Moonchild (What’s Next? The Latest Jazz Generation, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

Festival What’s Next? The Latest Jazz Generation

  • Fecha: 30 de enero de 2020.
  • Lugar: Sala Clamores (Madrid)
  • Grupo:
    Moonchild
    Amber Navran, Max Byrk, Andris Mattson, Efajemue Etoroma Jr.

Anatomías de un nuevo jazz (III): Moonchild

La búsqueda del nuevo jazz resulta fructífera a cada paso dado. Se trata de una escena juvenil en su esencia. Las influencias más directas discurren entre el hip-hop, la fusión y dialectos exóticos. Su epicentro reside en Inglaterra, con Londres como principal base de operaciones. Permanece constante otra característica en estos artistas. Se trata del abrazo a estructuras propias de música popular. Separa así su camino del jazz, tradición culta por excelencia. De este modo, las melodías son simples y comprensibles para la mayoría de seguidores. Maceradas con mayor o menor esfuerzo. Su cuantificación es matizable, según el caso.

What’s Next? The Latest Jazz Generation presenta una tercera entrega en la Sala Clamores. Es el turno de los angelinos Moonchild. Inauguran su primera visita a España. Amber Navran, Max Byrk y Andris Mattson conforman un trío respaldado por el batería invitado Efajemue Etoroma Jr. Su estilo bebe directamente de neo soul. “Música del alma”, definido por ellos mismos con un juego de palabras. Acentúa el interés por el grupo la cualidad multinstrumentista de sus miembros. Ocupan el escenario teclados, saxofones alto y tenor, trompeta, flauta y guitarra acústica. La afluencia sigue una tendencia inversamente proporcional. Más público a menos jazz.

Little Ghost, último disco del conjunto, inicia el repertorio. Los primeros compases confirman lo anterior. Canciones como “Wise Women” definen un sonido de absoluta pulcritud. Sorprende gratamente el tono susurrante de Amber en el desempeño vocal. Derrocha sensualidad a cada acorde. Los contoneos comienzan entre los congregados a la cita. Se sucede uno de los momentos de interés de la noche. El trío realiza una tímida coreografía de viento metal. Un leve fraseo. El truco arrancó los primeros aplausos. En lo musical, la historia se retrotrae a estrellas de finales de los noventa como D’Angelo o Maxwell. R&B de ascensor.

Moonchild, con Amber como maestra de ceremonias, agradecen a los presentes su asistencia. Continúan las composiciones del album a promocionar. Algunas como “Too Much to Ask” son un perfecto ejemplo de sofisticación. Mattson consigue un bonito golpe de efecto mediante florituras acústicas. El resultado es de lo más evocador. Casi nostálgico. Incluso propio de aves nocturas como los clásicos de Sade. Hay tiempo también para Voyager, anterior trabajo de 2017. “Cure”, su segundo corte, guarda semejanzas con la estadounidense Erykah Badu. Sin embargo, sin tanta creatividad como la autora de obras como Mama’s Gun. Aún así, los espectadores, siempre mejores jueces, disfrutan gozosos.

El concierto vuelve con excesiva frecuencia al último disco. Tal es el repaso a varios sencillos con cálida respuesta en las redes. “Come Over” supone un tímido esfuerzo de funk. El clavinet emulado por Mattson casa logradamente con unas líneas de saxofón alto. Amber se une a la flauta travesera. Constituye un loable esfuerzo la capacidad instrumental de la banda. Sobre todo si se añade la fidedigna reproducción del estudio al directo. No obstante, reviste poca sustancia. La impresión, más allá del asombro neófito, es plana. El refranero es claro. Quien mucho abarca, poco aprieta. Las posibilidades son muchas para el resultado visto.

“Run Away”, vuelta a Voyager, recoge trazos soul de buen calado. Otra vez, Amber cosecha el potencial. Todo ello, toda ella, gracias a su voz. Un registro espectacular, con espacio para algunos agudos preciosismos. La sentencia de la sala es positiva. Bailes y muchos móviles alzados. El recital enfila sus últimos instantes. Moonchild guarda algo de pólvora. “The Truth”, de Please Rewind, permite lucirse a Efajemue a la batería. Un tempo divertido si se le suma el trío de saxofones alto, tenor y trompeta. El control de la situación parece medido al detalle. La más absoluta naturalidad.

Finalizan Moonchild en hora larga de espectáculo con un bis. Poco comunicadores salvo un par de introducciones de los componentes. Una muestra más del jazz de la próxima generación. Esto es, el arquetipo de su accesibilidad a las masas. Si bien el género nunca ostenta la etiqueta de marginal. Pero sí requiere ciertas nociones que guíen a los sentidos durante su escucha. Probablemente estos principios se acerquen al deceso cual mito narcisiano. El virtuosismo es una nota discordante. No hay mejor anécdota para ilustrarlo que el desenlace del último tema, “The List”, entre silbidos. Una tonadilla entre los dientes. Así empieza todo.

