EIVISSA JAZZ 2020 (I): Ernesto Aurignac Ensemble – Plutón (2020–09–03) [Festival de jazz] Por Juan Antonio Serrano Cervantes y José Luis Luna Rocafort

XXXII Eivissa Jazz

  • Fecha: 3 de septiembre de 2020, 21:30
  • Lugar: Baluard de Sta. Llúcia (Eivissa / Ibiza)
  • Grupo:
    Ernesto Aurignac Ensemble – Plutón
    Ernesto Aurignac (saxo alto y dirección musical)
    Pablo Valero (flauta, flauta alto y flautín)
    José Andrés Fernández Camacho (clarinete y clarinete bajo)
    Alejandro Revidiego (violín)
    Dani Anarte (trombón)
    Gon Navarro (guitarras y efectos)
    Néstor Pamblanco (vibráfono, marimba y percusión)
    Moisés P. Sánchez (piano)
    Joan Masana (contrabajo)
    Juanma Nieto (batería)

Es posible que exista algún aficionado o músico de jazz llamado H. G. Wells, en cuyo caso rogaría guardara silencio para no estropear esta introducción. Gracias. Ahora, la introducción:

Si nombro a H. G. Wells seguramente nadie encontrará relación con esa música que llamamos jazz. Mucha gente habrá reconocido al autor de la novela “La guerra de los mundos”, publicada en 1898. La novela comienza explicando cómo la humanidad permanece ignorante del peligro que acecha, una invasión marciana: “Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus preocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia”. Como a estas alturas quien no haya leído la novela habrá visto alguna de sus adaptaciones cinematográficas, voy a permitirme contar el final de la historia: las bacterias terminan con la invasión, y en alguna de las películas, también colaboran virus como el de la gripe. Es una cruel ironía que uno de esos bichitos que nos salva de los marcianos se haya convertido ahora en la peor de nuestras pesadillas. Un virus que carga a sus espaldas con innumerables muertos (aprovecho para enviar un abrazo a sus familias), y que ha arrasado con el mundo cultural y artístico; en el caso concreto de los festivales de jazz se ha traducido en cancelaciones, recorte de jornadas, o, utilizando un símil alimentario, consumo de productos de proximidad.

En el caso de Eivissa Jazz 2020 no ha sido necesario adaptar su oferta porque hace ya años apostó por ofrecer jazz nacional o europeo, eso sí, pagando el peaje de reducir su duración de cinco jornadas a tres, y favorecidos por celebrarse en un baluarte al aire libre con fácil control de accesos y donde pueden aplicarse todas las medidas higiénicas que ya sabemos: control de temperatura, distancia social, etc. Ausencia importante la del presentador habitual José Miguel López (Discópolis, Radio 3). Habíamos visto en ocasiones entregas de premios en las que el galardonado no puede asistir y envía un video de agradecimiento y hasta ruedas de prensa en un plasma, pero creemos que este año José Miguel ha sido pionero en presentar a cada grupo del festival a través de videograbaciones emitidas en pantalla gigante. Lo que no ha cambiado es la grabación de los conciertos para ser luego emitidos en su programa unos días antes de la próxima edición.

Es hora de hablar de música. Para abrir el festival, Ernesto Aurignac, una de las mentes más lúcidas que podemos encontrar ahora mismo en el mundo de la música; su disco de debut Uno (Moskito Records, 2014), ya era un órdago a la grande, una orquesta de dieciocho músicos más nueve invitados formando una nómina de impresión, con instrumentos como arpa, oboe o trompa; luego grabó a quinteto y a trío, incluyendo el aclamado MAP junto a Marco Mezquida y Ramón Prats. El malagueño se presentó en esta edición 2020 con nueve músicos para presentarnos Plutón.

