365 razones para amar el jazz: un disco (a escuchar por la noche). Three For All (Woods – Flanagan – Mitchell) [106]

Un disco “que me gusta escuchar por la noche”. Phil Woods – Tommy Flanagan – Red MitchellThree For All (Enja, 1981)

Seleccionado por Kuto




Javier Nombela: Alrededor del Jazz [Exposición fotográfica]

Javier Nombela nace en Badajoz (España) en el año 1958. Es en 1983 cuando inicia sus estudios de fotografía en el C.E.I. de Madrid, para el año siguiente iniciar su trabajo como ayudante de fotógrafo de publicidad. En 1985 ingresa como miembre en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, para iniciar una carrera que continúa en la actualidad como fotógrago de publicidad para varias empresas y agencias del ramo.

Sus arte se ha podido disfrutar en revistas (Cuadernos de Jazz, Periplo o FV), grabaciones (Nai de Baldo Martínez, OAM Trio & Mark Turner, San y Waltz for Katty de Joaquín Chacón o Lo que nos gusta es esto y Horas privadas de Santiago de la Muela), en diversos carteles y en su página web http://www.javiernombela.com.

Aparte de varios premios, entre sus exposiciones cuenta en el año 2002 con la del “VII Festival Internacional de Jazz de Ciudad Lineal” y “Alrededor del Jazz” (Galería Báculo, Madrid) de la que el propio autor ha hecho una selección y que Sergio Cabanillas ha hecho llegar a esta página/exposición en todo su detalle y esplendor. Que ustedes lo disfruten.

José Francisco Tapiz [Publicada originalmente en Tomajazz en octubre de 2003]

Lionel Hampton

Tete Montoliu 1997

Al Grey 1992

Lester Bowie 1998

Mark Turner 1999

Paolo Fresu 1999

Sonny Rollins 1992

Nnenna Freelon 1995

Archie Shepp 1998

Roscoe Mitchell 1998

James Carter 1992

Benny Golson 1999

Phil Woods 1997

Russell Malone & Diana Krall 1995

Tom Harrell 1999

Betty Carter 1997

Joseph Bowie 1999

Roy Haynes 1999

Frank Lacy 1997

Gary Bartz 1997

Nota técnica: en la realización de todas las fotos se empleó “Técnica Mixta /Positivado Radiant Selec.”

Tomajazz © Javier Nombela, 2003

Publicado originalmente en Tomajazz en http://www.tomajazz.com/perfiles/nombela.htm




Swiss Movement. Por Juanma Castro Medina

Cover-Lee Friedlander

Hola amigos, teníamos ganas de traer este directo a nuestra web. Se trata de un concierto grabado en 1969 desde el Festival de Jazz de Montreux, Suiza. En él, se reúnen tres magníficos músicos. Un pianista: Les McCann. Un saxo tenor: Eddie Harris. Y un trompetista: Benny Bailey. Los dos primeros coincidieron en el festival de forma independiente. Un festival que incluían nombres como Kenny Burrell, Kenny Clarke, Phil Woods o Tommy Flannagan entre otros (ver cartel del evento). El tercero fue invitado para la ocasión. El resultado es el mejor disco de soul-jazz de la historia y un éxito de ventas sin precedentes en la época.

affiche-festival-jazz-montreux-1969

Todo parece indicar que fue el teclista Les McCann quien se interesó vivamente por tocar con los otros dos artistas. Él, aportó los músicos con los que tocaba por esa fecha: Leroy Vinnegar al contrabajo y Donald Dean a la batería. Todos juntos formaron un quinteto eventual, improvisado y emotivo, como el mismisimo jazz, y que pasaría a la historia de esta música.

Pero pasemos a hablar, someramente, de los tres protagonistas de este álbum. Les McCann es un pianista y vocalista influenciado por Bud Powell que abandonó la senda del bop y el hard bop para dedicarse a realizar música más comercial. El soul-jazz y el funk fueron los estilos que trabajó. Algo parecido le ocurrió al saxo tenor Eddie Harris, que comenzó como un hardboper clásico y poco a poco fue tomando caminos alternativos como los de la fusión y finalmente el soul y el funk. Como curiosidad decir que ambos músicos terminaron por electrificar sus instrumentos. Por último, el trompetista Benny Bailey, uno de los muchos músicos expatriados y una de las debilidades del que escribe. Un trompetista versátil donde los haya, de tradición bopera e influenciado por Clifford Brown y Fats Navarro, Bailey podía lidiar con los más diversos estilos. Es uno de esos músicos de músicos que no fue muy conocido por la gran masa, pero sí entre sus compañeros y entre los verdaderos amantes de esta música.

El título del disco fue Swiss Movement, una expresión usada en el mundo de la relojería para certificar los relojes hechos fuera de Suiza, pero montados a la manera suiza. Es un certificado de calidad que le viene como anillo al dedo al álbum. Comenzamos con el tema “Compared to what?”, compuesto por Gene McDanields con una letra de protesta contra el presidente Nixon y la labor de los EE.UU en la Guerra de Vietnam, con frases como: “La posesión es la motivación” ; “El presidente tiene su guerra”; “La gente no sabe exactamente la razón”, entre otras muchas frases reivindicativas. Como curiosidad, este tema aparece en la película Casino de Scorsese cuando la voz en off va narrando cómo funciona el submundo del juego en Las Vegas. Si cuando estás escuchando esto, logras mantener los pies inmóviles, es que estás muerto. Sin más. He escuchado pocas cosas con más swing. Me rio de los hits discotequeros de hoy en día y de los pelotazos musicales de los hijos de folclóricas.