Tomajazz.
Texto: © Coolcat, 2020
Fotografía: © Roberto García, 2020




Joe Armon-Jones (What’s Next? The Latest Jazz Generation, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

Festival What’s Next? The Latest Jazz Generation

  • Fecha: 30 de enero de 2020.
  • Lugar: Sala Clamores (Madrid)
  • Grupo:
    Joe Armon-Jones
    Joe Armon-Jones: teclados
    Nubya Garcia, James Mollison: saxofones tenores
    Asheber: voz
    TJ Koleoso: bajo
    Femi Koleoso: batería

Anatomías de un nuevo jazz (II): London calling

Varias conclusiones se deslizan en torno al anterior artículo sobre el nuevo jazz. El marcado carácter generacional es una de ellas. Así como la revisión de los sonidos más líquidos de la fusión setentera. Se hace mención a la escena británica, auténtico baluarte de este movimiento. Londres lidera los últimos acontecimientos del género. Junto a ello, titulares y los más lujosos halagos de la prensa especializada. Cobra especial relevancia el recopilatorio We Out Here, obra de Gilles Peterson. En él se da cabida un plantel de prometedores intérpretes. En sus manos, esa amalgama de jazz, hip-hop y exotismos varios.

What’s Next? The Latest Jazz Generation exhibe en la Sala Clamores un auténtico desafío. Se trata del británico Joe Armon-Jones. Su currículum es prometedor. Milita como teclista en la banda Ezra Collective, uno de los mejores secretos de la isla. Defiende su segundo disco de estudio, Turn to Clear View, en formato de sexteto. Bastan dos palabras para preconizar la puesta patas arriba a presenciar: Fender Rhodes. Preside el escenario en compañía de invitados de gala. Tales son Nubya Garcia y James Mollison como dúo de saxofones tenores. Niles Hailstones, más conocido como Asheber, ejerce de chamán.

Comienza puntual el grupo. La liturgia, si bien quiere asemejar anárquica como su música, parece cuidada al detalle. Se encienden varillas de incienso mientras suena un medio tiempo en clave de dub. Evoca al sónico onirismo de aquellos Sun Ra o Pharoah Sanders junto a sus respectivas tropas. Joe Armon-Jones se muestra en su salsa. Juega en casa. Su desparpajo lo delata. Con gran importancia de la base rítmica de TJ Koleoso y compañía, chapotea entre teclas. Asheber murmura al son del humo. El público entra en trance con las primeras cadencias. Cabezas y pies bailan al unísono.

Empieza el repaso al reciente disco tras la primera presentación del conjunto. “(To) Know Where You’re Coming From” expone las influencias primarias de Armon-Jones. El trabajo de vientos imita dejes africanos de afrobeat. Mollison y Garcia demuestran tablas y solvencia. Se echa en falta más riesgo. El virtuosismo corre a cargo del líder. Omnibula su control de los tiempos. Recorre el teclado con facilidad pasmosa. Herbie Hancock marca Mwandishi si se cierra los ojos. Su toque es firme y seguro con tendencia a algunos barroquismos, esas butter notes que diría Miles. El resultado se traduce en un ritmo constante y frenético.

Sigue “Ragify”, del disco Starting Today. La declaración de intenciones londinense. Vuelven los acordes suspendidos neo soul y aromas electrónicos. Los saxofones recogen una sugerente melodía, siempre papel secundario. Permite juguetear al Rhodes en consonancia con bajo y batería. Se infiere la predilección por la bruma del club. “Yellow Dandelion” juega con experimentación y efectos. Armon-Jones muta en el Chick Corea más marciano con loops sintetizador mediante. Los congregados asisten boquiabiertos. No escatiman en aplausos y silbidos de aprobación, cuando no de absoluto éxtasis. Los músicos se relamen. Disfrutan notoriamente. Para algunos su primer contacto con el público español.

El concierto continúa por derroteros jamaicanos. El cabecilla anuncia un tema inédito. Se muestra hablador en los parones entre canciones. En este caso, se trata de otro dub que se publica en junio. Regresa a las tablas Asheber. Los tonos se envuelven en delay y reverberaciones. El predicador, con el tradicional sombrero fulani, recita la palabra rastafari. Hay tiempo para más. En este caso, “Try Walk With Me” del nuevo album. Con una lisérgica letra, los músicos se hacen uno ante la sala. El compás se apodera del lugar. Algunos móviles quieren guardar recuerdo de la catarsis.

“You Didn’t Care”, sencillo radiable, es acogida con gran expectación en los últimos momentos del espectáculo. Nubya Garcia da muestras de sus aptitudes al saxofón. Sin ir más lejos, una de las intérpretes más laureadas de la actualidad. Logra articular un solo cosecha A Love Supreme. Armon-Jones y compañía recuperan el peso de jazz espiritual sin locuras de libre improvisación. Cierra el pase “Starting Today” del disco homónimo. Más dub que roza la excelencia armónica. Destaca la creatividad de una base polirrítmica, a caballo del funk, presente durante la hora que los protagonistas han acaparado la atención.

Se despide entre una gran acogida la agrupación. Joe Armon-Jones y amigos entregan más evidencias sobre este nuevo jazz. Bien valen como representantes de esta corriente. Enfrente, un derroche buen hacer y virtudes. El interior del bombón es de sobra conocido. No lo es tanto, y se agradece, un envoltorio de misticismo espiritual. Es fácil emular las encorsetadas estrofas urbanas, alguna vez lo fue, de hace treinta años. Más complicado resulta seguir el camino de libertad que veneró la vanguardia. Si bien el esfuerzo merecerá la pena.

Tomajazz.
Texto y fotografía: © Coolcat, 2020




Andrea Motis (Teatro Circo Price, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat y Roberto García.

JazzMadrid19 – Festival Internacional de Jazz de Madrid.