Nos explicaba Aurignac en su breve presentación que “Plutón” se basaba “en el Universo, en distancias, en naves, en el infinito, en ir p’arriba y p’abajo, y pensada para una instrumentación concreta”. El saxofonista ha tomado múltiples ideas de un sitio y de otro, y la unión de todas estas partes forman un gran todo; encontramos ecos del circo, de Nino Rota, de Fellini, de músicas del siglo XX, de Mingus, sin perder las hechuras de una orquesta de jazz y todo con mucha improvisación como cuando Moisés P. Sánchez nos ofreció una breve cita al “Rhythm-a-Ning” de Thelonious Monk en un momento del concierto, y lo bueno es que cada espectador encontraba citas diferentes según fuera la experiencia de cada uno; títulos como “Welcome to Plutón”, “Mingus at the circus”, “Cirrosis popular”, “Sócrates veranea en Benagalbón” o “Melonious Tonk”; todos los músicos intervienen constantemente, alternando momentos de paroxismo musical con otros más líricos, a cargo, por ejemplo, de Moisés P. Sánchez al piano junto al violín de Alejandro Revidiego o el clarinete de Jose Andrés Fernández Camacho.

Joan Masana y Juanma Nieto al contrabajo y batería mantienen la velocidad de crucero al fondo del escenario.

En algún pasaje de la suite era Pablo Valero con la flauta el que iniciaba un a modo de ostinato que cuando nos dábamos cuenta su relevo lo había tomado el piano y a continuación el testigo lo tomaba el trombón de Dani Anarte o Néstor Pamblanco a la marimba; gustó mucho el guitarrista Gon Navarro, ya tocara pasajes eléctricos o más acústicos.

Los fragmentos de esta suite se sucedían uno tras otro, con apenas un poco de tiempo para los aplausos, en cuanto a Aurignac, sentado, de pie o recorriendo medio escenario nos ofrecía solos incendiarios, dirigiendo otras veces al grupo con los brazos extendidos. En la pieza final, “Farewell Plutón”, los músicos van desapareciendo silenciosamente uno a uno, hasta que al final quedan sólo Moisés P. Sánchez y José Andrés Fernández Camacho, quedando a la postre este último tocando una larga nota con el clarinete bajo, como la sirena de una nave cuando deja el puerto. No hubo más música esta noche, “Plutón” es una obra cerrada y después de tan potente final no procedía tocar nada más y así lo entendió el público. El listón había quedado muy alto para las dos noches restantes. Lástima que luego no hubiera jam session y por restricciones horarias apenas diera tiempo de tomar una copa en una de las pocas terrazas abiertas mientras comentábamos las mejores jugadas del partido.

Termino con uno de los párrafos finales de “La guerra de los mundos”, si cambiamos marcianos por Covid-19 más o menos sigue teniendo sentido:

“Sea como fuere, esperemos o no una invasión, estos acontecimientos han de cambiar nuestros puntos de vista con respecto al porvenir de los humanos. Ahora sabemos que no podemos considerar a este planeta como completamente seguro para el hombre; jamás podremos prever el mal o el bien invisibles que pueden llegarnos súbitamente desde el espacio. Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia. Los regalos que ha hecho a la ciencia humana son extraordinarios, y otro de sus dones fue una nueva concepción del bien común”.

                                                                                   Texto: © Juan Antonio Serrano Cervantes, 2020
Fotografías: © José Luis Luna Rocafort, 2020

 




Persiguiendo al pájaro [Artículo de jazz] Por Carlos Lara

Parece que no hay nada más oportuno que los aniversarios de todo tipo para que nos acordemos de alguien. Cuando estos pasan se dejan de exaltar las bondades o las maldades, aunque de estas se suele hablar poco por un respeto mal entendido. Nunca lo entenderé. Si hay que hablar mal de alguien se hace y punto. Pero sobre todo se resalta la obra, la huella dejada. Sea en la música, la literatura, en el cine u otras facetas de la vida.

La huella de Charlie Parker es una impregnación en el tiempo que nos paraliza y nos hace sentirnos vivos. Es como el relámpago que precede al trueno. Nos recuerda que todo está en la naturaleza.

A Charlie Parker hay que recordarlo siempre, al igual que a cientos de pioneros que fueron creando pieza a pieza, escalón a escalón, la arquitectura sonora del jazz. De dónde salían la fuerza, la inspiración y la aceleración, cualidades que llevaron a Charlie Parker a ser el origen de un nuevo estilo, junto a Dizzy Gillespie. Un universo creativo que ponía los pelos de punta, que salió de Kansas City para influir en generaciones de músicos que a partir de entonces tuvieron a Parker como su faro.

El escritor Julio Cortázar se inspiró en la figura de Charlie Parker para su cuento “El Perseguidor”, que se encuentra en el libro Las armas secretas. Johnny Carter un virtuoso del jazz cuya vida transcurre persiguiendo sombras, en medio de la lucidez y la autodestrucción. Un retrato de los últimos años del saxofonista. Escrito en 1959, el mismo año que se grabó Kind of Blue. Casi nada.

