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VIII Festival de Jazz de Peñíscola

  • Fecha: 20 al 22 de julio de 2011.
  • Lugar: Peñíscola (Castellón).
  • Comentario:

    La tercera semana del VIII Festival Internacional de Jazz de Peñíscola fue, sin proponérselo, de conciertos centrados en las versiones.

    Esta comenzó el miércoles con un concierto doble. Fuera de los escenarios habituales, la cita musical se trasladó al recinto portuario de Peñíscola. Allí no esperaba una nueva temporada de The Wire. Fue el turno de un concierto doble con la banda de B.B.King como cabeza de cartel, y ejerciendo de telonero la Raimundo Amador Band.

     

    El sevillano comenzó su concierto versioneando “Jessica” de los míticos Allman Brothers Band. Toda una magnífica declaración de intenciones ejecutada por una banda más que competente en la que sobresalieron el propio Amador, el baterista, el teclista (con algún solo más que aplaudido) y el bajista, mientras que el percusionista y la vocalista quedaron en un segundo plano. El grupo dio un magnífico recital en el que incidieron en la forma en que el ex-Pata Negra realiza la fusión del flamenco con el blues. El conocido “Bolleré” o el divertido “El blues de los niños” (de Pata Negra) fueron algunos de los mejores momentos del recital. Sin embargo Raimundo Amador no era el protagonista de la noche. Aunque el concierto fue alcanzando su punto álgido tema tras tema, tras apenas una hora de actuación le tocó el turno de abandonar el escenario. No fue la ocasión de un bis más que merecido pero no reclamado. Así dejaron paso al veteranobluesman (1925) de Indianola, Mississippi.

    El protagonista se hizo esperar. Tras un rápido cambio de instrumentos hicieron acto de presencia los ocho miembros de la banda de B.B. King. Además de bajista, batería y teclados, sobre el escenario aparecieron una sección de cuatro vientos y un guitarra rítmica. El concierto, a la espera del veterano guitarrista y cantante sobre el escenario, comenzó magníficamente con un par de temas instrumentales con todo lo que se esperaba en la cita: blues (por supuesto), una vibrante ronda de solos al estilo clásico –con un papel preponderante de los vientos, paso al frente al micro situado en medio del escenario y a soplar–, y una sección rítmica marcando firme el paso del resto de músicos.

     

    Lamentablemente Riley B. King se empeñó en dinamitar lo que sus músicos habían comenzado a construir. A pesar de su edad el octogenario músico todavía toca con su legendaria maestría, pero en el concierto de Peñíscola se dedicó sobre todo a hablar. Su arma fueron unas presentaciones muy extensas, que en más de una ocasión duraron más que los propios temas a los que estaban prologando. Una lástima. En el caso de intérpretes con una edad tan avanzada, en muchas ocasiones con lo que uno se encuentra es con un pálido reflejo de lo que el artista de turno fue en sus buenos y lejanos tiempos. No fue lo que ocurrió con B.B. King, aunque se echó en falta que hablase menos y él o su banda (la otra parte eclipsada) tocasen más.

     

    Aun y todo dio tiempo para que volviese sobre algunos de sus temas más famosos como los archiconocidos “Everyday I Have The Blues”, “Rock Me Baby” o “Thrill Is Gone”. También atacó temas tradicionales como “You Are My Sunshine” (con el que se empeñó –sin conseguirlo– poner a cantar a los 4000 espectadores que abarrotaban el recinto portuario a pesar de insistir una y otra vez) o “When The Saints Go Marchin’ In” con el que finalizó el espectáculo. El público terminó satisfecho a pesar de que B.B. King fue una versión reducida (más bien en formato showcase que en formato concierto) de sí mismo.

     

    Al día siguiente la cantante René Marie conquistó al público que abarrotaba la plaza de Santa María, uno de los escenarios habituales de la cita de Peñíscola. Tras impartir un seminario esa misma mañana, fue el momento de pasar de la teoría a la práctica sobre el escenario. Le acompañaron tres ayudantes de lujo: Kevin Bales (piano), Kevin Hamilton (contrabajo) y Quentin Baxter (batería), con quienes ha grabado su último discoVoice Of My Beautiful Country. La cantante sorprendió con las dos versiones elegidas antes de dar un bis muy reclamado y bien merecido. La primera fue “White Rabbit” del grupo psicodélico de San Francisco Jefferson Airplane, a la que siguió el “Angelitos Negros” que popularizó en nuestro país Antonio Machín.

    Fue la conclusión de un concierto en el que René Marie no solo hizo gala de su magnífica voz, sino que también mostró una gran complicidad con sus tres compañeros y con el público. En él alternó temas propios y standards, dejando espacio para las intervenciones de sus compañeros, en especial del pianista Kevin Bales. Buen concierto y una sorpresa la de esta cantante, cuya calidad le hace merecedora de un mayor reconocimiento.


    Foto © 2011 Toni Porcar

    El viernes 22 fue el turno de la cantante Cassandra Wilson en el Palau de Congressos. Comandando un octeto en el que le acompañaron Martin Sewell (guitarra), Gregoire Maret (armónica), Lekan Babalola (percusión), Reginald Veal (bajo y contrabajo), John Davis (batería) y John Cowherd (piano) mostró una de sus versiones. La de Peñíscola fue la de la cantante que demostró su gran voz, que dejó mucho espacio para sus músicos, pero que a pesar de sus calores se mostró muy fría con ellos. Apenas fueron tres las ocasiones en las que se animó a lanzarse a improvisar. Durante el resto del concierto dejó que sus músicos llevasen el peso de la actuación. Entre ellos destacó sobremanera el armonicista Gregoire Mairet, con tres solos soberbios. También sobresalieron el guitarrista Martin Sewell y el percusionista Lekan Babalola, deslumbrante en el único solo que pudo acometer.


    Foto © 2011 Thabi Moyo

    En cuanto al repertorio interpretado, la intro instrumental del “Lay Lady Day” de Dylan mostró la capacidad de la de Jackson (Mississippi) de adentrarse por los terrenos del country y del blues. Siguieron con “The Man I Love”, “Forty Days & Forty Nights”, “Red Guitar” y “Black Bird”, entre otros. El concierto terminó con una versión de “St. James Infirmary” que, junto al tema de Dylan (especialmente la introducción), resultó ser lo mejor de la noche. Ello provocó que el público reclamase un bis que la cantante tuvo a bien conceder. El punto final para una velada en la que, a tenor de lo escuchado en sus grabaciones, se pudo haber disfrutado de otra Cassandra Wilson bien distinta, aunque no fue la ocasión.

    Texto © 2011 Pachi Tapiz
    Fotos © 2011 Sera Martín, excepto donde se indica