  • Fecha: 12 de enero de 2020.
  • Lugar: Teatro Circo Price (Madrid)
  • Grupo:
    Andrea Motis
    Andrea Motis: trompeta y voz.
    Joan Chamorro: contrabajo
    Josep Traver, guitarra
    Ignasi Terraza, piano
    Esteve Pi, batería
    Christoph Mallinger, violín
    Gabriel Amargant, vientos
    Mathieu Tétéu, guitarra clásica

Andrea Motis: diamante azul

La música brasileña goza de gran predilección para el jazz. No es de extrañar al ser dos mundos tan parecidos. Su fusión es uno de los principales hitos innovadores del género. Puede hablarse de artistas como Egberto Gismonti. Deben mencionarse los escarceos de Herbie Mann o Wayne Shorter. La vorágine latina del siglo pasado toma prestada elementos de samba, bossa nova o el baiano de Quarteto Nôvo. A la formación básica se le unen nuevos instrumentos y texturas. La guitarra clásica o percusiones de lo más singulares. Dos caminos confluyen en pasado y presente. Ambos bañados por el Atlántico.

Este multicultural legado está a salvo gracias a artistas como Andrea Motis. La joven intérprete presenta el disco Do Outro Lado Do Azul en el madrileño Inverfest. Se trata de su segundo trabajo como líder. Atrás queda su período de adiestramiento junto al contrabajista Joan Chamorro. Esta vez, la aprendiz supera al maestro. Acompañan Josep Traver a la guitarra, Ignasi Terraza al piano, Esteve Pi a la batería, Christoph Mallinger al violín, Gabriel Amargant en vientos y Mathieu Tétéu a la guitarra clásica. Comanda Andrea en trompeta y voces. Frente a ella, el negro auditorio.

La banda aparece puntual en el escenario. Comienza con “Sombra de Lá”, segundo corte del disco. Es de agradecer la alineación planetaria. Por un lado, la notable acústica del teatro. Por otro, la profesionalidad de los músicos congregados. La propuesta es fresca y desenfadada. Una suave estructura en sol mayor más cercana a la MPB que al jazz. El primer solo de Andrea expone todo su potencial. Consigue arrancar los primeros aplausos. El octeto muestra la complicidad de las grandes ocasiones. A destacar la labor de Pi a la percusión, un elemento capital de la noche.

Siguen dos clásicos del cancionero brasileño. “A Dança de Solidão”, de Paulinho da Viola, tiene un nombre propio: Mathieu Tétéu. Brasileño de París y francés de Río. Rinde un sentido homenaje a la guitarra de samba. Esa que tantos momentos brinda al recuerdo. “Pra Que Discutir com Madame”, de João Gilberto, trae aromas a Copacabana. Andrea canta una divertida letra de carnaval. Consigue que los pies no dejen de repicar bajo las butacas. Hay cabida para composiciones propias. “Choro de Baile”, inspirada en el autóctono género, recoge destellos de Amargant y Mallinger con un lacónico lamento de violín.

Prosigue el concierto entre idas y venidas a Brasil. Nunca sin salir del nuevo disco de la protagonista. El ambiente es festivo y no ha de parar. Así lo desea el público entre palmas. “Saudades de Guanabara”, de Moacyr Luz, sigue con un listón cada vez más ascendente. No obstante, la velada aguarda una grata sorpresa. Andrea recuerda a Joan Manuel Serrat con su “Mediterráneo”. Hace suyo el eterno canto a la libertad y al desafío del horizonte. Probablemente no haya mayor declaración de intenciones. Tras una gran ovación, reconoce los nervios que reportan la ejecución para la audiencia castellanoparlante.

Finaliza esta presentación de Do Outro Lado Do Azul con dos de las mejores muestras de los registros de Andrea. “Antonico”, samba compuesta por Ismael Silva, envuelve de nostalgia el teatro. Los acústicos acordes de Tétéu guían la versión a buen puerto. Cierra el bis con “É Preciso Muito Amor”, de Chico da Silva. Un broche final por todo lo alto. En un lado la quietud de la balada, asignatura obligatoria del jazz. En otro la algarabía latina. Aquella que enamoró a Gillespie, Mulligan y otros tantos. Defendida la tesis, se despide Andrea Motis, doctora en jazz.

Tomajazz.
Texto: © Coolcat, 2020
Fotografías © Roberto García, 2020




Blue Lab Beats – Bliaze (What’s Next? The Latest Jazz Generation, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

Festival What’s Next? The Latest Jazz Generation

  • Fecha: 12 de diciembre de 2019.
  • Lugar: Sala Clamores (Madrid)
  • Grupo:
    Blue Lab Beats
    NK-OK, Mr.DM
    Bliaze
    Juan Arance, Antonio Blakstad, Franco Botto

Anatomías de un nuevo jazz: Blue Lab Beats & Bliaze

El jazz es uno de los géneros peor parados en el relevo generacional. Pueden esgrimirse mil y una razones. Podrán apostarse el doble. La afluencia joven a las citas del instrumento es escasa. Reseñable tras pasar una edición más del Festival Internacional de Jazz de Madrid. Cualquier contacto puede pasar por algo causal o puro esnobismo. Influye un monopolio de esa industria musical alejada del más mínimo academicismo. La sociedad avanza más rápido que algunos vertiginosos bops de Charlie Parker. Ante esta situación, la estrategia dirime entre dos caminos. Uno de ellos es apostar por un nuevo público. Un nuevo jazz.

