Chano Domínguez Sextet (Café Berlin, Madrid. 2019-03-27) [Concierto]

Por Cool Cat.

  • Fecha: miércoles, 27 de marzo de 2019
  • Lugar: Café Berlín, Madrid
  • Grupo:
    Chano Domínguez Sextet
    Chano Domínguez: piano
    Pablo Martín Caminero: contrabajo
    Guillermo McGill: batería
    José Manuel Ruiz “Bandolero”: cajón flamenco
    Blas Córdoba: cante
    Daniel Navarro: baile

Chano Domínguez: tacita de jazz

“Música para una inmensa minoría”, titula el anuncio del espectáculo. Chano Domínguez vuelve al Café Berlín. Trae consigo el uniforme de los domingos. El sexteto de las grandes ocasiones. La propuesta es ya conocida. Siempre bien recibida. El pianista ofrece un recital de casta flamenca y chispa latina. Gran notoriedad internacional lo precede. Amén de un rincón vitalicio en el Olimpo del jazz español. Atrás queda el recuerdo del documental Calle 54. Música de una España que permitía fumar en los bares. Música para una inmensa mayoría.

El concierto empieza con cierto retraso. Sorprende el lleno sin paliativos. La cola serpentea Costanilla arriba. Dentro del Café, apenas un alfiler holgado. Algo excepcional para un miércoles a las once de la noche. Aparecen por fin Chano Domínguez y compañía. Nombres con arraigo copan las tablas. Guillermo McGill en la batería. Martín Caminero sustituye a Colina en el contrabajo. José Manuel Ruiz, Bandolero, en el cajón flamenco. Blas Córdoba al cante. Daniel Navarro al baile. Aplausos y los primeros agradecimientos. Junto a ello, el orden del cuadro flamenco.

Comienza con “Alegria callada”, del disco Imán. Chano abruma desde los primeros compases. Suya es la maestría del alborozo por alegrías. La noche esconde el homenaje constante a Cádiz. El público responde con escuetos “olés”. La percusión cobra protagonismo de forma paulatina. A ratos sabor a Tito Puente. A ratos garbo y empaque de Pericón de Cádiz. Sigue el tema “Vámonos pa’ Cai”. Una bulería de medalla. El pianista desenfunda sin rubor sus influencias. Recuerdos del corte de Rubén González o Michel Camilo. Una receta secreta de justas medidas.

Chano presenta a los músicos. Continúa con “Blue in Green” de Miles sobre un poema de Alberti. Córdoba se hace inmenso en la ejecución de “Canción 51”. El piano recoge el testigo necesario de la melancolía flamenca. Relucen destellos de Monk. El respetable se encuentra rendido y desarmado. Se suceden las ofrendas. Esta vez a Jerry González. “Rumba pa’ Jerry” alcanza el notable sin mucha dificultad. Bien es cierto que el ritmo imperioso pide a gritos el saxofón de Paquito D’ Rivera.

La velada avanza al concluir un receso innecesario. No obstante, el tiempo no corre en contra del conjunto. Esta segunda parte tiene nombre y apellidos: Daniel Navarro. El taconeo eclipsa; el baile remata con estoque. La sala enloquece y pide oreja. Constituye un elemento capital para la función. Una certera suma de enteros. En lo instrumental, velocidad de crucero. A destacar la impecabilidad del uruguayo McGill a la batería. Encauza con facilidad el palmeo de Córdoba y Navarro para trasladarlo a las cadencias de Chano.

Finaliza el concierto con un ansiado bis. El Café Berlín se sobrepone al ambiente enrarecido de conga. Chano Domínguez y su sexteto se despiden una vez rozado el sobresaliente. Poco importa la hora intempestiva del ya jueves. Los allí presentes reconocen la calidad de las interpretaciones. Una vez más, el arte de la Bahía de Cádiz conquista Madrid. Por suerte o desgracia, para el regocijo de la inmensa mayoría.

Tomajazz: © Cool Cat, 2019




Antonio Lizana (Café Berlín, Madrid. 2019-02-08) [Concierto]

Por Cool Cat.

  • Fecha: viernes, 8 de febrero de 2019
  • Lugar: Café Berlín, Madrid
  • Grupo:
    Antonio Lizana

Antonio Lizana y la bahía de Madrid

El ritual de la gira cuenta con varios puntos álgidos para el músico. Suelen coincidir con su primera y última fecha. El artista necesita la aprobación del público. Se trata del primer juicio a las posibles nuevas canciones. La primera puesta en escena. Los nervios afloran de forma constante. Lo cual es normal y evitable con mayor o menor maestría. En estos momentos se aprecia la grandeza de las bandas. Ayuda que el respetable responda con una buena taquilla. Del mismo modo, contribuye de forma favorable una buena localización.

