Henry Threadgill ganador del Premio Pulitzer 2016 [Noticias]

Ilustración: © Jorge López de Guereñu, 2010

Ilustración: © Jorge López de Guereñu, 2010

El saxofonista y compositor Henry Threadgill ha resultado ganador del Premio Pulitzer 2016 por su obra In for a Penny, In for a Pound (Pi Recordings) publicado en 2015, “por una composición musical sobresaliente realizada por un americano que ha sido puesta por primera vez en escena o grabada en los Estados Unidos”. El artista se une a otros creadores de jazz que ya recibieron o estuvieron nominados a los premios Pulitzer, como Wadada Leo Smith o Wynton Marsalis.

http://www.pulitzer.org/article/2016-pulitzer-prizes




Tomajazz recomienda… un CD: Where’s Your Cup? (Henry Threadgill, 1997)


Where’s Your Cup?, Henry Threadgill, 1997

Where’s Your Cup?, Henry Threadgill, 1997

Este es el tercero y último de los disco que Threadgill grabó para Columbia, gracias a los buenos auspicios de Branford Marsalis.

Y, si los dos anteriores son buenas obras aunque un tanto irregulares, Where’s Your Cup? vuela muy alto del principio al final. A ello contribuye un grupo perfectamente conjuntado, con la guitarra estratosférica de Brandon Ross, el bajo gomoso de Stomu Takeishi y un fantástico J.T. Lewis a los tambores. Pero el elemento más personal lo aporta Tony Cedras al acordeón y al harmonium, con una paleta sonora que va del orientalismo a la música del Caribe, pasando por la América rural y el góspel. Y por encima de todos la flauta y el saxo ácido y vibrante de Threadgill, con su querencia por el himno y la ironía. Un gran disco de uno de los músicos más personales de las últimas décadas.

Where’s Your Cup?, publicado en 1997 por Columbia/Sony (CK 67617)




Top Ten número 9: Henry Threadgill o sobre la habilidad para poner títulos

Algunos títulos de temas aparecidos en discos de Henry Threadgill:

“Burnt Til Recognition”

“Great Body of the Riddle or Where Were the Dodge Boys When My Clay Started To Slide”


“The Devil Is On The Loose And Dancin’ With A Monkey”
“Don’t Drink That Corner My Life Is In The Bush”
“Keep Right On Playing Through the Mirror Over the Water”
“Spotted Dick Is Pudding”
“Let Me Look Down Your Throat Or Say Ah”
“Between Orchids Lillies Blind Eyes And Cricket”
“Jenkins Boy Again, Wish Somebody Die, It’s Hot”
“Tragedy On A Thursday Afternoon”
“Drivin’ You Slow And Crazy”
Selección por Pachi Tapiz.

Ilustración: © Jorge López de Guereñu, 2010




Tomajazz recomienda… un solo: Henry Threadgill en “B.K.” (1980)

Resulta complicado señalar únicamente el solo de flauta de Henry Threadgill en “B.K.”, ya que tanto el contrabajista Fred Hopkins como el batería Steve McCall están especialmente brillantes. Si por algo se caracteriza el trabajo del grupo Air, en activo durante la década de los 70 y parte de los 80, hasta el abandono de Steve McCall por enfermedad, fue la capacidad de interacción de sus tres componentes. Tampoco es menos cierto que si uno escucha todo el disco, quizás es igualmente complicado señalar sólo este tema. Los otros dos que componen Air Mail, “R.B.” y “C.T., J.L.”, no desmerecen demasiado del seleccionado. La elección, sin embargo, viene motivada por dos cuestiones. La primera, obviamente, es el gran solo de flauta de Threadgill. La segunda es la calidad de la composición, que resulta irresistible desde su mismo inicio. ¡A seguir el ritmo!

Seleccionado por © Adolphus van Tenzing, 2010

Disponible en: Air Air Mail (Black Saint. 120049RM-2)

Disponible a su vez en: Henry Threadgill: The Complete Remastered Recordings On Black Saint & Soul Note (C.A.M. BXS 1003)




Henry Threadgill: compositor de jazz. Artículo por Jorge López de Guereñu

Entre los músicos del free jazz clásico en los primeros sesenta hubo sobre todo grandes improvisadores, pero su segunda generación es muy diferente de la de esos pioneros. Los planteamientos de asociaciones de músicos de vanguardia como la Asociación para el Avance de los Músicos Creativos en Chicago o el Grupo de Arte Negro en San Luis generaron una nueva vía para esta música. En esos colectivos nacieron grandes compositores que siguieron la senda de Muhal Richard Abrams o Anthony Braxton, músicos ejemplares de la AACM. A partir de la idea de la Gran Música Negra como unidad, lema de esta asociación, buscan nuevas formas de composición y distintas formaciones con arreglos muy originales que tocar de una nueva manera.

Los setenta son un recorrido de muchos de estos nuevos músicos desde la improvisación como punto de partida hasta un mayor interés por los arreglos y la composición según va pasando la década. La visión más extendida hasta bien recientemente era la de que estos músicos fueron relajando sus posturas más radicales. En esos años en que aparecieron los primeros neoconservadores en la música, y en general en la sociedad y la cultura americanas, había que hacer frente a la nueva situación que se avecinaba, la de los años ochenta definidos por un “reaganismo” que limitó considerablemente las libertades en el país del jazz. Su situación afectó a todos los aspectos de la sociedad, incluyendo toda forma de cultura, y también de música.

Hoy día muchos aficionados y críticos cuya pasión por el jazz más moderno se desarrolló entonces, miramos hacia atrás con una óptica diferente. Los músicos de vanguardia, siempre por delante de los que los escuchamos, percibieron muy rápidamente el agotamiento de los planteamientos de “la libertad por la libertad” de aquellos pioneros del free. Su reacción consistió en aplicar esa nueva estética musical a la forma, la composición, que fue también siempre una parte importante en el jazz. Pocos artistas aparecidos en los sesenta, desarrollados en los setenta, y en plena forma en los ochenta, representan tan bien esta evolución como Henry Threadgill.

Threadgill, un pilar de la AACM.

