Voro García – Paco Torregrosa Quintet (Jazzazza, Murcia) [Concierto]

Por José Antonio García López y Rafa Márquez.

  • Fecha: 14 de febrero de 2020
  • Lugar: Jazzazza Jazz Club – Murcia
  • Grupo:
    Voro García & Paco Torregrosa Quintet
    Voro García: trompeta
    Paco Torregrosa: saxo alto
    Eduard Marquina: piano
    Jaume Guerra: contrabajo
    Pablo Soriano: batería

La labor, la continuidad y el tesón de sus gerentes, le han otorgado al club Jazzazza un lugar merecido en las rutas del jazz de nuestro país. Cientos de músicos, tanto nacionales como internacionales, han ido dejando su huella sobre el escenario del club durante más de una década de programaciones, quince años, teniendo como referente la música en directo, y en concreto la música de jazz.

La cita, en esta ocasión, fue con el quinteto coliderado por el trompetista y compositor Voro García y el saxofonista Paco Torregrosa, acompañados por una sección rítmica integrada por el pianista Eduard Marquina,  Jaume Guerra al contrabajo, y Pablo Soriano en la batería, agrupando una poderosa formación para protagonizar una intensa y excepcional velada jazzística.

La sesión comenzó con una adaptación del tema “Brake’s Sake”, It’s Monk’s Time (Columbia Records, 1964) del pianista estadounidense Thelonious Monk, con arreglos de Torregrosa, en el que los principales solistas desarrollaron sus respectivas improvisaciones de saxo alto, trompeta y piano. En la dinámica pieza titulada “Dana”, composición de Torregrosa, la compacta interacción de los componentes se mostraba palpable. Marquina, Guerra y Soriano, forjaron una excelente base rítmica sobre la que navegaron los extensos solos de trompeta, saxo, y piano. Voro García, incluyó algunas de sus composiciones en el repertorio, como la inédita partitura original llamada “Nano”, en la que lucieron las fluidas intervenciones de Torregrosa, el elocuente lenguaje de Voro, y los intensos fraseos de Marquina. El primer set terminó con “Henya”, When The Heart Emerges Glistening (Blue Note Records, 2011) una preciosa partitura a tempo de vals del trompetista Ambrose Akinmusire, en la que los dos líderes, trompetista y saxofonista, intercambiaron diálogos en espléndidas improvisaciones, bien abrigados por el resto del grupo.

“La plata”, pieza compuesta por Torregrosa, dio inicio a la segunda parte del concierto. Tras la exposición de los vientos, fue Marquina el encargado de abrir los espacios para las improvisaciones, meticuloso y sutil en el ejercicio del piano. Los solos de trompeta y saxo alto completaron el desarrollo del tema con sugerentes y, a veces, enérgicas intervenciones. La partitura “Dual Force” On Tour (Red Distribution, 1985) del contrabajista Buster Williams, de estilo hard bop,  consolidó la vigorosidad del grupo en conjunto, desplegando un abanico de improvisaciones entre Torregrosa  y Voro, en la que jugaron sobre estructuras de ocho compases con el pianista Marquina y el baterista Soriano. Buen trabajo también del contrabajista Guerra, muy atento a las incursiones de sus compañeros. La emotiva balada “Skylark” (Mercer / Carmichael) creó un aura relajada, en la que saxo alto y trompeta se repartieron la exposición del tema, para continuar con delicados solos. El grupo propuso cerrar la velada con el tema “A la luz” de Voro García, basado en notables cambios rítmicos sobre los que caminaron los solos de Torregrosa, fresco e intenso en sus fraseos, de Voro, flexible e impecable en sus acometidas, y de Marquina, que fue subiendo la pieza de intensidad con su buen hacer al piano. La propuesta quedó solamente ahí, gracias a los aplausos de los presentes, por lo que en respuesta y agradecimiento tocaron un último tema, el standard “Sandu” del trompetista Clifford Brown, a medio swing, con solos de toda la formación, en el que lució también un solo del extraordinario contrabajista, despidiendo así una excelente sesión. Sonido y lenguaje se conjugaron para ofrecer una música de alto nivel, generada de forma honesta y entregada.

Texto: © José Antonio García López, 2020
Fotografías: © Jazzazza, 2020




Music Fest 25. Jazz en los túneles del metro. Por Juan F. Trillo [Conciertos]

Por Juan F. Trillo.

  • Fechas: 11, 12, 13 y 14 de febrero. 2020.
  • Lugar: Estaciones de Metro Bilbao.
  • Bandas:
    Lucky Chops, Crazy Jazzers, Broken Brothers Brass Band.
    Bailarines:
    Laura Gamero, Bryan Hollström, Cheyenne Egitto, Aimar Gutiérrez.

Bryan y Laura respiran hondo y comienzan a bailar. Con suavidad al principio, porque les cuesta un poco “entrar en calor”. Pero no tardan en olvidarse del público, de los viajeros que van y vienen a su alrededor, y comienzan a moverse con más ritmo y energía. Una estación de metro no es el primer lugar en el que uno pensaría para arrancarse a bailar, pero si la música es buena, cualquier lugar es apropiado.

Son Bryan Hollström y Laura Gamero, profesores de funky, hip-hop y free style en la escuela de danza Fusión (Bilbao y Barakaldo). “La propuesta para participar nos llegó por sorpresa“, dice Ainhoa Zamora, directora del centro de enseñanza. “Nos avisaron con muy poca antelación, casi por sorpresa. ¡Menos mal que tenemos experiencia en preparar actuaciones al aire libre casi de un día para el siguiente! En esta ocasión, los organizadores pensaron que sería buena idea que los bailarines ayudasen a los músicos a ‘crear ambiente’“. ¡Y vaya si lo crean! Tan pronto como empiezan a bailar, la gente redirige la cámara de sus teléfonos móviles hacia ellos, para dejar constancia de sus pasos, que tan bien encajan con la música de las bandas invitadas. El día de la inauguración del evento – con políticos, fotógrafos y periodistas sobre el terreno – estuvieron Laura, Bryan, Cheyenne y Aimar; el resto de los días, tan solo Bryan y Laura.

 

Los vínculos entre el jazz y el suburbano vienen de lejos y se remontan – muy probablemente – al clásico “Take the A-Train”, compuesto por Billy Strayhorn en 1939 y popularizado por Duke Ellington y su orquesta. Desde entonces el tren subterráneo ha servido de inspiración a músicos, compositores, bandas de jazz, clubes nocturnos… En Bilbao, sin embargo, es la primera vez que los pasajeros en tránsito pueden disfrutar de los acordes de una marching band, – tres, en realidad – que se desplaza de estación en estación ofreciendo actuaciones breves (unos 20 minutos), aunque intensas.

Todo se lo debemos a que Metro Bilbao está de aniversario. Son 25 años ya, llevando y trayendo pasajeros a través del subsuelo de la capital. Y qué mejor manera de celebrarlo que metiendo en los túneles de hormigón a tres grupos, Lucky Chops (New York City), Crazy Jazzers (Bilbao) y Broken Brothers Brass Band (Pamplona) para que los metales de sus instrumentos rivalicen con el rugido de los trenes, ante la sorpresa de quienes utilizan habitualmente el transporte público.

Y aquí estamos, un miércoles a la una del mediodía, a pocos metros de las validadoras de la estación de Abando, en Bilbao, con los neoyorkinos Lucky Chops, un grupo que lleva ofreciendo su música al aire libre desde el 2006. Ellos definen su estilo como “brass funk de alta energía”, una energía que, no cabe duda, saben cómo transmitir al público que se detiene a escucharles. Aunque la verdad es que una buena parte de los que estamos aquí, hemos venido ex profeso, atraídos por la posibilidad de disfrutar de un poco de música en directo, a medio día. El número de componentes varía y en esta ocasión son seis quienes componen la banda liderada por Josh Holcom, que al trombón de varas y con camisa hawaiana roja – su seña de identidad – dirige la interpretación. Los músicos se desplazan de una estación a otra y un pequeño equipo les traslada y ayuda a montar la batería de Nate Werth. Pero en apenas unos minutos todo está listo y comienzan a tocar. Bryan y Laura no tardan en unírseles con sus pasos de baile y de pronto el hall de la estación se convierte en una inesperada sala de espectáculos. El ambiente mejora por momentos y alcanza su clímax cuando cierran con una divertida versión del “Funky Town”, de Lipps Inc.