Todos los factores se dan en esta interesante velada. Antonio Lizana se presenta en el Café Berlín. Dos pases a las 21 y 23 horas. Llenos y con cálida aceptación ambos. El artista gaditano sale a escena en formato de quinteto. Piano, bajo eléctrico, batería y saxofón alto en lo instrumental. En lo vocal la presencia de acompañante y bailaor. Mawi de Cádiz, para más señas. Aúna lo mejor de los factores de esta ecuación musical. Bien podría apostar más por el flamenco con cajón o guitarra. Bien por el jazz.

Comienza el espectáculo con reseñable puntualidad. Antonio Lizana agradece la asistencia. Esta es una noche especial y así lo anuncia. Suena “La semilla”, tema presente en el disco Oriente. El saxofonista muestra su potencial desde las primeras notas. Una mezcla de flamenco y jazz orientada al accesible sonido pop. Su ejecución es correcta. Recuerda a cálidos intérpretes de alto como Oliver Nelson. Por otro lado, las claras alusiones al Jorge Pardo de Dolores o a Manolo Morales. Una rendición notable a las cadencias flamencas tan místicas y deliciosas.

Sigue “Tú déjalo estar”, del trabajo De viento. Antonio Lizana recoge los aplausos del público. Mawi deleita con vivaces taconeos. Los neófitos ríen y comentan ante lo exótico del baile flamenco. Enriquece y aporta al conjunto más allá de lo musical. Lo cual no es baladí. Referencias a Carles Benavent por parte del bajista. Momentos rítmicos y solistas a partes iguales con buen rumbo. El piano embriaga con aromas latinos. Todo ello comandado por un ritmo de metrónomo por parte del noble batería iraní. Mención especial al palmeo. Más ligadas estas al cachondeo del directo.

Lizana advierte de la publicación de un próximo trabajo de estudio. Más noticias a finales de año. Mientras tanto, toca una pieza presente en este. Se trata de la conocida copla “El garrotín”. Un clásico con abolengo de Manuel Torre o La Niña de los Peines. También del grupo Smash. Quizá la versión más tarareada. La fiesta flamenca se apodera del Café Berlín. Se suceden las palmas y las armonías de Mawi y el saxofonista. Demuestran un conocimiento del arte flamenco adaptado al siglo XXI. Poco purista, pero con gancho para los menos aficionados al sonido de la Bahía de Cádiz.

“Déjate sentir”, del debut Quimeras en el mar, es un buen ejemplo de sensibilidad pop. La rasgada voz de Antonio Lizana casa con creces en este contexto. Hay momentos de brillo por parte del pianista. El público sigue los estribillos y se muestra presto a la interacción con el saxofonista. El pop vuelve en el tema “Volar”, último del recital. Las influencias parecen proceder de los grupos noventeros que abanderaron el Nuevo flamenco. En cualquier caso, de agradable escucha.

Antonio Lizana se despide de Madrid. El ensayo general con este primer concierto está aprobado con nota. No será un adiós, por supuesto. El saxofonista recoge el testigo de leyendas que aunaron el flamenco y la fusión de estilos. Una carrera prometedora para anunciar la buena noticia. Para llevar el aroma del Malecón de la Tacita de Plata a cualquier parte. La Bahía de Madrid aguarda expectante el nuevo disco y posteriores conciertos.

Tomajazz: © Cool Cat, 2019




Michel Camilo “Solo Piano” (JazzMadrid18. 2018-11-15) [Concierto]

Por Coolcat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 15 de noviembre de 2018.
  • Lugar: Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa – Sala Guirau. Madrid.
  • Grupo:
    Michel Camilo “Solo Piano”
    Michel Camilo: piano

Michel Camilo: foto promocional

Michel Camilo: entre amigos                                 

Suele calificarse el concierto solista como pura introspección. Un examen. La banda compensa y suple errores puntuales con buena sinergia. El ávido intérprete, solo ante el peligro, lo tiene más complicado. El pianista dominicano Michel Camilo brinda un gran recital en el Festival Internacional de Jazz de Madrid. Lo hace armado con un piano de cola. La experiencia y el ímpetu más juvenil se unen en perfecta armonía.