Este músico extraordinario, nacido en 1944 en Chicago, estuvo desde el principio en el núcleo de la vanguardia de la ciudad. Aparece ya como miembro de la banda de Muhal Richard Abrams en su segundo disco en 1969, incluso estaba en su anterior Experimental Band, desde principios de los sesenta. Tras unos años tocando gospel y blues, vuelve a tocar con Abrams y otros miembros de AACM, como Joseph Jarman y Roscoe Mitchell.

En 1971 forma con Fred Hopkins al contrabajo y Steve McCall a la batería el trío Reflections, que enseguida cambiará su nombre por Air. Con este grupo comienza a hacerse más conocido, aunque nunca alcanza el grado de notoriedad de otros miembros de la AACM. No es un multi-instrumentista tan diversificado como Braxton, Mitchell o Jarman. Toca excelentemente el clarinete, el saxo tenor y el barítono, pero se ha centrado más en el alto y la flauta. Dada su postura musical aparentemente no tan radical como la de otros músicos de vanguardia, es en principio menos llamativo para el público habitual del free jazz. Su música, desde sus primeros conciertos y discos con Air, está profundamente enraizada en el blues y las formas más primitivas de la música negra, así como en todas las épocas el jazz más clásico, pero al mismo tiempo es muy moderna.

Como saxofonista, es de una influencia mucho mayor de lo que parece a primera vista. Ecos de su seco sonido se escucharán en el de los instrumentistas más jóvenes de la ciudad, como Steve Coleman. Cuando comienza a tocar en Nueva York es un miembro destacado en ese grupo de grandes altos de su generación. Tiene muchas cosas en común con Arthur Blythe, Julius Hemphill y Oliver Lake, y su música evolucionará en la escena de los lofts de manera similar a la de estos otros grandes músicos cuyos caminos se han cruzado tantas veces con el suyo. El sonido de Threadgill es tan particular como el de esos otros tres grandes músicos, particularmente similar al de Hemphill, pero con un vibrato aún mayor y un gusto por la vocalización que recuerda aún más al de los saxofonistas de rhythm & blues.

Los discos con Air.

Air es un trío más que original, formado en principio como Reflections para interpretar la música de Scott Joplin según un encargo del Columbia College a Threadgill en 1971. Reagrupados algo más tarde ya con este nuevo nombre, será un trío en el que composición, y sobre todo los arreglos, serán siempre muy importantes.

Su primer disco, Air Song, lo publica India Navigation en 1975. Contiene cuatro temas bastante largos. Su sencillez es la plataforma para que los tres músicos busquen en su desarrollo cada rincón de estas composiciones. Lo hacen en una forma compleja en la que es difícil distinguir la improvisación de la estructura, en una grabación llena de frescura y sentido del humor. Live Air , publicado por Black Saint en 1976, contiene temas de dos conciertos muy diferentes. Unos fueron grabados en el loft Rivbea de Sam Rivers, con Threadgill a la flauta y unos arreglos muy complicados. El otro es un concierto en Michigan en el que interpretan uno de sus caballos de batalla usuales en sus actuaciones, “Keep Right on Playing Through the Mirror Over the Water”, un tremendo blues donde su alto suena fenomenal. La interacción entre los tres músicos es asombrosa en todo el disco, totalmente diferente de las grabaciones al uso entre otros tríos avant-garde de esa época. Las escapadas armónicas de sus tres protagonistas están totalmente integradas en la composición de las piezas.

                            

Air Raid, su segundo disco en India Navigation, publicado ese mismo año 1976, es aún mejor. Threadgill, un líder por naturaleza, concibe sus solos en este disco ya como parte de una estructura que lo destaca como gran compositor. Las partes que escribe para Hopkins y McCall anuncian sus experimentos con extrañas formaciones en grupos posteriores. Al año siguiente, Nessa publica su Air Time, que aunque tiene dos composiciones de los otros dos miembros, sigue en esa línea de Threadgill de dar mucho protagonismo a los extraños arreglos de sus temas, y estructurar los solos como parte de una forma mayor en una manera muy original.

                          

En Open Air Suite, de 1978, el primer disco del grupo para Arista Novus, aparece el interés de Threadgill por la música de circo y los minstrels, y en general, por todas las formas antiguas de la música afroamericana, que renueva con su particular lenguaje. En su segundo disco para ese mismo sello, Live At Montreux 1978, aparecen dos versiones fantásticas de otros dos temas típicos del grupo y una improvisación libre, inusual en ellos y particularmente inspirada.

También en 1978 graban para Bluebird/RCA su disco más famoso, Air Lore. Interpretan los arreglos originales de Threadgill para dos temas de Scott Joplin y otros dos de Jelly Roll Morton, más un original del saxofonista inspirado por esa música antigua que tanto le gusta. Dos años después, el trío entra en los ochenta con Air Mail, otra grabación soberbia para el sello Black Saint, en el que Fred Hopkins y Steve McCall se muestran como una de las parejas rítmicas más espectaculares de su generación. En este disco, como en el anterior, Threadgill suena tan expresivo con todos y cada uno de sus instrumentos, al alto, al tenor y las flautas. Además aquí vuelve a utilizar el hubkaphone, un antiguo instrumento de viento típico de los negros en el medio rural, que él recupera del pasado.

             

El último disco de Air con Steve McCall aparece en 1982 en el sello Antilles. 80º Below ‘82 es un disco muy asequible al gran público y orientado al blues, con otra versión fantástica de un tema de Morton, “Chicago Breakdown”. McCall, enfermo (moriría cinco años después), se traslada de vuelta a Chicago, y es sustituido en el grupo, que pasa a llamarse New Air, por Pheeroan AkLaff. Con este nuevo batería, hacen una grabación en directo y otra en estudio con Cassandra Wilson como invitada, publicadas por Black Saint como New Air Live At Montreux y Air Show Number 1. Tras estos dos discos y algunos conciertos más con Andrew Cyrille sustituyendo a AkLaff, finalmente de separan en 1987.

Los primeros grupos de Threadgill en los lofts y el Sextett.

Henry Threadgill pasa la década de los setenta alternando su actividad con McCall y Hopkins en Air, y sus otras formaciones. Va definiendo su música fuera del trío en conciertos en los lofts de Nueva York, siempre interesado por encontrar nuevas formas de interpretar sus peculiares composiciones. Al final de esa década, parece concentrarse en estos nuevos grupos, que llaman la atención desde el principio por sus extrañas combinaciones de instrumentos.