Bryan Hollström: “Tal vez los Lucky Chops fuesen con quienes mejor conectamos. Su repertorio está formado por temas actuales que nos resultaban familiares y con los que nos encontrábamos muy a gusto. No tardamos en darnos cuenta de cuál era el mejor momento para hacer una pausa en nuestro baile y cuando teníamos que volver a entrar. Creo que vernos a nosotros bailando entre el público animó a mucha gente a participar.

Las actuaciones del día siguiente, jueves corrieron a cargo de Crazy Jazzers, jazz de los orígenes sin complicación, pero siempre agradable de escuchar. Sonidos arrastrados de trompetas con sordina, ritmos sostenidos que incitan a mover los pies, imitando a Laura y Bryan. Llevan desde el 2015 tocando en todo tipo de eventos populares – han estado en el Getxo Jazz, en el Jazzaldia – al aire libre a menudo, pero también en locales pequeños; es decir, cercanía con el público, ambiente relajado y, si es posible, una cerveza en la mano. Trombón, tabla de lavar, banjo, clarinete, brass guitar… y las voces a cargo de Izaskun Alzola, quien sabe dar un tono ligeramente melancólico muy apropiado.

Laura Gamero: “Para nosotros ha sido una experiencia estupenda, a pesar de que estamos más acostumbrados a trabajar con coreografías preparadas. La reacción del público ha sido estupenda e incluso había quienes se animaban a bailar con nosotros. Ha sido una experiencia interesante, porque en algunos momentos y en algunas estaciones resultaba difícil bailar por la cantidad de gente que pasaba a nuestro alrededor, ¡apenas teníamos espacio! Ha sido algo nuevo para nosotros”.

El último de los grupos, los pamploneses Broken Brothers, es otra formación veterana en esto de la música callejera, con más de diez años a sus espaldas actuando en todo tipo de festejos y animando con un jazz, blues o gospel que interpretan mirando a Nueva Orleans. Y hay que decirlo, cuando ponen en marcha su maquinaria musical – trompetas, trombones, saxos, bombo… once músicos en total – el sonido de las locomotoras que llega desde los andenes se desvanece por completo. Laura y Bryan, amantes del volumen alto, aquí no tienen motivo de queja. Es el último día y cuando todo acabe, en conjunto, habrán sido más de veinte actuaciones, acompañando con sus pasos de baile y sus palmas a los músicos, y animando a los dubitativos espectadores a compartir unos minutos de diversión. Como dijo un viajero que estaba a mi lado al retomar su camino: “¡Estos tíos me han alegrado el día!”.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

 




Getxo Jazz. (I) La historia del Festival. Por Juan F. Trillo [Artículo]

Por Juan F. Trillo.

Tomajazz presenta un especial en tres entregas centrado en uno de los festivales de jazz más veteranos y de mayor prestigio de Europa, el Getxo Jazz, en Bizkaia.

Los primeros festivales de jazz aparecieron en el panorama nacional en los años sesenta del pasado siglo, con Barcelona y San Sebastián abriendo el fuego en 1966 (actualmente Voll-Damm Festival de Jazz Internacional de Barcelona y Heineken Jazzaldia, respectivamente). Apenas una década después, en 1975, la localidad de Getxo, en Bizkaia, incorporaba su propio festival al circuito veraniego de conciertos, incluyendo en aquel primer cartel a artistas como el pianista Tete Montoliu o a un tal Sting, todavía desconocido para el gran público por aquellos días. La de este año será por tanto la edición 44 del Festival Internacional de Jazz de Getxo, lo que significa que en estos momentos está en pleno funcionamiento una maquinaria organizativa perfectamente engrasada, cuyos sucesivos responsables acumulan un considerable caudal de experiencia y, en conjunto, lo han visto y oído casi todo.

Por otra parte, y a diferencia de los eventos de Barcelona y San Sebastián-Donostia, el Festival de Getxo ha logrado mantener una financiación independiente de patrocinios comerciales, sustentándose mediante una subvención municipal y la recaudación de la taquilla. No hay que olvidar que se trata de una población de menos de 80.000 habitantes, y si tenemos en cuenta que la calidad de su programación está a la altura de los festivales que se organizan en las grandes capitales europeas, nos daremos cuenta del mérito que todo ello supone. Si ha sido posible es gracias a una tradición musical fuertemente arraigada en esta localidad bizkaína y a que la asistencia a los conciertos ha ido transmitiéndose a lo largo de los años de una generación a la siguiente.

Vinculado en un principio a la Comisión de Fiestas de la localidad, sus primeras ediciones se desarrollan en condiciones bastante precarias, hasta que en 1985 el Aula de Cultura asume su organización y empieza disponer de más medios, permitiendo a los organizadores programar nombres de peso en el panorama jazzístico internacional, como Art Blakey, Freddy Hubbard, Jan Garbarek, Stephane Grapelli, Paco de Lucía o John McLauglin.

Desde el año siguiente se lleva a cabo, además, el Concurso de Grupos, que en 1994 comienza a aceptar candidatos de procedencia europea, lo que hace que el número de participantes se incremente paulatinamente, a la par que aumenta el prestigio del certamen, hasta alcanzar en algunas ediciones el centenar.

Para cuando comienza el nuevo milenio, el festival está ya perfectamente asentado en la oferta cultural de la localidad y en el circuito de festivales de jazz europeos, y elabora carteles que rivalizan con los de ciudades de mucho mayor tamaño (y por tanto con mayores recursos económicos), incluyendo conocidas figuras norteamericanas: Manhattan Transfer, McCoy Tyner, Michael Camilo o Dee Dee Bridgwater.

Para mi sorpresa es una única persona quien desarrolla toda la labor de organización y coordinación del festival: Iñaki Saitua. “Efectivamente, estoy solo en esta tarea, pero no hay que olvidar que cuento con la colaboración de otros técnicos municipales para aspectos concretos, como todo lo relacionado con la gestión de los contratos de los artistas, por ejemplo. Por otro lado, comienzo a preparar el cartel del año siguiente, tan pronto como finaliza un festival”, matiza Iñaki. A pesar de todo a principios de este año está todavía cerrando la lista de músicos incluidos en lo que será el Escenario Principal de 2020, los platos fuertes del festival, por así decirlo. “Como de costumbre, tendrá lugar el primer fin de semana de julio y los días previos, del 1 al 5, concretamente”, explica y añade que su principal quebradero de cabeza es encajar las fechas del festival con la disponibilidad de los artistas. “Además, la cercanía de otro gran festival, el BBK Live (9, 10 y 11 de julio, este año), también nos afecta en cierta medida, a pesar de que se trata de otro tipo de música y por consiguiente otro tipo de público. Un evento tan grande como ese siempre afecta a la asistencia, en mayor o menor medida, e incluso se llevan recursos técnicos que vamos a necesitar”.

Y luego están los rivales directos, los festivales de jazz de Gasteiz y Donostia, que a menudo fichan a artistas en los que Getxo podría estar interesado. “Y para finalizar, todo lo anterior hay que encajarlo con el presupuesto disponible”, remata Iñaki.

La sección Concurso de Grupos se lleva buena parte de los esfuerzos y del tiempo del organizador. A pesar de que quienes participan son grupos que todavía están empezando, la importancia y atención que se le dedica no es menor en absoluto. “Este año esperamos recibir solicitudes de unos 50 grupos de muy diversos países europeos, de entre los que seleccionaremos 4, que actuarán como teloneros de los artistas del cartel”. Para quienes buscan hacerse un nombre reconocible, la participación en Getxo Jazz es de gran importancia, pues supone un “empujón” considerable a su carrera musical.