Sin solución de continuidad el disco progresa con “Cold Duck Time”, un tema escrito por el Eddie Harris que sigue la línea de “Compared To What?” Aunque con menos intensidad. Si escuchamos atentamente, y como anécdota, podemos escuchar la gran ovación que el público regala a Ella Fitzgerald, que participó en el festival, cuando esta se sienta a disfrutar de la música de sus amigos. El titulo tiene detrás una historia llamativa. Cold Duck es el nombre que se le da a un vino espumoso norteamericano realizado con una ancestral receta alemana. La leyenda cuenta que el príncipe de Sajonia Wenceslao Clemens, ordenó mezclar todos los posos de las botellas de vino sin terminar, con champagne. Al “vino” resultante le llamaron Kaltes Ende, que en Alemán significa muy frio o extremadamente frío. El nombre en inglés Cold Duck, deriva fonéticamente de este Kaltes Ende.

Con “Kathleen´s Theme”, compuesta por Les McCann, vamos echando el freno a tanto desenfreno. Es tiempo para que el saxo tenor de Eddie Harris investigue y experimente con la melodía de la composición, llegando a niveles casi de vanguardia en su intervención. Un gran corte donde encontramos una progresión de acordes brillante y en la que el trompetista Benny Bailey no interviene.

Y volvemos a la senda del soul y el funk con “You Got It In Your Soulness”. Muy buena intervención del trío maravilla: McCann, Harris y Bailey, aunque, si tengo que destacar a alguno, es al pianista. Soberbio tema, reconocido por el público con una sonora ovación al final del corte.

Como no hay quinto malo, cerramos el álbum tal y como se editó en el 69, ya que posteriormente salió un bonus track que degustaremos más tarde. Pero no adelantemos acontecimientos y centrémonos en la composición “The Generation Gap”, de Les McCann. El tema más sosegado, contemplativo y modal del concierto, que sigue la línea de todo el disco: mucho ritmo y solos exquisitos de los músicos.

Acabamos con “Kaftan”, que son esas prendas largas que las mujeres visten en los países árabes. Este tema fue descartado en 1969 por cuestiones de tiempo/espacio y se perdió en el olvido entre las miles de cintas del archivo de Atlantic Records. En 1996 fue descubierto y pasó a formar parte de todas las sucesivas reediciones del disco. Es una composición del contrabajista Leroy Vinnegar con un toque oriental en algunas ocasiones y latino en otras. Como curiosidad, podemos escuchar a Les McCann hablar en un rudimentario francés al inicio del corte. Es una pena que este tema haya dormido el sueño de los justos durante tanto tiempo. A destacar al contrabajista y al batería que hacen verdaderas diabluras con sus instrumentos.

Pero como la cosa va de ternas, y hemos hablado de un trío de músicos, de justicia sería hablar también de otro trío, pero esta vez de gestores. Nos referimos por una parte a los dos productores, Nesuhi Ertegun y Joel Dorn, y por otra, al fundador, director y verdadera alma del Festival, hasta su muerte en 2013, Claude Nobs. Sabido es que Nesuhi ayudó a su hermano Ahmet Ertegun a fundar la compañía Atlantic Records, sin olvidarnos de Herb Abramson, allá por 1947, convirtiéndola en una de las mas importantes del mundo. Pero no es tan sabido que el padre de los Ertegun, Mehmet Munir Ertegun, fue embajador turco en Suiza (y después en Norteamerica) donde conoció al bueno de Nobs. Esta “amistad” fue la excusa perfecta para que años después Nobs se presentara en Estados Unidos para intentar influir en los hermanos Ertegun y que así accedieran a llevar músicos a su querido festival. Claude Nobs, de madre enfermera y de padre panadero estaba destinado a volcar su constancia entre pucheros y fogones. La cocina fue la rama laboral que primero probó. Después trabajó en la oficina de turismo de su localidad natal, Montreux, desde donde comenzó a mover los hilos pertinentes para que un pueblecito del cantón suizo de Vaud se convirtiera en una de las capitales mundiales del jazz. Por último, Joel Dorn, un productor musical que pudo hacer realidad su sueño de adolescente y trabajar para el sello Atlantic, ganando dos premios Grammy con la producción del disco de Roberta Flack: The First Time Ever I Saw You Face, de 1972, y por la canción “Killing My Softly With His Song” de 1974. Dorn trabajó con la flor y nata del jazz, verbigracia, Max Roach, Herbie Mann, Mose Allison, etc… Pero también con lo más granado del soul, del pop y del rock, siendo uno de sus puntos fuertes dulcificar sus productos enfocados hacia el jazz, con algo de música pop, y viceversa. En 2007 Joel Dorn muere de un ataque al corazón, pero su legado no se extingue, ya que su hijo Adam Dorn continua en el mundo de la farándula, esta vez enfocado a la música disco, con el sobrenombre Mocean Worker. Por último y para completar el círculo y ser testigos de las alineaciones cósmicas de nuestro universo, Mocean Worker y el guitarrista Charlie Hunter crearon en 2014 un podcast titulado Compared To What?, como el título principal del concierto con más ventas que su padre produjo y que aquí estamos revisando. En este programa enlatado, los presentadores charlan con algunos personajes del mundo de la música, del cine y del arte en general. Acta est fabula.

Pino

Pero todavía hay más, amigos. A todo ello hay que sumarle las magnificas instantáneas que el fotógrafo Giuseppe Pino, uno de esos fotógrafos llamados retratista debido a que saben captar la personalidad del fotografiado en un instante, realiza e incluye en el LP. Pino bien merece un artículo propio que quizá sea abordado por el que escribe, ya que suyas son algunas de las fotografías más famosas del mundo del jazz. Por poner un ejemplo, de su autoría es la sobresaliente foto de Miles Davis vestido con abrigo y sombrero sosteniendo una trompeta e introduciendo la punta de su afilada lengua dentro de la boquilla del instrumento (es difícil hablar sobre fotos sin poder visionarlas debido a los derechos de autor). Además, Giuseppe Pino es aficionado al jazz en primer lugar y después, fotógrafo de jazz, un matiz muy importante, aunque evidentemente ha cultivado otros campos de la fotografía. Es más, el gran Pino se hizo fotógrafo después de ver y escuchar a Louis Arsmtrong en concierto, ahí es nada. Pero como digo, esto se tratará en trabajos venideros. En otras fotos de Pino, que se incluyen en el LP, aparecen Mccann y Harris charlando de manera distendida, pero sobre todo hay una que me llamó la atención, en ella encontramos al pianista dándose un baño en lo que parece la piscina del hotel donde se alojaba.