En 1979 graba su primer disco como líder sin Air, X-75, Vol.1, con cuatro maderas, cuatro contrabajos, y una vocalista. Este disco publicado por Novus, que nunca tuvo su anunciada segunda parte, deja ya ver muchos de los intereses que llevarían a su líder a formar su gran banda de los ochenta, el Sextett. Las funciones de los cuatro contrabajos, que son los del Bass Violin Choir de Bryan Smith, con Fred Hopkins, Rufus Reid y Leonard Jones, no son únicamente de sostén rítmico, y aunque toquen a menudo pizzicato, tienen una responsabilidad notable en el carácter melódico del disco.

Douglas Ewart, Joseph Jarman, Wallace McMillan y el propio líder completando la sección de cañas tocan con unos arreglos totalmente diferentes de los de otras formaciones de la época en este estilo, como el World Saxophone Quartet. Los cuatro temas de Threadgill suenan casi como himnos que nunca caen en la monotonía, ricos y diversos. El menos interesante es el arreglado para cuatro flautas y la voz de Amina Claudine Myers. El más tradicional es el que cierra el disco, un vehículo perfecto para apreciar la calidad de su saxo alto en la sucesión más clásica de los solos.

Más o menos en la misma época en la que sus colegas Arthur Blythe, David Murray y Julius Hemphill estaban experimentando con formaciones no muy usuales, Threadgill forma su primera gran banda estable, el Henry Threadgill Sextet, que es en realidad un septeto. Lo completan Olu Dara a la corneta, Craig Harris al trombón, Bryan Smith con el contrabajo piccolo emparejado al contrabajo de Fred Hopkins, y dos baterías, John Betsch y Pheeroan AkLaff. Con este grupo publica en el sello About Time en 1982 su primera obra maestra, When Was That?. La característica más original de la música de este personalísimo compositor es aquí ya primordial: la integración y ubicación de los solos, y su peso en la composición, es cualquier cosa menos convencional, y la variedad de funciones de cada instrumento o pareja de instrumentos, enorme y muy diferente en cada tema. La banda suena con una cohesión asombrosa hasta en los pasajes más abstractos o en los solos simultáneos de varios instrumentos, y los temas originales del líder son de un lirismo sólo comparable a la soberbia interpretación de los grandes músicos del grupo.

                            

Al año siguiente, y prácticamente con la misma banda, salvo que la violonchelista Dierdre Murray sustituyó al contrabajo piccolo de Smith, Threadgill grabó su segundo disco para el sello About Time, Just The Facts And Pass the Buckett. Igual de cuidadoso en sus arreglos, variado y enrraizado en el blues como toda su música, es otro álbum estupendo que describe muy bien esta pletórica época de saxofonista. La excepcional trilogía en este sello la completa en 1984 con Subject To Change, en el que Ray Anderson y Rasul Siddik sustituyen a Harris y Dara, y Amina Claudine Myers vuelve a cantar en un tema, con letra de Cassandra Wilson. Este disco cierra un primer grupo de grabaciones indispensables para entender la efervescencia de una nueva vanguardia, en esos comienzos de los ochenta tan mal comprendidos entonces.

El sexteto se convierte en el Sextett.

Threadgill, con un sentido del humor no tan común en una música tan seria como la de la vanguardia, siempre jugó con el nombre de su grupo. Que se sepa, nunca fue un sexteto, a pesar de su primer nombre. Siempre partió del concepto de los tres vientos sobre la sección de ritmo doble, con dos baterías y dos contrabajos primero (uno de ellos, piccolo), contrabajo y chelo después. Tras sus discos, excepcionales, en About Time, es fichado por el relanzado sello Novus, que en esta época cuenta con una impresionante lista de artistas, y comienza a grabar con el mismo grupo, ahora denominado el Henry Threadgill Sextett.

                         

You Know The Number, el primer disco en su nuevo sello, aparece en 1986 sin aparente ruptura con la trayectoria hasta entonces admirable de Threadgill con su original grupo. Los cambios en la formación son mínimos, con Reggie Nicholson sustituyendo a John Betsch como segundo batería junto a Pheeroan AkLaff, y el trombonista Frank Lacy en lugar de Ray Anderson. La música es igual de potente, variada y original que en sus discos anteriores.

Su septeto se muestra como una banda muy sólida, y sin cambios en el grupo graba al año siguiente Easily Slip Into Another World, otra joya de este compositor, arreglista y solista brillante. En 1988 cierra de manera ejemplar esta nueva trilogía en Novus con Rag, Bush And All. En este último disco Ted Daniel es el trompetista que representa a esa élite de los lofts que va pasando por sus bandas. A las baterías están Reggie Nicholson y Newman Baker. La otra novedad es la sustitución del trombón de Frank Lacy por el trombón bajo de Bill Lowe, que anticipa el interés de Threadgill por incorporar a sus bandas los instrumentos de viento de registro más grave.

El cambio de década y la música de circo.

Los ochenta, lejos de ser unos años de crisis de creatividad, fueron una década de asentamiento. El interés de muchos músicos de vanguardia se dirigía a encajar su estética dentro de formas compositivas distintas a las utilizadas hasta entonces. Threadgill, como Muhal Richard Abrams o Braxton, es un músico cuya importancia como improvisador es igual a la de compositor y, en su caso, arreglista y organizador de bandas. De cara a la nueva década, su grupo cambia de forma y su música, sin perder ni un ápice de su personalidad, también.

Los años pasados por este músico en su juventud tocando fuera del entorno del avant-garde, como acompañante de gospel, blues y rhythm&blues, siempre influyeron en su afición a la música más popular y a la música antigua. Los ragtimes, la música cercana a los minstrels de Morton, el blues y lo más festivo de la música popular siempre han estado en su punto de mira. La música de circo con esos ritmos de marcha alegres y directos, suena como un potente eco en sus composiciones enérgicas, cambiantes y llenas de sentido del humor. A finales de los ochenta, da por concluida la actividad con su septeto, y agrupa otra combinación extraña de instrumentos para su nueva banda.