Texto: © Carlos Lara, 2020

Ilustra el texto la portada del cómic El perseguidor de Julio Cortázar con ilustraciones de José Muñoz.




Thelonious Monk: Palo Alto (Impulse!, 2020) [Grabación de jazz] Por Rudy de Juana

No sé si habéis estado en Palo Alto alguna vez. Situada al sur de San Francisco, en pleno corazón de Silicon Valley, la ciudad es sede de algunas de las empresas más innovadoras del planeta y compañías como Google, Facebook, Apple o Twitter, tienen parte de sus gigantescos campus en esta zona. Es una de las ciudades del mundo con más coches Tesla por kilómetro cuadrado y por supuesto, alquilar un piso por menos de 3.000 dólares al mes resulta impensable.

En los años 60’ sin embargo, antes del boom de la industria tecnológica, Palo Alto era una ciudad muy diferente. Marcada como muchas por los disturbios raciales de la época, el municipio californiano comprendía dos realidades opuestas. Mientras que en la parte oeste de la ciudad los residentes constituían en su mayoría clases medias y altas de raza blanca, “East Palo Alto” era un barrio mayoritariamente pobre y afroamericano en el que la policía imponía su propia ley marcial.

Al llegar al año 1968, año en el que se graba este disco, la situación de tensión era máxima.  Martin Luther King había sido asesinado el 4 de abril de ese año y dos meses después, el 5 de junio, Robert Kennedy corrió la misma suerte, en el transcurso de una campaña presidencial en la que había declarado que los negros y los blancos pobres tenían un interés común.

Danny Scher y el concierto de Palo Alto

En este contexto histórico, estamos seguros que nadie sospechaba que Danny Scher, un por entonces chaval de 15 años, haría más por la convivencia pacífica en su ciudad que cualquier otra persona. Alumno del muy acomodado “Instituto Palo Alto”, Scher era un aficionado al jazz que además hacía sus pinitos como “productor musical”. Con el visto bueno de su escuela, utilizaba la radio comunitaria del instituto para emitir un programa completamente volcado en el jazz, por lo que los sellos discográficos le mandaban LPs para que los programara.

Pero como él explicaría más tarde, su verdadera pasión, “era tocar, ir a conciertos y a clubs donde se admitía a menores, intentando contactar con compositores y locutores de radio o colocando posters de conciertos para gente. Esas personas fueron quienes me dieron los contactos de los artistas de jazz cuando les dije que quería organizar conciertos en Paly (su instituto), utilizando la premisa de recaudar dinero para el International Club, del que yo era miembro”.

Es así como se empeñó en que tenía que hacer lo posible para que su ídolo, Thelonious Monk, tocase en su colegio. Gracias a la ayuda de Herb Wong y Darlene Chan, dos de las personas mejor conectadas en la escena musical de San Francisco y a las que había ayudado a organizar previamente el primer Berkeley Jazz Festival, logró convencer al representante de Monk para que el genio de Rocky Mount actuase en el instituto, rebajando el caché del artista hasta los 500 dólares.

A partir de aquí comenzaron los problemas. A medida que se acercaba la fecha del concierto, Scher comprobó que las entradas (a dos dólares) no se vendían y que por otro lado, tampoco tenía ninguna noticia de Monk. Para intentar recaudar algo de dinero, comenzó a poner pósters en la “parte blanca” de la ciudad, lo que le permitió conseguir algunos sponsors que le garantizaban que aunque nadie acudiese finalmente al concierto, el caché Monk estaría cubierto.

Después cruzó la línea y se fue a East Palo Alto para avisar a sus residentes de que el famoso pianista venía a actuar a la ciudad. “La policía me dijo que era peligroso para mí y que se podían crear disturbios raciales si hubieran asistido al instituto Palo Alto”, recuerda Scher. “Pero yo sabía que esa comunidad lo sabía todo acerca de Monk. Me crucé con unos chicos en un parking de East Palo Alto y les conté todos los detalles del concierto”.

