Kamasi Washington: el jazzmen que conquista a los millennials [Artículo de jazz]

Por Rudy de Juana.

No había nacido Kamasi Washington cuando en 1963 Elizabeth Taylor impresionaba al mundo con su Cleopatra, película que con un presupuesto de 44 millones de dólares fue la más cara de las que se rodaron hasta ese momento. La que es una de las mayores representantes del “Hollywood dorado” era  por un lado puro exceso, por el otro, una gran historia épica que no tiene nada que envidiar a las producciones modernas.

Si cuento esto es porque The Epic,  el triple LP con el que Kamasi Washington se desmelena ante el mundo en 2015, impresiona de la misma forma, convirtiéndose en esa Cleopatra que el mundo del jazz parecía estar esperando desde hacía muchos años. ¿La prueba? Más de tres horas de un sonido ilimitado, barroco, profundamente original. Tanto que la crítica, dispuesta siempre a la etiqueta fácil, no tardó en colgarle la de “el futuro del nuevo jazz”, sin que a Washington pareciera importarle demasiado.

Nacido en Los Ángeles en 1981, este genial saxofonista mezcla con alegría en sus conjuntos artistas de todo tipo de disciplinas, dibujando un sonido que arranca en el jazz modal, pero que pronto transita hacia el soul-jazz, el funk, el hip-hop o la música electrónica…mientras de fondo suenan las voces de mil coros de “soldados entregados” que se preparan para la guerra.

Y si no me creen, comiencen a anotar nombres. Además de con clasicazos como Wayne Shorter o Herbie Hancock, Kamasi Washington ha grabado y tocado con casi todos los que pintan algo en el mundo de la “música negra”: desde figuras del R&B como Rapahel Saadiq a los rapero Snopp Dogg o Nas, pasando por Gerald Wilson, Lauryn Hill o PJ Morton, haciendo ademaś “cameos” junto a grupos indy-pop, jazz progresivo o música electrónica experimental. Su último invento, grabado junto a ese otro grande que responde al nombre de Robert Glasper es Dinner Party, álbum en el que también participan el rapero Terrace Martin y el productor de hip hop 9th wonder. Personalmente, llevo una semana sin poder dejar de escucharlo.

Pero volvamos a The Epic. A lo largo de los tres discos, Washington va a por todas: desde John Coltrane, a la Pan-African People’s Arkestra de Horace Tapscott. Desde Azar Lawrence a las exploraciones de jazz y coros de Donald Byrd y Eddie Gale; pasando por los experimentos pan globales de Paroah Sanders, el jazz afro-latino, los spirituals y la cultura DJ. Y por supuesto, no se queda aquí: los homenajes a Debussy, Horace Silver o a Albert Ayler también se cuelan en su música.

No se conformará con esto y en sus siguientes discos, Harmony of Difference (2017) y sobre todo Heaven&Earth (2018) demostrará que esa etiqueta a fin de cuentas no le venía tan grande y que si el jazz estaba a la busca y captura de grandes estrellas, desde luego pocas como la de Washington brillaban más. Sobre todo, porque su figura trasciende más allá de lo puramente musical, para entroncar con movimientos sociales como “Black Lives Matter” o cierto misticismo que ha llevado a muchos a considerarlo “el nuevo John Coltrane”.

Incluso si la comparación resulta exagerada, no importa. Ha conseguido sacar al jazz de esa “cueva confortable” en la que lleva refugiado durante las últimas décadas; lo ha convertido en un movimiento de rabiosa actualidad y ha demostrado que rodeándose de los mejores puede llenar pabellones y estadios en conciertos a los que acude un público joven, dispuesto a dejarse impresionar. A la vez, se ha ganado el respeto de los “guardianes de las esencias” del movimiento y por si fuera poco, siempre es accesible y tremendamente simpático. No se puede pedir mucho más.

Texto: © Rudy de Juana, 2020. http://www.caravanjazz.es/