Los emparejamientos instrumentales siempre han estado presentes en este compositor que tanto gusta del equilibrio en sus arreglos. En su nuevo grupo, Very Very Circus, el axofonista y flautista aparece al frente de su formación junto al trombón de Curtis Fowlkes. Detrás sitúa otras dos parejas de instrumentos: dos guitarras, tocadas por Brandon Ross y Masujaa, y las dos tubas de Edwin Rodríguez y Marcus Rojas. Su nuevo batería en este atípico septeto es Gene Lake, el hijo de su amigo Oliver Lake, un músico muy apropiado para compactar tan extraño grupo a base de ritmos flexibles. El nombre de la nueva formación se debe a la idea de Threadgill de concebirlo como dos bandas de circo tocando a la vez y reaccionando una frente a la otra.

Su primer disco es Spirit Of Nuff…Nuff, publicado por Black Saint en 1990. Su sonido se vuelve aquí más oscuro y denso, y la combinación de los ritmos de marchas cirquenses de sus composiciones con las notas reverberadas de las guitarras y las líneas de la pareja de tubas es perfecta. Los solos del líder y sus acompañantes son impresionantes, particularmente los de los dos guitarristas. Una vez más, Threadgill integra estos solos en la estructura de los temas a su original manera, en otra grabación perfecta.

Al año siguiente de esta grabación, el Very Very Circus graba en la Koncepts Cultural Gallery su Live At Concepts, el típico concierto de la banda en ese momento. Su música puede parecer más apropiada para el estudio que para ser tocada en directo, pero sus composiciones, abiertas y sujetas al desarrollo de los solos como parte de su esencia, suenan muy bien también en este formato.

                           

El siguiente disco grabado en estudio, para el sello italiano Black Saint, aparecerá en 1993 y será aún más extraño. En Song Out Of My Trees Threadgill se concentra en la escritura y en las variaciones más curiosas de sus peculiares combinaciones de instrumentos. Hay de todo, desde un quinteto algo más convencional con él mismo y el trompetista Ted Daniel al frente, pero como sección rítmica la guitarra de Brandon Ross acompañada de la acústica guitarra-bajo de Jerome Harris y la batería de Gene Lake, hasta un cuarteto de lo más inusual. Con éste cierra el disco, en un tema con la guitarra de Ed Cherry, Amina Claudine Myers al órgano Hammond y Reggie Nicholson a la batería, acompañando su magnífico alto. Por el camino, en otros dos temas Threadgill no aparece, uno muy aéreo con tres guitarristas más la extraña guitarra-bajo de Harris y Myra Melford al piano, y otro sin ésta pero con Ted Daniel tocando un cuerno de caza al frente de los cuatro guitarristas. En el otro tema con el saxo alto del líder, se hace acompañar por Amina Claudine Myers al clavicordio, Tony Cedras al acordeón, dos violonchelos y la voz de una soprano. Todos los resultados de estas extrañas combinacione funcionan a la perfección por separado y como conjunto.

El mismo año que aparece ese extraño disco Threadgill publica otro, también muy peculiar, en el sello de Bill Laswell, Axiom, y con el bajista como productor. Antes, ya había colaborado con este músico como miembro y arreglista de su banda y cooperativa musical, Material. Too Much Sugar For A Dime es un nuevo disco con su Very Very Circus, esta vez formado por el corno francés de Mark Taylor acompañando al líder al frente más dos guitarras, dos tubas y una batería, sin cambios de personal en estos instrumentos. En algunos temas se sustituye parte de la banda por una curiosa sección de cuerdas con los violines de Leroy Jenkins y Jason Hwang, y Simon Shaheen tocando también el violín y el oud, más un pequeño grupo de percusionistas. Dos cantantes se suman en un tema y en otro hay una tuba adicional. La producción de Laswell resulta en otra grabación extraña y oscura, pero con arreglos extremadamente precisos que aderezan la peculiar música de Threadgill. Su banda se muestra de nuevo sólida como una roca, con un gran protagonismo de las guitarras de Masujaa y Brandon Ross y las tubas de Rodríguez y Rojas.

Los años en Columbia: de Very Very Circus a Make A Move.

Cada cierto tiempo y sin que sepamos muy bien el motivo, alguien en la gran multinacional Columbia, ahora parte como CBS del gigante Sony, decide fichar a algún músico de vanguardia. Y cada vez para finalmente estrellarse comercialmente sin ni siquiera intentar lanzarlos con un mínimo de promoción que los haga interesantes para sus expectativas de mercado. En los ochenta, Arthur Blythe y Tim Berne salieron escaldados de una relación de ese estilo con la gran compañía, pero dejando grandísimos discos por el camino. Fueron dejados de la mano del destino tras centrarse toda la promoción del sello en Wynton Marsalis, que evidentemente era algo mucho más fácil de publicitar. El hermano mayor de Wynton, el saxofonista Branford Marsalis, también ha seguido grabando durante años para Columbia, aunque no haya tenido ningún apoyo promocional por la multinacional. Su seriedad siempre ha sido bien considerada por la casa, y al parecer en algunos de los fichajes realizados a mediados y finales de los noventa por ellos, como los de Threadgill o David S. Ware, la opinión de este otro Marsalis tuvo bastante que ver.

Carry The Day aparece en 1994 en Columbia, producido de nuevo por Bill Laswell. Es un disco cortísimo, con apenas 37 minutos de una intensidad apabullante. La Very Very Circus, sin cambios de personal, convierte esta grabación en otra maravilla. Algo de percusión y la intervención de voces, el acordeón de Cedras, la pipa de Wu Man y el violín de Jasón Hwang, no alteran la sensación en sus seis temas, variados como siempre, de cohesión perfecta del grupo. Makin’ A Move, que aparece al año siguiente, no es un disco muy diferente. Es algo más largo, y con Pheeroan AkLaff a la batería. Sustituía a Gene Lake, demasiado ocupado en ese momento en los Five Elements de ese otro gran alto de Chicago, Steve Coleman. En algunos de los siete temas de esta nueva grabación se suman a la formación guitarristas adicionales, cuerdas, el piano de Melford y el acordeón de Cedras. Los ritmos marciales siguen estando ahí, y la presencia de la guitarra de Brandon Ross y las tubas es muy importante otra vez.