En este contexto surge la segunda edición de What’s Next? The Latest Jazz Generation. La propuesta es ambiciosa. El novel Estrecho Cultural y la veterana Sala Clamores unen fuerzas una vez más. El pretexto es dar cabida a ese jazz denominado de última generación. Dos grupos inauguran el certamen. Por un lado, telonean los ibicencos Bliaze. El plato fuerte de la noche corre a cuenta de los británicos Blue Lab Beats. Destaca una bajada en la media de edad. No tanto así el equipamiento de los músicos. Abundan sintetizadores y mesas de mezclas. Lejos queda la pulcritud acústica del conjunto clásico.

Comienzan Bliaze con tono mesurado. Al dúo compuesto por Juan Arance y Antonio Blakstad se le une Franco Botto al saxofón alto. Se intuye desde los primeros compases la posible tónica general de la noche. Una concepción jazzística que se remonta a artistas como Alphonse Mouzon o Liston Smith. No se percibe riesgo tras una elegante máscara de buenas aptitudes instrumentales. Así, la música es inocente y presta a la sensualidad. El trabajo vocal de Arance y Blakstad se parapeta sobre la hornada de artistas neo soul tan de moda entre la clase media. Sonidos de funk, electrónica y hip hop.

El trío intercala temas instrumentales con soltura. Se retroalimenta arropado por un público con tendencia al desperezo. Hay cabida incluso para una versión de Miles Davis, “Nardis”. Cabe destacar la finura en el trabajo de los teclados. Botto aporta líneas pentatónicas fáciles de comprender. Otras canciones como “Suede”, con un parafraseo propio de rap, incluyen guiños a los estilos más urbanos. Bliaze hace suyas las influencias de ambos lados del Atlántico. Un jazz con recuerdos de house. Hincapié en el ritmo y en estructuras simples y propias de la fusión. Todo ello adaptado a la idiosincrasia del club y el baile.

Continúan los esperados Blue Lab Beats en la que es su primera incursión española. Forman un joven productor, NK-OK, y el instrumentista Mr.DM. La misma introducción rinde homenaje a la más ortodoxa tradición de la escena británica. Avanzan composiciones como “The Idea” ese término propio de la isla como es jazztronica. La carrera de la banda se antoja prolífica desde 2016 con multitud de sencillos y dos discos de estudio. Mr. DM alterna guitarra zurda y teclado con firme testigo del mismo Robert Glasper. Afianza el ritmo su compañero con idéntica maestría a los controles electrónicos. Recogen los primeros aplausos.

Los detalles relucen a medida que Blue Lab Beats moviliza Clamores. Su influjo electrónico es mayor que en los teloneros. Se ve en obras como “Freedom” con sabor a tecno. No obstante, ambos miembros muestran un conocimiento exhaustivo de los dialectos periféricos del jazz. “Oooo lala”, del disco Xover, mira de frente a clásicos de Lonnie Smith. De igual modo, justo mérito merece la labor pianística de DM, con un exquisito gusto por acordes suspendidos propios del nu jazz. Mientras, NK ejerce de amenizador al pedir al público ruido, palmas y demás peripecias. El compás como buen antídoto para pies quietos.

Despiden entre cadencias de afrobeat y drum and bass Blue Lab Beats esta noche de What’s Next? En esta primera entrega, la anatomía del nuevo jazz no es tal al concluir el espectáculo. Los protagonistas de la velada defienden algo preconizado hace ya veinte años. Un discurso cargado de soul edulcorado. A pesar de ello, la respuesta de los congregados no puede ser mejor. No hay problema al concebirlo como entretenimiento nocturno frente al cultismo del viejo jazz. En tiempos de extrema inmediatez no hay otra salida más que diversión entre músicos. Es síntoma de un concierto que merece la pena.

Tomajazz.
Texto y fotografía: © Coolcat, 2019




Peter Brötzmann & Heather Leigh (JazzMadrid’19 – Festival Internacional de Jazz de Madrid) [Concierto]

Por Coolcat y Roberto García.

JazzMadrid19 – Festival Internacional de Jazz de Madrid.

  • Fecha: 29 de noviembre de 2019.
  • Lugar: Centro Cultural Conde Duque (Madrid)
  • Grupo:
    Peter Brötzmann & Heather Leigh
    Peter Brötzmann (saxos, clarinete)
    Heather Leigh (lap steel)

Peter Brötzmann: flores en la trinchera

La grandeza del músico de jazz reside en multitud de factores. Claro está, las aptitudes con el instrumento. Pero no menos importante es la iniciativa del trabajo en equipo. En este caso, del apoyo en el resto de la banda. Miles Davis tal vez no fuese el mejor trompetista. Los críticos no le perdonan que no se atreviese alguna vez con el clásico “Cherokee”. Sin embargo, fue único como intelectual de grupo a la hora de concebir bandas y apuestas. Unido al afán de experimentación, siempre es importante colaborar con intérpretes que inciten al desafío. Y al contraste.

Peter Brötzmann, coloso de la vieja Europa, es conocedor y maestro de la técnica. Es el segundo nombre propio más relevante tras Hancock del Festival Internacional de Jazz de Madrid. Así, brindó un soberbio ejemplo en el Centro Cultural Conde Duque. Junto a él Heather Leigh, fiel escudera y maestra del lap steel. La colaboración se remonta a un par de años y varios discos. El aleman congregó a un auditorio sobrecogido. Aguantó la respiración durante el recital con el orgullo y devoción de las grandes citas. La fama le precede al más importante de los músicos de la libre improvisación.