Pino

Por último, hay que mencionar al diseñador de la portada: Lee Friedlander, del que me duele hablar, ya que considero que el cover es lo peor de este álbum de lejos. Y digo que me duele, porque en mi opinión ha sido uno de los mejores diseñadores y fotógrafos del jazz de todos los tiempos y verdadero modernizador del diseño de la casa Atlantic. Pero hagamos un poco de historia para articular esta opinión. Cuando Ahmet Ertegun y Herb Abramson fundaron la compañía Atlantic Records en el año 47, su catálogo se enfocó sobre todo al Rythm & Blues, dedicando una minúscula parte al jazz. Fue en 1955, cuando se unió Nesuhi Ertegun a la compañía, el momento en que el despegue de la música jazz en el sello se hizo patente. Por tanto, habría que diferenciar dos épocas en cuanto a diseños de portadas se refiere. El primero, que iría desde la fundación de la disquera hasta el año 55, e incluso yo iría más allá, hasta finales de los 50, que está caracterizada por unas cubiertas con un diseño muy fino, expresivo y sobre todo ingeniosas, sin apenas fotos en la portada o si las había eran en blanco y negro. Destacaría a varios diseñadores de esta primera etapa: Robert Guidi (vikingo) y Burt Goldblatt (cebras). En cuanto a la segunda época, que se inicia a finales de los 50 y termina en época difusa, diría que está marcada por la asunción de Marvin Israel de la dirección artística del sello, que desarrolló una política más acorde con los tiempos que corrían, usando colores más impactantes, fuentes de letra más modernas y sobre todo dio cabida a las fotos, realizadas por varios fotógrafos, entre ellos el fotógrafo de cabecera (y como hemos visto también diseñador): Lee Friedlander. En fin, juzguen ustedes. A mi, particularmente no me gusta la portada que realizó para Swiss Movement.

Robert Guidi

Burt Goldblatt

Resumiendo, y para terminar con una reflexión, un disco que crea aficionados por sí sólo. Un álbum de isla desierta. Un concierto que vale su peso en oro. Un sonido seminal que imitarían multitud de músicos. Se me acaban los calificativos. En 1971 y al socaire del éxito del Swiss Movement, McCann y Harris grabaron juntos un álbum de estudio, titulado Second Movement, un buen disco, pero sin la chispa y la intensidad del primero. Tan sólo nos queda congratularnos a todos los que no teníamos edad para estar en el Festival de Montreux del 69, porque es lo más cerca que se puede estar de vivir tan grandioso acontecimiento. Espero que haya gustado y si no tenéis el disco, corred a comprarlo, está a un precio de unos 5 €. Sería un crimen no tenerlo en casa. Tirez le rideau, la farce est joueé.

Second Movement

© Juanma Castro Medina, 2015

 Les McCann & Eddie Harris: Swiss Movement

 Les McCann (piano), Eddie Harris (saxo tenor), Benny Bailey (trompeta), Leroy Vinnegar (contrabajo), Donald Dean (batería)

Temas: “Compared To What?”; “Cold Duck Time”; “Kathleen´s Theme”; “You Got It In Your Soulness”; “The Generation Gap”; “Kaftan”.

Publicado por Atlantic Records. Grabado en 1969. Festival de Montreaux




Directions In Music, Vitoria 2002 Herbie Hancock / Michael Brecker / George Mraz / Roy Hargrove / Willie Jones © Sergio Cabanillas, 2002

Tomajazz recupera… Mi recuerdo de Michael Brecker, por Randy Sandke

Directions In Music, Vitoria 2002 Herbie Hancock / Michael Brecker / George Mraz / Roy Hargrove / Willie Jones © Sergio Cabanillas, 2002

Directions In Music, Vitoria 2002
Herbie Hancock / Michael Brecker / George Mraz / Roy Hargrove / Willie Jones
© Sergio Cabanillas, 2002

Considerado por muchos como el saxofonista más influyente desde John Coltrane, Michael Brecker falleció el 13 de enero de 2007, a causa de una leucemia derivada de un síndrome mielodisplástico (MDS), un tipo infrecuente de cáncer de médula.

El trompetista Randy Sandke conoció a Michael Brecker durante casi 40 años, desde que entraron juntos en la universidad, escribió un sentido homenaje en el blog de Doug Ramsey.

He asistido a demasiados funerales de músicos de jazz (y sé que tendré que estar en muchos más), pero de todos ellos el de Michael Brecker ha sido el más triste y emotivo, al menos para mí. Quizás sea porque tenía dos críos preciosos en edad escolar: una hija de 17 años, Jessica, y un hijo, Sam, de 13. Además tenemos las circunstancias de su muerte: dos años de agotadora lucha con una dolencia que no tiene cura, y para la que la terapia (quimioterapia masiva) resulta, con frecuencia, tan devastadora como la propia enfermedad. Por último, se trataba de Mike. Aparte de sus singulares y prodigiosos talentos, era una de las almas más agradables, dulces y amables que jamás he conocido. Su pérdida es inconmensurable en muchos aspectos.

