Charles Mingus. Bi Centenial, Lower Manhattan. 1976-07-04. Photo by Tom Marcello

Charles Mingus (II). La Odisea de la Música Afroamericana (181) [Podcast]

Por Luis Escalante Ozalla.

La Odisea de la Música Afroamericana es un programa de radio dirigido, presentado y producido por Luis Escalante Ozalla, autor de los libros Nueva Orleans (1717-1917): Sexo, Raza y Jass y Y se hace música al andar con swing.

En el capítulo 181 de La Odisea de la Música Afroamericana Luis Escalante Ozalla el protagonista es el gran Charles Mingus.

Charles Mingus. Bi Centenial, Lower Manhattan. 1976-07-04. Photo by Tom Marcello

Charles Mingus. Bi Centenial, Lower Manhattan. 1976-07-04. Photo by Tom Marcello

En el programa 181 suenan:

  • “Alabama song” Dee Dee Bridgewater
  • “Jelly Roll” Charles Mingus
  • “Mingus fingers” Lionel Hampton
  • “Mood indigo” Charles Mingus
  • “Goodbye pork pie hat” Charles Mingus
  • “Goodbye pork pie hat” Kevin Mahogany
  • “Diane” Charles Mingus
  • “Wig wise” Duke Ellington, Charles Mingus, Max Roach
  • “Messing with fire” Claire Teal

comprar en amazon

Luis Escalante_Y se hace musica al andar... con swing

comprar en amazon




Razones para el jazz. Un club de jazz: Three Deuces [444]

Un club the jazz: Three Deuces. 52nd Street. New York.

Seleccionado por Luis Escalante Ozalla

Sobre el escenario (izq-der): Tommy Potter, Charlie Parker, Miles Davis, Duke Jordan. (Max Roach, fuera de campo). 1947. Fotógrafo: William Gottlieb.




Razones para el jazz: una grabación. Saxophone Colossus (Sonny Rollins) [425]

Una grabación. Sonny RollinsSaxophone Colossus (1956)

Seleccionado por Pachi Tapiz, que a su vez lo incluyó en el programa de radio Jazz Para Ti #13

Con Sonny Rollins, Tommy Flanagan, Doug Watkins, Max Roach




El viaje (Primera Parte). Por Marcos Pin [Relato – Concurso]

He estructurado este relato, totalmente ficticio, en dos partes. Con esta primera, para los más sagaces, me gustaría proponer un juego:

  Aquellos de vosotros que creáis conocer el nombre del protagonista en la historia hacédmelo saber mediante este enlace y en recompensa, a los que hayáis dado en el clavo, os enviaré con sumo gusto un par de álbumes. ¡No dudéis y probad vuestra habilidad como detectives! (1)

Espero os divierta tanto como lo ha hecho a mí escribirlo. ¡Un abrazo!

Marcos Pin

Sobre el escenario de The Open Door. Greenwich Village. New York (izq-der):
Charles Mingus, Roy Haynes, Thelonious Monk, Charlie Parker. 1953.
Fotógrafo: Bob Parent.

El viaje. Primera parte

 

  ¡He llegado! ¡¡Lo he conseguido…!!

  El viaje ha transcurrido entre mínimos percances: algún que otro mareo, nauseas, pequeños brotes de ansiedad. ¡Es curioso, ahora tengo la sensación de que ha sido fugaz!

  Me entristece que haya tenido que ser de esta manera, en secreto, a traición… pero si lo hubiesen sabido, jamás hubiera podido… ¡¡Bah, olvídalo, ya estás aquí!!

  Una ciudad tan grande, ¡qué oscura…! ¡Menuda tormenta!, con los truenos no puedo casi oír mis pensamientos. Espero que pronto amaine, estoy empapado. Al frío lo reconozco, es el de siempre.

  …¡Pero no te distraigas, tienes que llegar a tiempo! ¡Dichoso viento! El plano, ¿dónde está…? Mojado como mi ropa ¡Apura!, no queda tiempo. ¿Y si hubiera errado en día? ¿hora? ¡¿lugar…?! Todo habría sido en vano. ¡Qué aire! ¡Aj, dichosa estática…!