Desde las primeras notas se mostró una propuesta musical rompedora e interesante. Con una austera puesta en escena, las capas sónicas del lap steel comenzaron a sobreponerse. Llegaron aromas de bandas drone como Sunn O))) o Merzbow. Brötzmann, por su parte, aguardaba temeroso. Clarinete en mano, procedió a emitir sus carácteristicos aullidos. “This Word Love”, del disco Sparrow Nights, invocaba terrores nocturnos. Recordó de forma impasible el afilado tono que le caracteriza. Un cuchillo afilado que acarició las gargantas de los presentes, atónitos y sin asiento.

El repertorio pivotó sin mayor dilación. Temas como “This Time Around” o “It’s Almost Dark” cautivaron a un centro Conde Duque inmerso en tinieblas. Brötzmann y Leigh dieron cuenta de la maestría notoria. El alemán alternó saxofones alto, tenor y clarinete con facilidad pasmosa. La de Virginia, por su parte, jugó con distorsiones que rozaron lo onírico. Paisajes desolados con especial regocijo en la disonancia. El público correspondió con aplausos entre composiciones. Fue el único descanso ante el mantra de la invocación. Los protagonistas no interactuaron con los congregados. Ni falta que hizo.

Brötzmann y Leigh deleitaron con un único bis. Se trató de “Summer Rain”, la cual pasaría como sencillo radiable. Con ello, la lección de un músico incombustible sin límite desde finales de los años sesenta. Una voz en ese desierto de trincheras del Free Jazz europeo. Quiso cerrar JazzMadrid 2019 con una muestra que aunó experiencia y ortodoxia. El saxofonista recordó que es único a la hora de establecer colaboraciones artísticas. Se une así Leigh a un elenco que incluye a artistas como Evan Parker o Derek Bailey. Finalizó el concierto y, con ello, la última ofrenda antes de la siguiente edición. Quedará el jazz.

Tomajazz.
Texto: © Coolcat, 2019
Fotografías © Roberto García, 2019




John Scofield – Jon Cleary (JazzMadrid19 – Festival Internacional de Jazz de Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

JazzMadrid19 – Festival Internacional de Jazz de Madrid.

  • Fecha: 22 de noviembre de 2019.
  • Lugar: Sala Galileo Galilei (Madrid)
  • Grupo:
    John Scofield – Jon Cleary
    John Scofield (guitarra)
    Jon Cleary (piano, voz)

Fotografía promocional

John Scofield: jubilación dorada

La fórmula del músico discurre por una fina línea. Una importante disquisición. El sempiterno dilema de contentar al público o a uno mismo. Sólo las grandes leyendas del género han podido cabalgar esta dicotomía con cierta dignidad. Es el caso del reputado guitarrista John Scofield, asiduo al Festival Internacional de Jazz de Madrid. Defiende en la sala Galileo Galilei un interesante dúo junto al pianista Jon Cleary. Un sentido homenaje a los clásicos de juventud. Constituye un paradigma de absoluta comunión. La jubilación dorada que muchos desearían más allá del Olimpo del jazz.

La propuesta quiere recordar en todo momento aromas del pasado siglo. Influye la disposición del templo madrileño. También la sobria composición del escenario. Piano de cola y guitarra. Con dos pases de suficiente hora y cuarto, aparecen en escena los artífices de la velada. Jon Cleary luce con cierto orgullo el estandarte del neoyorquino estereotipado. Scofield derrocha sobriedad y espera ceder protagonismo al instrumento. La colaboración de ambos intérpretes se remonta al disco Piety Street de 2009. La excusa son clásicos de rhythm and blues, boogie y el gospel más purista de Nueva Orleans.

Comienza el lleno de las 19:30 con “I’ve Got Jesus and That’s Enough”, apertura del mencionado disco. Embriaga la claridad del lenguaje. Cleary apuntala ortodoxos fraseos al piano mientras recita el salmo firmado por Dorothy Love Coates. Scofield comanda el ritmo. En sus caras se intuyen placer y responsabilidad por igual. Queda lejos la ampulosa versión del estudio. Impera la desnudez y la redención al Dios del blues. Los solos del guitarrista, carne de pentatónicas mayor y menor, arrancan los primeros aplausos de la sala. No ha hecho más que empezar.

Los nombres propios se suceden en el repertorio. El espíritu de Fats Domino sube al escenario previos primeros agradecimientos. Suena “Let the Good Times Roll”, otro himno del sur. El pianista baja el tempo hasta alcanzar cotas cercanas al ska. Su voz pide por momentos jarabe de cigarrillo del doctor Tom Waits. El respetable se deleita con palmas y silbidos. No obstante, la atracción para todos es Scofield, Cleary incluido. Sus acordes tienen el ímpetu del aficionado que delira por Jimi Hendrix. La tibieza del carné de jazz se disipa conforme avanza el espectáculo.

Es el turno de “Fever” esta vez, popularizada por Peggy Lee. Los acordes de inicio invitan a la sensualidad nocturna. La sala Galileo viste toques de incienso de Mardi Gras. Es de agradecer la disparidad más allá de Piety Street. El binomio acierta al buscar el reconocimiento de los presentes con temas más conocidos. Asimismo, no hay riesgo a la vacuidad al atacar canciones de orquesta por parte de Cleary y Scofield. El guitarrista no deja de deshacerse en halagos hacia su compañero. No en vano, él sólo suena a toda una banda.

