Festival Internacional de Jazz Nisville. Niš, Serbia. 2016 [Festival] 1

Festival Internacional de Jazz Nisville. Niš, Serbia. 2016 [Festival]

Las luces iluminan la vieja murallas como alguna vez fue el fuego o quizás las bombas o las balas los que alumbraron la historia de Niš y sus viejas murallas, su antigua ciudadela, sus rastros romanos y bizantinos y otomanos, con huellas de guerras que hoy, especialmente hoy, parecen lejanas. El río Nišava refresca la orilla junto al escenario y al anfiteatro que cada noche de verano está repleto de jóvenes que beben en celebración de un encuentro casual: el suave aire de una noche balcánica. Tal vez no exista relación entre las guerras que asolaron a la región y esta fiesta anual, este enorme festival que se ve tan descontextualizado en la tierra del gusle y el turbo-folk. Quizás sea esa misma descontextualización la que hace de Nišville algo tan fuera de lo común.

Niš es la tercera ciudad más grande de Serbia, la más importante del sur del país, en medio de un valle que ha estado habitado por demasiadas civilizaciones durante los últimos cinco mil años. La ciudad en sí carga sobre su espalda con casi dos milenios y medio de historia atravesados por conquistas y reconstrucciones. Pero cada verano desde 1995 alguien da el puntapié inicial y borra las heridas, cubre las cicatrices y Niš deja de ser pasado para ser la capital europea oriental del Jazz. Nišville no es música, Nišville es redención.

Quizás con la idea de no zambullirse a las apuradas y chocarse de lleno contra el presente, la vieja ciudadela amurallada contiene la mayor parte del festival, donde el monumento que recuerda la victoria frente a los otomanos y la liberación de la ciudad por parte del Rey Milán I provoca una bella disonancia que no es tal. Como en el jazz, el todo es más que la suma de las partes.

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Golden Buddha Jazz Band (China)

El primero en levantar el telón es el Escenario del Río, uno de los once recintos del festival y el único en el que los conciertos comienzan antes de los cuatro días en los que oficialmente transcurre Nišville. El miércoles 9 y el jueves 10 de agosto se presentaron seis bandas en total, entre ellas la italiana Nema Problema, con mayor influencia de sonidos balcánicos y música klezmer que del jazz, y la china Golden Buddha Jazz Band, que combina la improvisación de Nueva Orleans con tradicionales instrumentos orientales, el resultado es una bella armonía entre ancestral y actual, entre confusión y pureza, una de las propuestas más interesantes del festival que volvió a presentarse el jueves 11 ya en el escenario principal.

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Orlan Jazz Band (Rusia)

Cielo y Tierra son dos escenarios, uno al lado del otro, que representan el espacio tradicionalmente más relevante y epicentro durante los cuatro días de Nišville, con capacidad para ocho mil espectadores y seis o siete presentaciones cada noche cuyo orden va en crescendo hasta alcanzar la cúspide con el headliner de la jornada y luego decrece la intensidad mientras el público comienza a retirarse. Este año pasaron por allí músicos de una docena de países, desde Japón a la Argentina. Al Di Meola con su fusión del jazz y los ritmos latinos encabezó una primera noche en la que también participaron los estadounidenses Cyrus Chestnut, Buster Williams y Lenny White (piano, contrabajo y batería respectivamente) proponiendo un jazz más ortodoxo, más americano, de un alto vuelo creativo y destacable técnica interpretativa.

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Bilja Krstić (Serbia)

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Bill Evans (USA)

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Stanislaw Slowinski Quartet (Polonia)