  No es momento para dudas, quejas, arrepentimiento… No te entretengas: ¡¡corre!!

  Como en las viejas fotos. Recuerdo las primeras, las de los libros de historia, en donde, aunque en blanco y negro, mi cabeza acertaba con el color rojo del toldo que atraviesa la acera. Lo imagino cubriendo a una muchedumbre con prisa por entrar pero hoy no hay nadie. La calle está desierta. Otra vez me asalta la duda, ¿habré calculado mal la hora, el día…? Puede incluso que haya errado en el mes. ¿Y si todo se va al garete: el colosal esfuerzo de años, las cábalas, los engaños…? ¡Un momento!, escucho algo… Sí, son voces que vienen de abajo y, si mis cálculos no fallan… ¡Sí, si, ahí viene, está subiendo! ¡Rápido, escóndete…! Siento alivio al tiempo que mi corazón bombea excitación.

  Bajo sigilosamente la escalera, empinada, estrecha, de madera; agarrando con firmeza la barandilla en un vano intento por confundir el sonido de mis pasos con el de la lluvia afuera. No lo hago con afán de discreción sino para poder seguir escuchando las voces, adivinar sus dueños. Las comparo inconscientemente con aquellas escuchadas cientos de veces en viejas grabaciones y entrevistas. ¿Serán ellos? Creo que… Empujo la puerta y se hace el silencio en el interior.

  Dos hombres al fondo, junto al escenario, giran sus cabezas al unísono y enfocan su mirada en mi. Uno de ellos imprime una sonrisa burlona y amigable a la vez. Reconozco a John y mi cuerpo se paraliza. Por un instante, mi cabeza duda entre entrar o dar media vuelta y salir corriendo pero el camarero me ayuda en la decisión al grito de «¡La puerta!».   Desde la barra, estratégicamente escondida a la derecha para dejar espacio a mesas y sillas de las que en días como hoy parecen disfrutar fantasmas; secando lo que parece un vaso, con desdén, murmura cabizbajo, sin mirarme; con el “decrecendo” de la ironía [el camarero]:

  —¡Vaya, hombre! Ya me han jodido el cierre…

  Sabía que molestaba. Tan solo diez minutos antes habían tomado la decisión de cancelar el concierto. Tom, el camarero, recogía ávidamente al tiempo que maquinaba la visita sorpresa a una “amiga especial”. John Birks, abría ahora la funda de la trompeta que había guardado poco antes de que yo empujase la puerta. Meneaba su cabeza, cadencioso, como expresando decepción y felicidad a un mismo tiempo. Su interlocutor cesó abruptamente la conversación que mantenían. Me miró y se movió apresuradamente siguiendo la dirección de una línea que pintada en el suelo indicaba a los nuevos [clientes] la dirección al baño.

   —¡Conque ya estás aquí! —me sorprendió una voz que provenía de la esquina menos iluminada del local, entre la barra y una puerta que anunciaba “Privado”—-Supongo que un viaje así bien merece algo de música —concluyó al tiempo que se levantaba pausadamente y abandonaba la silla que ocupaba en la penumbra.

  Con el alto en una mano, un vaso mediado en la izquierda y en la boca humedeciendo una de sus cañas, pasó a mi lado sin mirarme. Rió maliciosamente. Olía a “prohibición”, tabaco fuerte y alcohol. Sentí un escalofrío. ¿Se referiría a mí con lo de «un viaje así»?

  Yo sabía quien era él pero era imposible que él supiese de mí, quien era yo y que había venido a hacer. Me tranquilicé pensando que probablemente delirase en su borrachera. Seguramente, esta, era la razón por la que no había guardado su saxo. Ni siquiera habría estado atento en (o no se habría enterado de) la conversación que un rato antes había concluido con la cancelación y cierre.

  Dí un par de pasos hacia atrás sin apartar mi vista de él, observando como esquivaba mesas y sillas camino del escenario. Choqué contra la barra con mi espalda y de nuevo el camarero me sacó de mi letargo:

  —¡Charlie, nada de alcohol en el escenario…! —gritó—Y usted, amigo, son quince dólares la entrada. Hoy sólo harán un pase. Consumiciones y propinas no incluidas. ¿Qué le pongo?