Little Willie John brinda gran número de vítores esta noche. Dos de sus éxitos, “My Baby’s in Love with Another Guy” y “Talk to Me, Talk to Me” tuvieron su hueco. El segundo como broche final. “Stardust” es el único contrapunto a la clase maestra de boogie. La preciosa balada luce algunos de los punteos más vanguardistas de Scofield. Tras el bis, el guitarrista abre su corazón a Madrid un año más bajo los focos encendidos. Demuestra la solvencia y versatilidad que lo caracterizan. Un guiño por parte de Scofield a JazzMadrid 2019, uno de sus mayores devotos. Todo un retiro dorado de un músico que ha conseguido pasarse el juego del jazz.

Tomajazz.
Texto: © Coolcat, 2019
Fotografías © Promocional, 2019




Chano Domínguez Sextet (Café Berlin, Madrid. 2019-03-27) [Concierto]

Por Cool Cat.

  • Fecha: miércoles, 27 de marzo de 2019
  • Lugar: Café Berlín, Madrid
  • Grupo:
    Chano Domínguez Sextet
    Chano Domínguez: piano
    Pablo Martín Caminero: contrabajo
    Guillermo McGill: batería
    José Manuel Ruiz “Bandolero”: cajón flamenco
    Blas Córdoba: cante
    Daniel Navarro: baile

Chano Domínguez: tacita de jazz

“Música para una inmensa minoría”, titula el anuncio del espectáculo. Chano Domínguez vuelve al Café Berlín. Trae consigo el uniforme de los domingos. El sexteto de las grandes ocasiones. La propuesta es ya conocida. Siempre bien recibida. El pianista ofrece un recital de casta flamenca y chispa latina. Gran notoriedad internacional lo precede. Amén de un rincón vitalicio en el Olimpo del jazz español. Atrás queda el recuerdo del documental Calle 54. Música de una España que permitía fumar en los bares. Música para una inmensa mayoría.

El concierto empieza con cierto retraso. Sorprende el lleno sin paliativos. La cola serpentea Costanilla arriba. Dentro del Café, apenas un alfiler holgado. Algo excepcional para un miércoles a las once de la noche. Aparecen por fin Chano Domínguez y compañía. Nombres con arraigo copan las tablas. Guillermo McGill en la batería. Martín Caminero sustituye a Colina en el contrabajo. José Manuel Ruiz, Bandolero, en el cajón flamenco. Blas Córdoba al cante. Daniel Navarro al baile. Aplausos y los primeros agradecimientos. Junto a ello, el orden del cuadro flamenco.

Comienza con “Alegria callada”, del disco Imán. Chano abruma desde los primeros compases. Suya es la maestría del alborozo por alegrías. La noche esconde el homenaje constante a Cádiz. El público responde con escuetos “olés”. La percusión cobra protagonismo de forma paulatina. A ratos sabor a Tito Puente. A ratos garbo y empaque de Pericón de Cádiz. Sigue el tema “Vámonos pa’ Cai”. Una bulería de medalla. El pianista desenfunda sin rubor sus influencias. Recuerdos del corte de Rubén González o Michel Camilo. Una receta secreta de justas medidas.

Chano presenta a los músicos. Continúa con “Blue in Green” de Miles sobre un poema de Alberti. Córdoba se hace inmenso en la ejecución de “Canción 51”. El piano recoge el testigo necesario de la melancolía flamenca. Relucen destellos de Monk. El respetable se encuentra rendido y desarmado. Se suceden las ofrendas. Esta vez a Jerry González. “Rumba pa’ Jerry” alcanza el notable sin mucha dificultad. Bien es cierto que el ritmo imperioso pide a gritos el saxofón de Paquito D’ Rivera.

La velada avanza al concluir un receso innecesario. No obstante, el tiempo no corre en contra del conjunto. Esta segunda parte tiene nombre y apellidos: Daniel Navarro. El taconeo eclipsa; el baile remata con estoque. La sala enloquece y pide oreja. Constituye un elemento capital para la función. Una certera suma de enteros. En lo instrumental, velocidad de crucero. A destacar la impecabilidad del uruguayo McGill a la batería. Encauza con facilidad el palmeo de Córdoba y Navarro para trasladarlo a las cadencias de Chano.

Finaliza el concierto con un ansiado bis. El Café Berlín se sobrepone al ambiente enrarecido de conga. Chano Domínguez y su sexteto se despiden una vez rozado el sobresaliente. Poco importa la hora intempestiva del ya jueves. Los allí presentes reconocen la calidad de las interpretaciones. Una vez más, el arte de la Bahía de Cádiz conquista Madrid. Por suerte o desgracia, para el regocijo de la inmensa mayoría.

Tomajazz: © Cool Cat, 2019




Antonio Lizana (Café Berlín, Madrid. 2019-02-08) [Concierto]

Por Cool Cat.

  • Fecha: viernes, 8 de febrero de 2019
  • Lugar: Café Berlín, Madrid
  • Grupo:
    Antonio Lizana

Antonio Lizana y la bahía de Madrid

El ritual de la gira cuenta con varios puntos álgidos para el músico. Suelen coincidir con su primera y última fecha. El artista necesita la aprobación del público. Se trata del primer juicio a las posibles nuevas canciones. La primera puesta en escena. Los nervios afloran de forma constante. Lo cual es normal y evitable con mayor o menor maestría. En estos momentos se aprecia la grandeza de las bandas. Ayuda que el respetable responda con una buena taquilla. Del mismo modo, contribuye de forma favorable una buena localización.

Todos los factores se dan en esta interesante velada. Antonio Lizana se presenta en el Café Berlín. Dos pases a las 21 y 23 horas. Llenos y con cálida aceptación ambos. El artista gaditano sale a escena en formato de quinteto. Piano, bajo eléctrico, batería y saxofón alto en lo instrumental. En lo vocal la presencia de acompañante y bailaor. Mawi de Cádiz, para más señas. Aúna lo mejor de los factores de esta ecuación musical. Bien podría apostar más por el flamenco con cajón o guitarra. Bien por el jazz.