El saxofonista británico Soweto Kinch presentó en la segunda jornada su jazz moderno, con fuerte influencia del hip hop, minutos después de que los locales celebraran a la cantante de folklore serbio y pop étnico Bilja Krstić. El violín del polaco Stanislaw Slowinski junto a su quinteto y la big band eslovena Jazz Punt con un homenaje a The Beatles también pasaron por el Cielo/Tierra en la noche del viernes 12, mientras que el sábado estuvo marcado por la presencia de Bill Evans, saxofonista y clarinetista estadounidense que alguna vez acompañara a Miles Davis, aportando una cuota de rock y bluegrass de tan alta intensidad que hizo deNišville un pequeño Rock in Rio. En un gran momento del festival, con el público fervoroso y encendido, los británicos Shakatak representaron un viaje en el tiempo hacia una discoteca ochentera saturada de funk y disco que las décadas pasadas han logrado herir pero no aniquilar, así es que la cantante Jill Saward se apoya en su joven corista y a nadie parece importarle porque al final los años pasan para todos, y esta noche de sábado Nišville es fiesta. Si el cuerpo aguanta, podría continuar en el Midnight Jazzdance Stage, que propone DJs de Serbia, Japón, Bulgaria y el Reino Unido hasta las 5 AM.

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Belgrade Dixieland Orchestra (Serbia)

Son once los escenarios del festival, cada uno con una impronta característica y única, nueve de ellos son de libre y gratuito acceso, y sólo dos se encuentran fuera de los límites de la antigua ciudadela amurallada: el Escenario del Río, a orillas del Nišava, y el Escenario de Bienvenida, que, en la plaza central de la ciudad, atrae público con bandas locales desde las cinco de la tarde y hasta las ocho, cuando levantan telón los demás recintos.

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Mezquita Bali Bey

Luego de perder Belgrado en manos de los Habsburgo en 1717, los otomanos decidieron que Niš debía ser mejor resguardada, por eso en 1723 construyeron más de dos kilómetros de murallas alrededor de la ciudad y también una puerta principal que aún conserva símbolos islámicos y lleva el nombre de la capital del imperio que la edificó: Estambul. Atravesarla es inmiscuirse en la historia, es comenzar a surcar una vieja calle bizantina del siglo V, admirar el baño turco de 1498, soñar en la mezquita que ya no funciona como tal y que es la única que sobrevive de las diez que alguna vez existieran en la fortaleza, indagar en los archivos históricos del edificio que fue prisión búlgara durante la Primera Guerra Mundial o aún escuchar los cañones del arsenal otomano construido apenas dos décadas antes de que Niš volviera a manos serbias en 1877. Pero Nišville transforma todo, y hoy el Arsenal es museo y centro de prensa, sobre el edificio de la prisión búlgara se proyectan películas, en la mezquita hay una exhibición de comics llamada Striporama, el baño turco es uno de los muchos bares que aprovecha la ocasión para organizar sus propios conciertos y la calle bizantina es el bullicioso camino central entre los distintos escenarios. Todo en el marco de Nišville.

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Escenario de la Juventud

El más cercano a la Puerta de Estambul es el Escenario Abierto, quizás el de las más heterogéneas propuestas, desde punk o reggae a bluegrass y, claro, jazz, con cuatro o cinco bandas por día, casi todas serbias pero también algunas de países vecinos como Bulgaria y Croacia. La calle principal de la fortaleza conduce desde allí a otros tres escenarios: el Balkan Saints, en el extremo noreste del complejo, propone algo muy similar al primero, con amplia variedad y diversos orígenes, pero al estar tan alejado de la puerta principal no logra convocar al público; sí lo hará a partir de la medianoche, cuando ese mismo espacio sea la sede de la enorme discoteca al aire libre llamada Midnight Jazzdance. En el Escenario Kristina, pequeño y un tanto oculto entre los árboles del predio, se exhiben películas mudas con música en vivo. Por otro lado, el Escenario de la Juventud tiene apoyo de la misión local de la Unión Europea y allí se presentan jóvenes estudiantes de música de toda la región balcánica. Muchos son adolescentes, algunos son aún niños, y no es difícil llevarse más de una sorpresa al escuchar a tan jóvenes intérpretes: algunos, con 16 o 17 años parecen ya listos para el Cielo/Tierra. Quizás el año próximo.

Nišville, como un club de fútbol, tiene su propia cantera. Por un lado, los más pequeños, aún en edad escolar, participan del espacio Jazz para Niños, donde muchos se animan a mostrar sus tempranos talentos, otros pintan y quizás alguno intente convencer a sus padres de que le permitan sumarse a los talleres de arte que exponen en este espacio. Además del Escenario de la Juventud, los estudiantes de música tienen la posibilidad de participar gratuitamente de clases con algunos de los artistas del festival, muchos de ellos extranjeros que comparten su experiencia y aportan un nuevo bagaje cultural a los que algún día se presentarán en los principales escenarios de este y otros eventos.