Michel Camilo aparece con reseñable puntualidad. Espera en la Sala Guirau un opulento Steinway & Sons.  Abundan por parte del artista los agradecimientos al público. Comienza con “Island beat”, pieza presente en Live in London. Pocos minutos bastan para apreciar el potencial del pianista. Una amalgama de estilos se da cita en sus cadencias pianísticas. El blues más ortodoxo de Oscar Peterson. La melancolía de Bill Evans. Y lo más importante. Los ritmos caribeños de Chucho Valdés o Hermeto Pascoal.

Poco tiempo hay que esperar para los primeros homenajes. Por un lado, al genial Joe Ricardel y su “The Frim Fram Sauce”. Michel Camilo comparte unos minutos con los espectadores. Este concierto es muy especial, en sus propias palabras. Una íntima velada entre amigos para rendir respeto al jazz. No faltan anécdotas y el tono humilde de un músico preso de la emoción. Por otro lado, al estándar “Take Five” de Brubeck. Comienzan los primeros aplausos generalizados. No serán pocos.

Ver a Michel Camilo enfrentándose a su prueba no tiene desperdicio. Es hipnótico. Su ejecución no tiene reproche alguno. El toque es meloso en la apasionada “Sandra’s Serenade”, dedicada a su mujer. Ese mismo toque se convierte en furia latina con “Paprika” o “Samba for Carmen”. Un añejo jazz latino embriaga al auditorio. Puede imaginarse con los ojos cerrados las multitudinarias sesiones de Gillespie con Paquito D’ Rivera. El protagonista rinde continuas ofrendas a sus colegas de profesión.

El momento álgido llega de la mano de extensos popurrís. Michel Camilo no descansa salvo para secarse el sudor. Pueden reconocerse trazos “Pra Voce”, presente en su disco homónimo de 1988. Junto a ellos, rendiciones a artistas como el brasileño Chico Buarque. El sonido latinoamericano sigue en la cúspide. Las manos del artista combinan ritmo y melodías con perfecto tempo. Toques de bolero y guajira. Más interesante aún la inclusión de clásicos de Gerswhin o Duke Ellington. El público brinda una de las ovaciones más sentidas de JazzMadrid 2018. Muchos de ellos de pie.

Finaliza el concierto de Michel Camilo con un bis de similar estructura. Supera el examen con creces y al borde de la matrícula de honor. Las butacas más melómanas vuelven a reconocer los temas de otros artistas. Mención especial al “Sing Sing Sing” de Louis Prima, que enfila el final del concierto.

Un pianista poseído vuelve a la realidad. No hay tiempo para más. Sí, no obstante, para volver a salir y recoger otro puñado de aplausos. Nunca una velada tan íntima entre amigos finalizó con tamaña pirotecnia. Señal del excelente recital vivido. Así se despide Michel Camilo. No sin antes haber dejado la semilla de la exquisitez musical entre los presentes.




Billy Cobham Band (JazzMadrid18. 2018-11-09) [Concierto]

Por Cool Cat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 9 de noviembre de 2018
  • Lugar: Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa – Sala Guirau, Madrid
  • Grupo:
    Billy Cobham Band
    Billy Cobham: batería
    Camelia Ben Naceur: teclados
    Steve Hamilton: teclados
    David Dunsmuir: guitarra
    Michael Mondesir: bajo

Billy Cobham. Foto promocional por TAMA

Hablar de Billy Cobham es hacerlo de uno de los baterías más influyentes del jazz fusión. Constituye una de las principales atracciones de esta edición del Festival Internacional de Jazz de Madrid. Su trabajo con Miles Davis o la Mahavishnu Orchestra dan cuenta de ello. Y el público, sabio, lo sabe. Una vez más la Sala Guirau agota entradas para regocijo de la organización.

El quinteto, desde el primer redoble del líder, convence a un público más orientado al rock. La media de edad era significativamente menor de la esperada. Si bien convence el envoltorio nada más empezar el recital, el interior presenta dudas. Billy Cobham y sus subalternos afrontan problemas de sonido desde el primer tema “AC/DC”, del disco Magic. No son pocas las airadas indicaciones de los teclistas, en especial Camelia Ben Naceur, a los técnicos de la mesa.

La banda de Billy Cobham suple con técnica notable dichas adversidades. Lo acompañan experimentados músicos. Michael Mondesir al bajo aporta el complemento funk ideal para la sección rítmica. David Dunsmuir a la guitarra, por otro lado, carece de la creatividad esperada. No ayuda que su sonido esté desbordado en la mezcla por la batería durante gran parte del espectáculo. Steve Hamilton y Camelia Ben Naceur, ya mencionada, aportan el ingrediente secreto de un gran sonido jazz con correctos teclados.