Seguir leyendo… Mi recuerdo de Michael Brecker, por Randy Sandke (Publicado originalmente en 2007)




Benny Goodman: The Complete Benny Goodman In Moscow (American Jazz Classics. Reed. 2014)

The Complete Benny Goodman In MoscowEl concepto “Guerra Fría” ha vuelto. Aunque pensándolo bien, nunca se fue. Bernard Baruch, ni se imaginó el éxito que su término tendría a lo largo de los años. El conflicto ucraniano lo ha puesto de nuevo en nuestra sobremesa de una forma totalmente descarnada. Europeístas, rusófilos, ultraderecha, ultraizquierda, descontentos, desarrapados, ejércitos, son los nuevos ingredientes que este cóctel molotov, perdón por el simil, contiene en su interior. Pero… viajemos en el tiempo más de medio siglo hacia atrás. El jazz es el mejor vehículo que conozco para ello. Así que, desplazémonos a la raíz primigenia del concepto. Es 1945, la Segunda Guerra Mundial ha terminado, pero por contra se inicia una escalada armamentística, de gestos, actos y bravuconadas entre el bloque comunista y capitalista, a modo de : ¡Ojo que tengo un arsenal nuclear que no se lo salta un galgo! En esta reyerta barriobajera con puñaladas traperas y miradas con cara de perro, a algún yanky se le encendió la bombilla, e incluyó como arma arrojadiza un estilo musical llamado jazz, además de considerarse como un gesto de buena voluntad y de mejora de las relaciones. Por tanto, encontramos a la música jazz como muestra de la vida occidental, la exportación de la buena vida, el escaparate capitalista, el primer intento de globalización, en lo que se llamó oficialmente: La Diplomacia del Jazz. Es curioso comprobar cómo una expresión cultural tan perseguida en un país, es usada como elemento definidor del mismo, pero eso es harina de otro costal. Avanzando un poco más y atendiendo a los parámetros oficialistas, es de recibo que toda diplomacia tenga sus embajadores, y en este caso no se pudieron escoger con mejor tino: Dizzy Gillespie, Duke Ellington, Louis Armstrong y hasta Miles Davis, entre otros, en una horquilla temporal que va desde el año 1956 hasta el 1978. Todos estos genios de la música, se convirtieron en los voceros del life style americano, realizando visitas a lugares “calientes” del planeta, no elegidos al azar, evidentmente, y sufragados por el gobierno norteamericano. Hablamos de destinos como la Yugoslavia de Tito, Egipto, Pakistán, Polonia, Irak, Etiopía, etc… Pero sin ninguna duda, el gran logro fue Moscú. Ver a Goodman con su clarinete en el centro de la Plaza Roja, con la catedral de San Basilio al fondo, no tiene precio. Es un símbolo como lo fue en su día la caída de la estatua de Sadam Husein en Bagdad, la foto de la bandera estadounidense enarbolada por los soldados en Iwo Jima o la famosa instantánea del Miliciano Caído, de Robert Capa. Nada era casualidad y todos los cabos estaban atados y bien atados. Mientras que para el África más profunda “utilizaban” a músicos afroamericanos, en destinos como Varsovia o Moscú, enviaron a artistas de corte más clásico como lo fueron Brubeck y Goodman. En este sentido, Benny Goodman difundió una pequeña anécdota que ilustra lo dicho: “Decidí preguntar la funcionario del Ministerio de Cultura Soviético que me recibió, qué le parecía que invitaran a un músico de jazz a Moscú. El funcionario se quedó mirándome y contesto: “Nuestra gente se toma muy en serio la música… por eso no están interesados en el jazz. También por eso Benny Goodman está en nuestro país”. Y no le faltaba razón al viejo funcionario. Brubeck y Goodman además de ser blancos y tener una formación clásica, realizaban un estilo de música menos agresiva y más del gusto occidental, si eso se puede decir, un estilo que muchos de los jóvenes leones no consideraban ni jazz.

Podríamos seguir hablando de los múltiples acontecimientos y anécdotas que la visita del clarinetista generó. Podíamos hablar del gesto impertérrito, de laboratorio, que Jrushchov mantuvo durante todo el concierto, podíamos referirnos a las películas soviéticas, marcadamente nacionalistas, donde se usaba música popular rusa, cuando salían en pantalla los héroes, y jazz, cuando lo hacían los villanos, o deberíamos criticar el mangoneo económico que Goodman se trajo con algunos de los componentes de su banda, pero entonces nos excederímos del espacio reservado y obviaríamos lo realmente importante, la música. Así que… comencemos con el apartado técnico. El álbum estuvo producido originalmente, en 1962, por la discográfica RCA Records, reeditado por el sello American Jazz Classics y distribuido en España por DistriJazz. El disco está compuesto por 21 tracks más 16 bonus track inéditos hasta ahora, organizados en dos discos. En cuanto a la información adjunta en el libreto del cd, debemos decir que es excelente, a saber: entrevista a Benny Goodman por Les Tolmkins en el año 1962, amplia información del evento de la mano de Anthony Waiser, notas originales del álbum del 62 escritas por la pluma de George Avakian, un amplio apartado técnico con formaciones de los distintos temas, fechas, información de los bonus y finalmente un salteado fotográfico mágnifico. En resumidas cuentas, un diez para la faceta estética e informativa.

Capítulo aparte merece la música, con temas arreglados para la ocasión. Este aspecto preocupó mucho a Goodman, que se debatió entre no llevar temas muy antiguos, para no parecer anticuado, pero tampoco llevar temas muy nuevos, por miedo a que el público soviético, demasiado bisoño, no los entendiera. Finalmente encontramos standars clásicos, valga la redundancia, como Body And Soul, junto a composiciones de autores más modernos como Tadd Dameron (“Swift As The Wind”, “Fontainebleau”) o el mismo Joe Newman (“Midgets”), músico que engrosaba la sección de trompetas de Goodman. El álbum se abre con el supertema “Let´s Dance”, 45 segundos que encienden al público. Pero donde realmente, la banda de Goodman hace saltar al respetable por los aires, es en el corte número tres, “Meet The Band”, en el que presenta a la banda de forma progresiva e intensa: Joe Newman, Joe Wilder, Jimmy Knepper, Phil Woods, Zoot Sims, Victor Feldman, Teddy Wilson, Mel Lewis, entre otros. Una formación de auténtico ensueño. A partir de este punto, todo va como la seda, con numerosas composicones como la premonitoria “Mission To Moscow”, “Avalon” o “Bye Bye Blackbird”, entre otras, todas altamente disfrutables.