El grupo que resulta ganador repite actuación el último día en una sesión que se graba y con la que se edita un disco que posteriormente se distribuye entre clubs, revistas, etc. y que le servirá de tarjeta de presentación en el futuro”, precisa Iñaki.

Además de todo esto, está la sección “Escenario de Calle”, en la que intervienen músicos locales ofreciendo conciertos gratuitos en distintos puntos de la ciudad y diversas actividades paralelas, como una exposición fotográfica y de grabados de imágenes relacionadas con el festival, un concierto al aire libre para niños, una marching band que recorre las calles con su música o las jam sessions que se organizan por las noches en el Piper’s Irish Pub y en las que a menudo participan los músicos que actúan en el Escenario Principal.

A pesar de que en muchos aspectos el festival ha mantenido la continuidad, los cambios, como el paso del tiempo, son inevitables. El año pasado, por ejemplo, se trasladó el escenario principal a un recinto cerrado, el Musikene. Hasta ese momento había venido realizándose al aire libre, bajo una carpa, lo que le daba un ambiente que es imposible repetir en una sala con butacas. El cambio ha supuesto, además, una reducción del aforo (y por consiguiente de la recaudación), que ha pasado de 1000 personas a tan solo 750. A cambio, ha ganado en comodidad y, sin duda alguna, en condiciones acústicas. Todo no se puede tener.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut

 




James Brandon Lewis “Unruly Manifesto” (Jimmy Glass Jazz Festival 2019. Valencia) [Concierto]

Por Txomin Dambo y Antonio Porcar Cano.

Jimmy Glass Jazz Festival 2019

  • Fecha: 5 de noviembre de 2019
  • Lugar: Jimmy Glass Jazz Bar, Valencia
  • Grupo:
    James Brandon Lewis “Unruly Manifesto”
    James Brandon Lewis: saxo tenor
    Jaimie Branch: trompeta
    Ava Mendoza: guitarra eléctrica
    Luke Stewart: bajo eléctrico
    Warren Cudrup III: batería

Lo que ha pasado en el Jimmy Glass esta noche ha sido inolvidable para los allí presentes. Una auténtica explosión musical ornetiana de alta calidad. James Brandon Lewis ha sorprendido y cautivado por completo con la brillante actuación de su quinteto en la presentación de su Unruly Manifesto que, más que un manifiesto, es pura acción y más que desorganizado es genuina naturalidad.

Ya antes de empezar Ava Mendoza avisaba a los ocupantes de la mesa de enfrente a su amplificador de que este iba a sonar alto. ‘Vosotros habéis elegido sentaros ahí’. Risas. Más risas con James Brandon Lewis cuando saluda a la primera fila de sillas y se entera de que tienen un grupo de WhatsApp.

Comienzan como en el disco con “Year 59”. Tema breve que hace la introducción al genial mundo sonoro de James Brandon Lewis. Los arpegios variantes de la guitarra de Ava Mendoza y un breve obstinato de saxo y trompeta dan paso enseguida y sin pausa a “Unruly Manifesto”. Empieza con un potente groove de bajo acompañado por acordes de guitarra, Jaimie Branch a la trompeta va elaborando la melodía a la que se suma después el saxo de James Brandon Lewis. La intensidad va subiendo y la guitarra va variando recursos mientras la trompeta y el saxo dislocan la melodía con solos cada vez más free hasta la explosión final que hace reaccionar al público por primera vez después de quedar la trompeta sola contra la base rítmica en un brillante solo de Jaimie Branch.

El siguiente solo es para Ava Mendoza y nos lleva, acompañada por un excelente trabajo de bajo y batería, al final del tema que titula el disco. Arranca, sin pausa y entre aplausos, “Pillar 1” breve y dulce melodía que, tras unos gritos de James Brandon Lewis marcando el ritmo nos mete de lleno en “Sir Real”. Un funky de bajo y batería, rasgado por los acordes de Ava Mendoza, como no se había visto en el Jimmy, tiene a todo el bar bailando con la boca abierta. Se escuchan gritos del público que aplaude la entrada del tema como si hubiera sido un solo mientras se produce un impresionante dúo de Luke Stewart al bajo y de Warren Cudrup lll a la batería que da paso a un endiablado solo de Ava Mendoza que no deja a nadie indiferente y llega a bajar el ritmo del tema para dar paso a un solo de James Brandon Lewis que va subiendo en intensidad arropado por los acordes de la guitarra, los grooves del bajo y los incesantes adornos de la batería. Jaime Branch vuelve a bajar el ritmo para empezar su solo que enseguida crece y se convierte en una demostración de recursos y buen gusto a la que se van sumando guitarra y saxo progresivamente alcanzando el tema una grave intensidad que al rato se va desvaneciendo poco a poco. El público aplaude y vitorea. El tema sigue su curso evolutivo y parece que entramos en la última entrega del primer pase.

En “Eleventh Hour” los arpegios rockeros de Ava Mendoza vuelven a situarnos en el universo sonoro de James Brandon Lewis. La melodía va entrando poco a poco a cargo de los vientos para dejar paso a un precioso solo de trompeta con el que el tema gradualmente crece en intensidad y es adornado por los arreglos de James Brandon Lewis y Ava Mendoza provocando los gritos y aplausos del público. Siguen con un conmovedor solo de guitarra seguido de un brillante solo de saxo tenor que nos da cuenta del virtuosismo de James Brandon Lewis. La guitarra y la trompeta se van sumando al solo de James Brandon Lewis con interesantes diálogos y el tema sube en voltaje y cambia, ahora dialogan complementándose saxo y trompeta para desencajar la música de la melodía inicial. Luego bajan el ritmo y nos ofrecen un final más melodioso con James Brandon Lewis cogiendo el timón de la nave y con Jamie Branch adornando sus frases.

Tremenda la ovación del público que llena la sala. Jamie Branch nos tiene encantados, es un placer tener en Valencia lo mejorcito de la escena de Chicago. El legado de Don Cherry se mantiene vivo gracias a músicos como Jamie Branch.

Y así termina el primer pase. Han sido unos 50 minutos que han pasado como un suspiro.

Comienza el segundo pase. James Brandon Lewis vuelve a presentar a la banda y nos explica que no son una banda de hablar sino de tocar, así que en este pase tampoco van a hablar para presentar los temas. Ni habrá pausa entre ellos.

Para empezar este pase nos regalan un tema que no está en el disco. Se trata de “Ca Puronge” de Natalicio Moreira Lima que popularizó Gene Ammons en su disco Bad! Bossa Nova (1962). Y lo hacen a su manera. Al principio suena muy parecido al original pero enseguida se enriquece con el tremendo trabajo de Luke Stewart y de Warren Cudrup lll. También con los efectos y adornos varios de guitarra. Al poco tiempo Ava Mendoza se lleva el tema a su terreno pasando del calipso al blues o al hard-rock con un solo que tiene al público encendido. A los diez minutos del segundo pase ya se oyen los gritos y los silbidos del respetable. El tema ya no se parece nada al original pero sigue estando ahí. Toma el relevo James Brandon Lewis que sube la intensidad y es respondido por el público que grita y también por la elocuente trompeta de Jaimie. Llega un momento en el que James Brandon Lewis salta y grita mientras Ava Mendoza y Jaimie llevan el peso del tema que ahora interpretan en clave de funk. El solo final de James Brandon Lewis es espectacular. Baila, salta y es imposible que nadie permanezca quieto en el local. Cuando se suma la trompeta de Jaimie Branch y Ava Mendoza imprime acordes funkys el público se vuelve loco. Su versión de “Ca Paronge” dura màs de veinte minutos.