                            

En 1996 Threadgill cambia su banda de nuevo, que ahora se llamará Make A Move, y graba su tercer y último disco para Columbia, Where’s Your Cup?. Desaparecen las tubas, sustituidas por el bajo de Stomu Takeishi, al que acompaña el nuevo batería, J.T. Lewis, y el septeto se reduce a quinteto, con Tony Cedras al acordeón y harmonium, la guitarra omnipresente de Brandon Ross, y el líder al alto y la flauta. Este nuevo proyecto, co-producido por Laswell y Threadgill, contiene siete nuevas composiciones ejemplares de su consistencia. La nueva formación, aún siendo más compacta, permite tuna gran variedad de registros. Threadgill sigue jugando a combinar todas las posibilidades que le ofrecen sus flexibles miembros, y continúa creando una música diversa y llena de matices.

Henry Threadgill en el nuevo siglo: Make A Move y Zoo-Id.

La relación con Columbia duró exactamente lo que un corto espejismo, tres años, pero lo tres discos que generó fueron excelentes. Threadgill sigue, en este nuevo siglo, tan activo como siempre. Continúa tocando con su banda Make A Move, y ha creado una nueva, Zoo-Id. Fichado por PI Recordings, nuevo sello muy interesado en miembros de la AACM, publica simultáneamente en el 2001 dos discos con sus dos diferentes bandas.

En Everybody’s Mouth’s A Book, Threadgill utiliza su banda Make A Move, con Brandon Ross y Takeishi, Dafnis Prieto a la batería, y Brian Carrott al vibráfono y marimba sustituyendo el acordeón y el harmonium de Cedras. La combinación de Ross tocando frecuentemente la guitarra acústica y Carrott es particularmente efectiva en algunos pasajes muy líricos y de gran belleza. También siguen estando ahí esos momentos muy inspirados en el blues que tiñe toda la música de Threadgill.

                                     

En Up Popped The Two Lips utiliza su nuevo Zoo-Id. Este grupo es un retorno a la tuba como protagonista, que aquí toca José Dávila, emparejada esta vez con el violonchelo de Dana Leong. Otra nueva pareja se establece en este nuevo grupo, esta vez la de Liberty Ellman a la guitarra y Tarik Benbrahim al oud. El único miembro en ambas bandas es el batería Dafnis Prieto. Zoo-Id es un vehículo perfecto para aglutinar los muchos intereses del compositor, desde los blues modales hasta la música contemporánea, que tanto ha influido en sus complejos arreglos, o las del Mediterráneo, Asia y Oriente Medio que también le interesan muchísimo. Tras ocho años de silencio discográfico, excepto un extraño EP autoproducido y publicado sólo en vinilo, pero numerosas giras por todo el mundo, en 2009 aparece su nuevo disco con esta banda, que parece ser su nuevo caballo de batalla. This Brings Us To, Vol. 1 no defrauda, y el anuncio de su título nos deja con espectativas de que su ritmo de publicaciones se acelere.

La música lúcida y entretenida de este destacado compositor del jazz más vanguardista, tan poblado de grandes intérpretes como los que intervienen en sus excepcionales bandas, no muestra ningún síntoma de agotamiento. Sus temas, treinta años después de sus primeras grabaciones, siguen fluyendo con una frescura admirable, y el sonido de su saxo alto y sus flautas sigue siendo igual de potente que en sus primeros pasos en Chicago. Este perfecto representante del eslabón tan importante que fue la generación de los lofts tras los años de la AACM en Chicago, y la vanguardia más actual, se enfrenta al futuro en plena forma. Además lo hace con esa autoridad de alguien que ya es parte de la historia de la Gran Música Negra. Una parte nada desdeñable de la cual ha sido compuesta por él mismo, que representa como pocos artistas su enorme variedad.

Epílogo: This Bring Us To, Volume 1

Esta es la última grabación de Threadgill, siete años después de dos hechas simultáneamente con dos bandas diferentes. Esta nueva versión de su Zooid se parece tanto o más a una mezcla de las dos que a su anterior versión en una de aquellas dos grabaciones. En teoría, su Make a Move, el otro grupo que utilizó entonces, era el vehículo para hacer su música más eléctrica, o mejor dicho, basada en el sonido de la guitarra, en aquel caso de Brandon Ross. En este nuevo Zooid la guitarra de Ellman es también muy importante, y además este músico remata su excelente proyección en los últimos tiempos con la producción del disco.

La sustitución de Ross por Ellman no es muy llamativa, pero en cambio la nueva sección de ritmo donde el bajo acústico de Takeishi se acompaña de Kavee, que sustituye a Dafnis Prieto, influye mucho en el sonido de la banda. Síncopas funk, entrecortadas y enérgicas, muy del estilo de las de la música de Steve Coleman, son la base rítmica de varios temas del disco. Es curioso que la influencia de Threadgill evidente sobre Coleman tenga aquí su contrapartida. Y es admirable que un compositor como Threadgill admita las influencias traídas por los miembros de sus bandas a su tan particular universo. Además, el resultado es excelente, ya que esas composiciones llenas de aristas y recovecos del saxofonista cabalgan de manera fenomenal sobre esos ritmos tan ágiles. Ni siquiera cuando Gene Lake alternaba su participación entre las bandas de Threadgill y Coleman esta conexión era tan evidente como aquí, y lo cierto es que este disco no puede defraudar a los aficionados a la música de cualquiera de los dos.

Esto no quiere decir que la música de este gran compositor haya perdido un ápice de su personalidad. Fallecido Julius Hemphill, Threadgill aparece como el gran representante entre los compositores de la generación de los lofts. Su sonido sigue siendo, sobre todo al alto, inigualable, y sus bandas siguen reflejando como pocas una concepción muy particular de la música. Este Zooid es otra nueva muestra de la cohesión espectacular de los grupos que ha ido utilizando en los últimos treinta años, sin perder una onza de su enorme potencial. El último ejemplo de una trayectoria espectacular.

… Y una explicación (más los agradecimientos)

Todo el artículo, salvo el epílogo, fue publicado originalmente en el número especial de Otoño – Invierno de 2009 de la revista Mas Jazz y está adaptado y reproducido con permiso de la revista y de Jorge LG, su autor: gracias a ambos. El epílogo está escrito por Jorge López de Guereñu en la primavera de 2010.