En otro orden de cosas, podemos afirmar, que el apartado sonoro es inmejorable, con una remasterización de 24 BIT, aunque parece que en la grabación original tuvieron algún que otro problema para recoger el sonido ambiente, en el que los asistentes al concierto pedían y vociferaban más solos de los saxofonístas, gritando: ¡Zoot! o ¡Pheel! Como eso no se pudo captar con toda la nitidez posible, George Avakian, productor y Carl Schindler, ingeniero de sonido, prestaron sus voces para reproducir estas exclamaciones. Un buen ejemplo de ello es el final del corte número seis, titulado “Titter Pipes”.

Acabando, un álbum histórico que por sólo lo que significó históricamente, debería estar en las estanterías de cualquier coleccionista o aficionado al jazz. Si a esto, le añadimos lo cuidado de su producción y la gran música, una lucha entre lo viejo (Goodman) y lo nuevo (Zoot, Woods…), que encontramos en su interior, certificamos sin temor a equivocarnos, que es toda una experiencia y un magnífico disco. Muy recomendable. Vashe Zdorovie!

© Juanma Castro Medina, 2014

Benny Goodman: The Complete Benny Goodman In Moscow

Músicos: Benny Goodman (Clarinete). Joe Newman, Joe Wilder, Jimmy Maxwell, John Frosk (Trompeta). Wayne Andre, Willie Dennis, Jimmy Knepper (Trombón). Phil Woods, Jerry Dodgion (Saxo alto). Zoot Sims, Tommy Newsom (Saxo tenor). Gene Allen (Barítono). John Bunch, Teddy Wilson (Piano). Turk Van Lake (Guitarra). Bill Crow (Contrabajo). Mel Lewis (Batería). Victor Feldman (Vibráfono). Joya Sherrill (Voz).

Composiciones: “Let´s Dance”, “Mission To Moscow”, “Meet The Band”, “I Got It Band (And That Ain´t Good)”, “Why You?”, “Titter Pipes”, “Avalon”, “Body And Soul”, “Rose Room”, “The World Is Waiting For The Sunrise”, “Bei Mir Bist Du Schden”, “Stealin´ Apples”, “Feathers”, “On The Alamo”, “Midgets”, “One O´Clock Jump”, “Bye Bye Blackbird”, “Swift As The Wind #1”, “Fontainebleau”, “Meadowland”, “Goodbye”.

Bonus Tracks: “I´ve Grown Accustomed To Her Face”, “Swift As The Wind #2”, “Announcement Into King Porter Stomp”, “Meet The Band #2”, “Let There Be Love”, “Bugle Call Rag”, “Meet The Band #3”, “Missión To Moscow #2”, “Clarinet A La King”, “King Porter Stomp #2”, “Avalon”, “Body And Soul”, “China Boy”, “Medley: Poor Butterfly / I Can´t Give You Anything But Love”, “The Sheik Of Araby”, “Gershwin Medley: The Man I Love / Embraceable You / Lady Be Good / Somebody Love Me / Liza”.




Phil Woods & Gene Quill: Altology – Complete Quintet and Sextet Recordings 1956-1957 (Fresh Sound)

woods quill

Este doble CD reúne tres elepés de Phil Woods y Gene Quill para tres sellos distintos. Los saxofonistas tenían entonces alrededor de 26 y 29 años respectivamente, y sus acompañantes también eran de esa generación. Este es un detalle que suele olvidarse cuando se trata de sonidos tan clásicos como éstos desde nuestra perspectiva actual.

Las sesiones de 1957 apenas parecen ensayadas, aunque poco importa. El quinteto de Woods y Quill era un grupo esporádico pero rodado (de ahí las diferentes rítmicas). En la sesión para Prestige casi todos los temas vienen firmados por Woods, salvo “Airegin” y “Solar” (tema del guitarrista Chuck Wayne del que se apropió Miles Davis). Los arreglos no son nada del otro mundo, pero los solos no defraudan (incluido Kotick en “Solar”). Quill y Woods son dos solistas temperamentales y de fuertes caracteres, capaces de sacarle al saxo alto ese sonido corrosivo característico del más ácido de los saxos. En cuanto a la sombra de Charlie Parker, es alargada, obviamente, pero ni Woods ni Quill son meros imitadores. En este sentido, cabe destacar la ferocidad con que ambos atacan “A Night in Tunisia”, en el disco para Epic, que abren tocando juntos y cuando llega el momento del famoso break “parkeriano”… se lo ceden al pianista.  En “Scrapple from the Apple” también van a por todas, en claro homenaje a su maestro y precursor, después de una larga introducción arreglada y los solos de Dallas y Corwin.

En cuanto a la sesión para RCA, del año anterior, aquí las cosas cambian un poco por la presencia Sol Schlinger, un ilustre sesionero del barítono (Woody Herman, George Russell, Benny Golson…) lo cual da más juego en los arreglos de algunos de los temas (no toca en todos). RCA era un sello relativamente conservador, y esta sesión destaca por una sensibilidad casi más swing que bebop, principalmente por la participación de Neal Hefti y Nat Pierce como arreglistas, ambos colaboradores de Basie en aquellos años. En este aspecto, hay que destacar los cuatro originales de Bill Potts, más el de Gene Orloff (mejor conocido como concertino de innumerables sesiones con cuerdas), que alejan aún más al grupo de su línea habitual, aportando variedad a esta colección.