Recursos, técnica, buen gusto y un sonido increíble hacen de los solos y los acompañamientos de Ava Mendoza un espectáculo en sí mismos. Si tenemos en cuenta que estos atributos son aplicables al resto de la banda y que además, se compenetran entre ellos a la perfección como una máquina arrolladora, nos podremos hacer a la idea de lo que está pasando en el Jimmy Glass.

El siguiente tema es “Pillar 2” y es muy breve. Un bello interludio que conecta directamente con “Escape”. Volvemos así a la música del disco en su faceta más free hasta el momento. El respetable sigue el free disfrutando mucho. Nadie parece perderse o aburrirse. Y no porque el tema no sea complicado, ni porque no vaya en todas las direcciones posibles, sino porque lo hacen tan bien que cada nota te atrapa. Y son muchas a la vez, y muy salvajemente repartidas. Hacia la mitad del tema cambian otra vez a un modo bastante rockero con toques de funk y terminan al final con unos minutos de preciosos arreglos que tiran un poco a pop. El público está encantado.

Un muy original solo de bajo hace la intro de “Haden”. Otro tema del disco. Dedicado está vez a otro de nuestros héroes, el gran Charlie Haden.

Del solo de bajo pasan a un genial dúo de bajo y batería con un ritmo frenético. Vuelve a sonar la máquina arrolladora en cuanto se suman los demás componentes y Ava Mendoza nos vuelve a impresionar con su solo que es contestado implacablemente por James Brandon Lewis y por Jamie Branch. Precioso momento cuando el tema iba disparado y James toca una melodía lenta que encaja perfectamente. Final apoteósico y el público como loco. Vuelven a presentar la banda sin dejar de tocar y cuando presenta al último músico se acaba el tema. Más aplausos, gritos, silbidos y bravos.

Como bis, y casi sin pedirlo, nos obsequian con una increíble versión de “Broken Shadows” del disco Crisis (1972) de Ornette Coleman a quien James Brandon Lewis dedica este trabajo. Lo hacen a su manera. Empieza muy fuerte y va apagándose gradualmente. Sensacional la manera de entender a Ornette que tiene James Brandon Lewis y como sabe expresarlo.

El segundo pase ha durado casi una hora y cuarto. No sé si puedo describir lo que ha pasado. Se me iba la mente cada dos por tres. La música de James Brandon Lewis te lleva a lugares insospechados a una velocidad de vértigo. Tal vez se pueda decir, dado que este trabajo está dedicado a Ornette Coleman, que estamos ante otro New shape of jazz to come actualizado. No se puede pedir más. Ha sido un bolo impresionante. El Jimmy Glass estaba hasta arriba y el ambiente era estupendo.

Había cola para comprar el disco. Yo esperé, me firmó el disco y añadió esta frase: ‘La Música solo es el universo, no es humana!’.

Y sigo aprendiendo.

Tomajazz:
Texto: © Txomin Dambo, 2020
Fotografías: © Antonio Porcar Cano, 2020




Urtarrijazz – Un enero de jazz local 2020 (Pamplona, Navarra) [Concierto]

Por Sera Martín Pachi Tapiz.

Urtarrijazz – Un enero de jazz local 2020

  • Fecha: Del 10 al 31 de enero de 2020.
  • Lugar: Civivox San Jorge, Pamplona, Navarra.
  • Grupos:
    10 de enero: Nerea Erbiti & Eskola Ergatiboa
    17 de enero: No More Blues
    24 de enero: Ache pa ti
    25 de enero: Homenaje a Javier Garayalde
    31 de enero: Pamplona Big Band

En 2020 el ciclo Urtarrijazz – Un enero de jazz local, ha llegado a su tercera edición. Este oasis invernal para los aficionados al jazz en Pamplona y alrededores ha ido creciendo poco a poco: a los cuatro conciertos de cada una de las dos primeras ediciones, unido a las dos charlas de la segunda, en 2020 se ha añadido un concierto homenaje al saxofonista local Javier Garayalde, así como la exposición de fotografías en blanco y negro de la fotógrafa Sera Martín – All Jazz Sera, titulada ¿Jazz en Navarra? ¡Jazz en Navarra!, complemento en imágenes a la única charla de la primera edición.

Antes de entrar al (pequeño) repaso concierto a concierto hay que señalar en primer lugar el éxito de público del ciclo. En tres de los cinco conciertos hubo un buen puñado de aficionados que no pudieron bien conseguir una invitación, bien comprar la entrada del homenaje a Garayalde. En los otros dos conciertos no se llegaron a agotar las invitaciones, aunque fueron poco más de una docena los asientos que quedaron vacíos del coqueto auditorio del Civivox San Jorge.

El ciclo comenzó el 10 de enero con la actuación de Nerea Erbiti & Eskola Ergatiboa. Nerea Erbiti es la cantante del proyecto Lurpekariak. El alma mater de esta formación, el trompetista Ion Celestino, es a su vez uno de los integrantes de la formación que arropa a esta vocalista. Ambos proyectos se mueven por unos terrenos comunes, que es la fusión de la música tradicional euskaldun con la vertiente más libre del jazz.

De ese modo, una melodía como “Artzaina” (tema tradicional de pastores de Xuberoa / Soule), con la que se abrió el concierto, sirvió para que la cantante vocalizara sus improvisaciones sobre un ritmo muy marcado. Fue una de las dos vertientes en el trabajo de la cantante, que en otra parte de los temas cantó de un modo muy pegado a la tradición. Ion Celestino no sólo empleó la trompeta, sino que incluso cantó / rapeó y trabajó con un pad lanzando sonidos y ritmos. De un modo similar a como un grupo esencial en la historia del jazz, el Art Ensemble Of Chicago, echa mano de toda la tradición musical afroamericana para canalizar su creatividad, Erbiti, Celestino y compañía emplean los recursos del jazz (incluyendo elementos funkies, la improvisación vocalizada, ese elemento inmaterial pero muy tangible que es el groove, o la inspiración africana), para llevar lo tradicional a lo global, lo que algún crítico y analista del tema como Stuart Nicholson refierecomo Glocalización.

El segundo concierto, primera ocasión en que se agotaron las entradas, fue protagonizado siete días más tarde por la amplia formación No More Blues. Con tres cantantes, una sección de tres vientos, más la rítmica correspondiente, pusieron a todo el auditorio a mover los pies siguiendo el ritmo de clásicos del Soul, el Rhythm’n’Blues, el Blues y el Jazz, e incluso la música disco.

En unos tiempos en que las propuestas – homenaje abundan, esta veterana formación (llevan en los escenarios más de diez años), rindió pleitesía a los sonidos de la Motown, a Tina “Acid Queen” Turner (también a su estancia junto a su compañero – maltratador Ike Turner), James Brown, The Doobie Brothers, Wilson Pickett, Ray Charles, Ella Fitzgerald, Aretha Franklin, el Blues de Chicago y la Creedence Clearwater Revival (sí, “Proud Mary” fue popularizada por Tina Turner, pero el tema es una joya de la factoría de John Fogerty). En resumen, fue una fiesta de hora y media de duración, repleta de música magnífica, muy bien puesta en escena.

El tercer concierto, del 24 de enero, lo protagonizó el grupo Ache Pa Ti. El quinteto presentó su disco recién publicado de título Aunitz Urtez. El trompetista y chistulari Fermín Goñi lleva en esta propuesta a la música tradicional vasca a los terrenos de la música afrocubana en una fusión que a priori puede parecer extemporánea, pero que sin embargo funciona a la perfección.