Texto e ilustraciones: © Jorge López de Guereñu, 2010




Henry Threadgill: el control de mi tiempo. Entrevista por Jorge López de Guereñu

Entrevista en San Sebastián, el 29 de octubre del 2008, con Henry Threadgill tras su actuación con el grupo Zooid en el Teatro Victoria Eugenia. El encuentro tuvo lugar en el hall del hotel donde se hospedaba. Una hora después de dicho concierto la charla transcurrió frente a unos sandwiches y un José Dávila con mucho sueño, que abandonó la entrevista antes de su final, pero que sorprendió por el gran interés por escuchar a su líder.

Publicado originalmente en el número especial de Otoño – Invierno de 2009 de la revista Mas Jazz. Reproducido con permiso de la revista y de su autor: gracias a ambos.

HENRY THREADGILL: ¿Es eso un teléfono móvil?

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: No, es una pequeña grabadora digital que voy a estrenar hoy. No utiliza cintas ni discos. Grabas y lo descargas en el ordenador. ¿No es increíble la tecnología?

HENRY THREADGILL: Me considero un dinosaurio: no me gusta nada la tecnología, sólo nos hace sus esclavos. No tengo móvil, hasta hace unos meses ni siquiera disponía de dirección de correo electrónico, y la verdad es que aunque la tengo ahora, apenas utilizo Internet. Tengo en casa un teléfono viejísimo que aún funciona bien, y si alguien me manda un fax, lo arranco de la máquina y lo leo donde quiero. Mi fax no se congestiona con virus (Dávila se ríe) como los ordenadores, ni me obliga a estar delante de una pantalla sin moverme.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Sin embargo, su música no suena para nada como algo de otra época, sino como algo terriblemente actual, muy de este tiempo tan lleno de tecnología.

HENRY THREADGILL: La tecnología está ahí, pero no le hago mucho caso. Llega un momento en tu vida en el que tienes que saber elegir lo que quieres. Yo no quiero que nada me distraiga: ni la tecnología, ni el tráfico o la gente que no me interesa. Trabajo casi siempre fuera de casa, tocando, de gira, así que cuando estoy en casa no tengo ninguna gana de poder ser contactado. Además, tengo la sensación de que no está sucediendo  nada realmente nuevo que sea importante, a pesar de todos estos supuestos avances. No me parece que los haya en la ciencia que sean realmente excitantes, sino que la tecnología avanza en la dirección que marca el mercado, y esa dirección tiene poco que ver con la que interesa realmente a la humanidad. Tampoco me parece que haya grandes avances en lo sociológico. A mí me sigue interesando más salir a dar una vuelta por el parque y mirar los árboles y escuchar los pájaros, contemplar a la gente.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: De hecho en la introducción de su concierto de hoy hay momentos, con su grupo acompañándole de una manera muy suave, en los que con su flauta parece estar rememorando ese tipo de situaciones, como si estuviese representando sus sensaciones rodeado de pájaros en un parque.

HENRY THREADGILL: Es que más que ver lo que ocurre en el mundo a través de la televisión prefiero observar a la gente a mi alrededor caminando, andando en bicicleta o en los coches, y espero que esto se refleje en mi música. Soy un estudioso de la vida.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Esa actitud de observador es evidente en la que demuestra en las actuaciones con sus grupos; no veo muchos líderes tan atentos como lo está usted a lo que los miembros de sus bandas hacen en cada momento, reaccionando de manera tan clara a lo que ellos tocan.

HENRY THREADGILL: Bueno, yo…soy un compositor. Como compositor, tienes que crear un lienzo sobre el que pintar, y en ese soporte es donde cuentas lo que es la vida para ti, lo que te rodea. Digamos que te tienes que situar en un plano muy abstracto, y esa abstracción es lo que hace a mi música contemporánea. Aunque es cierto que a pesar de esa abstracción, siempre hay una conexión con lo que te rodea, con lo que ves en la gente a tu alrededor, gente conduciendo, mujeres bellas, gente hablando por el móvil…

JOSÉ DÁVILA: Mucha distracción, en cierto modo. (risas).

HENRY THREADGILL: Toda esa información la recoges y tratas de… hacer algo con ella. También estás influido por todas las noticias que ocurren en todo el mundo.

Dávila, que está visiblemente cansado, se retira a su habitación, tras despedirse.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Cuando habla de lo contemporáneo, parece muy preocupado por el tiempo.

HENRY THREADGILL: No tengo tiempo para ver y escuchar todo aquello que otros hacen o han hecho. Tú eres pintor. No creo que tengas tiempo para ver todo aquello que Picasso y otros han hecho, de la misma manera que yo no lo tengo para escuchar todo aquello que otros tocan. Me gusta mucho lo que hacen otros compositores, pero…

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: ¿Ha cambiado su percepción del tiempo a lo largo de éste, en su madurez?

HENRY THREADGILL: Por supuesto. Lo que más cambia la percepción del tiempo son los viajes. Cuando estás en otro país, la percepción del tiempo cambia. No es igual cuando estás en la India, que cuando viajo por Sudamérica o cualquier otro lugar.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: ¿Se refleja ésta diferencia de percepción en su música?

HENRY THREADGILL: Claro. Eso es muy interesante, como lo es la relación entre lo occidental y lo que no lo es. Mira a Matisse, cómo evoluciona lo que hace tras su contacto con la cultura del este. Me interesan también mucho la arquitectura y la ingeniería, en concreto los puentes, porque como la música, tienen una funcionalidad. Los puentes están definidos para el tránsito de la gente, pero dependen del material que se pueda utilizar para construirlos, del viento en el lugar donde se construyen, del agua que pasa bajo ellos, o de los terremotos que puedan sufrir… Aún así, con todas esas necesidades, pueden ser estéticamente muy diversos. Mi música es igual: hay muchos aspectos previos que debe cubrir, muchas cosas que tiene que contar, pero aún así, tengo que encontrar el marco perfecto para hacerlo, tengo que crear un molde del que salga algo.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Puede que me ocurra porque soy un pintor: cuando usted se autodenomina como compositor, lo primero que me viene a la cabeza es la música llena de imágenes. Para mí es muy familiar su lenguaje, el hablar de música como si lo hiciésemos de pintura.

HENRY THREADGILL: Yo estudié pintura, y mucho de lo que aprendí sobre las proporciones lo aplico a la música. La composición no es tan diferente en nuestros casos. Los pintores y los músicos la abordamos de manera parecida.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Entonces, cuando compone, ¿tiene una visión? ¿Ve realmente imágenes o pinta con sonidos? ¿Es algo así lo que sucede en su mente?