Dejando a un lado la música, esta reedición es, por un lado, algo arbitraria: Woods y Quill grabaron juntos en más ocasiones en el bienio en cuestión (Pairin’ Off y Four Altos, por ejemplo, aunque en septeto) y existe una clara diferencia de ambiente entre la sesión en sexteto y las dos en quinteto. Por otro, da cierta impresión de descuido. El sonido flojea en ocasiones en los discos RCA y Epic (supongo que transferidos de vinilo), y es de lamentar la mala edición de los textos, sin revisar mínimamente: aparte de que a alguien se le olvidó borrar las preguntas sobre la ortografía de los títulos de los temas (véanse las interrogaciones), se han colado aberraciones como “John Williarre” (¿por John Williams?), “Woody De Franco” (por Buddy DeFranco) y “Clude” (por Claude) Thornhill. Además, en las anotaciones, sacadas de las ediciones originales de estos discos, nos quedamos con un palmo de narices al llegar al final de las correspondientes al elepé de Prestige, que terminan así: “para conocimiento del lector y su mayor disfrute de este álbum, he indicado a continuación quién toca qué en las diversas secciones”.

En todo caso, lo que importa es la música. Woods y Quill fueron dos de los saxofonistas más duros de esta época (no sería de extrañar que Jackie McLean tomara nota de estos discos) y ésta es una buena muestra para quienes quieran comprobarlo.

© Fernando Ortiz de Urbina, 2014

Disco disponible en Spotify: http://open.spotify.com/album/2c9QWjDG3L2MkoYmzHam7Y

Phil Woods & Gene Quill: Altology – Complete Quintet and Sextet Recordings 1956-1957  

Composiciones:
A: “Sax Fifth Avenue” (Orloff), “Ready Rudy” (Hefti), “Cabeza” (Pierce), “Twin Funkies” (Woods), “Rib Roast” (Pierce), “High Steppin’ Bizzes” (Potts), “Four Flights Up” (Woods), “Dig Your P’s and Q’s” (Pierce), “Dry Chops in the Moonlight” (Potts), “Una Momento” (Woods), “Pottsville, USA” (Potts), “Frank the Barber” (Potts);
B: “Crème de Funk” (Woods), “Lazy Like” (Woods), “Nothing but Soul” (Woods), “A Night at St. Nick’s” (Woods), “Black Cherry Fritters” (Woods), “Altology” (Woods), “Airegin” (Rollins), “Solar” (Davis);
C: “Doxy I” (Rollins), “A Night in Tunisia” (Gillespie/Paparelli), “Hymn for Kim” (Woods), “Dear Old Stockholm” (Getz), “Scrapple from the Apple” (Parker), “Doxy II” (Rollins).

Músicos:
Phil Woods y Gene Quill (ambos saxo alto) con:
A: Sol Schlinger (saxo barítono), Dave McKenna (piano), Buddy Jones (bajo), Shadow Wilson (batería).
B: George Syran (piano), Teddy Kotick (bajo), Nick Stabulas (batería).
C: Bob Corwin (piano), Sonny Dallas (bajo), Nick Stabulas (batería).

Fechas de grabación:
A: 15 de marzo de 1956 (Phil & Quill, RCA);
B: 29 de marzo de 1957 (Phil & Quill with Prestige, Prestige);
C: 11 de septiembre de 1957 (Phil Talks with Quill, Epic).

Fresh Sound Records. FSR-CD 473

 

 




Michael Brecker, Galapajazz 2004 © Sergio Cabanillas, 2004

Mi recuerdo de Michael Brecker, por Randy Sandke

Michael Brecker, Galapajazz 2004 © Sergio Cabanillas, 2004

Michael Brecker, Galapajazz 2004
© Sergio Cabanillas, 2004

Considerado por muchos como el saxofonista más influyente desde John Coltrane, Michael Brecker falleció el pasado 13 de enero, a causa de una leucemia derivada de un síndrome mielodisplástico (MDS), un tipo infrecuente de cáncer de médula.

El trompetista Randy Sandke conocía a Michael Brecker desde hace casi 40 años, desde que entraron juntos en la universidad. A pesar de su aspecto apocado, es uno de los trompetistas y compositores más versátiles y flexibles del jazz actual, tan cómodo revisitando el repertorio de los años 20, como colaborando con lo mejor de la avant-garde o explorando su propio sistema musical, la “música metatonal”.

El siguiente texto es una traducción del homenaje que Sandke escribió tras el funeral de Brecker. El original en inglés se encuentra en Rifftides¸ el blog de Doug Ramsey. Vaya para ambos nuestro agradecimiento por permitirnos publicar esta traducción, y especialmente a Sandke por compartir los recuerdos de una larga amistad.

Randy Sandke

Randy Sandke

He asistido a demasiados funerales de músicos de jazz (y sé que tendré que estar en muchos más), pero de todos ellos el de Michael Brecker ha sido el más triste y emotivo, al menos para mí. Quizás sea porque tenía dos críos preciosos en edad escolar: una hija de 17 años, Jessica, y un hijo, Sam, de 13. Además tenemos las circunstancias de su muerte: dos años de agotadora lucha con una dolencia que no tiene cura, y para la que la terapia (quimioterapia masiva) resulta, con frecuencia, tan devastadora como la propia enfermedad. Por último, se trataba de Mike. Aparte de sus singulares y prodigiosos talentos, era una de las almas más agradables, dulces y amables que jamás he conocido. Su pérdida es inconmensurable en muchos aspectos.