El chistu (flauta de tres agujeros que se toca con una única mano, a la que la otra acompaña con la percusión), es un instrumento habitual en la tradición vasca, que acompaña las celebraciones festivas. El grupo Ache Pa Ti (expresión habitual en la tradición de la santería cubana), lo lleva a los terrenos de la música de la gran isla del Caribe. La fuente de la que surgen los temas es variada, ya que junto a revisiones de temas tradicionales y algún tema cubano (preciosa la versión del famosísimo “Drume Negrita”), y sudamericano, aparecen composiciones propias del grupo. El chistu, a pesar de sus limitaciones físicas (en comparación con la flauta), permite mostrar el virtuosismo explosivo que la flauta muestra en el jazz. La trompeta fue el complemento ideal. El buen trabajo del pianista, el contrabajo, la percusión y la batería, armaron una propuesta que, una vez más, dejó a los asistentes con muy buen sabor de boca.

El cuarto concierto, homenaje al saxofonista Javier Garayalde, se salió de la costumbre del ciclo. Por una parte, se celebró el sábado 25, mientras que el resto de conciertos de todas las ediciones del ciclo, salvo uno, han sido en viernes. Por otra parte no fue de entrada gratuita, sino que fue el primero de pago de todas las ediciones, aunque hay que resaltar que con un precio tan asequible como son tres euros. Tras un pequeño discurso de agradecimiento del homenajeado se situaron en el escenario Javier Olabarrieta (piano), Marcelo Escrich (contrabajo), y Juanma Urriza (batería), tres habituales de la escena navarra, que formaron la rítmica del grupo que acompañó a Garayalde, que alternó saxos y clarinete. Además, contó con la intervención de otros dos saxofonistas que, nunca mejor dicho, pertenecen a su escuela: Mikel Andueza y Alberto Arteta.

El repertorio alternó temas propios de Garayalde junto con algunos clásicos del jazz. La música se movió por terrenos del Hard-Bop, el Jazz Funk y el azz modal, convirtiendo la celebración en una gran fiesta. A los solos de la rítmica, especialmente los de Javie Olabarrieta se unieron los de los saxofonistas. El final de concierto con “Autumn Leaves” con tres saxos sopranos, tras un espléndido “Moanin'” de Bobby Timmons, el funkie “Qué tal” de Garayalde, y “St. Thomas” de Sonny Rollins, volvieron a dejar a los asistentes que pudieron entrar al auditorio con ganas de más.

Finalizó Urtarrijazz el viernes 31 de enero con la actuación de la Pamplona Jazz Big-Band. Una vez más, se agoraron las invitaciones media hora antes de la actuación. Incluso los propios músicos pasaron por la fila de quienes esperábamos para entrar al concierto preguntando si a alguien le sobraba una invitación. Dando la razón a Iñaki Rodríguez, encargado de dirigir a esta joven banda, fue palpable que la formación lleva poco más de un año en activo. En ella junto a una mayoría de miembros de esta formación integrada por jóvenes de menos de veinte años (el bajista, por ejemplo, contaba con apenas quince), participaron algunos miembros de la Pamplona Jazz Orquestra, la versión senior – profesional de este grupo.

Esta agrupación mixta de profesionales y músicos en formación pusieron en escena un repertorio formado por grandes clásicos del jazz que entusiasmaron a una parte del auditorio, con abundancia de familiares que disfrutaron con las evoluciones de la big band en el escenario. El repertorio, que incluyó una versión de “Peter Gunn” de Henry Mancini para arrancar, “Let The Good Times Roll” (tema en el que entró la joven cantante Marta Marín que confesó al finalizar que era su primer concierto con una big band), “Do Nothin’ Till You Hear From Me”, “Georgia On My Mind”, “It Don’t Mean A Thing”, “Summertime”, “All Of Me”, finalizando en simulado con “Somewhere Over The Rainbow”, y sorprendiendo en la finalización en diferido (lo que se conoce como un bis), con la versión del tema de Bill Withers “Loneley Town, Lonely Street”.

Como novedad de esta edición, la fotógrafa habitual en Tomajazz, Sera Martín – All Jazz Sera, realizó un repaso visual en treinta fotografías en blanco y negro de su visión de la escena del jazz en Navarra con imágenes de artistas navarros, y también de algunos otros que han pasado por los escenarios navarros.

Además de los conciertos y la exposición, quien escribe estas líneas impartió un par de charlas dedicadas al papel de las mujeres en el jazz. La primera, titulada Jazz Con Nombre De Mujer: Grandes Voces estuvo dedicada a las grandes cantantes llegando hasta la década de los cincuenta. La segunda, de título Jazz Con Nombre De Mujer: Figuras Actuales se centró en algunas artistas que están activas en la actualidad, haciendo especial hincapié en algunas de las campeonas de la escena libre improvisada.

Tomajazz:
Fotografías: © Sera Martín, 2020
Texto: © Pachi Tapiz, 2020




Moonchild (What’s Next? The Latest Jazz Generation, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

Festival What’s Next? The Latest Jazz Generation

  • Fecha: 30 de enero de 2020.
  • Lugar: Sala Clamores (Madrid)
  • Grupo:
    Moonchild
    Amber Navran, Max Byrk, Andris Mattson, Efajemue Etoroma Jr.

Anatomías de un nuevo jazz (III): Moonchild

La búsqueda del nuevo jazz resulta fructífera a cada paso dado. Se trata de una escena juvenil en su esencia. Las influencias más directas discurren entre el hip-hop, la fusión y dialectos exóticos. Su epicentro reside en Inglaterra, con Londres como principal base de operaciones. Permanece constante otra característica en estos artistas. Se trata del abrazo a estructuras propias de música popular. Separa así su camino del jazz, tradición culta por excelencia. De este modo, las melodías son simples y comprensibles para la mayoría de seguidores. Maceradas con mayor o menor esfuerzo. Su cuantificación es matizable, según el caso.

What’s Next? The Latest Jazz Generation presenta una tercera entrega en la Sala Clamores. Es el turno de los angelinos Moonchild. Inauguran su primera visita a España. Amber Navran, Max Byrk y Andris Mattson conforman un trío respaldado por el batería invitado Efajemue Etoroma Jr. Su estilo bebe directamente de neo soul. “Música del alma”, definido por ellos mismos con un juego de palabras. Acentúa el interés por el grupo la cualidad multinstrumentista de sus miembros. Ocupan el escenario teclados, saxofones alto y tenor, trompeta, flauta y guitarra acústica. La afluencia sigue una tendencia inversamente proporcional. Más público a menos jazz.

Little Ghost, último disco del conjunto, inicia el repertorio. Los primeros compases confirman lo anterior. Canciones como “Wise Women” definen un sonido de absoluta pulcritud. Sorprende gratamente el tono susurrante de Amber en el desempeño vocal. Derrocha sensualidad a cada acorde. Los contoneos comienzan entre los congregados a la cita. Se sucede uno de los momentos de interés de la noche. El trío realiza una tímida coreografía de viento metal. Un leve fraseo. El truco arrancó los primeros aplausos. En lo musical, la historia se retrotrae a estrellas de finales de los noventa como D’Angelo o Maxwell. R&B de ascensor.

Moonchild, con Amber como maestra de ceremonias, agradecen a los presentes su asistencia. Continúan las composiciones del album a promocionar. Algunas como “Too Much to Ask” son un perfecto ejemplo de sofisticación. Mattson consigue un bonito golpe de efecto mediante florituras acústicas. El resultado es de lo más evocador. Casi nostálgico. Incluso propio de aves nocturas como los clásicos de Sade. Hay tiempo también para Voyager, anterior trabajo de 2017. “Cure”, su segundo corte, guarda semejanzas con la estadounidense Erykah Badu. Sin embargo, sin tanta creatividad como la autora de obras como Mama’s Gun. Aún así, los espectadores, siempre mejores jueces, disfrutan gozosos.

El concierto vuelve con excesiva frecuencia al último disco. Tal es el repaso a varios sencillos con cálida respuesta en las redes. “Come Over” supone un tímido esfuerzo de funk. El clavinet emulado por Mattson casa logradamente con unas líneas de saxofón alto. Amber se une a la flauta travesera. Constituye un loable esfuerzo la capacidad instrumental de la banda. Sobre todo si se añade la fidedigna reproducción del estudio al directo. No obstante, reviste poca sustancia. La impresión, más allá del asombro neófito, es plana. El refranero es claro. Quien mucho abarca, poco aprieta. Las posibilidades son muchas para el resultado visto.