Cuando quedaban dos días para el evento y aún sin noticias de Monk, Scher llamó al Jazz Workshop Club donde el músico estaba tocando esos días. Resultó que no sabía nada de ningún concierto y que en cualquier caso, no tenía ningún medio de transporte para trasladarse a Palo Alto, porque él no tenía coche. Les, el hermano mayor de Danny, se encargó de trasladar a Monk a la ciudad. Cuando apareció en el aparcamiento del instituto, la gente que se agolpaba en la entrada y que provenía principalmente del este, se abalanzó sobre la taquilla y agotó las entradas. El concierto fue todo un éxito.

Una grabación se pierde…y aparece 52 años después

No estaba previsto grabar el concierto. Pero el conserje del instituto, también aficionado al jazz, pidió permiso para hacerlo a cambio de afinar el piano. La grabación permaneció oculta hasta 2005, cuando Scher que conservaba una copia de la cinta original, la encontró un día en su casa mientras ordenaba su desván. Años más tarde, comentando el hallazgo con el escritor y crítico musical Dan Ouellette, surgió la idea de editar la cinta y producir un álbum completo.

Inicialmente, el lanzamiento de Palo Alto estaba previsto para el pasado 31 de julio, pero desacuerdos de última hora entre los herederos de los derechos de autor y la casa discográfica, provocaron (con amenaza de cancelación definitiva sobrevolando la escena) su retraso hasta el 18 de septiembre, cuando hemos podido disfrutarlo.

¿Qué nos encontramos en este álbum? En primer lugar, una de las formaciones clásicas de Monk, esto es: Charlie Rouse (saxo tenor), Larry Gales (bajo), Ben Riley (batería) y el propio Thelonious Monk al piano. Lo que interpretan es un concierto corto (47 minutos) ya que, al finalizar, Monk tenía que volver a San Francisco para dar otro concierto. En estas circunstancias el set por el que se decantan es “básico” y muy conocido por los aficionados.

Arranca con “Ruby my dear”, con un Rouse dándolo todo hasta que Monk acaba por tomar la delantera; a la que siguen la alegre “Well, you needn’t” dando lugar a solos de todos los componentes y la sentida “Don´t blame me”, para a continuación dar paso a una grandísima interpretación de “Blue Monk” y “Epistrophy”. El show termina con “I love you sweetheart of all my dreams”, en el que el pianista versiona el clásico de Rudy Vallée de 1925.

Aunque no hay sorpresas en cuanto al material, este es probablemente uno de los mejores grabaciones de Monk en directo…y no me duele reconocer que pese al escepticismo inicial que provocó mi primera escucha, ahora dudo si no es la mejor de las que se conservan. Desde luego es la mejor con esta formación.

Lo que nos lleva a un punto clave: Monk es conocido por sus composiciones, su estilo de piano y su idiosincrasia personal…y no tanto como a un director de banda. No es un Ellington, no es un Miles o un Parker. Pero Palo Alto puede cambiarlo todo. Entre otras cosas, porque demuestra que el cuarteto que mantuvo desde 1964 hasta 1968 no solo fue un gran vehículo para sus composiciones, sino una banda superlativa por derecho propio. Y no, esto no va en detrimento de otros acompañantes “clásicos” con Trane o Blakey, pero la conexión emocional que hay en este concierto… es algo que no os podéis perder.

Por si fuera poco, la calidad de la grabación es sorprendente. Evidentemente no es la misma que la que proporciona un set-up para una grabación profesional en directo, pero aún así, resulta casi inexplicable que sea tan buena, dadas las circunstancias y los medios.

© Rudy de Juana, 2020. http://www.caravanjazz.es/

Thelonious Monk: Palo Alto

Thelonious Monk (piano), Charlie Rouse (saxo tenor), Larry Gales (contrabajo), Ben Riley (batería)

Grabado en directo en Palo Alto, California en 1950

Publicado por Impulse! en 2020




VISA POUR L’IMAGE 2020 / 32º Festival Internacional de Photojournalime (del 20 de agosto al 27 de setembre de 2020 / Perpignan -France-) [Artículo] Por Joan Cortès

A pesar de la pandemia se ha celebrado la 32ª edición de Visa Pour l’Image, festival de fotoperiodismo de referencia internacional que se celebra en la ciudad francesa de Perpignan. Se ha llevado a término con algunos retoques. Han disminuido, ligeramente, sus exposiciones a veinte (en los últimos años oscilaban entre 24 y 26), que han sido ubicadas en tan sólo tres espacios (cuando se repartían entre unos ocho). Se han incrementado las dos semanas habituales en dos fines de semana más y han readaptado las proyecciones nocturnas que se celebraban durante la primera semana.