Comienza el espectáculo con reseñable puntualidad. Antonio Lizana agradece la asistencia. Esta es una noche especial y así lo anuncia. Suena “La semilla”, tema presente en el disco Oriente. El saxofonista muestra su potencial desde las primeras notas. Una mezcla de flamenco y jazz orientada al accesible sonido pop. Su ejecución es correcta. Recuerda a cálidos intérpretes de alto como Oliver Nelson. Por otro lado, las claras alusiones al Jorge Pardo de Dolores o a Manolo Morales. Una rendición notable a las cadencias flamencas tan místicas y deliciosas.

Sigue “Tú déjalo estar”, del trabajo De viento. Antonio Lizana recoge los aplausos del público. Mawi deleita con vivaces taconeos. Los neófitos ríen y comentan ante lo exótico del baile flamenco. Enriquece y aporta al conjunto más allá de lo musical. Lo cual no es baladí. Referencias a Carles Benavent por parte del bajista. Momentos rítmicos y solistas a partes iguales con buen rumbo. El piano embriaga con aromas latinos. Todo ello comandado por un ritmo de metrónomo por parte del noble batería iraní. Mención especial al palmeo. Más ligadas estas al cachondeo del directo.

Lizana advierte de la publicación de un próximo trabajo de estudio. Más noticias a finales de año. Mientras tanto, toca una pieza presente en este. Se trata de la conocida copla “El garrotín”. Un clásico con abolengo de Manuel Torre o La Niña de los Peines. También del grupo Smash. Quizá la versión más tarareada. La fiesta flamenca se apodera del Café Berlín. Se suceden las palmas y las armonías de Mawi y el saxofonista. Demuestran un conocimiento del arte flamenco adaptado al siglo XXI. Poco purista, pero con gancho para los menos aficionados al sonido de la Bahía de Cádiz.

“Déjate sentir”, del debut Quimeras en el mar, es un buen ejemplo de sensibilidad pop. La rasgada voz de Antonio Lizana casa con creces en este contexto. Hay momentos de brillo por parte del pianista. El público sigue los estribillos y se muestra presto a la interacción con el saxofonista. El pop vuelve en el tema “Volar”, último del recital. Las influencias parecen proceder de los grupos noventeros que abanderaron el Nuevo flamenco. En cualquier caso, de agradable escucha.

Antonio Lizana se despide de Madrid. El ensayo general con este primer concierto está aprobado con nota. No será un adiós, por supuesto. El saxofonista recoge el testigo de leyendas que aunaron el flamenco y la fusión de estilos. Una carrera prometedora para anunciar la buena noticia. Para llevar el aroma del Malecón de la Tacita de Plata a cualquier parte. La Bahía de Madrid aguarda expectante el nuevo disco y posteriores conciertos.

Tomajazz: © Cool Cat, 2019




Alex Cech Inn-finity Quartet (JazzMadrid18. 2018-11-15) [Concierto]

Por Coolcat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 20 de noviembre de 2018
  • Lugar: Centro Cultural Conde Duque – Auditorio (Madrid)
  • Grupo:
    Alex Cech Inn-finity Quartet
    Alex Cech: percusión
    Andy Middleton: saxofón
    Franz Faktisch: guitarra
    Tomáš Baroš: bajo

Alex Cech: fotografía promocional

Alex Cech: aroma de club

El jazz adolece de ciertos estereotipos de corte clásico. Puede ser el influjo del cine y las estampas centenarias. Un club lleno de humo y una formación afroamericana. Quiere la suerte derribar estos prejuicios en el Festival de Jazz Internacional de Madrid con una de tantas gratas propuestas. El batería Alex Cech, acompañado del Inn-finity Quartet, brinda un ortodoxo concierto. Un reducido aforo en el centro Conde Duque es testigo de una lección de clasicismo melódico y sentido. Puro talento de la escena europea.

Alex Cech y compañía abordan el escenario previa presentación protocolaria. Ya avisa la megafonía que “no son músicos de Brooklyn”. Se antoja irrelevante. Desde la primera pieza, “And Again”, la banda muestra una notable madurez creativa. Junto al líder, hay experimentados como Andy Middleton en saxofones tenor y soprano. Así como Franz Faktisch a la guitarra y Tomáš Baroš al contrabajo. Se aprecian fraseos limpios que contrastan con el ímpetu de la batería. La balanza es estable en detrimento de un excesivo protagonismo de la percusión, por suerte.

“Coincidence” o “Mother Night”, composiciones de Andy y Franz, mantienen el listón en constante subida. El guitarrista defiende cuidadas cadencias que recuerdan a ratos al Burrell de Bluesy Burrell. Líneas melódicas poco amigas de los tonos contemporáneos. El saxofón tenor puede pasar por un actual Coleman Hawkins si se sigue el paralelismo. No obstante, Andy Middleton apunta a ratos un sonido marca de sellos como ECM e intérpretes como Jan Garbarek. Una buena noticia. Aporta un interesante contrapunto a un cuarteto salido de la mejor máquina del tiempo.