“Run Away”, vuelta a Voyager, recoge trazos soul de buen calado. Otra vez, Amber cosecha el potencial. Todo ello, toda ella, gracias a su voz. Un registro espectacular, con espacio para algunos agudos preciosismos. La sentencia de la sala es positiva. Bailes y muchos móviles alzados. El recital enfila sus últimos instantes. Moonchild guarda algo de pólvora. “The Truth”, de Please Rewind, permite lucirse a Efajemue a la batería. Un tempo divertido si se le suma el trío de saxofones alto, tenor y trompeta. El control de la situación parece medido al detalle. La más absoluta naturalidad.

Finalizan Moonchild en hora larga de espectáculo con un bis. Poco comunicadores salvo un par de introducciones de los componentes. Una muestra más del jazz de la próxima generación. Esto es, el arquetipo de su accesibilidad a las masas. Si bien el género nunca ostenta la etiqueta de marginal. Pero sí requiere ciertas nociones que guíen a los sentidos durante su escucha. Probablemente estos principios se acerquen al deceso cual mito narcisiano. El virtuosismo es una nota discordante. No hay mejor anécdota para ilustrarlo que el desenlace del último tema, “The List”, entre silbidos. Una tonadilla entre los dientes. Así empieza todo.

Tomajazz.
Texto: © Coolcat, 2020
Fotografía: © Roberto García, 2020




Berta Moreno Afro-Jazz Soul Project (Bilbao) [Concierto]

Por Juan F. Trillo.

  • Fecha: 30 de enero de 2020.
  • Lugar: Hotel Conde Duque, Bilbao.
  • Grupo:
    Berta Moreno Afro-Jazz Soul Project.
    Berta Moreno: saxo
    Maksim Perepelica: bajo
    David Sancho: teclados
    Miguel Benito: batería
    Alana Sinkëy: voz

Entre las mejores ofertas musicales que ofrece la ciudad de Bilbao un jueves por la noche se encuentran los conciertos que la Bilbaína Jazz Club (BJC) programa regularmente en el Hotel Conde Duque o en la Sala BBK. En esta ocasión, el último jueves de enero, la banda invitada fue Berta Moreno Afro-Jazz Soul Project. Se trata de un quinteto de jazz fusión (si es que las etiquetas todavía significan algo) liderado por Berta Moreno y que incorpora elementos de blues, latin o, como en su trabajo más reciente, soul y african music.

Y aquí estoy, provisto de lápiz y libreta, dispuesto a tomar notas de lo que vea y escuche. Como me gusta tomármelo con calma suelo llegar a las salas de conciertos con tiempo de sobra para saborear el ambiente previo y, cuando es posible, hablar con los músicos. Esto último no pudo ser en esta ocasión, por causa de los ajustados horarios de los artistas. La banda venía de tocar el día anterior en Gijón, en el Taller de Músicos del Centro de Cultura, e iban de camino a Madrid (Círculo de Bellas Artes), donde tenían previsto actuar al día siguiente, en esta gira relámpago por España. Llegaban procedentes de Nueva York, ciudad en la que están asentados y desarrollan la mayor parte de su actividad musical. Más tarde, sin embargo, al terminar el concierto, Berta Moreno tendría la amabilidad de responder a un par de preguntas para Tomajazz.

Al llegar, me recibe Gorka Reino, responsable de programación de la BJC, y me hace pasar a la sala donde los músicos ya están ensayando sobre un pequeño escenario. Acompañan a Berta Moreno, Maksim Perepelica al bajo; David Sancho en los teclados; Miguel Benito en la batería; y Alana Sinkëy, vocalista.

La saxofonista madrileña cuenta con un primer disco, cuyo título, Little Steps (2017), no hace justicia a la calidad de la música que incluye. Se trata de una recopilación de temas en la línea del hard-bop, pero donde también podemos encontrar sonidos latin y, especialmente, blues, el hilo que enhebra todo el trabajo. El disco fue muy bien recibido por la crítica y obtuvo la Medalla de Oro de los Global Music Awards 2017.

Justo cuando acabo de encontrar la ubicación ideal, comienzan a entrar los primeros espectadores, muchos de los cuales han tenido la previsión de pasarse por la cafetería del hotel y se traen cervezas y pintxos, para entretener la espera hasta que empiece el espectáculo. Los que se sientan a mi lado han elegido un tentempié de jamón y queso; y verlos comer me hace desear haber sido más previsor en el apartado de “intendencia”. Pero es demasiado tarde; si me levanto ahora perderé el asiento estratégicamente elegido. Para distraer el apetito pregunto a la pareja que tengo detrás, Palmira y José Luís, si ya conocen a la banda. “No”, me responden. “Ni siquiera hemos escuchado nada de ellos. Lo único que sabemos es lo que aparece en la reseña que anuncia el concierto”. Llegar sin expectativas previas es la mejor manera de evitar decepciones. Sin embargo, los conciertos que organiza la BJC suelen tener un mínimo de calidad garantizada, por lo que muchos de los asistentes confían en el buen criterio de la asociación y acuden, como en el caso de mis vecinos de asiento, sin conocer a los músicos.

El evento de esta noche estará integrado en su totalidad por los temas que forman parte del próximo disco del quinteto, Tumaini (Esperanza), actualmente en las fases finales de producción. La propia Berta Moreno ha compuesto todos los temas a partir de sus vivencias personales en el continente africano. En 2016, la saxofonista tuvo ocasión de colaborar durante varias semanas con el centro social “Little Ray of Hope”, ubicado en el barrio marginal Kawangware, de Nairobi, la capital de Kenia. Allí, y según sus propias palabras, pudo experimentar “de primera mano el más puro optimismo, felicidad, esperanza, alegría y dignidad con la que los africanos afrontan su día a día”. Y son, precisamente, esas vivencias y la música que le inspiraron las que va a transmitir esta noche al público que llena la sala al completo.

Tras una breve presentación de Gorka, recordando que Berta ha sido incluida recientemente por la prensa musical estadounidense entre las mejores saxofonistas de jazz, los músicos suben al escenario y comienzan con el tema “Kutenbea” (Caminar); soul suave para entrar en ambiente, seguido de “Áfrika”, que Alana canta en swahili y en el que encuentra una buena ocasión para mostrar la fuerza de su voz.

Entre un tema y otro, Berta va rememorando su estancia en África y poniendo palabras a las experiencias sensoriales que han quedado para ella asociadas al continente y que han acabado traducidas en música. La siguiente canción, “Christine”, por ejemplo, lleva el nombre de la niña que dejó un recuerdo especial en la memoria de Berta. En esta ocasión le toca a David Sancho lucirse a los teclados del piano y del sintetizador.

Los temas se van sucediendo, a la par que la narración de la compositora y, así, quienes asistimos a la velada tenemos ocasión de apreciar una curiosa fusión de vivencias y sonidos. Los ritmos africanos que surgen por momentos se funden con otros claramente urbanos y que se encontraban ya presentes en su trabajo previo. Berta habla de los paisajes kenianos, de las llanuras inmensas del Parque Serengueti, del silencio y de la sensación de libertad experimentada. Su manejo del saxo tenor, por otro lado, no puede sino calificarse de impecable y justifica tanto los halagos iniciales de Gorka como los premios internacionales recibidos: Zoetermeer Jazz Competition 2013, BMI Foundation 2015, Sidney Zolot 2016 a la excelencia musical y el ya mencionado Global Music Award 2017.

Tal vez el tema estrella de la noche (estoy siendo subjetivo, lo sé) sea “Hope”, el que dará título al álbum, una composición melancólica e intimista donde Berta fuerza los límites del instrumento y donde, una vez más, la sincronía entre el saxo y la voz de Alana, con la cantante replicando con sus scats el fraseo del instrumento, resulta impecable.