Conocí a Mike cuando ambos teníamos 18 años y estudiábamos en la Universidad de Indiana. Su materia principal era lengua española y las asignaturas de música en las que se matriculó sólo eran optativas. Ya entonces era un instrumentista estupendo. Idolatraba a su hermano mayor, Randy, que se había licenciado en la misma universidad dos años antes. Mike pensaba que sólo podría alcanzar a su hermano (que era y es un trompetista innato y a la vez con una gran formación académica) trabajando tanto como le fuera posible. Estaba obsesionado con ensayar. Solía competir con Steve Grossman (a quien creo que Mike conoció en Ramblerni, un campamento de Phil Woods) para ver quién podía transcribir más rápidamente la última grabación publicada de Coltrane. Mike una vez me contó que quería ser Coltrane, aunque escuchaba a muchos otros tenores, desde Joe Henderson y Joe Farrell a Junior Walker y King Curtis. (Solíamos juntarnos en una pizzería del campus para escuchar “Memphis Soul Stew” casi todas las noches).

No obstante, Mike tenía un punto débil: leer partituras le parecía aburrido, y en esa época apenas podía. Se presentó a unas pruebas para la banda de jazz de la universidad, pero por sus dificultades para leer sólo le admitieron en la segunda formación. Me acuerdo de un concierto que dieron en el que Mike estuvo sentado pacientemente con el resto de la sección mientras tocaban unas partituras poco inspiradas. De pronto se puso en pie y produjo un auténtico tornado sonoro. Cuando terminó se sentó como si nada y el concierto llegó a su fin. Ya entonces era hipercrítico con su forma de tocar.

Formamos una banda de jazz-rock con el basto nombre de “Mrs. Seamon’s Sound Band” [“La Sólida/Sonora Banda de la Sra. Seamon”]. La Sra. Seamon era la “nutricionista-jefe” en Wilkie Quad, donde vivíamos Mike y yo, y odiaba a los estudiantes melenudos y desastrados que estaban invadiendo su cafetería. De hecho, Mike siempre fue algo dandy, pero entonces todos nos estábamos dejando el pelo largo. Al fin y al cabo estamos hablando de 1967-68.

Michael Brecker, Vitoria 2002 © Sergio Cabanillas, 2002

Michael Brecker, Vitoria 2002
© Sergio Cabanillas, 2002

Con esta banda tocamos en el festival universitario de jazz de Notre Dame y nuestra mezcolanza de mainstream con avant-garde y fusión dejó completamente perplejos a los jueces. Ray Brown rehusó otorgarnos el primer premio, de manera que por primera vez en la historia del festival no se concedió. Nosotros consideramos esto como una enorme victoria; de todas formas por nuestra faceta hippy mirábamos con desdén este tipo de competiciones.

Aun así, de esta actuación salió una oferta para llevar a la banda a Chicago (mi ciudad, Mike era de Filadelfia) donde la esposa de un crítico de jazz de Chicago iba a ser nuestra manager. Toda esta historia fue un desastre desde el principio, ya que en realidad a ella le interesaba más mantener un establo de jóvenes sementales que ocuparse del grupo. Dos miembros de la banda nos dejaron estancados en una situación casi desesperada. Ella nos había puesto ya un apartamento, había invertido dinero en nosotros y nos sentíamos obligados a corresponder, pero no podíamos trabajar hasta que remplazáramos a los dos tipos que se habían marchado. Probamos a varios músicos, pero ninguno encajó con lo que estábamos haciendo.

Tras dos meses de atasco, yo ya no lo podía soportar más. Me fui a casa de mis padres a disfrutar de una comida caliente y sábanas limpias. Le dije a todo el mundo que volvería en un par de días. Esa noche cayó la bomba: dos hermanas, amigas de nuestro teclista, estaban de “invitadas” en nuestro piso. Una de ellas vendía LSD y esa noche invitó a los presentes. Todo el mundo experimentó con él (aunque estoy bastante seguro de que algunos declinaron la invitación) pero la hermana pequeña, Bridget, no lo había probado nunca. Eric, nuestro batería, le gustaba mucho, como a otra mujer que estaba pasando un tiempo con la banda. Entre el ácido y este extraño triángulo amoroso Bridget se sintió tan mal que se tiró por la ventana de un tercer piso y se mató.

Una ambulancia se llevó a Bridget, pero a los demás los detuvo la policía mientras registraban el apartamento. Encontraron el LSD y trasladaron a todo el mundo a la cárcel del condado de Cook. Michael y yo fuimos los únicos a los que no detuvieron. Esa misma tarde Mike tuvo un presentimiento horrible y se fue a dar un paseo. Cuando volvió se encontró el edificio sitiado por coches y furgones de policía. Nunca supe dónde pasó Mike esa noche. Debió de estar paseando hasta el amanecer.

Para el resto de los miembros de la banda, la pesadilla no hizo más que empezar: los separaron y les pusieron en celdas con criminales peligrosos. A Eric, que fue testigo del salto de Bridget y también había tomado ácido, le violaron brutalmente en su celda entre varios reclusos. Mientras tanto, la notablemente corrupta policía de Chicago mandó una furgoneta a nuestro apartamento y procedió a robar todo el equipo de la banda. Yo perdí mi colección de discos, mi trompeta y el fiscorno que gané en Notre Dame. Una vez más Mike se libró de lo peor porque había llevado su saxo a una tienda de reparaciones.

Michael Brecker, Galapajazz 2004 © Sergio Cabanillas, 2004

Michael Brecker, Galapajazz 2004
© Sergio Cabanillas, 2004

Un ambicioso fiscal quiso presentar cargos de asesinato contra la banda y la prensa estaba hambrienta de historias sensacionalistas con LSD. Al final todo el tema se vino abajo por un tecnicismo legal, pero el daño estaba hecho. Eric nunca volvió a ser el mismo. Antes de que pasara un año se suicidó tirándose desde el descansillo de una escalera en Los Ángeles.