Tras un tema del disco de 2009 Palindrome, Billy Cobham y compañía deleitan con el primer clásico. Se trata de “Stratus”, presente en aquella gema setentera de título Spectrum. El respetable aplaude y silba a rabiar. El batería se recrea en un continuo torrente rítmico. Un constante trance en comunión con los allí presentes. El repertorio aún aguarda ciertas sorpresas. Continúa con “Patre In Three Phases”, para nada esperada.

En cierto momento del concierto, Billy Cobham abandona su instrumento y se dirige al público. Tras la presentación a sus acompañantes, se deshace en halagos hacia España. En concreto por el “vino y la comida”, en sus palabras. Recuerda sus últimos proyectos publicados y su pobre dominio del castellano. No hay tiempo que perder. Se suceden más composiciones de corte progresivo y fusión. Interpretaciones extensas e intensas a la par.

No hubo que esperar mucho hasta el ansiado solo de Billy Cobham. Bueno en términos de duración y estructura. Los móviles, a pesar de su prohibición por la organización, comienzan a grabar. Ello incluye el teclista Steve Hamilton. Hay poco que comentar de la maestría y aptitud a la batería del de Colón, Panamá. La Sala Guirau aprobó con matrícula. Finaliza el concierto con temas del disco Tales From The Skeleton Coast y Spectrum, una vez más. Es el turno de “Red Baron”. Presentaciones aparte, la banda de Billy Cobham se despide entre vítores.

No ha sido el mejor concierto de su carrera. Probablemente, ni el mejor de este JazzMadrid 2018. El batería no tiene que demostrar nada que no hiciese en épocas pasadas. En 1976, por ejemplo, como recordó él mismo al hacer alusión a su primera actuación en España. Tampoco le acompañan músicos como John Mclaughlin o Jan Hammer.

Una vez alcanzada la cima en el mundo del jazz, suele quedar convivir en una hermosa pero ineludible jaula de oro. Billy Cobham lo reconoce entre risas en sus interacciones con el público. Sólo le queda disfrutar del “vino y la comida” y de tocar los mismos temas. Junto a eso, reediciones de discos como aquel Crosswinds de 1974. Y conciertos. Uno entre tantos para cumplir expediente. Y a la espera de un mejor sonido de la mesa de mezclas.

Tomajazz. Texto: © Coolcat, 2018




Art Ensemble Of Chicago (JazzMadrid18. 2018-11-06) [Concierto]

Por Cool Cat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 6 de noviembre de 2018.
  • Lugar: Sala Girau. Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Madrid.
  • Grupo:
    Art Ensemble Of Chicago
    Roscoe Mitchell: saxos
    Don Moye: batería y percusión
    Hugh Ragin: trompeta
    Tomeka Reid: violonchelo
    Jaribu Shahid: contrabajo
    Dudu Kouyate: percusión


Foto prensa © Roger Thomas 2017

De Chicago al cielo… y vuelta a Madrid

Comienza una nueva edición del festival internacional de jazz de Madrid. Los conciertos se suceden a lo largo y ancho de la capital. Vuelve el sonido a la calle. Lugar de donde nunca debió de salir. Y lo hace con una inauguración sin paliativos. Lleno absoluto mediante. Art Ensemble of Chicago vuelve y convence a un público dividido entre la devoción ritual y prudencia ante una tarde tormentosa. No la de la ciudad. Al menos en lo meteorológico.

La banda norteamericana celebra su 51 aniversario con una propuesta más que sólida. Art Ensemble of Chicago, sexteto comandado por el ínclito Roscoe Mitchell, aporta al festival una muestra del jazz más vanguardista. El respetable fue testigo de ello. Un concierto de una hora larga en el Centro Cultural de la Villa. Con agradecida puntualidad.

Resulta fascinante la impresión inicial tras avistar el escenario. Una puesta en escena tribal rica en instrumentos. Señala los derroteros por los que discurrirá esta vorágine musical llamada jazz. Previo aplauso generalizado del público, Art Ensemble of Chicago ataca “Dreaming of The Master”, pieza que cierra el disco Nice Guys de 1979. A expensas de parecer una peliculera misiva, no por ello es menos certera. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El silencio inicial corresponde a la primera toma de contacto con el caos. La sección rítmica corre a cargo de Don Moye a la batería, Jaribu Shahid al bajo y Dudu Kouyate a percusiones varias. Es la encargada de elevar a los congregados a cumbres inhóspitas. Roscoe Mitchell, impasible en su asiento, toma entre sus manos su saxofón soprano. Hugh Ragin a la trompeta es su escudero durante el resto de la velada. Sin compasión, desprende un torrente de corcheas, notas atónicas. Caos y delicia a la vez. Recuerda al free jazz más amargo de Sam Rivers y discos como Concept.