Los tres espacios expositivos están muy próximos, a tocar el uno del otro. El Couvent des Mínimes (que alberga 15 exposiciones), La Église des Dominicans (con 4 exposiciones) y La Caserna Gallieni (con la selección de la prensa cotidiana internacional).

 

Église des Dominicans

En el reducido espacio de la Chapelle de la Funeraria du Campo Santo, con cien sillas de plástico, se pudieron ver durante las dos primeras semanas y a lo largo de todo el día, las proyecciones en bucle de lo que en anteriores ediciones se proyectaba al aire libre, en la pantalla gigante del recinto del Campo Santo, en las denominadas Soirées. Cada noche se iniciaba con un resumen de las noticias más remarcables desde la edición anterior, repartidas en grupos de dos meses consecutivos por jornada. Se completaba con el pase de distintos documentales fotográficos, montados de forma dinámica, con una, dos o tres imágenes abarcando toda la pantalla y una banda sonora seleccionada con criterio y buen gusto. También contaba con la presencia de algunos de sus autores. Se aprovechaban las veladas para ir entregando los galardones de los distintos premios del festival (en esta edición han sido quince).

Recinto Campo Santo con la Chapelle  Funeraria a la derecha

Por citar sólo cuatro trabajos, destacaremos, Les derniers des Mohana (Los últimos mohanes) de Sarah Caron, 22 fotografías a color, en distintos formatos sobre lona plastificada y que rompe con la estricta rigidez del formato uniforme de las otras exposiciones. Un proyecto dedicado a la última población flotante, en peligro de desaparición por la contaminación de las aguas, del lago Manchar situado al sur del Pakistán.

Chapelle Funeraria / Proyección-resumen mensual con un recuerdo para Peter Beard

Une plannète noyée dans le plastique (Un planeta ahogado en el plástico), de James Whitlow Delano, una cuarentena de fotografías en color, con las consecuencias del excesivo consumo y posterior desecho de los plásticos no reutilizables. Algunas de ellas muy sobrecogedoras y que invitan a la reflexión.

 

Église des Dominicans / Les  derniers des Mohana

Pandémie(s) [Pandemia(as)], una sesentena de fotografías a color, de diferentes fotoperiodistas realizadas en distintos lugares del mundo. Un trabajo coral relacionado con los efectos del confinamiento a causa del Covid-19.

Couvent des Minimes / Une plannète noyée dans le plastique

Le visage humain du Covid-19 à New York (El rostro humano del Covid-19 en Nova York), de Peter Turnley, con 55 fotografías en exquisito blanco y negro y con una fuerte componente visual, dedicada a las “víctimas y héroes o ambos a la vez” de la pandemia en Nova York.

Couvent des Minimes_Pandémie(s)

Se ha publicado el catálogo correspondiente, como es habitual desde 2008 año del 20º aniversario, en edición bilingüe francés/inglés, que incluye una selección de seis fotografías de cada proyecto, el texto introductorio y una imagen del autor/a.

Couvent des Minimes_Le visage Humain de Covid-19 à New York

Este año los programas de mano sólo han sido impresos en los dos idiomas mencionados y no en la versión catalana ni en la castellana como también era costumbre, aunque se podían descargar en la entrada con el código QR.

Todas las imágenes de las veinte exposiciones, con sus introducciones y sus pies de fotos, se pueden visionar en la web del festival (www.visapourlimage.com).

Un festival tan interesante como recomendable.

Texto e imágenes: © Joan Cortès, 2020




Charlie Bird Parker: «Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver». [Artículo] Por Enrique Farelo

Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver

La frase es atribuida a James Dean pero en realidad fue pronuncia por John Derek en la película Llamad a cualquier puerta, dirigida por Nicholas Ray en 1949 y protagonizada por Humphrey Bogart.
La frase se ajusta como un guante y define a la perfección lo que fue la vida de Charlie Bird Parker, una vida breve e intensa, con problemas con el alcohol, las drogas y varios ingresos psiquiátricos que apenas le dieron para permanecer en el mundo 34 años.