Mike y yo estábamos desolados, pero encaramos esta horrible experiencia de formas muy distintas. Yo estaba teniendo problemas con una lesión en la laringe que había empeorado porque tocábamos sin la amplificación adecuada. Tras una operación que me pareció un fracaso, decidí abandonar completamente la trompeta y la música. Durante los siguientes diez años ni siquiera tuve una trompeta. Me puse en tratamiento con varios psiquiatras, aprendí a vivir sin ser un músico y poco a poco fui asumiendo todo lo que había pasado.

Mike se mudó a Nueva York, donde Randy estaba a punto de labrarse un nombre como músico de jazz y de sesión. Con 19 años, Mike hizo su primera grabación en el disco de su hermano, Score. A partir de ahí ambos acumularon fama y éxito.

Aun así, tengo la certeza de que los sucesos acaecidos en el verano del 68 seguían carcomiendo el alma de Mike. Era una persona muy tímida e introvertida. Como muchos músicos, se sentía más cómodo en su cuarto de ensayo que en compañía de gente, especialmente si eran desconocidos. De pronto se encontró bajo los focos, rodeado por una muchedumbre de admiradores que le ofrecían toda tentación imaginable por el ser humano.

Creo que el intento de huir de nuestras malas experiencias en Chicago fue lo que abocó a Mike a una espiral de alcohol, cocaína y finalmente heroína. Durante la década de los setenta la fama de Mike creció a toda velocidad, a la vez que se deterioraba su vida personal. Este fue también el periodo en que Randy invirtió en su club, el Seventh Avenue South. Tuvo un gran éxito de público, pero un gerente sin escrúpulos robó dinero y no rindió ninguna cuenta al gobierno. A Mike lo barrieron económicamente y el fisco congeló su cuenta bancaria en tres ocasiones.

Al final Mike volvió en sí, buscó tratamiento y pudo transformar su vida. Se quitó de en medio durante al menos seis meses. Me dijo que le daba igual si no volvía a ganar un centavo más, que iba a hacer lo que quería hacer. Conoció a Susan, el amor de su vida, y se mudaron a un casa apartada en Hastings-on-Hudson (antes Mike había vivido en lofts cutres pero espaciosos alrededor de Chelsea y en Grand Street, cerca de Chinatown). Mike se convirtió en un hombre de familia, y tuvo dos hijos. Decía que si tuviera que volver a empezar habría tenido más. La mascota de la familia, un perro tuerto de raza desconocida, completaba esta estampa de tranquila zona residencial.

Directions In Music, Vitoria 2002 Herbie Hancock / Michael Brecker / George Mraz / Roy Hargrove / Willie Jones © Sergio Cabanillas, 2002

Directions In Music, Vitoria 2002
Herbie Hancock / Michael Brecker / George Mraz / Roy Hargrove / Willie Jones
© Sergio Cabanillas, 2002

Me alegré sinceramente por él. Después de este paréntesis, la carrera de Mike volvió a despegar como si nunca la hubiera aparcado. Volvió a explotar, por segunda vez, como merecía. Si un músico de jazz logra el éxito los críticos pueden darte la espalda y restarte importancia. Pero nadie, nunca, tocó el tenor como lo hacía Mike. En directo era probablemente el músico más excitante (de jazz u otras músicas) que jamás he oído.

Yo, por mi parte, retomé la música a finales de 1979. Para 1985 me sentí preparado para grabar mi primer disco. Le pedí a Mike que tocase en él. Fue tan generoso y animoso como siempre, y un modelo de profesionalismo en el estudio. Diez años después hicimos otro disco juntos, cuando yo estaba en Concord.

Yo no creía que Mike debiera darme ningún trato de favor y negocié su paga con su manager y buen amigo, Daryl Pitt. Sabía que superaba el presupuesto de Concord, así que puse la diferencia de mi bolsillo y le envíe un cheque a Mike. Nunca lo cobró.

La verdadera tragedia de la enfermedad fatal de Mike es que todo le estaba saliendo tan bien… y que había aprendido a apreciarlo. También había aprendido a convivir con la fama de forma constructiva y se tomaba muy en serio su papel como modelo de saxofonistas de todo el mundo.

También uso su fama para hacer campaña por la concienciación sobre su enfermedad. Gracias a la publicidad que generó, 10 000 personas de todo el mundo se prestaron a hacerse pruebas como posibles donantes de médula ósea. Uno de los pocos momentos alegres de las últimas semanas de Mike fue cuando recibió una carta de un niño que logró salvar la vida gracias a un donante de médula que había respondido a la campaña de Mike. El propio Michael nunca encontró un donante totalmente compatible, pero llegó a recibir un trasplante. La donante fue su propia hija, Jessica. Los médicos creen que su donación permitió a Mike vivir un año más.

Una de los rasgos frustrantes de Mike es que era imposible elogiarle sin que él te correspondiera el elogio. Quería considerar a todo el mundo a su mismo nivel, pero la verdad es que él habitaba su propio plano de existencia. Como todos los grandes artistas, nos permitió a todos nosotros atisbar hasta qué punto las posibilidades que ofrece la vida son ilimitadas y revitalizantes. Como corresponde a su típica modestia (y estoy seguro de que se obró según sus deseos) toda la música que se puso en su funeral fueron grabaciones de John Coltrane. La única actuación en directo corrió a cargo de cantora judía que hizo una pieza modal que sonaba antigua, pero que recordaba misteriosamente a algo que podría haber tocado Coltrane. Aun después de muerto, Mike nos estaba enseñando algo sobre la universalidad de la experiencia humana.

Todos los que conocieron a Mike le querían mucho y atesoran cada momento que pasaron con él. Era un persona extremadamente sencilla y totalmente humilde. Una de sus palabras favoritas era “amazing” [increíble, alucinante], que, por supuesto, nunca se aplicó a sí mismo. Tenía un gran espíritu y creo sinceramente creo que ha sido una de las figuras musicales más importantes de nuestra era. Me siento bendecido por haberle conocido y poder haberle considerado amigo mío.

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