El recital se sucede con generosos espacios para los solos de los miembros de Art Ensemble of Chicago. Toda la banda funciona como un coordinado engranaje. Parece no echarse de menos a eminencias ya fallecidas como Lester Bowie o Malachi Favors. Incluso Tomeka Reid, chelista, parece ser una dura competidora.

A destacar el trabajo de Kouyate en la percusión. Con un equipo y precisión equiparables a los de un cirujano, aporta ese misticismo audiovisual que escapa a la música. Improvisaciones teatrales incluidas. No es para menos. “Folkus”, pieza atribuida al baterista Don Moye, consigue arrancar las primeras reacciones del público. Son apreciables las primeras miradas furtivas a los móviles. Los primeros ladeos. Los primeros bostezos, por increíble que parezca.

“Illinstrum”, recogida en el disco Reunion, atrona con gentileza en la Sala Guirau. Una sala que, por momentos, parece una escueta celda china. Art Ensemble of Chicago brinda otra muestra sobresaliente de la libre improvisación más espiritual. A caballo entre la tormentosa lírica de John Coltrane y Pharoah Sanders y la bala de europeos como Peter Brötzmann. Sin embargo, con un elemento único y primordial como es su apabullante teatralidad.

De repente, la nave desciende a la Tierra. Un apacible ritmo de blues consigue atraer la atención del público. Roscoe Mitchell aprovecha para presentar al elenco de artistas. Aplausos por doquier. Pasada revista, Art Ensemble of Chicago abandona el escenario. No obstante, aún hay tiempo para un acelerado y visceral bis. Un latigazo de apenas un minuto. La banda vuelve a desaparecer. Las luces de la sala y el bullicio de butacas ponen el broche final.

Finaliza así el concierto inaugural, con permiso de Randy Brecker y Bill Evans, de una nueva edición de JazzMadrid. Art Ensemble of Chicago recuerdan, quizás por última vez en un escenario, que el jazz puede traspasar fronteras y generaciones año tras año. Música y vísceras. Arte total. Y, para deleite de los amantes del género, esto no ha hecho más que empezar.

Texto: © Cool Cat, 2018




The Ed Palermo Big Band: The Great Un-American Songbook (Cuneiform, 2017) [2CD]

No hay comportamiento más común entre los grupos que el homenaje a sus influencias. No sólo es metodología de los grupos noveles. Para nada. La cosecha del 77, bien entrada en años, gusta de rendir pleitesía a las grandes estrellas del firmamento. Si no, que se lo digan a Ed Palermo y a sus acólitos. The Great Un-American Songbook emula, en rigurosa clave de jazz, grandes éxitos de ayer y hoy. Consigue hacer de un disco de versiones un estimulante ejercicio de asombro. Lo cual no es común en estos casos.

Sin duda, Ed Palermo es uno de esos ilustres desconocidos del jazz. Entre sus grupos de guía más predilectos destacan los Beatles y los Mothers of Invention. Fue un habitual de los clubs de Nueva York, así como reconocido por artistas de la talla de Edgar Winter o el mismo Napoleon Murphy Brock. Si bien su carrera hasta 1993 era prácticamente nula, fue la muerte de Zappa la que lo catapultó al reconocimiento generalizado. Ello se debió a sus más que pintorescas versiones de la música el genio de Baltimore.

Acompañan este The Great Un-American Songbook músicos de la talla de Bruce McDaniel a la guitarra, Ted Kooshian al órgano y Phil Chester al saxofón. No dura más de dos horas el cómputo de veintiuna canciones. Distruibuidas en dos discos, los grupos versionados van desde Bloodwyn Pig hasta Green Day, pasando por King Crimson y Radiohead. Salvo el detalle punk, predomina el género británico. Las interpretaciones gozan de originalidad y dominio técnico. Asimismo, los guiños a Zappa también son constantes. Los oyentes más avispados podrán reconocer fraseos de “The Orange County Lumber Truck” en alguna que otra canción.

Junto a esto, merece la pena destacar el componente humorístico de la Ed Palermo Big Band en este The Great Un-American Songbook. Como si de los Mothers se tratasen, intercalan chascarrillos entre canciones con un más que chirriante acento cockney. En el plano musical, las interpretaciones son más que correctas. Con un predominante esquema jazzístico, se suceden las canciones en el minutaje con una espontaneidad propia del directo. Sobresalen en el conjunto las versiones de “Eleanor Rigby”, “Send Your Son to Die” y “Beggar’s Farm”.