El concierto se cierra en falso con “The Beauty of the Slum”, con el que la compositora ha querido transmitir el contraste entre la miseria y la alegría que coexisten en el barrio de Kawangware. Un tema cuyo optimismo se refleja en el estribillo que Alana silabea una y otra vez, ‘beautiful life’.

Tras los aplausos reclamando un bis, los músicos se despiden con una composición cuyo título resulta irónico teniendo en cuenta que es la última, “Bienvenidos”. Aquí los músicos, ya más relajados, aprovechan para improvisar a partir de ritmos africanos que sirven para concluir la velada.

El público se levanta y las sonrisas de satisfacción sugieren que han recibido lo que venían buscando, buena música y diversión. Muchos de ellos se acercan a adquirir copias del primer disco de Berta Moreno, que ella firma con dedicatorias personales. Mientras la sala se vacía aprovecho para preguntarles a mis vecinos, Palmira y José Luís, qué les ha parecido. Ambos coinciden en que la cercanía de Berta Moreno con el público ha supuesto una agradable sorpresa. La inusual combinación de relato oral y composiciones musicales ha dado al concierto un atractivo añadido. “Y a mí”, añade José Luís, “el dúo formado por el saxo de Berta y la voz de Alana ha sido lo que más me ha gustado, sin duda”.

Con todas las copias de Little Steps agotadas, Berta Moreno se detiene unos momentos para hablarnos sobre su próximo disco, Tumaini, que, como hemos mencionado, estará listo en unos pocos meses. “Me gustaría que la gente sepa que una parte de los ingresos obtenidos por la venta de este nuevo disco irá destinada a ayudar a “Little Ray of Hope” y al proyecto que están desarrollando en Kawangware, en Nairobi”. Vale la pena mencionar que la grabación de este disco se apoya en la financiación obtenida mediante una campaña de Kickstarter que en apenas dos meses logró reunir los 12.000 dólares necesarios.

Berta y su quinteto regresan en unos pocos días a Nueva York, donde ya tienen programados sus próximos conciertos. Le pregunto si adapta su música a públicos, el español y el norteamericano, que sin duda son muy diferentes. “No”, me responde. “Allí donde voy ofrezco la música que hago, tal y como la hago, con total honestidad. Se puede decir que me ofrezco tal y como yo soy en cada ocasión”. Para sus próximos proyectos tiene pensado realizar algo interdisciplinar, tal vez incluso integrando la danza. “Pero sobre todo dependerá de la historia que en ese momento desee contar. Eso va a ser lo más importante”.

Esta era la primera vez que la saxofonista y su quinteto actuaban en Bilbao, una ocasión que recordaremos con agrado, y en la que Tomajazz estuvo presente para contarlo.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut




Joe Armon-Jones (What’s Next? The Latest Jazz Generation, Madrid) [Concierto]

Por Coolcat.

Festival What’s Next? The Latest Jazz Generation

  • Fecha: 30 de enero de 2020.
  • Lugar: Sala Clamores (Madrid)
  • Grupo:
    Joe Armon-Jones
    Joe Armon-Jones: teclados
    Nubya Garcia, James Mollison: saxofones tenores
    Asheber: voz
    TJ Koleoso: bajo
    Femi Koleoso: batería

Anatomías de un nuevo jazz (II): London calling

Varias conclusiones se deslizan en torno al anterior artículo sobre el nuevo jazz. El marcado carácter generacional es una de ellas. Así como la revisión de los sonidos más líquidos de la fusión setentera. Se hace mención a la escena británica, auténtico baluarte de este movimiento. Londres lidera los últimos acontecimientos del género. Junto a ello, titulares y los más lujosos halagos de la prensa especializada. Cobra especial relevancia el recopilatorio We Out Here, obra de Gilles Peterson. En él se da cabida un plantel de prometedores intérpretes. En sus manos, esa amalgama de jazz, hip-hop y exotismos varios.

What’s Next? The Latest Jazz Generation exhibe en la Sala Clamores un auténtico desafío. Se trata del británico Joe Armon-Jones. Su currículum es prometedor. Milita como teclista en la banda Ezra Collective, uno de los mejores secretos de la isla. Defiende su segundo disco de estudio, Turn to Clear View, en formato de sexteto. Bastan dos palabras para preconizar la puesta patas arriba a presenciar: Fender Rhodes. Preside el escenario en compañía de invitados de gala. Tales son Nubya Garcia y James Mollison como dúo de saxofones tenores. Niles Hailstones, más conocido como Asheber, ejerce de chamán.

Comienza puntual el grupo. La liturgia, si bien quiere asemejar anárquica como su música, parece cuidada al detalle. Se encienden varillas de incienso mientras suena un medio tiempo en clave de dub. Evoca al sónico onirismo de aquellos Sun Ra o Pharoah Sanders junto a sus respectivas tropas. Joe Armon-Jones se muestra en su salsa. Juega en casa. Su desparpajo lo delata. Con gran importancia de la base rítmica de TJ Koleoso y compañía, chapotea entre teclas. Asheber murmura al son del humo. El público entra en trance con las primeras cadencias. Cabezas y pies bailan al unísono.

Empieza el repaso al reciente disco tras la primera presentación del conjunto. “(To) Know Where You’re Coming From” expone las influencias primarias de Armon-Jones. El trabajo de vientos imita dejes africanos de afrobeat. Mollison y Garcia demuestran tablas y solvencia. Se echa en falta más riesgo. El virtuosismo corre a cargo del líder. Omnibula su control de los tiempos. Recorre el teclado con facilidad pasmosa. Herbie Hancock marca Mwandishi si se cierra los ojos. Su toque es firme y seguro con tendencia a algunos barroquismos, esas butter notes que diría Miles. El resultado se traduce en un ritmo constante y frenético.

Sigue “Ragify”, del disco Starting Today. La declaración de intenciones londinense. Vuelven los acordes suspendidos neo soul y aromas electrónicos. Los saxofones recogen una sugerente melodía, siempre papel secundario. Permite juguetear al Rhodes en consonancia con bajo y batería. Se infiere la predilección por la bruma del club. “Yellow Dandelion” juega con experimentación y efectos. Armon-Jones muta en el Chick Corea más marciano con loops sintetizador mediante. Los congregados asisten boquiabiertos. No escatiman en aplausos y silbidos de aprobación, cuando no de absoluto éxtasis. Los músicos se relamen. Disfrutan notoriamente. Para algunos su primer contacto con el público español.

El concierto continúa por derroteros jamaicanos. El cabecilla anuncia un tema inédito. Se muestra hablador en los parones entre canciones. En este caso, se trata de otro dub que se publica en junio. Regresa a las tablas Asheber. Los tonos se envuelven en delay y reverberaciones. El predicador, con el tradicional sombrero fulani, recita la palabra rastafari. Hay tiempo para más. En este caso, “Try Walk With Me” del nuevo album. Con una lisérgica letra, los músicos se hacen uno ante la sala. El compás se apodera del lugar. Algunos móviles quieren guardar recuerdo de la catarsis.

“You Didn’t Care”, sencillo radiable, es acogida con gran expectación en los últimos momentos del espectáculo. Nubya Garcia da muestras de sus aptitudes al saxofón. Sin ir más lejos, una de las intérpretes más laureadas de la actualidad. Logra articular un solo cosecha A Love Supreme. Armon-Jones y compañía recuperan el peso de jazz espiritual sin locuras de libre improvisación. Cierra el pase “Starting Today” del disco homónimo. Más dub que roza la excelencia armónica. Destaca la creatividad de una base polirrítmica, a caballo del funk, presente durante la hora que los protagonistas han acaparado la atención.