  —Agua, por favor.

  —¡¿Agua?! —gritó John Birks, alias “Dizzy” que venía ahora hacia la barra al tiempo que apartaba alguna silla para facilitar el camino a Parker—. Chico, ¿no tienes bastante con la que cae ahí fuera? Si lloviese whisky los paraguas serían cubos… Tom, no le pongas nada, escucha —ya estaba a mi lado y me agarraba del hombro al tiempo que continuaba hablando al camarero—: No podemos tocar, Douglas ya se ha ido.

  —¡Cierto! —recordó Tom.

  —Lo siento mucho, chico —giró su cabeza y me miró a los ojos—, pero habíamos cancelado el bolo justo antes de que tú aparecieses por esa puerta y nuestro contrabajista salió corriendo. Hay algo aún más horrible que la tormenta que está cayendo esta noche y es que hoy juegan los “Knicks” —su sonrisa delató el chiste—. Douglas salió como una bala para poder ver el partido. Creo que ha apostado. ¡Fíjate!, hasta ha dejado atrás su caseta del perro [Doghouse] —y señaló el contrabajo que sobre el escenario permanecía apoyado en una silla—. Lo siento, chaval, pero hoy no habrá Jazz para ti—me consoló con una paternal palmada en el hombro antes de concluir, tras una pausa —a menos que toques ese violín para toros [Bull Fiddle] —y clavó sus ojos en los míos, por encima de sus gafas, buscando asegurarse de que había comprendido.

  Ignoré a Charlie que en ese momento reía irónicamente desde el escenario. ¡Pobre borracho! (pensé) y seguí con mi plan.

  —Lo hago —asentí y noté como al hablar me temblaba un poco la voz.

  —¿El qué…tocar el contrabajo? —irrumpió el hombre que salía del baño, todavía ajustándose los pantalones— ¿Lo haces bien?

  —Soy el mejor —Respondí seguro de mi mismo.

  Había ensayado aquella conversación en mi cabeza millones de veces durante los últimos diez años. Tom relevó a Parker en las carcajadas que el trompetista acalló con el gesto de una mano.

  —¡Oh là, là…! —dijo con humorístico acento francés—. ¡¿Qué tenemos aquí?! Un gatito mojado [Wet Cat] ¿De dónde eres, “Mejor Contrabajista”? ¿Te ves mejor que el “Vicioso  Douglas”?

  —Me llamo…

  —¡Shhh…! —me interrumpió bruscamente llevando su dedo indice a la boca— No he preguntado tu nombre. Te lo pediré sólo cuando decida llamarte. He preguntado de dónde eres.

  El borracho, desde el escenario, murmuró algo ininteligible al tiempo que yo recomponía mi papel de actor. Era ahora cuando me jugaba la coartada.

  —De Pittsburgh, señor.

  —Pensilvania —puntualizó el batería, ya perfectamente vestido.

  —Gracias por el apunte geográfico, señor Roach —dijo al tiempo que se giraba rápidamente encarando el escenario. Dio un par de pasos y enérgicamente exhortó—: ¡Vamos a tocar!

  Justo en ese momento Charlie comenzó a improvisar un medio tempo del que reconocí la armonía a medio coro. Acabé de desenfundar el contrabajo en el “Turn Around” [cadencia de acordes para devolver el tema a su principio armónico] y, confiando en que estuviese afinado, toqué la tónica en el uno, junto a Dizzy, que rompía mi plan trazado sentado al piano. «Mayor el primero», pensé. Hicimos sonar “Here´s That Rainy Day” [Aquí Está Ese Día Lluvioso] por más de diez minutos durante los cuales recordé la tradición de comenzar con esa pieza  los conciertos en los que el público era escaso. Luego vinieron más y más temas donde Gillespie cambiaba a voluntad entre trompeta y piano. Tocamos durante horas, compitiendo con los truenos afuera, para deleite de Tom y de su “amiga especial” que había planeado la misma visita sorpresa pero en dirección opuesta y porque, para fortuna de ambos, Tom no había cerrado aquella noche.