The Great Un-American Songbook, en definitiva, constituye una loable diligencia creativa del mundo jazz en este 2017. Un disco divertido y apto para los amantes del rock más progresivo. Claro está, huelga la llamada a los amantes de Zappa. La complejidad de los músicos comandados por Palermo bien lo merece. Por no hablar de sus exquisitas y humorísticas líneas instrumentales. “Exquisito” es la palabra, sin duda.

Tomajazz: © Cool Cat, 2017

The Ed Palermo Big Band: The Great Un-American Songbook

Ed Palermo (saxofón alto), Bruce McDaniel (vocalista y guitarra), John Bailey (trompeta), Ted Kooshian (órgano), Katie Jocoby (violín), Phil Chester (saxofón soprano), Ben Kono (saxofón tenor), Bob Quaranta (piano), Bill Straub (saxofón tenor), Charley Gordon (trombón), Paul Adamy (bajo eléctrico), Ray Marchica (batería)

“Good Morning, Good Morning”, “Open Up Said The World At The Door”, “We Love You”, “Eleanor Rigby”, “Definitely Maybe”, “As You Said”, “Larks’ Tongues In Aspic”, “21st Century Schizoid Man”, “Send Your Son To Die”, “Edward, The Mad Shirt Grinder”, “America/American Idiot”, “Beggar’s Farm”, “Bitches Crystal”, “Wreck Of The Hesperus”, “Diamond Rust”, “The Low Spark Of High Heeled Boys”, “Fire”, “The Tourist”, “Don’t Bother Me”, “I Wanna Be Your Man”, “Good Night”

Publicado en 2017 por Cuneiform Records.




Adam Schneit Band: Light Shines In (Fresh Sound New Talent, 2016) [CD]

El primer disco siempre ocupa un lugar especial en el grueso de la carrera musical. Implica la presentación en sociedad del conjunto musical. La impresión ha de ser lo más positiva. De igual modo, su lanzamiento suele estar envuelto en la ambiciosa ilusión del principiante. No obstante, no sólo los neófitos han de cumplir estas premisas. Puede tratarse de un músico experimentado. Puede tratarse de un nuevo comienzo.

Light Shines In es el título del debut del saxofonista Adam Schneit. Todo un conocido de la escena neoyorquina. Colaboró con músicos de la talla de Jesse Peterson o Jacob Sacks, entre otros. Asimismo, lideró el grupo Old Time Musketry en una gran aventura de fusión de estilos. Junto a él, figuran en el disco Sean Moran a la guitarra, Eivind Opsvik al contrabajo y Kenny Wollesen a la batería.

Comienza este Light Shines In con el tema “A Clearer View”. Tras un estupendo riff en sol, se suceden nueve minutos jazzísticos perfectamente ejecutados. Destaca con creces el encaje de saxofón y guitarra. “Different Times” continúa el disco con un sensacional ritmo post-bop. De tempo más acelerado que la antecesora, la tensión imperante es realmente atractiva. “Old Time Musketry”, a modo de homenaje al ya citado grupo, cuenta con un buen groove funky. La calidad del dúo rítmico de Opsvik y Wollesen es más que notable.

La cuarta composición del disco, de título “Hope For Something More” es una de las sorpresas del disco. De corte melancólica, cede protagonismo al clarinete en detrimento del saxofón. Un tema que recuerda por momentos al Eric Dolphy más meloso. Las líneas en do a la guitarra de Moran, una vez más, rozan la matrícula de honor. “Light Shines In” sigue en la misma línea. No por ser la canción más corta, con cuatro minutos escasos, pierde influencia en el cómputo del álbum. Mejor aún, da lugar a un admirable solo de contrabajo por parte de Opsvik.

“My Secret Hobby” es la segunda sorpresa de este Light Shines In. Difícilmente se puede discernir si es el mejor tema o no. No obstante, la garra más free jazz queda más que patente. Un caballo desbocado a ritmo de distorsión y saxofonazos propios del Ornette Coleman más salvaje. El contraste es ciertamente singular. Y en él reside la calidad de este disco.

Finaliza Light Shines In con “Song For Silence”. Un corte de ocho minutos con una improvisación en tono modal jazz. Recuerda a composiciones de Jim Hall como “Deep in a Dream”. Un cierre excepcional para este debut de la Adam Schneit Band cargado de ambición y grandes composiciones. La ilusión del debutante, que no principiante, en su estado más primigenio.

