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En el mundo occidental cristiano los avances de la Edad Media se limitaron a traducir las obras originales árabes y las versiones árabes de antiguos libros griegos, como la Economía de Aristóteles. Poco antes del año 1000, el monje Gerbert d’Aurillac, futuro Papa Silvestre II, aprendió las cifras y su valor de posición de los árabes andalusíes, y también introdujo mejoras en el ábaco romano, aunque este siguió sin emplear el cero. No fue hasta el siglo XII cuando los cruzados importaron desde el reino de Jerusalén, y por segunda vez, el cero, las cifras y el cálculo indo-árabes. Sin embargo, la Iglesia intentó impedir el uso de los métodos de cálculo árabes con el argumento de que si eran más sencillos y eficaces era debido a que tenían algo de mágico o demoníaco. En aquellos momentos, los calculistas profesionales empleaban estos algoritmos en secreto para no tener problemas con la Iglesia. Sin embargo, y a pesar de la oposición eclesiástica, los algoritmos árabes se impusieron con fuerza en el mundo del comercio desde el inicio del Renacimiento. 

Lluís Artal – Josep Sales. Hipotecas y ecuaciones. Las matemáticas de la economía. RBA Editores. 2010