Se despide entre una gran acogida la agrupación. Joe Armon-Jones y amigos entregan más evidencias sobre este nuevo jazz. Bien valen como representantes de esta corriente. Enfrente, un derroche buen hacer y virtudes. El interior del bombón es de sobra conocido. No lo es tanto, y se agradece, un envoltorio de misticismo espiritual. Es fácil emular las encorsetadas estrofas urbanas, alguna vez lo fue, de hace treinta años. Más complicado resulta seguir el camino de libertad que veneró la vanguardia. Si bien el esfuerzo merecerá la pena.

Tomajazz.
Texto y fotografía: © Coolcat, 2020




Born to Be Blue [Película]

Por Juan F. Trillo.

Born to Be Blue. Hola miedo.

Hola miedo. Hola muerte. ¡Que te follen!”. He aquí la filosofía de vida del músico jonkie – genial y heroinómano – Chet Baker, resumida en tres cortas frases y elemento central de la película Born to Be Blue (2015).

La cadena de televisión en streaming Netflix acaba de incluir en su oferta la cinta, rodada hace ya unos pocos años, que relata parte de la vida del famoso trompetista. Una historia que se presta a ser trasladada al cine como pocas: Chet Baker, el paradigma del artista maldito, el blanquito genial de la Costa Oeste, el James Dean del jazz. Se trata de una película de producción canadiense dirigida por Robert Budreau e interpretada en sus principales papeles por Ethan Hawke y Carmen Egogo, a partir de un guion del propio director.

El problema de las películas biográficas es que el espectador conoce el final. Así que el director tiene que concentrarse en contarnos la historia, que ya sabemos cómo termina, de forma atractiva y, en este caso, Budreau ha tirado de varios recursos fílmicos. El primero de ellos es una especie de meta narrativa que riza el rizo: Ethan Hawke interpreta a Chet Baker interpretándose a sí mismo en una película sobre su propia vida. Luego, las escenas en blanco y negro alternan con saltos temporales y espaciales entre Lucca, Italia (1966), New York City (1954) y Los Ángeles (1966). Budreau juega además la baza de la estética con la ayuda del excelente responsable de fotografía que hace un trabajo notable, lo que, sumado a una banda sonora de excepción (algo que en este caso se da por descontado), da como resultado una película con la que se disfruta durante las casi dos horas que dura.

En cuanto a la historia, se limita a contarnos un fragmento de la vida del protagonista (tomándose unas cuantas licencias), un lapso relativamente breve en el que Chet Baker acaba de dejar la droga, intenta mantenerse limpio, conservar una relación afectiva estable y relanzar su carrera volviendo a empezar desde lo más bajo, esto es, tocando en una pizzería por las propinas y trabajando en una gasolinera. Y está a punto de lograrlo; vuelve a grabar, vuelve a tocar en el Birdland de Nueva York, y consigue el aplauso de grandes como Dizzie Gillespie o Miles Davis (este último a regañadientes). Todo ello justo cuando vuelve a caer en la adicción, una vez más, y ésta ya para siempre. Pero, ¡eh, se trata de Chet Baker; lo tomas o lo dejas!

Ethan Hawke interpreta a un Chet Baker creíble (no tanto en las escenas en las que canta) apoyado por un excelente plantel de secundarios, para contarnos la historia de un músico al que no le hubiese venido mal seguir el consejo de su productor, Dick Bock, e intentar “ser feliz durante más de diez segundos seguidos”.

Texto y fotografías: © Juan F. Trillo, 2020 / https://jantilkut.wordpress.com/https://www.facebook.com/jan.tilkut




Vince Benedetti Quartet (Jazzazza, Murcia) [Concierto]

Por José Antonio García López y Rafa Márquez.

  • Fecha: 11 de enero de 2020
  • Lugar: Jazzazza Jazz Club – Murcia
  • Grupo:
    Vince Benedetti Quartet
    Vince Benedetti: piano
    Antonio González: saxo alto
    Miquel Álvarez: contrabajo
    Vicente Espí: batería

El compositor y pianista estadounidense Vince Benedetti, de gira por varias capitales de nuestro país, paseó su sabiduría jazzística por el escenario de Jazzazza Jazz Club, acompañado por el saxofonista Antonio González, Miquel Álvarez al contrabajo y Vicente Espí en la batería. Benedetti, es un reconocido músico omnipresente en la escena mundial del jazz, en la que ha compartido su música con figuras muy relevantes del género: Hank Mobley, Archie Shepp, Dizzy Gillespie, Chet Baker, Stan Getz, Dexter Gordon, Barney Kessell, Johnny Griffin, Pepper Adams, Eddie Lockjaw Davis, Diana Krall, Miriam Klein y Slide Hampton, por nombrar solo algunas. Su dilatada labor discográfica abarca multitud de colaboraciones desde la década de los 60’, contando además con varios álbumes como líder: Vince Benedetti Trio (JHM Rcd, 2003), Granada Calling (TCB, 2009), The Music Of Vince Benedetti (TCB, 2011) y Jazzin’ Singers & Vince Benedetti Trio –  Tribute To Jazz Vocal (Sedajazz Records, 2019) son sus últimos trabajos. En su profesión como docente ha dirigido e impartido clases en varias instituciones musicales europeas de gran renombre.

Buena parte del concierto estuvo enmarcado por el estilo hardbop, aparecido a mediados de los años 50’, que posteriormente supuso una fuerte influencia en la música del pianista, además de otras tendencias musicales. El standard de bebop “Hot House” de Tadd Dameron, basado en la armonía de “What Is This Thing Called Love?” de Cole Porter, fue el primer tema de la sesión, en el que Benedetti y González desgranaron sus primeras improvisaciones como solistas principales. Tras una breve introducción del pianista, González expuso la melodía de “Repetition” de Charlie Parker, a ritmo de bossa, para continuar con un solo de saxo alto, atrevido y ágil, a lo “parkiano”, bien abrigado por la sección rítmica. El tema “Along Came Betty” de Benny Golson, a medio swing, sonó elegante en conjunto, destacando una elocuente improvisación de Benedetti, inmerso en el teclado del piano. El líder anunció después la pieza de bossa “Gentle Rain” del brasileño Louis Bonfá, desarrollada con delicados solos de piano, saxofón, y una esmerada improvisación del contrabajista Miquel Álvarez, cantando los fraseos del contrabajo,  muy aplaudido por los presentes en la sala. La interpretación de la preciosa balada “I Can’t Get Startet” del compositor Vernon Duke creó un ambiente intimo y conmovedor, en el que González desplegó fraseos líricos y bien construidos, acompasado por la maestría de Benedetti y la sutileza rítmica de sus compañeros Álvarez y Espí. Para concluir el primer set del concierto tocaron el tema bebop “Perhaps” de Charlie Parker, una pieza genialmente improvisada por González, con ajustadas intervenciones de todos los componentes del cuarteto.

La segunda parte comenzó con un tema lento original de Benedetti llamado “Blues For Basie”, en el que volvió a destacar la envolvente labor del pianista, y el solo del contrabajista Álvarez, con un fraseo preciso y flexible, cantando a la vez las notas de su instrumento. El standard “If I Had You” (Jimmy Campbell / Reg Connelly / Ted Shapiro) fue un delicado tema para lucimiento del pianista y el saxofonista. Para continuar deleitaron al público con “Retrato Em Branco E Preto” de Tom Jobim, a ritmo de bossa, una partitura protagonizada con relajadas improvisaciones de saxo, piano y contrabajo. El pianista anunció otro tema original llamado “My Gospel” de su disco Granada Calling (TCB, 2009) resuelto con elegantes solos de saxo y piano. La sesión finalizó con un tema del cantante estadounidense Jon Hendricks y un bis, “Star Eyes” (Gene de Paul / Don Raye) a petición del público.

La solidez y la buena interacción del grupo guiaron todo el concierto, dando como resultado una música bien elaborada y dinámicamente fluida, hecha con una naturalidad magistral, cercana al respetuoso aforo.

Texto: © José Antonio García López, 2020
Fotografías: © Rafa Márquez, 2020