Alex Cech aprovecha al finalizar uno de los temas para presentar a la banda. Previos agradecimientos, un público parco en asistencia responde con aplausos. El protagonista celebra contar con artistas de tal calibre. Muestra un cariñoso respeto a Andy, peso pesado americano afincado en Viena. Prosigue el espectáculo por melosos derroteros. “1110”, canción que da pie a bromas entre los presentes, desfila con elegancia pasmosa. Franz Faktisch homenajea al Jim Hall más sesentero con un estupendo trabajo solista acompañado de bellas triadas.

“Fast Forward”, que enfila el final del recital, alcanza el notable sin muchos problemas. Sin experimentos. Presentación de melodía y armonías, solos y vuelta a la melodía en la coda. Otra muestra de rendición a la religión del estándar. Sin embargo, todavía no se ha visto un solo de batería de Alex Cech. Bien es cierto que los subalternos cumplen en dicho cometido. El batería avisa que quedan “un par de canciones” más. Todavía se está a tiempo.

Dicho y hecho, Alex Cech quiere lucirse en “Breathing Room”, presente en el disco Between Worlds del saxofonista. El austriaco construye un solo que puede rozar el aprobado. Se espera mucho más de un profesional que ha demostrado con creces su valía. Queda una ejecución tímida y escueta. Sin florituras. Sin mucho más. Es necesario pisar el acelerador en un puro hard bop como es el el estilo referido.

El grupo se despide abrazada y entre reverencias. Alex Cech abandona el escenario convencido de la ruptura de clichés en el jazz. La ortodoxia del siglo pasado no entiende de nostalgias. JazzMadrid 2018 capta el mensaje mejor que nadie. El público reconoce de forma positiva el buen hacer de estos orfebres musicales. Sin olvidar la cortesía del Foro Cultural de Austria, recordada en los reconocimientos. No hace falta ser de Brookyln para sonar a Brooklyn. Hipótesis planteada, probada y más que afirmada.

Tomajazz: © Coolcat, 2018




Michel Camilo “Solo Piano” (JazzMadrid18. 2018-11-15) [Concierto]

Por Coolcat.

JazzMadrid18

  • Fecha: 15 de noviembre de 2018.
  • Lugar: Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa – Sala Guirau. Madrid.
  • Grupo:
    Michel Camilo “Solo Piano”
    Michel Camilo: piano

Michel Camilo: foto promocional

Michel Camilo: entre amigos                                 

Suele calificarse el concierto solista como pura introspección. Un examen. La banda compensa y suple errores puntuales con buena sinergia. El ávido intérprete, solo ante el peligro, lo tiene más complicado. El pianista dominicano Michel Camilo brinda un gran recital en el Festival Internacional de Jazz de Madrid. Lo hace armado con un piano de cola. La experiencia y el ímpetu más juvenil se unen en perfecta armonía.

Michel Camilo aparece con reseñable puntualidad. Espera en la Sala Guirau un opulento Steinway & Sons.  Abundan por parte del artista los agradecimientos al público. Comienza con “Island beat”, pieza presente en Live in London. Pocos minutos bastan para apreciar el potencial del pianista. Una amalgama de estilos se da cita en sus cadencias pianísticas. El blues más ortodoxo de Oscar Peterson. La melancolía de Bill Evans. Y lo más importante. Los ritmos caribeños de Chucho Valdés o Hermeto Pascoal.

Poco tiempo hay que esperar para los primeros homenajes. Por un lado, al genial Joe Ricardel y su “The Frim Fram Sauce”. Michel Camilo comparte unos minutos con los espectadores. Este concierto es muy especial, en sus propias palabras. Una íntima velada entre amigos para rendir respeto al jazz. No faltan anécdotas y el tono humilde de un músico preso de la emoción. Por otro lado, al estándar “Take Five” de Brubeck. Comienzan los primeros aplausos generalizados. No serán pocos.

Ver a Michel Camilo enfrentándose a su prueba no tiene desperdicio. Es hipnótico. Su ejecución no tiene reproche alguno. El toque es meloso en la apasionada “Sandra’s Serenade”, dedicada a su mujer. Ese mismo toque se convierte en furia latina con “Paprika” o “Samba for Carmen”. Un añejo jazz latino embriaga al auditorio. Puede imaginarse con los ojos cerrados las multitudinarias sesiones de Gillespie con Paquito D’ Rivera. El protagonista rinde continuas ofrendas a sus colegas de profesión.

El momento álgido llega de la mano de extensos popurrís. Michel Camilo no descansa salvo para secarse el sudor. Pueden reconocerse trazos “Pra Voce”, presente en su disco homónimo de 1988. Junto a ellos, rendiciones a artistas como el brasileño Chico Buarque. El sonido latinoamericano sigue en la cúspide. Las manos del artista combinan ritmo y melodías con perfecto tempo. Toques de bolero y guajira. Más interesante aún la inclusión de clásicos de Gerswhin o Duke Ellington. El público brinda una de las ovaciones más sentidas de JazzMadrid 2018. Muchos de ellos de pie.

Finaliza el concierto de Michel Camilo con un bis de similar estructura. Supera el examen con creces y al borde de la matrícula de honor. Las butacas más melómanas vuelven a reconocer los temas de otros artistas. Mención especial al “Sing Sing Sing” de Louis Prima, que enfila el final del concierto.

Un pianista poseído vuelve a la realidad. No hay tiempo para más. Sí, no obstante, para volver a salir y recoger otro puñado de aplausos. Nunca una velada tan íntima entre amigos finalizó con tamaña pirotecnia. Señal del excelente recital vivido. Así se despide Michel Camilo. No sin antes haber dejado la semilla de la exquisitez musical entre los presentes.