HENRY THREADGILL: Lo que compongo proviene de ideas y pensamientos muy abstractos, que constituyen una realidad en mi mente, que convierto en algo físico con el sonido.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Esa capacidad siempre ha sido evidente en su música, pero especialmente desde su banda Very Very Circus. En su música realmente se visualiza perfectamente un mundo, el del circo, a través de sonidos muy contemporáneos que en principio no guardan una relación muy directa con ello. Esa capacidad, ¿es un don?

HENRY THREADGILL: Una parte es un don, y otra, mucho trabajo. El trabajo consiste en refinar el don. Tienes que trabajar en ello para conseguir algo aún más profundo. Mi manera de trabajar es siempre la misma: cuando empiezo, voy de nuevo al punto cero, al punto de origen; por decirlo de una manera que vas a entender muy bien, vuelvo al blanco del lienzo o del papel como punto de partida. Ahí, en el lienzo en blanco (en este caso, el pentagrama), ya tienes los colores y las proporciones, tienes que verlos. Aún a pesar de todo ese trabajo hecho antes, vuelvo a partir de cero, para llegar más allá. Cero me llevará a otro lugar…

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: ¿Hay algún lugar que le interese especialmente ahora?

HENRY THREADGILL: Ahora mismo estoy releyendo el Ulises de Joyce y meditando mucho sobre los increíbles aspectos de su composición. La primera vez que lo leí lo hice para entenderlo. Ahora lo hago en términos de estudio de su composición.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Pero no porque intente hacer algo basado en ese libro, como una ópera musical o algo parecido, supongo…

HENRY THREADGILL: No. Me interesa más el substrato más profundo de la obra. Entender su estructura, que es muy parecida en términos abstractos a lo que persigo como compositor. Cómo conecta todos los aspectos, como un pintor conectando los lados izquierdo y derecho del cerebro. Ahí está todo lo que me interesa, más que en mucha de la música que se crea. Hoy día me interesa mucho más algo tan lejano de lo que hago como la migración de las ranas, que la música que me rodea.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Eso es fácil de decir para alguien como usted, que siempre ha tenido un lenguaje personal en el que expresarse. Usted no necesita hablar de post free jazz o de cualquier otra etiqueta, porque siempre ha sido usted mismo y ha sabido hacia donde se dirigía…

HENRY THREADGILL: No, nunca me han interesado las etiquetas, menos aún ahora, cuando están desapareciendo hasta las de los discos.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: ¿Tiene alguna idea de hacia donde se dirige la música?

HENRY THREADGILL: No, ni siquiera sé hacia donde voy yo mismo. Espero que la gente joven haga algo realmente nuevo y maravilloso, que yo no sea capaz de hacer.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: ¿Por eso se rodea siempre de nuevos y jóvenes músicos, como Dávila, Kavee, Ellman y Takeishi en su Zooid?

HENRY THREADGILL: Claro. Espero que estos jóvenes me cuenten algo con su música sobre sus ideas revolucionarias, algo de lo que yo no tenga ninguna idea. Al final, los compositores nos vemos siempre en esa situación en la que se encontraba Ellington, forzado a escribir algo distinto para esos músicos que tenían que tocar su música. Me gusta componer no para cualquier grupo sino para éste, en el que conozco a cada uno de sus miembros y lo que pueden hacer, y a pesar de ello, que improvisen y de repente me encuentre diciéndome a mi mismo: “oh, nunca pensé en eso hasta ahora…” Yo les doy la oportunidad, y a partir de ahí, que sean creativos.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Empezó a trabajar con esta banda, Zooid, más o menos al mismo tiempo que realizó sus últimas grabaciones, en el 2001. ¿No ha grabado de nuevo desde entonces?

HENRY THREADGILL: ¿Para quién? Ya ni siquiera existen las compañías discográficas. Las grandes, como Blue Note (aunque aún esté ahí su nombre), han desaparecido, y las pequeñas también se han visto afectadas por la era del ordenador. Ahora, cualquiera puede grabar un disco, y esto afecta a la calidad de lo que se publica. No quiero ser arrogante, pero cuando se graba un disco se está dejando un legado. Se debería estar haciendo arte, cosa que por desgracia, ya no hace mucha gente cuando graba. Yo tengo una misión espiritual en la vida. No hago esto para ganar dinero, hago algo espiritual. Hago música para cambiar a la gente. Quiero que la gente se sienta mejor cuando escuche mi música. Si toco y no consigo que la gente sienta y piense algo diferente cuando lo hago, he fracasado. Eso es lo que quiero hacer en la vida, algo espiritual,. Es lo que creo que la música debería ser: algo espiritual. Para eso estoy aquí, quiero llegar a la gente.

JORGE LÓPEZ DE GUEREÑU: Bueno, pues tengo que decirle que desde luego, a todos los que estábamos hoy en el teatro realmente nos ha llegado.

HENRY THREADGILL: Bueno, cuando la gente me aplaude como hoy, no es agradecimiento lo que siento, porque no se trata realmente de mi, sino felicidad: se trata de mi público, el que me escucha es el que realmente me interesa. Si le ha llegado mi música, no si yo la he tocado bien o mal. Puede sonar grandilocuente, pero estoy haciendo música para la humanidad. Eso es exactamente lo que hago.

Entrevista e ilustraciones: © Jorge López de Guereñu, 2010

Publicado originalmente en Tomajazz en mayo de 2010.




Henry Threadgill Zooid – This Bring Us To. Volume I (Pi Recordings, 2009)

Esta es la última grabación de Threadgill, siete años después de dos hechas simultáneamente con dos bandas diferentes. Esta nueva versión de su Zooid se parece tanto o más a una mezcla de las dos que a su anterior versión en una de aquellas dos grabaciones. En teoría, su Make a Move, el otro grupo que utilizó entonces, era el vehículo para hacer su música más eléctrica, o mejor dicho, basada en el sonido de la guitarra, en aquel caso de Brandon Ross. En este nuevo Zooid la guitarra de Ellman es también muy importante, y además este músico remata su excelente proyección en los últimos tiempos con la producción del disco.