Charlie Parker fue hijo único y perteneció a una familia desestructurada, con un padre como Charles Parker que era bailarín de claqué y que abandono pronto el seno familiar y a su hijo con apenas 12 años. Este revés bien pudo suponer que el joven Parker se adentrara en el consumo de alcohol y drogas como la marihuana y la heroína; de hecho a la edad de 15 años afirmó:

“Todo vino por entrar en la vida nocturna demasiado pronto… Cuando no has madurado lo suficiente para saber qué está pasando, la cagas”.

En 1936 se casa con Rebecca Ruffin y meses más tarde sufre un grave accidente de coche con diferentes fracturas que le producen fuertes dolores que mitiga con morfina, lo que favorece, aún más, su adicción a la heroína. En 1938 nace su primer hijo, Leon Francis Parker.

Su juventud viene marcada por una vida dura y lamentable. En 1939 apenas resiste en la ciudad de Nueva York, dedicándose a la limpia de locales y el lavado platos en los nightclubs.

Dos nuevas y breves uniones matrimoniales completan su azarosa vida. En 1943 se casa en Washington con Geraldine (Gerri) Scott y en 1948 vuelve a contraer nupcias en Tijuana con Doris Sydnor, matrimonio que la heroína se encargaría de destruir.

“La mayor estabilidad emocional” la obtuvo a partir de 1950 al lado de Chan Richardson con la que no llegó a casarse y con la que tuvo dos hijos. Pree, nacida en 1951 y Baird, nacido en 1953.

En ese año, 1953, la noche del 15 de mayo en el Massey Hall (Toronto, Canadá) esperaban las cuatro figuras principales del be-bop: Dizzy Gillespie, Bud Powell, Charles Mingus y Max Roach, y también esperaban que lo hiciera Charlie Bird Parker, pero éste se presentó sin instrumento tras haberlo empeñado a cambio de droga, lo que provocó que tuviera que tocar con un saxofón prestado de plástico en el memorable The Greatest Jazz Concert Ever.

El hecho de la venta del saxo a cambio de la adquisición de la droga y el fallecimiento de su hija Pree, en ese mismo año, a causa de una neumonía mal tratada por la escasez de medios económicos del músico, supusieron un punto de inflexión tan negativo como para llevarle al borde de la muerte con dos tentativas de suicidio en 1954; igualmente, en ese mismo año, le prohíben la entrada en el club neoyorkino que habían bautizado con su nombre, Birdland.

El deterioro de su salud física y mental le llevó al ingresó voluntario en el Bellevue Hospital de Nueva York durante 3 meses.

Así irónica y paradójicamente el día 12 de marzo de 1955 el hombre y el músico que transformó el jazz en Arte dejó el miserable mundo que le tocó vivir. Y lo hizo riendo a carcajadas ante un programa de televisión en el apartamento de Manhattan de su buena amiga, mecenas del jazz y hermana de Lord Rothschild, la Baronesa Pannonica de Koenigswarter.

Los 34 años vividos parecieron entre 50 y 60 como bien constataba el médico que certificó su defunción.

Su vida fue “sexo, drogas y jazz”. Casi con este slogan podríamos decir que también fue un abanderado y un pionero de lo que años más tarde acuñó el mundo del Rock.

Y no solo fue pionero en slogans también se adelantó a su tiempo como muerto prematuro.

Le siguieron una legión de músicos del mundo del rock tales como: Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones etc.

Por todo ello, Charlie Bird Parker fue genio y figura: Vino a este mundo llorando como todos y se fue riendo como ninguno.

Texto y dibujo: © Enrique Farelo, 2020




Bird by Kuto [Viñeta de jazz]

Por Kuto.

© Kuto, 2020




Thumbscrew: The Anthony Braxton Project (Cuneiform Records) [Grabación de jazz]

Por Pachi Tapiz.

El trío Thumbscrew (Mary Halvorson en guitarra, Tomas Fujiwara en batería y vibráfono, y Michael Formanek en contrabajo), publica su quinta grabación, titulada The Anthony Braxton Project. Una obra que está centrada en la interpretación de once composiciones no grabadas de Anthony Braxton. Los tres integrantes del grupo han tenido relación artística con el multi saxofonista y compositor (especialmente la guitarrista), por lo que la inmersión en el universo creativo del músico de Chicago de Halvorson, Fujiwara y Formanek se desarrolla con absoluta naturalidad.

