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..:: DAN MORGENSTERN: LA FUNCIÓN DEL CRÍTICO DE JAZZ

   
 

 

De las diversas especies que conviven en el ecosistema del jazz, la del crítico es quizás la única que logra el consenso entre todas las demás.  Tanto músicos, como industria y aficionados han coincidido en algún momento en despreciar al crítico.  Al fin y al cabo, los músicos tocan y graban, la industria produce y distribuye discos y los aficionados son el sustento económico de los dos grupos anteriores.  Entonces, ¿para qué existen los críticos?

El presente texto, cuyo original se publicó en 1984 como parte del programa del XXVI Notre Dame Collegiate Jazz Festival ataca la raíz del problema de esta especie: la confusión semántica que existe sobre el propio término de “crítica”, que no sólo inunda el lenguaje diario, sino que asigna por error un oficio a gente que, en realidad, no lo ejerce.

Si el lector queda al final con la sensación de que lo que ha leído es evidente, se debe a su autor: una de las cualidades más notables de Dan Morgenstern es su aplastante sentido común (las otras dos serían su empatía con los músicos y su apabullante erudición sobre una historia del jazz que ha vivido en persona desde su llegada a EE UU en 1947).  Su currículum es demasiado notable para hacerle justicia en unas líneas, pero baste señalar que ha dirigido las revistas Metronome, Jazz y Downbeat, ha trabajado en prensa, radio y TV y desde 1976 es el director del Instituto de Estudios de Jazz, el archivo más importante del mundo sobre la materia.  Ha ganado seis Grammys y recientemente ha publicado Living With Jazz, una selección de sus artículos.

Esta traducción ha sido posible gracias a la amabilidad de Dan Morgenstern.

La próxima traducción de esta serie mensual estará dedicada al saxofonista Paul Desmond.


 


Dan Morgenstern

La función del crítico de jazz

"La crítica es, propiamente dicha, el cayado de la adivinación: una vara de avellano para descubrir tesoros ocultos, no una fusta de abedul para castigar a los pecadores" (Arthur Symons)

La función del crítico en el jazz es la misma que en otras artes: servir de puente entre el artista y el público.  En el mejor y más infrecuente de los casos, la crítica ayuda a apreciar y comprender, y facilita el desarrollo de la percepción y el gusto.

La música, por ser la más abstracta de las artes, es quizás la más difícil de criticar.  Las palabras no equivalen a las notas, y el uso frecuente de la notación musical y los tecnicismos, aparte de excluir al público lego en la materia, no llega a sustituir a la perspicacia.

Antes de pasar a analizar la función del crítico, no obstante, es necesario hacer una breve distinción entre la crítica y otros tipos de literatura musical.  En el mundo del jazz, por desgracia, casi todos los que escriben sobre música reciben automáticamente el apelativo de críticos, a pesar de que sólo un pequeño porcentaje de lo que se publica sobre jazz puede calificarse legítimamente de crítica.  Las reseñas de conciertos y discos que, por ejemplo, se publican en Downbeat o en las revistas universitarias casi nunca son más que eso: reseñas, es decir, un reflejo de la opinión personal de su autor, exenta de referencias a un marco valorativo más amplio y desprovista de un contexto histórico y estético.  Este tipo de textos sólo son útiles en tanto que contienen información concreta sobre la interpretación del músico, si la calidad de sonido es buena o mala en el caso de una grabación, cuándo se grabó la música, etc.  El resto depende de lo familiarizado que esté el lector con el trabajo previo del autor de la reseña, lo que permite saber al primero hasta qué punto coincide su propio gusto con el del segundo.

La típica entrevista que constituye el grueso de los artículos de las revistas de jazz tampoco constituye un ejemplo representativo de crítica.  Es una especie de reportaje en el que la voz y opiniones del entrevistador adquieren un papel secundario con respecto a las del entrevistado.  Las reseñas y los reportajes son géneros periodísticos, no crítica como tal.

La verdadera crítica es tan infrecuente en el jazz como en otros campos.  Es una disciplina que por un lado requiere un profundo conocimiento de los principios generales de la estética así como de las particularidades de la historia y la naturaleza de esta música y, por otro, la calidad de redacción necesaria para explicar y clarificar las ideas del crítico.  Asimismo, estas ideas han de ser originales y estimulantes.  Está claro, por tanto, que es imposible llegar a ser un crítico de la noche a la mañana.  Sería imposible tomar en serio las opiniones de alguien que escribiese sobre jazz si su experiencia musical arrancase desde John Coltrane, o incluso desde Charlie Parker.

El grueso de lo que se escribe sobre jazz, incluso en libros, no es crítica en el sentido en que estoy definiendo el término.  Buena parte es biografía e historia; también hay algo de musicología y análisis.  Muchos aficionados conocen al menos las líneas generales de la vida de Charlie Parker, pero pocos comprenden realmente su contribución al arte de la improvisación. Un libro como Bird Lives! [1], que relata mucho –la mayoría falso– sobre su vida y apenas nada sobre dicha contribución, es un ejemplo bastante representativo del grueso de la literatura sobre jazz.