Tomajazz: © Cool Cat, 2017

Adam Schneit Band: Light Shines In

Adam Schneit (saxo tenor, clarinete), Sean Moran (guitarra), Eivind Opsvik (contrabajo), Kenny Wollesen (batería)

“A Clearer View”, “Different Times”, “Old Time Musketry”, “Hope For Something More”, “Light Shines In”, “My Secret Hobby”, “Song For Silence”

Fresh Sound Records, 2016.




The Microscopic Septet: The Micros Play the Blues (Cuneiform, 2017) [CD]

Muchos artistas han alardeado de “padecer el blues”. Bien es cierto que parece un manido cliché. Uno de los más enarbolados a lo largo de este siglo de música popular. Músicos de mayor o menor tallaje han narrado este sempiterno hastío de la vida. Desde Nina Simone a Ottis Redding pasando por Mississippi Fred McDowell. Sentir el blues es una defensa contra la represión y la injusticia. Es una defensa contra los avatares del destino. Huelga añadir que no es una costumbre con un único epicentro. España goza de tradición de blues. Eso sí, en clave de seguiriyas.

Pese a eso, el blues no siempre ha de suponer tristeza o pesar en lontananza. A veces entraña lo contrario. Es la lección que nos dan The Microscopic Septet con este The Micros Play the Blues. Los neoyorquinos saben lo que se traen entre manos. No en vano, su experiencia de treinta y siete años les avala. El conjunto liderado por Phillip Johnston y Joel Forrester vuelve a publicar disco de estudio tras ese aclamado Manhattan Moonrise de 2014.

Son los mismos de siempre haciendo lo mismo de siempre: Johnston al soprano, Don Davis al alto, Mike Hashim al tenor y Dave Sewelson al barítono. A este cuarteto de saxofonistas se les une Joel Forrester al piano, Dave Hofstra al bajo y Richard Dworkin a la batería. Ostentan el priviliegio de ser la mejor banda desconocida de jazz de todo el Downtown de Nueva York. Toda una leyenda de la noche ochentera. Los Microscopic siguieron el testigo de coetáneos como John Zorn y brindaron grandes y ecléticos discos de jazz contemporáneo.

The Micros Play the Blues constituye una deconstrucción del blues. Se erige como un canto a la vida. Un ejercicio magistral de compenetración musical a través de catorce temas. Un álbum pleno en intelectualidad técnica y ambición juvenil. Comienza a rodar el disco con una sensual “Cat Toys”. El teletransporte a los bajos fondos de la Gran Manzana es instantáneo. Forrester ejecuta a la perfección, en compañía de sus adláteres, un buen blues en si bemol.

La reminiscencia a jazz añejo es constante en todo su recorrido. De igual modo, las referencias son inagotables. Todas ellas buenas. “P.J in the 60’s” podría haber salido de la batuta de Oscar Peterson sin problema alguno. “When It’s Getting Dark” auna el ritmo bailable de un medio tempo rock n’ roll con la anarquía del Blues and Roots de Mingus. Otras composiciones como “Simpled Minded Blues” o “12 Angry Birds” invitan a un baile de medianoche. La materia prima es de exquisita calidad, sin duda.

La sorpresa del disco es “I’ve Got A Right to Cry”. Una versión importada de la misma big band de Duke Ellington. Si se es exacto, del conjunto de rhythm and blues de Joe Liggins y los Honeydrippers. El tema fue todo un clásico en las gramolas de medio siglo estadounidenses. Es un detalle a agradecer al Microscopic Septet el haber rescatado dicha joya.

The Micros Play the Blues es una oda al optimismo y al buen rollo de la pista de baile. Por otro lado, es un recordatorio del jazz de vieja guardia. No se respeta en escrupuloso homenaje a los clásicos, es cierto. Sin embargo, Johnston comanda al detalle a la banda para alcanzar la meta en tiempo record. Swing, big band y el bop más primitivo. Y blues, mucho blues. El suficiente para otorgar sobresalientes a unos Microscopic Septet muy rejuvenecidos. Way to go, folks!

Tomajazz: © Cool Cat, 2017

The Microscopic Septet: The Micros Play the Blues

Phillip Johnston(saxofón soprano), Don Davis (saxofón alto), Mike Hashim (saxofón tenor), Dave Sewelson (saxofón barítono), Joel Forrester (piano), Dave Hofstra (bajo), Richard Dworkin (batería)

“Cat Toys”, “Blues Cubistico”, “Dark Blue”, “Don’t Mind If I Do”, “igraine Blues”, “PJ in the 60’s”, “When It’s Getting Dark”, “Simple-Minded Blues”, “After You, Joel”, “12 Angry Birds”, “Quizzical”, “Silent Night”, “I’ve Got A Right To Cry

Cuneiform Records, 2017.




