte? ¿Qué es música? ¿Qué es jazz? ¿Dónde acaba la interpretación y comienza la improvisación? Cuestiones todas ellas sin clara respuesta, siempre han provocado las delicias de teóricos extremistas, estandartes de la sinrazón dedicados en cuerpo y alma a encendidas discusiones abocadas de antemano al fracaso. Me hubiera encantado ver a esos portadores de inexistentes dogmas en la sesión de grabación de este CD. A buen seguro habrían abandonado sus demagógicos monólogos para centrarse en la escucha y el disfrute, en la sensación y el sentimiento, en el aprendizaje y la admiración. Y es que todo ello tiene cabida en este Trio Album, cuarto proyecto discográfico del guitarrista Chema Saiz, en el que vuelve a confirmarse como un valor seguro dentro del nuevo jazz europeo, demostrando su continua evolución hacia la conjunción de sabia experiencia e insolente atrevimiento.

Para adentrarse en esta aventura musical, Saiz cuenta con los compañeros de viaje ideales, jóvenes con contrastado bagaje, academicismo al servicio del riesgo y mucha, mucha frescura. La sección rítmica refuerza el diálogo musical de su líder llevándole y dejándose llevar por él. Al contrabajo y bajo eléctrico sin trastes (el popular fretless), Toño Miguel muestra una asombrosa claridad de ideas, precisión al servicio de lo inesperado y un fraseo de articulación poderosa. El bilbaíno Borja Barrueta, pura imaginación, efectúa durante todo el disco un impecable ejercicio de escucha y reacción, respondiendo inmediatamente a las evoluciones de sus compañeros, subrayándolas y haciéndolas subir peldaños en el escalafón expresivo. Por si fuera poco, las composiciones son la guinda del pastel, completando un todo donde contraste y cohesión se dan la mano con naturalidad, dejando espacio para la calma, la intensidad, la reflexión, la risa, la liberación de tensiones y el sobrecogimiento más estremecedor.

La atmósfera cálida del primer corte, “Floralba”, deviene del trabajo armónico y el aprovechamiento de espacios sobre métrica ternaria sutilmente marcada. La diversión viene de la mano del shuffle en un “Marketing” (anteriormente conocido como “Canción que parece comercial pero que luego no lo es”) donde destaca el juego de caja de Borja Barrueta sobre la línea cromática que aparece durante todo el tema. En la increíble adaptación del clásico popular “Que llueva (la Virgen de la Cueva)”, partiendo de una melodía sencilla, Chema conforma un paisaje original y sofisticado, rítmicamente atractivo y candidato a provocar obsesión por su escucha en la mente del oyente. La primera frase del solo de guitarra es una auténtica obra de arte por sí sola, el acompañamiento abierto del contrabajo aporta un brillo especial y la parte previa a la vuelta final de melodía ofrece una excelente muestra de batería moderna, en la línea de los trabajos más innovadores del jazz actual. Es el aro de la caja de dicha batería el que manda en “Latín”, el guiño sudamericano donde Saiz prueba distintos timbres gracias a su colección de pedales de efecto, y donde Toño Miguel nos deja una improvisación fantásticamente construida. “Melodía natural” es una balada a la que no haría justicia el término “atmosférica”, debido al peso de su contenido. Abierta y sensible, contempla cómo la sección rítmica bisela con sumo cuidado las líneas melódicas del líder, reaccionando con clase a los reclamos musicales de éste. Y si alguien echaba de menos la velocidad, la puede encontrar en “Mero trámite”, compañera de tránsito de complejos desplazamientos rítmicos en la melodía y no exenta de diversión en algunos pasajes.

Nuevo momento para la relajación con la entrada de contrabajo a “I814075” (número de serie de la guitarra que lleva acompañando a Chema Saiz desde 1982), cuya economía de acordes supone un descenso de revoluciones para los oídos. Algo grande se está fraguando, y es nuevamente Toño el que cierra este tema y abre el siguiente, “Malos modales”, con una introducción solemne y melódicamente cautivadora. Ideal punto de partida para la pieza más extensa del CD, una obra de arquitectura neo-jazzística donde Chema aprovecha la libertad de la armonía modal para explorar territorios inusuales, haciendo un sabio uso de desarrollos motívicos y huyendo de la pirotecnia y la dificultad injustificada en un tema que podría invitar a ello, dada su movida métrica en 6/8. Solos largos y muy bien construidos, con paciencia y cambios de dinámicas, riffs de contrabajo libremente ejecutados, enorme trabajo de Borja Barrueta a la batería (solo incluido), precisión en los obligados rítmicos, … Y, para contrastar, “Buenos modales”, donde el uso de la guitarra española aporta colores distintos sobre una curiosa estructura métrica de compases entrelazados de 3/4 y 5/4. “Todos iguales” aporta el punto cercano al funky. Bajo eléctrico y buen ambiente para ir acabando y, tras el aire marcial y decidido del redoble de caja inicial, un buen solo de contrabajo nos acerca a “Mambrú”, recreación de la canción tradicional “Mambrú se fue a la guerra” cuyo delicioso arreglo ya presentara Chema Saiz en su Solo album de 1999, pero que toma nuevas dimensiones en esta interpretación en trío, donde los delicados arpegios de guitarra se ven arropados con finura y elegancia.

Así es Trio Album, un disco con pasajes oscuros conceptualmente encuadrables dentro de la visión contemporánea del jazz practicado en el Viejo Continente, con baladas sutiles donde la aparente sencillez invita a escuchar cada nota, con divertidísimas evoluciones que harían sonreír a una piedra y, lo más destacable, con una sensación de cohesión estructural poco común en una obra tan variada. Creador ante todo, es increíble cómo Chema Saiz es capaz de adaptar el lenguaje de la guitarra a cualquier contexto musical, eliminando barreras preconcebidas y ampliando considerablemente el rango estilístico de una formación tan habitual hoy en día. Interpretación, acompañamiento e improvisación son abordados con tanto nivel de detalle y, a la vez, tanta naturalidad, que a veces cuesta creer que sólo estemos escuchando tres instrumentos. He aquí una excelente muestra de jazz moderno donde los análisis formales no tienen más sentido que el puramente descriptivo, donde arte y entretenimiento se funden en un todo compacto, y donde las preguntas pertinentes no son ¿es arte? ¿es jazz? ¿hay improvisación?, sino ¿cuándo graban el próximo?

© Arturo Mora Rioja