¿Qué es, entonces, una verdadera obra de crítica de jazz? La lista no es larga: Jazz: Its Evolution and Essence de André Hodeir, Early Jazz de Gunther Schuller, The Jazz Tradition de Martin Williams y The Art of Jazz, una serie de ensayos de diversos autores recopilada y editada por Williams, así como algunos escritos incluidos en las diversas recopilaciones de artículos de Whitney Balliett para el New Yorker, Stompin’ the Blues de Albert Murray, Riding on a Blue Note de Gary Giddins, los escritos sobre el jazz y sus músicos recogidos en Shadow and Act de Ralph Ellison, y pocos más. [2]

Que haya incluido a estos escritores en esta selección, que reconozco personal, no implica que siempre estén de acuerdo entre ellos, pero sí que comparten un robusto conocimiento de la historia de esta música, una comprensión de su naturaleza y objetivos y, de forma no menos importante, buen oído y mano para la escritura. También tienen en común la capacidad de distinguir entre lo intemporal y lo efímero, así como cierta idea del lugar que ocupa el jazz en el gran orden social y artístico de las cosas. Nadie que lea a estos críticos puede sustraerse al impulso de escuchar o reescuchar la música sobre la que escriben, con la ventaja añadida de contar con una apreciación mejor definida de esa música.

Ésa es, en resumen, la que debería ser la función del crítico: guiar al oyente (que, por supuesto, puede ser un músico) a lo mejor que ofrece este arte y señalarle qué puede escuchar y por qué. Escuchar y reaccionar ante la música no son actos pasivos, y no deberían limitarse a una reacción visceral y emocional. El verdadero crítico debe mantener un compromiso intenso con la materia sobre la que escribe y debe, además, ser capaz de transmitir la dimensión del valor de esa música.

Esto no quiere decir que otras formas de literatura jazzística no sirvan para nada. Nos interesa saber qué piensan los músicos sobre su propia música –y la de otros– y qué les motiva. Queremos leer acerca de las vidas de los grandes creadores del jazz, del mismo modo que queremos leer sobre otras personas extraordinarias. También necesitamos las reseñas cotidianas en la prensa especializada o generalista como guía para estar al tanto de la actualidad y las novedades. La tarea de los plumillas en estas áreas es clara y simple: informar de manera equilibrada y ajustada a los hechos, citar correctamente y no tergiversar; documentarse diligentemente y presentar la información de forma clara si se trata de una biografía o un ensayo biográfico; ser justo y tener presente cuál es la intención del artista cuando se reseñe una actuación, ya sea en vivo o grabada, y nunca ser condescendiente con el sujeto de la reseña (ni con el lector), ni adjudicarse una patente de corso.

Para ser justos con el periodista de jazz, hay que señalar que el crítico cuenta con la ventaja de poder ser selectivo: puede concentrarse en las obras maestras y recurrir a años de placentera escucha, mientras que el periodista tiene que lidiar con lo que se le haya asignado, sea bueno, indiferente o malo y ha de ajustarse a un plazo de entrega, lo que no deja de ser un buen ejercicio de disciplina y práctica. La mayoría de los críticos empezaron como periodistas, gremio cuyos mejores miembros son artesanos cuidadosos y concienzudos.

En última instancia la culpa de que el término “crítica” haya adquirido connotaciones fundamentalmente negativas es de los críticos y periodistas. Criticar no es sinónimo de destruir y encontrar fallos, sino que debería ser sinónimo de descubrimiento o iluminación, como he tratado de mostrar. La verdadera función del crítico es dirigir al oyente a lo mejor y explicar por qué es lo mejor. Hacer de guía, no de juez.

____________________

Notas del traductor:

[1]
RUSSELL, R.: Bird - Biografía de Charlie Parker (Ediciones B, Barcelona 1989)

[2]
Esta lista, aun siendo válida, tiene más de veinte años y desde entonces los autores mencionados han publicado más obras.  Aun así, e insisto en los veinte años, sólo dos se han traducido al español, y ambos están descatalogados:

-
SCHULLER, G.: El Jazz, sus raíces y su desarrollo (Editorial Víctor Lerú, Buenos Aires 1973)
-
WILLIAMS, M.: La tradición del jazz (Taurus Ediciones, Madrid 1990)

De Ralph Ellison sí hay disponible una colección de relatos cortos:

- ELLISON, R.: Vuelo a casa (Alfaguara, Madrid 2002)

© Fernando Ortiz de Urbina, 2006 (para la traducción al castellano)


Bibliografía de Dan Morgenstern:

                                    

- MORGENSTERN, D. (texto), BRASK, O. (fotos): Jazz People (Harry N. Abrams, 1976; Da Capo, 1993)
- MORGENSTERN, D.: Living With Jazz (Pantheon Books, 2004)

   
   

Fernando Ortiz de Urbina es traductor y miembro del Chartered Institute of Linguists británico. Escribe sobre música desde 1993 y ha colaborado con El Diario Vasco (San Sebastián), Radio Euskadi (Bilbao), Jazzwise (Londres), La Tempestad (México) y Teoría (Puerto Rico). Actualmente es el corresponsal en Londres de Cuadernos de Jazz y prepara una discografía de Eddie Costa.