Previo a la grabación del disco los tres músicos tuvieron la oportunidad de bucear en los archivos de Braxton (Tricentric Archives), para poder seleccionar las composiciones que integrarían The Anthony Braxton Project. Los once temas muestran una parte del inmenso universo creativo braxtoniano. Este va desde piezas directas con un planteamiento swingueante “a la Braxton” (especialmente las composiciones 61, 79 y 52), a otras con un planteamiento más abstracto en su apertura y tensión en el desarrollo (composiciones 68, 274, 35). También hay tres temas que permite escuchar a cada uno de los músicos interpretar en solitario la música de Braxton.

Más allá del puro ejercicio intelectual (algo a lo que se acusa a la música de Braxton en general, lo que no es cierto para la totalidad de sus composiciones), The Anthony Braxton Project sirve para poner en valor una vez más las creaciones de este enorme creador y agitador de la escena del jazz, en el año en que celebra su 75º cumpleaños.

© Pachi Tapiz, 2020

Thumbscrew: The Anthony Braxton Project (Cuneiform Records)

  • Tomas Fujiwara (batería y vibráfono), Mary Halvorson (guitarra), Michael Formanek (contrabajo)
  • “Composition No. 52”, “Composition No. 157”, “Composition No. 14 (Guitar)”, “Composition No. 68”, “Composition No. 274”, “Composition No. 14 (Drums)”, “Composition No. 61”, “Composition No. 35”, “Composition No. 14 (Bass)”, “Composition No. 150”, “Composition No. 79”
    Todos los temas compuestos por Anthony Braxton.
  • Grabado entre el 8 y el 11 de septiembre de 2019 en Mr. Smalls Studio, Pittsburgh, PA. Publicado en 2020 por Cuneiform Records.



Gary Peacock In Memoriam

You’ve talked about approaching each playing experience as if you were a beginner. What do you mean by that?

You’re always at the beginning. That’s an attitude that can be understood intellectually. It’s an attitude that can be conceptualized. If it becomes real, then it does change things. If you’ve come close to death a few times or what you thought was death, you’ve realized there’s no guarantee that you’re going to be alive in the next instant. So my approach to playing is the realization that there are no guarantees anywhere. So where do I want to be, what kind of state to do I want to be in when I’m playing? It helped me to be really focused in a profound way and be really present.

Gary Peacock (1935-2020)

Entrevista publicada en https://jazzlands.wordpress.com/2010/02/11/gary-peacock-youre-always-at-the-beginning-bass-player-magazine/ realizada por philipb1961

Fotografía tomada en el 18è Jazz Terrassa Festival, el día 09 de marzo de 1999, en una actuación a trío con con Paul Bley y Paul Motian. © .Joan Cortès, 2020




Ballister: Znachki Stilyag (Aerophonic Records, 2020) [Grabación de jazz]

Por Pachi Tapiz.

El trío Ballister reúne a tres figuras importantes del jazz más libre de la actualidad: el saxofonista Dave Rempis, el chelista Fred Lonberg-Holm, y el baterista Paal Nilssen-Love. El grupo lleva en activo diez años, periodo en el que ha publicado ocho grabaciones. Tras un silencio discográfico de dos años, esta formación publica en Aerophonic Records (el sello dirigido por Rempis que le está sirviendo desde hace unos años para dar salida a sus distintos proyectos), el fantástico Znachki Stilyag, grabado en directo en 2019 en Moscu.

Tres improvisaciones componen la grabación: “Fuck the Money Changers” que se extiende por encima de los 38 minutos, y las más breves (duran en torno a nueve minutos), “Hotel Mary Poppins” y “Old Worms”. La música se mueve por los terrenos del free jazz y la improvisación, alternando como es habitual en las propuestas de lo tres integrantes de Ballister, pasajes rítmicos, melódicos y energéticos junto con otros más abiertos.

El trío funciona como una maquinaria de precisión que se mueve (por momentos) a toda velocidad. Los tres músicos muestran un entendimiento magnífico, casi telepático, en su forma de llevar la música por unos u otros derroteros. Esto es especialmente palpable en “Fuck the Money Changers”, tema en el que hay pasajes con cierta reminiscencia al Oriente Próximo, junto con otros de una energía desbordante, y otros más abiertos. En “Hotel Mary Poppins” y “Old Worms” no hay tiempo (la brevedad manda), para tanta variedad de ambientes, lo que no les resta interés, sino todo lo contrario.