Mikel Gaztelurrutia: Walk (RockCd Records, 2017) [CD]

Buenas noticias para los amantes del producto jazzístico nacional. Malas noticias para los abanderados del tópico de la nula aptitud musical de España. El pianista natural de Éibar Mikel Gaztelurrutia presenta su reciente lanzamiento a caballo de este crudo invierno. Inspirado en el libro The Road Less Traveled, compone un loable fusión de clásica finura marca Blue Note y atractivos ritmos étnicos.

Walk se presenta como una obra predilecta, oriunda de la gran fuente del ritmo. Así lo expone la página del proyecto. El disco se erige “sobre tres pilares fundamentales: las composiciones originales, los ritmos de la música afrocubana, y un sólido trabajo de trío sobre los arreglos de los temas”. Dicho y hecho, el disco gira en torno a un ejercicio de cuarenta y cinco minutos sobre ritmos habidos y por haber. Nueve composiciones con sabor a Duke Pearson. Nueve composiciones con regusto a Daiquiri.

De forma evidente, cabe destacar el trabajo de Michael Olivera a la percusión. A lo largo de los nueve temas de Walk, la maestría del charles y la conga latinoamericana quedan más que patentes. Asimismo, Toño de Miguel realiza al contrabajo un estupendo refuerzo en esa engrasada y rítmica maquinaria.  Por último, y no menos importante, la batuta protagonista de Gaztelurrutia al piano infiere una gran admiración por la tradición norteamericana y latina a partes iguales. Desde Chucho Valdés hasta Herbie Hancock.

Comienza este cortejo por parte de Gaztelurrutia y compañía con una correcta composición homónima. ‘Walk’ recuerda a ese primerizo Chick Corea. La ambición que emanan los dribles al piano (si se permite el símil latinoamericano) invitan a no apartar la atención. No queda ahí eso. Tras aceptar la proposición del trío, debe tomarse asiento en la barra junto a una buena copa. En ‘Infinity’, el protagonismo es de Olivera y su potente solo de batería. ‘The Grace’ es una de las piezas más norteamericanas del disco. Su calor post-bop, a caballo entre lo meloso de Bill Evans y lo abrupto de Paul Chambers, establece el ecuador de Walk.

Conecta así con ‘Woodstock’, séptima composición de Walk. Se echa en falta algún fraseo pentatónico a la guitarra, pues la ocasión lo merece. Un estupendo blues en si bemol, marca de Otis Spann. Mejor dicho, un Otis Spann ralentizado que degusta y se regocija en cada fraseo. Vuelve el disco por los derroteros del jazz con ‘Thamnn’. Otro estupendo tema hard bop subido de revoluciones, sin duda. Puro ritmo en las teclas de Gaztelurrutia.

Finaliza Walk  con un  sentido homenaje a Javier Gorosabel Urkia, astrónomo y paisano del pianista. ‘Alpha, Gamma & Omega’desprende melancolía en sus cuatro minutos de duración. Con Gaztelurrutia al piano sin acompañamiento, se aprecia entre la bruma de este océano que es el jazz el final del recital. Cierra el café por esta noche y los músicos abandonan el escenario. Empero, mañana no se repetirá lo vivido en estos cuarenta y cinco minutos de disco. Walk compone un cúmulo de sentimientos unidos por un mismo hilo conductor como es el ritmo. Por un lado el mambo más sugerente. Por otro, el blues más pendenciero. Mikel Gaztelurrutia ha dado a luz una notable obra de jazz patrio que espera ser degustada con buen paladar y mejor whisky de malta. Empieza bien 2017, sin duda alguna.

Tomajazz: © Cool Cat, 2017

 

Mikel Gaztelurrutia: Walk

Mikel Gaztelurrutia (piano, composición y arreglos), Toño de Miguel (contrabajo), Michael Olivera (batería y congas).

‘Walk’, ‘Let’s Scape Somewhere Far Away’, ‘Infinity’, ‘Sven’, ‘The Eye of the Beholder’, ‘The Grace’, ‘Woodstock’, ‘Thamnn’, ‘Alpha, Gamma & Omega’
Todos los temas compuestos por Mikel Gaztelurrutia.

Publicado en 2017 por RockCd Records.