El Escenario Drum Challenge propone duelos entre bateristas pero sólo para las pausas entre una banda y la siguiente: ni un segundo desperdiciado por ahí, pero tampoco se pierde el tiempo en el Escenario de la Juventud, donde los intervalos se utilizan para presentar los premios a los ganadores de un concurso de guitarras o para que participen bandas aún más jóvenes.

La presentación de coches antiguos, las diversas muestras de fotografías y la exhibición de esculturas y pinturas ganadoras del concurso Art to Get Jazzy son un plus en un ya muy cargado evento. Al mismo tiempo hay presentaciones de nuevos libros, grupos acrobáticos, eventos en residencias geriátricas y hasta conciertos en la prisión local. Y es que la saturación de Nišville es de tal magnitud que desborda los límites de la ciudad de Niš y alcanza otras latitudes de Serbia, como Belgrado, Novi Sad, Subotica o Zaječar, donde también se organizan actividades.

Yuichiro Tokuda's Ralyzzdig (Japón)

Yuichiro Tokuda’s Ralyzzdig (Japón)

Después de pasar por los japoneses de Ralyzzdig, liderados por el pequeño pero carismático saxofonista Yuichiro Tokuda, y por el trío francés que comanda Remi Panossian, será el turno de la diva soul-pop británica Joss Stone, con su encanto casi aniñado y su voz tan negra que parece no corresponderse con el cabello rubio. En medio minuto se gana a los serbios y cerrará el festival regalando girasoles a la audiencia segundos antes de que se enciendan las luces y nos veamos el año que viene.

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Joss Stone (UK)

Quizás el público más conservador encuentre una especie de traición en Niš, donde un festival de jazz no es sólo de jazz. Quizás el jazz sea sólo una excusa, quizás no sea más que un nombre, una estrategia de marketing para atraer turistas bajo cualquier pretexto a una ciudad que apenas si figura en algún mapa regional. Es cierto que Nišville carece del ambiente, de ese cierto encanto ligado a la tradición y la ortodoxia del género, y que la efervescente intensidad del público por momentos choca (figurativa y literalmente) contra las sillas plásticas que debieran resguardar la solemnidad algo snob, algo aburguesada y definitivamente cliché que muchas veces aleja al jazz de la masividad. Pero es justamente ese contraste, ese clima tan antagónicamente tentador el que hace de esto algo más que una excusa. No, el jazz nunca caló en los Balcanes. No, no hay mucha cultura ligada al género en la región. No, no hay demasiada tradición ni ligazón ni casualidad ni causalidad entre Niš y el jazz. Pero. Hoy que las bombas ya no retumban detrás de la esquina y las balas no desarman al hijo del vecino, hoy cualquier excusa es buena, cualquier motivo es bienvenido. Nišville es el orgullo de una ciudad sobreviviente, marcada por destrucciones y reconstrucciones sucesivas, que no, no tiene relación con el jazz y qué importa, si nadie impedirá que por cuatro noches la ciudad haga una fiesta y se mofe de esa solemnidad algo snob, algo aburguesada y definitivamente cliché con la que tal vez carguen otros festivales. Quizás Nišville no sea puro y prístino o el más perfecto paradigma, pero su impredecible vehemencia, tan pero tan balcánica, lo hace único en su especie. Porque alguna noche de verano en la fortaleza otomana las historias se cruzan con la suave brisa estival y el público aplaude satisfecho. Y a eso no hay con qué darle.

Por autopista son 240 kilómetros desde la capital Belgrado a Niš, y hay numerosos servicios al día de autobús y tren. Tanto Ryanair como Wizz Air vuelan al Aeropuerto Internacional Constantino el Grande desde diversas ciudades de Italia, Alemania, Eslovaquia, Suecia y Suiza. La ciudad ofrece muchos tipos de alojamiento en hoteles de calidad y albergues juveniles para todos los presupuestos.

Para más información sobre la edición 2017 de Nišville: www.nisville.com

Texto y fotografías: @ IEH, 2016

 

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