  —Escribe aquí tu nombre, muchacho —me dijo “Dizzy”—. Mañana quiero verte aquí a las siete y media. El primer pase es a las ocho. Toma, compra un traje —y metió dinero en mi bolsillo. Cogió el papel donde había escrito mi nombre y se fue andando con prisa, dejándome completamente solo.

  Permanecí un par de minutos allí de pié, en la calle, con el club ahora cerrado a mis espaldas. No tenía adonde ir. No conocía a nadie en la ciudad. Había olvidado el plano sobre una de las sillas, una al lado de un radiador, con la intención de que secase. Al azar, decidí tomar la dirección contraria a la en que Gillespie se había dirigido. Aunque ya no llovía, el frío era el de siempre.

  Caminé hasta el final de la calle y giré a la derecha, había decidido buscar un lugar donde pasar la noche cuando un hombre, oculto en un portal, hizo que el terror se apoderase de mí con sus palabras:

  —¿Adónde crees que vas, R. M.?

  La luz de la farola próxima me permitió ver su rostro por un instante y palidecí. Charlie Parker sabía mi nombre…

Continuará…

Tomajazz. Texto e idea: © Marcos Pin, 2018 www.marcospin.com

  (1) Enlace desactivado, el concurso ya ha finalizado: ¡gracias por participar!

  

  

  




365 razones para amar el jazz: una portada. We Insist! (Max Roach) [226]

Una portada. Max Roach: We Insist/ (Candid, 1960)

Seleccionado por Juan Antonio Serrano Cervantes




365 razones para amar el jazz: una portada. Brilliant Corners (Thelonious Monk) [131] [A New Perspective 09]

Una portada. Brilliant Corners (Thelonious Monk. Riverside, 1957). Fotografía de Paul Weller.

Seleccionado por José Luis Luna Rocafort. Novena entrega de la serie A New Perspective: una selección de portadas de jazz en las que la fotografía es el elemento central.

Con Thelonious Monk, Ernie Henry, Sonny Rollins, Oscar Pettiford, Max Roach, Clark Terry, Paul Chamber




365 razones para amar el jazz: una portada. Mingus At The Bohemia (Charles Mingus) [119] [A New Perspective 07]

Una portada. Mingus At The Bohemia (Charles Mingus. Debut Records, 1956). Fotografía de Bob Parent.

Seleccionado por José Luis Luna Rocafort. Séptima entrega de la serie A New Perspective: una selección de portadas de jazz en las que la fotografía es el elemento central.

Con George Barrow, Eddie Bert, Mal Waldron, Charles Mingus, Willie Jones, Max Roach




365 razones para amar el jazz: una portada. At Basin Street (Clifford Brown and Max Roach) [89] [A New Perspective 04]

Una portada. At Basin Street (Clifford Brown and Max Roach. EmArcy, 1956). Fotografía de Chuck Stewart

Seleccionado por José Luis Luna Rocafort. Cuarta entrega de la serie A New Perspective: una selección de portadas de jazz en las que la fotografía es el elemento central.

Con Clifford Brown, Max Roach, Richie Powell, Sonny Rollins, George Morrow




365 razones para amar el jazz: un disco. Clifford Brown and Max Roach [87]

Un disco. Clifford Brown and Max Roach (Clifford Brown y Max Roach. EmArcy, 1955)

Seleccionado por Arturo Mora Rioja.

Con Clifford Brown, Harold Land, George Morrow, Richie Powell, Max Roach




HDO 252. Especial Stan Getz (III). Encuentros (I) [Podcast]

Chamber Music By The Stan Getz Quintet (con Horace Silver, Duke Jordan o Roy Haynes); Diz And Getz y For Musicians Only (con Dizzy Gillespie, Sonny Stitt, Oscar Peterson, Max Roach o Ray Brown); Hamp & Getz (con Lionel Hampton y Shelly Manne); y Groovin’ High (con Red Norvo, Louis Bellson u Oscar Moore), suenan en la tercera entrega del especial dedicado a Stan Getz.

Tomajazz: © Pachi Tapiz, 2017

HDO es un podcast editado, presentado y producido por Pachi Tapiz.