La sustitución de Ross por Ellman no es muy llamativa, pero en cambio la nueva sección de ritmo donde el bajo acústico de Takeishi se acompaña de Kavee, que sustituye a Dafnis Prieto, influye mucho en el sonido de la banda. Síncopas funk, entrecortadas y enérgicas, muy del estilo de las de la música de Steve Coleman, son la base rítmica de varios temas del disco. Es curioso que la influencia de Threadgill, evidente sobre Coleman, tenga aquí su contrapartida. Y es admirable que un compositor como Threadgill admita las influencias traídas por los miembros de sus bandas a su tan particular universo. Además, el resultado es excelente, ya que esas composiciones llenas de aristas y recovecos del saxofonista cabalgan de manera fenomenal sobre esos ritmos tan ágiles. Ni siquiera cuando Gene Lake alternaba su participación entre las bandas de Threadgill y Coleman esta conexión era tan evidente como aquí, y lo cierto es que este disco no puede defraudar a los aficionados a la música de cualquiera de los dos.

Esto no quiere decir que la música de este gran compositor haya perdido un ápice de su personalidad. Fallecido Julius Hemphill, Threadgill aparece como el gran representante entre los compositores de la generación de los lofts. Su sonido sigue siendo, sobre todo al alto, inigualable, y sus bandas siguen reflejando como pocas una concepción muy particular de la música. Este Zooid es otra nueva muestra de la cohesión espectacular de los grupos que ha ido utilizando en los últimos treinta años, sin perder una onza de su enorme potencial. El último ejemplo de una trayectoria espectacular.

© Jorge LG, 2010

Composiciones: “White Wednesday off the wall” 4:57, “To undertake my corners open” 8:40, “Chairmaster” 7:42, “After some time” 5:34, “Sap” 8:40, “Mirror mirror the verb” 3:20
Todos los temas compuestos por Henry Threadgill.

Músicos: Henry Threadgill (flauta y saxo alto), Liberty Ellman (guitarra), Jose Davila (trombón y tuba), Stomu Takeishi (guitarra baja), Elliot Humberto Kavee (batería)

Grabado en noviembre de 2008 en Brooklyn Recording, Brooklyn, Nueva York.
Publicado en 2009 por Pi Recordings. PI31




Henry Threadgill en Mas Jazz

Si hace unos días comentaba en este mismo blog la entrevista a Henry Threadgill que aparecía publicada en la revista británica The Wire, hoy toca señalar que en el número de Mas Jazz para otoño de 2009 aparece publicada la entrevista que Jorge López de Guereñu le hizo en San Sebastián el pasado otoño, tras el concierto que este saxofonista, flautista y compositor dio con su grupo Zooid en el Club Victoria Eugenia de la capital guipuzcoana. Dicho concierto tuvo lugar  unos días antes de grabar el fantástico This Bring Us To. Volume I. López de Guereñu es también el autor de las ilustraciones que acompañan la entrevista.
Pachi Tapiz



Henry Threadgill Zooid: This Bring Us To. Volume I

A pesar de que Henry Threadgill es uno de los músicos imprescindibles de la vanguardia jazzística durante las últimas décadas, y de que su trío Air fue uno de los grupos más importantes en esta escena durante los años 70 y 80, han transcurrido ocho años desde Up Popped The Two Lips, su anterior grabación en CD, que son cuatro desde que se publicó el LP Pop Start The Tape, Stop. Ambas grabaciones fueron realizadas con su grupo Zooid, que es el grupo con el que publica This Bring Us To. Volume I, nuevamente en Pi Recordings. En esta ocasión, tal y como ocurre en la mayor parte de sus obras, la parte escrita (unas melodías intrincadas junto a unos arreglos que las expanden en varios planos y líneas melódicas) se convierte en un elemento fundamental en la música de Threadgill. El trabajo de los seis músicos, que están especialmente brillantes e inspirados a lo largo de toda la grabación, resaltan su magnífico trabajo como compositor. En esta ocasión los cuatro temas que ocupan la parte central de la grabación (“To undertake my corners open”, “Chairmaster”, “After some time”, “Sap”) se convierten en unas piezas directas y contagiosas. En contraposición, el CD se abre con “White Wednesday off the wall”: un tema lleno de espacios y cercano a esa concepción de la música de cámara tan frecuente en la obra de Threadgill. El disco finaliza con “Mirror mirror the verb”, que comienza abstracto, para terminar mostrando una melodía que tiene la virtud de dejar con ganas de más música justo cuando el CD finaliza, sin llegar a haber transcurrido ni cuarenta minutos.
El primer volumen de This Bring Us To no sólo debiera convertirse en un aldabonazo más en la carrera de un artista que ya se ha ganado por derecho propio tener un nombre destacado en la historia del jazz, sino que también es una de las mejores grabaciones en todo lo que llevamos de 2009. Tanto es así, que me imagino que no soy el único que ya está deseando que se publique ese segundo volumen que promete el título de esta primera entrega. Durante la espera, en su defecto y si no fallan las previsiones, Mosaic publicará sus grabaciones completas en Columbia y Novus en enero de 2010: tal y como sucedió con Anthony Braxton y sus grabaciones en Arista, esta caja será una firme candidata al premio de reedición del próximo año.
© Pachi Tapiz, 2009
Henry Threadgill Zooid: This Bring Us To. Volume I
Henry Threadgill (flauta y saxo alto), Liberty Ellman (guitarra), Jose Davila (trombón y tuba), Stomu Takeishi (guitarra baja), Elliot Humberto Kavee (batería)
“White Wednesday off the wall” 4:57, “To undertake my corners open” 8:40, “Chairmaster” 7:42, “After some time” 5:34, “Sap” 8:40, “Mirror mirror the verb” 3:20
Todos los temas compuestos por Henry Threadgill.
Grabado en noviembre de 2008 en Brooklyn Recording, Brooklyn, Nueva York.
Publicado en 2009 por Pi Recordings. PI31



Henry Threadgill en The Wire (una vez más…)

En el número 309 de la revista The Wire (noviembre de 2009), una entrevista de seis páginas de Hank Shteamer con Henry Threadgill. Las fotografías son obra de Drew Jarrett. La portada está dedicada a Julian Cope. El encargado de la sección “Jazz & Improv” es Andy Hamilton.