Paal Nilssen-Love vuelve a mostrar, una vez más, por qué es uno de los bateristas más activos de la escena del jazz de la actualidad. Fred Lonberg-Holm deja constancia del papel que puede ocupar el chelo en el jazz, algo de lo que músicos como Oscar Pettiford ya habían dejado constancia. Hay que señalar a su vez cómo las pinceladas que aporta su uso de la electrónica sirven para dar un mayor empaque a la propuesta de Ballister. Finalmente, Dave Rempis está en una forma magnífica, soplando con gran energía.

Znachki Stilyag es un magnífico reflejo de la propuesta de Ballister en directo. Tras escuchar esta grabación, sólo queda rezar porque se pase esta maldita pandemia de la Covid-19 y que alguien se anime a traer a estos tres fenomenales músicos a nuestros escenarios.

© Pachi Tapiz, 2020

Ballister: Znachki Stilyag

  • Dave Rempis (saxos alto y tenor), Fred Lonberg-Holm (violonchelo y electrónica), Paal Nilssen-Love (batería y percusión)
  • “Fuck the Money Changers”, “Hotel Mary Poppins”, “Old Worms” (Improvisaciones por Ballister)
  • Grabado el 30 de octubre de 2019 en DOM Cultural Center, Moscu. Publicado en 2020 por Aerophonic Records.



Roots Magic: Take Root Among The Stars (Clean Feed, 2020) [Grabación de jazz]

Por Rudy de Juana.

¿Puede existir un vínculo entre el blues de los años 20 y el free jazz? Si hasta ahora no te has hecho la pregunta es porque seguramente aún no conoces a los chicos de Roots Magic cuarteto italiano formado por Alberto Popolla (clarinete), Errico de Fabritiis (saxo tenor), Gianfranco Tedeschi (bajo) y Fabrizio Spera (percusión).

Con una historia que arranca en 2013, la formación asegura encontrar su fuente de inspiración en clásicos del deep blues como Charley Patton, Blind Willie Johnson, o Skip James, a los que mezcla en su “batidora de jazz” con composiciones de algunos de los músicos más creativos del género, desde Ornette Coleman a Julius Hemphill, pasando por Olu Dara, Sun Ra o Pee Wee Russell.

Su tercer trabajo, Take Root Among the Stars explora y navega entre temas de blues de distintas épocas, entre los que destacan temas como “Mean Black Cat Blues” rescatado del repertorio clásico de Charley Patton (considerado por muchos como el padre del Delta Blues), “Frankiphone Blues” escrito por el colaborador de Sun Ra, Phil Cohran; o “Still Screaming For Charles Tyler” inspirado claramente por el estilo de este maestro del free jazz.

Como en sus dos álbumes anteriores, el cuarteto italiano no intenta recrear la música que les inspira, sino que la reinterpretan en su propio estilo, llevándola aún más lejos y en muchas ocasiones, de una forma completamente creativa y me atrevería a decir, incluso radical.

Basta escuchar como prueba, la versión se se marcan del “Devil Got My Woman”  de Skip James y que tras arrancar con un solo de bajo monumental que durante dos minutos hace sudar la “gota gorda” a Gianfranco Tedeschi, los instrumentos de viento entran en tromba mezclando la línea melódica por todos conocida por pura improvisación y free jazz, mientras que la percusión de Fabrizio Spera acaba por conducir al conjunto en un tam-tam de raíces puramente africanas y que recuerda a ese Nueva Orleans de finales del XIX que se reunía en Congo Square.

O “A Girl Named Rainbow”, compuesta por el baterista de Ornette Coleman, Andrew Cyrille, una “fanfarria bluesesca” que Roots Magic desmonta por completo, introduciendo un ritmo meditabundo y pausado, haciéndola completamente suya, sin que por ello pierda la huella de Coleman.

En conjunto, Take Root Among the Stars es un álbum tremendamente poderoso, bailable hasta altas horas de la madrugada y que deja poco espacio para respirar. Estoy deseando poder verles en directo, estoy convencido que son capaces de producir uno de esos espectáculos que resultan difíciles de olvidar.

© Rudy de Juana, 2020. http://www.caravanjazz.es/